{"id":19925,"date":"2013-03-27T01:44:54","date_gmt":"2013-03-27T06:44:54","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=19925"},"modified":"2013-03-22T10:41:30","modified_gmt":"2013-03-22T15:41:30","slug":"la-plenitud-de-los-tiempos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/03\/27\/la-plenitud-de-los-tiempos\/","title":{"rendered":"La plenitud de los tiempos"},"content":{"rendered":"<p><strong>La plenitud de los tiempos<\/strong><\/p>\n<p>Todas las grandes intervenciones de Dios en la antigua alianza estaban orientadas a la intervenci\u00f3n definitiva y plena de Dios, hacia \u00abaquel que hab\u00eda de venir\u00bb hacia el Mes\u00edas que establecer\u00eda el Reino de Dios en el mundo. Este momento -la plenitud de los tiempos- aconteci\u00f3 cuando \u00abDios envi\u00f3 a su Hijo nacido de una mujer\u00bb (G\u00e1l. 4,4-5).<\/p>\n<p>De hecho, el Antiguo Testamento es una preparaci\u00f3n y todo en \u00e9l anuncia a Cristo y confluye en Cristo. \u00c9l es el centro del plan de Dios (Ef. 1,3-19; 3,1-12). Con \u00e9l han llegado los \u00ab\u00faltimos tiempos\u00bb (Heb. 1,2), el \u00abtiempo de la salvaci\u00f3n\u00bb (2Cor. 6,2). Con su muerte se realiza la victoria de Dios sobre el mal y sobre Satan\u00e1s (Jn. 12,31; 16,11). En \u00c9l Dios realiza la alianza nueva y eterna (Mc. 14,22-23). Con \u00c9l se abre el para\u00edso, tanto tiempo cerrado (Lc. 23,42-43). Por \u00c9l se nos da el Esp\u00edritu, que transforma el hombre d\u00e1ndole la nueva vida y realizando la nueva creaci\u00f3n (Jn. 19,30-34; 20,22; 3,5; 7,37-39). \u00c9l es el centro de la historia, &#8220;el Principio y el Fin&#8221;, &#8220;el Alfa y la Omega&#8221; (Ap. 22,13). \u00c9l es &#8220;el mismo ayer, hoy y siempre&#8221; (Heb. 13,8), &#8220;el que era y es y viene&#8221; (Ap. 1,8), contin\u00faa presente en su Iglesia y \u00abno se nos ha dado otro nombre en el que podamos ser salvos\u00bb (Hech. 4,12).<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>1.- Contexto hist\u00f3rico<\/strong><\/p>\n<p>El Hijo de Dios se ha encarnado en una \u00e9poca y circunstancias muy concretas, como los mismos evangelistas se encargan de poner de relieve (cfr. Lc. 2,1-3; 3,1-2).<\/p>\n<p>a) situaci\u00f3n pol\u00edtica. Desde la entrada de Pompeyo en Jerusal\u00e9n (63 a.C.) Palestina depende de Roma. Con el reinado de Augusto (30 a.C.) Roma controla todo el \u00e1rea mediterr\u00e1nea y se viven a\u00f1os de paz y esplendor como nunca antes se hab\u00edan conocido.<\/p>\n<p>En Palestina reina, puesto por Roma, Herodes el Grande (37-4 a.C.); extranjero y esc\u00e9ptico en materia religiosa, es sin embargo muy astuto: par halagar a los jud\u00edos inicia las obras de restauraci\u00f3n del templo (19 a.C.), para tener contento al emperador construye templos romanos y Cesarea mar\u00edtima. Como gobernante fue un hombre desp\u00f3tico y tir\u00e1nico. Durante su reinado nace Jes\u00fas.<\/p>\n<p>A su muerte Roma reparte el reino entre sus hijos. Arquelao es nombrado etnarca de Judea, Samaria e Idumea; cruel como su padre, es destituido a\u00f1os despu\u00e9s, siendo gobernada esta regi\u00f3n directamente por Roma por medio de procuradores. Filipo es nombrado tetraca de Transjordania del Norte; funda Cesarea de Filipo y a su muerte le sucede Herodes Agripa I. Herodes Antipas es designado tetrarca de Galilea y Perea; se junta a Herod\u00edas, sobrina suya y esposa leg\u00edtima de su hermanastro Filipo: la denuncia de este hecho costar\u00e1 la cabeza a Juan Bautista (Mc. 6,23); confidente del emperador Tiberio, construye en su honor Tiber\u00edades, pero cuando \u00e9ste muere es desterrado y su territorio entregado a Herodes Agripa I, amigo personal de los nuevos emperadores Cal\u00edgula y Claudio.