{"id":19919,"date":"2013-01-23T01:52:24","date_gmt":"2013-01-23T06:52:24","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=19919"},"modified":"2013-03-20T21:57:33","modified_gmt":"2013-03-21T02:57:33","slug":"sobre-el-pecado-original","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/01\/23\/sobre-el-pecado-original\/","title":{"rendered":"Sobre el pecado original"},"content":{"rendered":"<p>Los relatos de la creaci\u00f3n nos han presentado un universo y un hombre en perfecta armon\u00eda: la felicidad del para\u00edso por un lado y el estribillo repetido de que Dios vio que todo era bueno nos dejan la impresi\u00f3n de que todo era perfecto. Y sin embargo el israelita -lo mismo que nosotros- constataba la presencia del mal por todas partes: \u00abNo hay quien haga el bien, ni uno siquiera\u00bb (Sal 53, 4). Los siguientes cap\u00edtulos del libro del G\u00e9nesis tratan de dar respuesta a estos grandes interrogantes que todo hombre se plantea: \u00bfde d\u00f3nde viene el mal?, \u00bfcu\u00e1l es la causa del dolor, del pecado, y de la muerte?<\/p>\n<p><strong>1.- El primer pecado<\/strong><\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 3\u00ba del G\u00e9nesis nos narra un drama singular: la primera tentaci\u00f3n y el primer pecado. En el para\u00edso en que Dios ha colocado al primer hombre y a la primera mujer aparece otro personaje hasta ahora desconocido: el tentador, en forma de serpiente.<\/p>\n<p>El autor sagrado quiere decirnos que el mal no proviene de Dios, que todo lo ha hecho bien, ni tampoco proviene s\u00f3lo del hombre, que ha sido creado bueno por Dios: este personaje misterioso, adversario de los planes de Dios y enemigo de la felicidad del hombre, a quien la revelaci\u00f3n posterior ir\u00e1 identificando como ser personal, con poder para el mal, \u00abla gran serpiente, la serpiente antigua, el llamado diablo y Satan\u00e1s\u00bb (Ap. 12,9), es el que instiga al hombre a pecar contra Dios y es la causa \u00faltima de que haya entrado la muerte en el mundo (Sab. 2,24).<\/p>\n<p>Con admirable psicolog\u00eda presenta tambi\u00e9n el autor sagrado el proceso de la tentaci\u00f3n como seducci\u00f3n y enga\u00f1o. Aquel a quien San Juan denominar\u00e1 \u00abmentiroso y padre de la mentira\u00bb (Jn 8,44) comienza insinu\u00e1ndose con una falsedad absoluta (comparar 3,1 con 2,16-17); en un segundo momento hace dudar a la mujer de la validez del mandato del Dios y, por tanto, de la intenci\u00f3n del mismo Dios al establecer ese mandato (vv. 4-5); as\u00ed, adem\u00e1s de mentiroso, el tentador se manifiesta como el \u00abhomicida desde el principio\u00bb (Jn 8,44): en efecto, al enga\u00f1ar a la mujer (\u00abde ninguna manera morir\u00e9is\u00bb) con relaci\u00f3n al mandato que Dios les hab\u00eda dado para vida (\u00abel d\u00eda que comieres de \u00e9l, morir\u00e1s sin remedio\u00bb: 2,17), de hecho conduce a la muerte a la mujer y al hombre (cf 3,7). He ah\u00ed la tentaci\u00f3n: una promesa falsa (\u00abser\u00e9is como dioses\u00bb), pero que halaga, seduce y atrae (3,6), una seducci\u00f3n y enga\u00f1o que hace ver como vida lo que de hecho conduce a la muerte; con ella ha sembrado adem\u00e1s la desconianza en Dios al presentar como enemigo del hombre al Dios fiel y lleno de amor.<\/p>\n<p>Vemos entonces en qu\u00e9 consiste el pecado: una falta grave de orgullo concretada en una enorme desobediencia al Se\u00f1or. El mandato de Dios de no comer del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal (2,16-17) expresa el hecho de que el hombre no es due\u00f1o absoluto de su propia vida, sino criatura limitada, dependiente radicalmente de Dios. Y el deseo de \u00abser como dioses\u00bb (3,5) indica justamente lo contrario: el querer tener capacidad de decidir el propio destino, ser ley para s\u00ed mismo sin condiciones impuestas desde fuera, el decidir por s\u00ed mimo lo que es bueno y lo que es malo &#8230; Por tanto, el pecado de querer \u00abser como dioses, conocedores del bien y del mal\u00bb es una reivindicaci\u00f3n de autonom\u00eda moral, un renegar del estado de criatura invirtiendo el orden en que Dios estableci\u00f3 al hombre; es en el fondo una actitud de rebeli\u00f3n contra Dios: en vez de fiarse plenamente de Dios acatando su mandato como mandato de vida, el hombre duda de Dios y se f\u00eda de su propio juicio -enga\u00f1ado por el tentador- en actitud de autosuficiencia (cf. Is 14, 13s; Ez 28,2).