<\/p>\n<p>Herodes Agripa I a\u00f1ade el protectorado de Jude, con lo que vuelve a unirse en \u00e9l el reino de su abuelo Herodes el Grande, hasta su muerte (44 d.C.). Para agradar a los jud\u00edos provocar\u00e1  una persecuci\u00f3n contra los cristianos (Hech. 12). A su muerte, Roma gobernar\u00e1 directamente por medio de procuradores (44-66 d.C.). Agripa II, hijo de Herodes Agripa I, recibir\u00e1 m\u00e1s tarde un reino insignificante y con \u00e9l se encontrar\u00e1 Pablo (Hech. 25-26).<\/p>\n<p>b) situaci\u00f3n religiosa: est\u00e1 marcada predominantemente por los diferentes grupos religiosos.<\/p>\n<p>+escribas: dedicados al estudio y comentario de la ley, el pueblo los consideraba maestros (rabb\u00ed) y acude a ellos en busca de consejo. Se preparaban con largos estudios al lado de alg\u00fan famoso rab\u00ed (cfr. Hach. 22,3); d ah\u00ed la extra\u00f1eza cuando alguien habla sin haber estudiado (Mt. 13,54), La mayor\u00eda se encuadran entre los fariseos.<\/p>\n<p>+fariseos: provienen de la \u00e9poca macabea; el nombre -que significa \u00abseparados\u00bb- indica su actitud: se consideraban \u00ablos puros\u00bb y se apartan de lo que no lleve marca jud\u00eda, adhiri\u00e8ndose a la ley (particularmente en lo que se refiere al s\u00e1bado, la pureza ritual y los diezmos); admiten las tradiciones, es decir, las interpretaciones de la Ley transmitidas oralmente desde antiguo. Hombres muy piadosos, ca\u00edan sin embargo con frecuencia en el formalismo -el apego a la letra de la ley- y en la autosuficiencia   -la salvaci\u00f3n por las solas fuerzas como consecuencia del cumplimiento exacto de la ley-, lo que les llevaba a despreciar a los dem\u00e1s como pecadores (cfr, Lc. 18,9-14; Mt. 23). En lo pol\u00edtico son tolerantes con el poder constituido, prefiriendo vivir tranquilos y no enfrentarse (m\u00e1s a\u00fan, eliminando a los que pueden ocasionar problemas con los romanos: Jn. 11,45-53). Despu\u00e9s de la crisis del a\u00f1o 70, los fariseos son el \u00fanico grupo que sobrevive.<\/p>\n<p>+saduceos: de origen sacerdotal, llegan a su m\u00e1xima influencia con los romanos pues son partidarios suyos, y de entre ellos son escogidos los sumos sacerdotes. Apenas influyen en el pueblo. Rechazan la ley oral y no admiten doctrinas como la resurrecci\u00f3n o la existencia de los \u00e1ngeles (Hech. 23,6-9), Demasiado instalados en lo material (cfr. 22, 31-34; Mc. 12,27; Hech. 24,21), son rigoristas en lo determinado por la ley (cfr. Jn. 8,1-11; Mc. 14,53.65). Si aparecen menos atacados por Jes\u00fas que los fariseos es por su escasa influencia.<\/p>\n<p>+sacerdotes: se dedican sobre todo al culto en el servicio del templo. La aristocracia sacerdotal era saducea; sometida al poder civil (el sumo sacerdote era nombrado y depuesto por los romanos) ha llegado a perder incluso el sentido religioso. En la \u00e9poca de Jes\u00fas el Sumo sacerdocio lo detenta la familia de An\u00e1s. Por el contrario, en el grado menor hab\u00eda buen n\u00famero de sacerdotes ejemplares, con esp\u00edritu religioso, que ejerc\u00edan con esmero las funciones cultuales y orientaban la oraci\u00f3n del pueblo (es el caso de Zacar\u00edas y de los mencionados en Hech. 6,7).