<\/p>\n<p>El texto sagrado apunta tambi\u00e9n las consecuencias del pecado. La actitud de Ad\u00e1n y de su mujer ha sido prescindir de Dios, construir por s\u00ed mismos su propio destino, conquistar su propia felicidad. Y Dios abandona al hombre a sus propias fuerzas, consiente que quede al arbitrio de s\u00ed mismo y de sus propias capacidades. El texto lo expresa con una fuerza insuperable: \u00abse dieron cuenta de que estaban desnudos\u00bb (v. 7); la expresi\u00f3n constituye un contraste brutal con las halagadoras promesas de \u00abser como dioses\u00bb, pues sugiere que al romper con Dios el hombre y su mujer experimentan con toda crudeza su situaci\u00f3n de pobres criaturas, indefensas e inseguras, en total precariedad y faltos de protecci\u00f3n. Es la hora de la verdad en que las mentiras y enga\u00f1os del tentador salen a la luz y se manifiestan las tr\u00e1gicas consecuencias de muerte que llevaban encerradas. Se expresa as\u00ed de manera sugerente la amargura, la decepci\u00f3n y frustraci\u00f3n que conlleva todo pecado. Como dir\u00e1 San Pablo \u00abel salario del pecado es la muerte\u00bb (Rom 6, 23).<\/p>\n<p>-La primera consecuencia del pecado es la p\u00e9rdida de la amistad con Dios, ya apuntada en el ocultarse de \u00c9l (3,8) y en el tener miedo (3,10) y expresada simb\u00f3licamente por la expulsi\u00f3n del para\u00edso (3, 23-24), que indica el alejamiento de la presencia de Dios y de la comuni\u00f3n de vida con \u00c9l, la p\u00e9rdida de la familiaridad con \u00c9l.<\/p>\n<p>-En contraste con la armon\u00eda e integridad en que viv\u00edan (2,25), ahora experimentan el desorden interior, introducido por el pecado en el coraz\u00f3n del hombre y delatado por la conciencia llena de verg\u00fcenza (3,7); es el despertar de la concupiscencia -tan bien expresada por San Pablo: Rom 7, 14-24- que esclaviza al hombre.<\/p>\n<p>-Se rompe la armon\u00eda entre el hombre y su mujer. El maravilloso proyecto de Dios de ser \u00abuna sola carne\u00bb es echado al traste: la mujer induce a su marido a pecar (3,6) contradiciendo la misi\u00f3n que Dios le hab\u00eda asignado de ser su ayuda (2,18); el hombre, en vez de asumir su propia culpa, acusa a la mujer que Dios le ha dado por compa\u00f1era; la atracci\u00f3n entre los sexos, entre hombre y mujer, que Dios mismo hab\u00eda puesto, se transforma ahora en desordenada apetencia y ansiedad y en dominio (3,16).<\/p>\n<p>-Se produce tambi\u00e9n una ruptura con la naturaleza. Si el trabajo formaba parte de la condici\u00f3n del hombre (2,15), ahora la creaci\u00f3n entera se le vuelve hostil (3, 17-19); el desorden introducido en el coraz\u00f3n del hombre hace que en lugar de \u00abdominar\u00bb la naturaleza (1,28), de \u00ablabrarla y cuidarla\u00bb (2,15), la esclavice, la frustre, la someta a la vanidad (Rom 8,20). El don y la bendici\u00f3n de la fecundidad se convierten para la mujer en pesada carga (3,16). Y si la muerte es una condici\u00f3n natural del hombre como ser caduco que ha sido formado del polvo del suelo (2,7), el pecado hace que la muerte se vuelva insoportable al experimentar con fuerza la frustraci\u00f3n de su tendencia a \u00abvivir para siempre\u00bb (3,22), al saberse condenado a \u00abvolver al polvo\u00bb (3,19).<\/p>\n<p>En definitiva, el sufrimiento en todas sus formas pasa a formar parte de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<p><strong>2.- Un mundo inundado por el pecado<\/strong><\/p>\n<p>Las palabras de San Pablo en Rom 5,12 (\u00abpor un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y as\u00ed la muerte alcanz\u00f3 a todos los hombres por cuanto todos pecaron\u00bb) parecen tener delante de los ojos lo narrado en el G\u00e9nesis. El primer pecado ha sido como una puerta abierta por la  que se ha introducido  la potencia  mal\u00e9fica del Pecado -San Pablo lo personifica- anegando todo y acarreando el da\u00f1o y la destrucci\u00f3n (Sab 2,24). San Pablo establecer\u00e1 claramente la doctrina de una culpa hereditaria, dada la solidaridad de todos en Ad\u00e1n. Pero ya en el G\u00e9nesis aparece apuntado que el pecado ha trastornado de tal manera el orden querido por Dios, introduciendo el desorden en el interior mismo del hombre, que la condici\u00f3n humana despu\u00e9s del primer pecado lleva las huellas de una herida irremediable que s\u00f3lo tendr\u00e1 remedio con la venida del Nuevo Ad\u00e1n (Rom 5, 19).