<\/p>\n<p>+esenios: conocidos por las referencias de escritos antiguos, como Flavio Josefo, Fil\u00f3n y Plinio, se han dado a conocer sobre todo a partir de 1947 con los descubrimientos de Qumr\u00e1n. De origen sacerdotal, forman una especie de orden religiosa con vida com\u00fan y compromisos como el del celibato y la renuncia a la propiedad personal. Hondamente religiosos, se consideran miembros de la nueva alianza y cuidan con esmero las purificaciones rituales y el banquete ritual. Doctrinalmente son dualistas.<\/p>\n<p>Habr\u00eda que a\u00f1adir adem\u00e1s los samaritanos y otros grupos de orientaci\u00f3n religioso-pol\u00edtica, como los celotas y los herodianos.<\/p>\n<p>Tal es la situaci\u00f3n del mundo a la llegada de Cristo. Tanto el mundo jud\u00edo (los anawin sobre todo) como el mundo pagano (religiones mist\u00e9ricas, filosof\u00edas diversas) se caracterizan por un profundo anhelo de salvaci\u00f3n. Se experimenta sobre todo la opresi\u00f3n que es consecuencia del pecado (Rom. 3,9) y que har\u00e1 que muchos acojan la salvaci\u00f3n gratuita concedida por Dios en Jesucristo (Rom. 3,23-25)<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la unificaci\u00f3n del mundo bajo el imperio romano va a favorecer la r\u00e1pida expansi\u00f3n del mensaje cristiano.<\/p>\n<p><strong>2.- Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios<\/strong><\/p>\n<p>Con estas palabras comienza el evangelista San Marcos su relato, en el que pretende presentarnos la Buena Noticia -eso significa evangelio- acerca de Jes\u00fas, que es el Mes\u00edas y el Hijo de Dios, o mejor, la Buena Noticia que es Jes\u00fas. En efecto, la plenitud de los tiempos est\u00e1 caracterizada por la \u00abvenida\u00bb o encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. El evangelio es el mismo Jes\u00fas, su misma persona, no un conjunto de doctrinas y normas morales; estas existen y tienen sentido s\u00f3lo desde Cristo, porque lo esencial es la adhesi\u00f3n a \u00c9l (es significativo que la primera acci\u00f3n de Jes\u00fas al empezar su vida p\u00fablica sea llamar a algunos a seguirle: Mc. 1.16-20; Jn. 1,35ss).<\/p>\n<p>Jes\u00fas recapitula en s\u00ed mismo toda la historia, no s\u00f3lo la del pueblo de Israel, sino la de la humanidad entera (este es el sentido de la genealog\u00eda de Jes\u00fas en San Lucas 3,23-38; la de San Mateo 1,1-16 le presenta como culmen de la historia del pueblo de Dios). Y recapitula en s\u00ed mismo la creaci\u00f3n entera, el universo entero (Col. 1,15-17), siendo adem\u00e1s el Creador de todo (Jn. 1,3.10).<\/p>\n<p>En los evangelios Jes\u00fas se muestra profundamente humano; multitud de detalles lo ponen de manifiesto: se alegra, se cansa, llora, se encoleriza, acoge y atiende a las personas&#8230; Pero, a la vez, de su persona y comportamiento emana una sensaci\u00f3n de misterio: su santidad, la fuerza de su palabra, sus milagros, su serena majestad, su \u00edntima relaci\u00f3n con Dios&#8230; producen admiraci\u00f3n y asombro y a veces temor.<\/p>\n<p>Podemos resumir el misterio de Jes\u00fas en tres fases (cfr. Fil. 2,6-11):<\/p>\n<p>a) encarnaci\u00f3n. Cristo no ha empezado a existir en un momento concreto; como Verbo ya exist\u00eda junto al Padre en di\u00e1logo eterno de amor (Jn. 1,1). Lo que ha ocurrido en la plenitud de los tiempos es que \u00abse nos ha manifestado\u00bb (1Jn. 1,2): el Verbo se ha hecho carne naciendo de Mar\u00eda Virgen y ha plantado su tienda entre nosotros (Jn. 1,14; G\u00e1l. 4,4). La palabra \u00abcarne\u00bb, que significa la condici\u00f3n d\u00e9bil y caduca del hombre (cfr. Is. 40,6-7), pone de relieve el realismo de la encarnaci\u00f3n. Por ella el Creador se une a la criatura y entra en la historia humana. Sin dejar su condici\u00f3n divina, el Hijo de Dios se rebaj\u00f3 tomando la condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres y actuando como hombre (Fil. 2,7). Verdadero Dios y verdadero hombre, Jes\u00fas es el Hijo muy amado del Padre, ungido plenamente por el Esp\u00edritu (Mc. 1, 10-11). Libre de pecado (Heb. 4,15), est\u00e1 unido a nosotros por su humanidad que le hace hermano nuestro (Heb. 2,17) y m\u00e1s a\u00fan, por su amor.<\/p>\n<p>b) la pasi\u00f3n. Este amor se manifiesta de manera suprema en la muerte de Jes\u00fas por nosotros (Rom. 5,6-8). Una muerte en la que el Hijo muy amado del Padre se entrega consciente, libre y voluntariamente movido por el amor y la obediencia a su Padre y por el amor redentor a los hombres pecadores. De este modo, gracias a su obediencia hemos sido salvados (Rom. 5,19) y ha quedado restaurada la alianza de Dios con los hombres (Mt. 26,28). En contraste con los in\u00fatiles y est\u00e9riles sacrificios de la antigua alianza, el sacrifico \u00fanico de Cristo es de una eficacia universal, perfecta y definitiva (Heb. 8-10). Realmente \u00c9l es \u00abel Cordero de Dios que quita los pecados del mundo\u00bb (Jn. 1, 29). En la cruz Jes\u00fas destierra definitivamente el poder\u00edo de Satan\u00e1s y reina atrayendo hacia s\u00ed a todos los hombres (Jn. 12,31-32).<\/p>\n<p>c) resurrecci\u00f3n. Si San Juan contempla la cruz como inicio del triunfo de Cristo, San Pablo la ve como el extremo de la humillaci\u00f3n (Fil. 2,8). En todo caso culmina con la resurrecci\u00f3n, que es la aceptaci\u00f3n por parte del Padre de la ofrenda total que Jes\u00fas hizo de s\u00ed mismo en la cruz; en la pasi\u00f3n Jes\u00fas se entrega -hasta el extremo- al amor del Padre que le inunda con su gloria en la resurrecci\u00f3n precisamente como consecuencia de su obediencia. La resurrecci\u00f3n no significa s\u00f3lo vuelta a la vida, sino glorificaci\u00f3n, paso \u00abde este mundo al Padre\u00bb (Jn. 13,1); la humanidad de Jes\u00fas queda inundada por la gloria de la divinidad y es constituido Se\u00f1or del universo (Fil. 2,9-11). Precisamente en su condici\u00f3n de Se\u00f1or es poseedor del Esp\u00edritu Santo y lo derrama sobre los hombres (Hech. 2,33; Jn. 20,22); y como Se\u00f1or permanece presente en su Iglesia hasta la consumaci\u00f3n de los siglos (Mt. 28,20).<\/p>\n<p><strong>3.- Hijos en el Hijo<\/strong><\/p>\n<p>La llegada de la plenitud de los tiempos reclama de los hombres una reacci\u00f3n adecuada: \u00abDaos cuenta del momento en que viv\u00eds\u00bb (Rom. 13,11). La venida de Jesucristo no puede dejarnos indiferentes. Ya no es el hombre quien busca a Dios, sino que Dios ha salido al encuentro del hombre. Jesucristo es el \u00fanico Salvador del mundo (Hech. 4,12) y por eso reclama la fe en s\u00ed mismo (Jn. 14,1) cosa que nadie fuera de \u00c9l ha osado pedir. Y no caben posturas ambiguas o neutras, pues no acogerle es en realidad rechazarle (Lc. 11,23; Jn. 3,18).<\/p>\n<p>La actitud fundamental ante Jes\u00fas es la fe, una fe que es adhesi\u00f3n a Cristo y acogida incondicional de su persona en nuestra vida. Esta fe, al abrir las puertas a Cristo, trae consigo la justificaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n (G\u00e1l. 2,16), la vida eterna (Jn. 3,36), renueva al hombre y hace de \u00e9l una criatura nueva. M\u00e1s a\u00fan, al acoger a Cristo y dejarle vivir en s\u00ed mismo, el creyente es convertido en hijo de Dios (Jn. 1,12; G\u00e1l. 3,26) pues Cristo reproduce en el cristiano su misma vida filial de relaci\u00f3n con el Padre. (G\u00e1l. 2,20).<\/p>\n<p>Este hecho -ser  hijos de Dios- es la novedad radical que ha aportado Cristo, pues no se trata de algo metaf\u00f3rico, sino real, que hace exclamar a San Juan: \u00abMirad qu\u00e9 amor nos ha tenido el Padre, para llamarnos hijos de Dios, pues \u00a1lo somos!\u00bb (1Jn. 3,1). Y somos hijos con todas las consecuencias y \u00abderechos\u00bb: intimidad familiar con Dios (Rom. 8,15-16; Ef. 2,18), part\u00edcipes de su gloria y de su herencia (Rom. 8,17), cuidados amorosamente por su providencia paternal (Mt. 6,32)&#8230; Unido a Cristo y hecho part\u00edcipe de su Esp\u00edritu, el cristiano vive como hijo del Padre instalado en el seno mismo de la Trinidad ya en este mundo; y esto no es prerrogativa exclusiva  de algunos privilegiados, ya que todo bautizado ha sido consagrado al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo, ha sido sumergido -eso significa la palabra bautizar- en la Trinidad (Mt. 28,19). As\u00ed, Cristo no s\u00f3lo nos da a conocer el misterio de Dios y de su plan de salvaci\u00f3n (Jn. 1,18; Ef. 3,1-12), sino que nos introduce en la vida divina haci\u00e9ndonos part\u00edcipes de su ser filial.<\/p>\n<p>El hombre as\u00ed transformado por la gracia es convertido en \u00abnueva creatura\u00bb (2Cor. 5,17; G\u00e1l. 6,15), ha recibido por el bautismo una \u00abvida nueva\u00bb (Rom. 6,4), ha sido creado como &#8220;hombre nuevo\u00bb (Ef. 2,15) que vive &#8220;seg\u00fan Dios, en justicia y santidad verdaderas&#8221;(Ef. 4,24). Todo ello es obra del Esp\u00edritu Santo, que derramado en el coraz\u00f3n del creyente (Rom. 5,5) le hace capaz de cumplir la voluntad de Dios (Rom. 8,2-4) y abre ante \u00e9l el horizonte ilimitado de una vida \u00abseg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb (G\u00e1l. 5,25). Aunque esto no ocurre sin el esfuerzo de  hacer morir las  tendencias del ego\u00edsmo -que permanecen en el bautizado- y de secundar el impulso del Esp\u00edritu (G\u00e1. 5,16ss).<\/p>\n<p>Esta fe en Cristo desemboca en esperanza (Rom. 5,1-11): lo que Dios ya ha hecho y nos ha dado es garant\u00eda cierta de lo que ha prometido hacer y darnos. Y desemboca en caridad (G\u00e1l. 5,6): caridad para con Dios que se manifiesta sobre todo en cumplir  los mandamientos, en entregarnos totalmente a su voluntad (Jn. 14,21.23; 1Jn. 2,3-6), y caridad para con los hombres, que consiste en -transformados por Cristo y llenos de su caridad- amar \u00abcomo \u00c9l\u00bb (Jn. 15,12), es decir, \u00abhasta el extremo\u00bb (Jn. 13,1),  hasta dar la vida por los hermanos.<\/p>\n<p><strong>4.- La Iglesia, Cuerpo de Cristo<\/strong><\/p>\n<p>Cristo ama a cada persona y la une a s\u00ed mismo de una manera nueva completamente \u00fanica y personal. Pero, a la vez, no ha querido salvar a los hombres aisladamente, sino formando comunidad: una comunidad que brotando de Cristo y del Padre se realiza como comuni\u00f3n de hermanos en Cristo (1Jn. 1,3).<\/p>\n<p>Esta realidad de la Iglesia -vislumbrada en la comunidad del pueblo de la antigua alianza- encuentra su mejor expresi\u00f3n en la alegor\u00eda de la vid y los sarmientos (Jn. 15,1-10) y en la imagen de la Cabeza y el Cuerpo (Ef. 1,22-23; 4,15-16; 1Cor. 12,12-30). Ellos ponen de relieve que la Iglesia no es una simple instituci\u00f3n humana, ya que tienen una \u00edntima y profunda uni\u00f3n vital con Cristo -su cabeza y su vid- y que la uni\u00f3n entre sus diversos miembros tampoco es meramente externa, ya que todos poseen en com\u00fan una misma vida (del mismo modo que una misma savia corre por los diversos sarmientos y la misma sangre por los diversos miembros del cuerpo).<\/p>\n<p>Esta comuni\u00f3n es realizada por el Esp\u00edritu Santo, alma de la Iglesia. En Pentecost\u00e9s la Iglesia fue bautizada (Hech. 1,5) solemnemente recibiendo el Esp\u00edritu como ley interior (Rom.8,2) y como impulso para anunciar el evangelio (Hech. 1,8). \u00c9l la llena de luz, de vida y de fuerza. \u00c9l la conduce a la comprensi\u00f3n y profundizaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n de Cristo (Jn. 14,25-26). \u00c9l la vivifica y la santifica habit\u00e1ndola como un templo (1Cor. 3,16) e inspirando la oraci\u00f3n de los cristianos (Rom. 8,26-27). \u00c9l la enriquece con diversidad de dones y de vocaciones (1Cor. 12,4-11.28-30; Rom. 12,6-8; Ef. 4,11-12). Y \u00c9l la sostiene en su testimonio de Cristo (Hech. 1,8; Mt. 19,19-20).<\/p>\n<p>Comuni\u00f3n \u00edntima y vital, la Iglesia es tambi\u00e9n visible y tiene su expresi\u00f3n externa. Cristo eligi\u00f3 a los disc\u00edpulos (Mc. 1,16-20) y a los ap\u00f3stoles (Mc. 3,13-19), poniendo a Pedro a la cabeza de todos ellos (Mt. 16,18-19). En ella se entra por el bautismo \u00aben nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Hech. 19,5). Y la Iglesia es edificada y acrecentada por la predicaci\u00f3n del evangelio (Mc. 16,15; Ef. 3,8-11; 1Cor. 9,16; 2Tim. 4,1-2) y por la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda (Jn. 6,48-58). Absolutamente universal, no ligada a un pueblo determinado, sino abarcando todos los pueblos, razas y culturas (Ap. 5,9-10), la Iglesia es sin embargo unja (G\u00e1l. 3,28; 1Cor. 12,13; 10,17; Jn. 17,23). Formada por miembros pecadores ella es en s\u00ed misma santa y es el sacramento -es decir, el instrumento visible y eficaz- de la salvaci\u00f3n para todos los hombres y de la uni\u00f3n de los hombres con Dios y entre s\u00ed. Esencialmente jer\u00e1rquica, todo miembro est\u00e1 llamado, adem\u00e1s de recibir, a colaborar activamente en el crecimiento y desarrollo de la Iglesia.<\/p>\n<p>Esta comunidad de consagrados (2Cor. 1,1) tiene un miembro eminente y particularmente santo. Mar\u00eda es modelo, tipo y figura de la Iglesia. Todo lo que la Iglesia est\u00e1 llamada a vivir ha alcanzado ya su plenitud en Mar\u00eda. A la vez ella es Madre de la Iglesia: habiendo nacido de ella la Cabeza, todo el Cuerpo es tambi\u00e9n engendrado por ella a la vida divina. Todas las gracias vienen de Dios con la colaboraci\u00f3n maternal de Mar\u00eda, que intercede sin cesar por la Iglesia (cfr. Hech. 1,14).<\/p>\n<p><strong>5.- &#8230; hasta que el Se\u00f1or vuelva<\/strong><\/p>\n<p>Estamos ya en la plenitud de los tiempos, pero la historia de la salvaci\u00f3n debe llegar a\u00fan a su consumaci\u00f3n. Desde sus comienzos la Iglesia est\u00e1 orientada hacia la Parus\u00eda, hacia la segunda venida de Cristo; los cristianos permanecen en la espera \u00abhasta que el Se\u00f1or vuelva\u00bb (1Cor. 11,26). La Iglesia, que est\u00e1 en el mundo sin ser del mundo (Jn. 17,14-16), se encuentra esencialmente proyectada hacia el futuro en que alcanzar\u00e1 su plenitud.<\/p>\n<p>Jes\u00fas mismo habl\u00f3 repetidas veces de su segunda venida (Lc. 18,8; Mac. 13, 24-27). En la misma l\u00ednea se encuentra la advertencia de los \u00e1ngeles a los ap\u00f3stoles inmediatamente despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n (Hech. 1,11). San Pablo lo recuerda frecuentemente a sus comunidades (1Tes. 4,15-17; 2Tes. 2,1ss; 1Cor. 1,8). Igualmente la carta a los Hebreos (9,22). Y todo el libro del Apocalipsis est\u00e1 transido de la esperanza de la segunda venida de Cristo, que queda resumida en la oraci\u00f3n de las primeras comunidades: \u00ab\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb (Ap. 22,20; 1Cor. 15,23).<\/p>\n<p>Nada sabemos de la fecha de la Parus\u00eda, que Dios ha querido positivamente mantener en secreto (Mc. 13,32). Y casi nada sabemos del c\u00f3mo se realizar\u00e1, pues los textos que hablan de este acontecimiento suelen estar escritos en un lenguaje de tipo simb\u00f3lico y apocal\u00edptico en el que es dif\u00edcil saber d\u00f3nde termina la imagen y d\u00f3nde comienza la realidad. Lo que s\u00ed parece concluirse es que la Parus\u00eda estar\u00e1 precedida de un especial desencadenamiento de las fuerzas del mal contra Cristo y su Iglesia (Mt. 24,4-13; 2Tes. 2,1-12; Ap. 13; 20,,7-10) y que antes se habr\u00e1 producido la conversi\u00f3n de Israel (Rom. 11,11-15) y el anuncio del evangelio en el mundo entero (Mt. 24,14).<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed nos ense\u00f1a con claridad el Nuevo Testamento es el sentido salv\u00edfico profundo de estos hechos. La venida gloriosa y definitiva del Se\u00f1or Jes\u00fas al fin de los tiempos afectar\u00e1 a la humanidad y al universo entero. Con ella terminar\u00e1 el mundo actual y surgir\u00e1 un mundo nuevo (Mc. 13,31; Ap. 21,1), aunque no podemos saber si ello implica una destrucci\u00f3n del mundo actual (como parece sugerir 2Pe. 3,10) o m\u00e1s bien una purificaci\u00f3n y transformaci\u00f3n del mismo (como parecen indicar las expresiones de San Pablo).<\/p>\n<p>La Parus\u00eda es, sobre todo, la hora de la resurrecci\u00f3n general a la vida o a la muerte eternas, es decir, a la glorificaci\u00f3n o a la condenaci\u00f3n (Jn. 5,28-29), lo cual indica que se trata de una venida de Jes\u00fas como Juez definitivo y universal (Mt. 25,31-32; 2Cor. 5,10; 2Tim. 4,1.8).<\/p>\n<p>En este momento final todo quedar\u00e1 sometido a Cristo de manera total y definitiva y \u00c9l, a su vez, lo someter\u00e1 a su Padre, quedando perfectamente establecido el Reino de Dios, que \u00abser\u00e1 todo en todos\u00bb (1Cor. 15,22-28). El triunfo de Cristo sobre Satan\u00e1s y el pecado ser\u00e1 manifiesto e irresistible (2Tes. 2,8). \u00abEl \u00faltimo enemigo aniquilado ser\u00e1 la muerte\u00bb (1Cor. 15,26), que quedar\u00e1 \u00ababsorbida\u00bb por el triunfo de la vida (1Cor. 15,54-57). Desaparecer\u00e1 tambi\u00e9n todo dolor y sufrimiento (Ap. 21,4). En definitiva, son la segunda  venida  de  Cristo ser\u00e1  renovado el hombre entero -incluido su cuerpo: 1Cor. 15,52-53- y todos los hombres que hayan acogido a Cristo por la fe y la caridad (Heb. 11,6; Jn. 3,36; Mt. 25,34-36). La dicha plena y eterna de los creyentes ser\u00e1 la intimidad total y definitiva con Aquel en quien creyeron (\u00abestaremos siempre con el Se\u00f1or\u00bb 1Tes. 4,17) Y todo culminar\u00e1 en la perfecta glorificaci\u00f3n de Dios (Ef. 1,14).<\/p>\n<p>Este acontecimiento de la Parus\u00eda -independientemente del momento en que suceda- matiza decisivamente las actitudes de la condici\u00f3n terrena del cristiano, que es esencialmente \u00abperegrino\u00bb hacia su morada definitiva (Fil. 3,20; Heb. 11,13-16; 13,14). He aqu\u00ed algunas de estas actitudes:<\/p>\n<p>+esperanza: deseo vehemente de alcanzar lo prometido, confiando en la palabra del Se\u00f1or; la venida del Se\u00f1or y la uni\u00f3n eterna con \u00c9l es el objeto esencial de la esperanza cristiana, mientras que los dem\u00e1s logros son s\u00f3lo parciales y ambiguos (cfr. Mc. 8,36).<\/p>\n<p>+vigilancia: atenci\u00f3n amorosa a la venida del Se\u00f1or para no distraerse y enredarse con las cosas del camino perdiendo de vista lo \u00fanico que de verdad importa (Mc. 13,33-37); vigilancia que implica conciencia de la propia debilidad y rechazo de todo aquello que pueda hacer peligrar su salvaci\u00f3n eterna (1Cor. 9,27).<\/p>\n<p>+provisionalidad: desprendimiento de todas las realidades de este mundo, reconociendo que \u00abel tiempo es corto\u00bb y \u00abla escena de este mundo pasa\u00bb (1Cor. 7,29-31).<\/p>\n<p>+relativizaci\u00f3n del sufrimiento, de las dificultades o de la persecuci\u00f3n en funci\u00f3n de la gloria que espera y que ellas mismas contribuyen a lograr (Rom.8,18).<\/p>\n<p>+alegr\u00eda que se apoya en la esperanza de alcanzar la plenitud de la salvaci\u00f3n y de la felicidad (Rom. 12,12).<\/p>\n<p>+conciencia de que todo en este mundo es deficiente en comparaci\u00f3n con \u00ablo perfecto\u00bb que s\u00f3lo vendr\u00e1 al final (1Cor. 13,9-10).<\/p>\n<p><strong>6.- Textos principales<\/strong><\/p>\n<p>Juan 1,1-18; Efesios 1,3-19; Filipenses 2,6-11; 1Corintios 1,17-29; Romanos 5,1-21; Hechos 2,14-36; 1Juan 3,1-2; Romanos 8; Mateo 16,13-20; 28,16-20; Marcos 3,13-19; Juan 15,1-8; 16,5-15; 17; 21,15-17; Hechos 1,4-8; 2,1-47; 1Corintios 12,4-30; Efesios 1,19-4,16; Marcos 13,1-37; Mateo 25,31-34; 1Corintios 7,29-31; 15; 1Tesalonicenses 4,13-5,11; 2Tesalonicenses 1-3; Apocalipsis 21-22<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La plenitud de los tiempos Todas las grandes intervenciones de Dios en la antigua alianza estaban orientadas a la intervenci\u00f3n definitiva y plena de Dios, hacia \u00abaquel que hab\u00eda de venir\u00bb hacia el Mes\u00edas que establecer\u00eda el Reino de Dios en el mundo. Este momento -la plenitud de los tiempos- aconteci\u00f3 cuando \u00abDios envi\u00f3 a &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/03\/27\/la-plenitud-de-los-tiempos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;La plenitud de los tiempos&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1044,317,336],"tags":[],"class_list":["post-19925","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historia-de-la-salvacion","category-jesucristo","category-signos_de_los_tiempos"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19925","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19925"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19925\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19931,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19925\/revisions\/19931"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19925"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19925"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19925"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}