<\/p>\n<p>En efecto, los cap\u00edtulos siguientes del G\u00e9nesis presentan la perversa influencia del pecado en la humanidad, como una ola gigantesca que sumerge todo y que acabar\u00e1 conduciendo al castigo del diluvio.<\/p>\n<p>El relato de Ca\u00edn y Abel (G\u00e9n 4, 1-16) nos hace entender que la rebeli\u00f3n del hombre contra el Creador conduce a la rebeli\u00f3n del hombre contra el hombre; 1 Jn 3, 13 comentar\u00e1 que Ca\u00edn mat\u00f3 a su hermano porque \u00abera del Maligno\u00bb: el que es \u00abhomicida desde el principio\u00bb (Jn 8,44) conduce al homicidio y a la rebeli\u00f3n contra Dios a los que se ponen bajo su influjo (Jn 8, 40-41). Al final del cap\u00edtulo encontramos el \u00abCanto de L\u00e1mek\u00bb (Gn 4, 23-24), glorificaci\u00f3n de la fuerza bruta y de la venganza desmedida y signo de la ferocidad creciente de los descendientes de Ca\u00edn.<\/p>\n<p>En este contexto, el relato del diluvio (6,5-9,17) aparece como el juicio de Dios sobre la humanidad pecadora. El autor sagrado constata que \u00abla maldad del hombre cund\u00eda en la tierra y todos los pensamientos que ideaba en su coraz\u00f3n eran puro mal de continuo\u00bb (Gn 6,5); que \u00abla tierra estaba corrompida en la presencia de Dios; la tierra se llen\u00f3 de violencias. Dios mir\u00f3 a la tierra y he aqu\u00ed que estaba viciada, porque toda carne ten\u00eda una conducta viciosa sobre la tierra\u00bb (Gn 1,11-12); m\u00e1s a\u00fan, se trata de un mal que aparece desde la ni\u00f1ez (8,21). Las aguas del diluvio que inundar\u00e1n la tierra simbolizan tambi\u00e9n este mal que anega todo. Se insiste en la universalidad del pecado: lo que se inici\u00f3 con el primer pecado ha alcanzado a todos. Y el juicio de Dios sobre la humanidad pecadora contribuye a resaltar que el pecado es -directa o indirectamente- la causa de todos los males.<\/p>\n<p>Finalmente, el episodio de la torre de Babel (Gn 11,1-9) presenta una humanidad desgarrada, explicando el por qu\u00e9 de la dispersi\u00f3n en pueblos, naciones y lenguas opuestas entre s\u00ed. El pecado una vez m\u00e1s es el orgullo: la pretensi\u00f3n arrogante de construir un mundo, una sociedad, una civilizaci\u00f3n sin Dios (\u00ab una ciudad y una torre con la c\u00faspide en los cielos\u00bb). Empalmando con el pecado de los or\u00edgenes del que es prolongaci\u00f3n y consecuencia, nos da as\u00ed la explicaci\u00f3n de la ruptura entre los pueblos: la torre id\u00f3latra de Babilonia no puede ser el lugar de reuni\u00f3n de los hombres, sino que, siendo signo de su arrogancia ante Dios, tiene que ser necesariamente causa de dispersi\u00f3n.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil descubrir en este panorama tan sombr\u00edo la descripci\u00f3n realista de la humanidad bajo el signo del pecado. No pod\u00eda ser de otra manera. La rebeli\u00f3n contra Dios inevitablemente deb\u00eda conducir al caos total. Con palabras de Jerem\u00edas: \u00abSe alejaron de M\u00ed y yendo en pos de la vanidad se hicieron vanos\u00bb (2,5); \u00abmi pueblo ha cambiado su Gloria por lo que nada vale. Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos estupefactos sobremanera; pues un doble mal ha cometido mi pueblo: me ha abandonado a M\u00ed, manantial de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua\u00bb (2,11-13); \u00abque te ense\u00f1e tu propio da\u00f1o, que tus apostas\u00edas te escarmienten; reconoce y ve lo malo y amargo que te resulta el dejar a Yahveh tu Dios\u00bb (2,19).<\/p>\n<p><strong>3.- La promesa de salvaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Existe un cierto t\u00f3pico seg\u00fan el cual el Dios del Antiguo Testamento es el Dios del castigo por contraste con el Dios del amor y de la misericordia que aparece en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Sin embargo, nada m\u00e1s lejos de la realidad. A Ca\u00edn, el homicida, Dios le pone una se\u00f1al para que nadie se atreva a matarle (Gen 4,15). Despu\u00e9s del juicio del diluvio encontramos expresiones de la misericordia divina: el mismo castigo pretende sacudir a la humanidad para despertarla, la promesa de Dios garantiza el orden de las estaciones y asegura la cosecha y el alimento (8,22), Dios reitera el don de la fecundidad (9,1-7) y el ofrecimiento de toda la creaci\u00f3n para alimento (9,3), garantiza su protecci\u00f3n al hombre que sigue siendo su imagen y semejanza (9,6) y establece su alianza con la humanidad y con toda la creaci\u00f3n (9,8-17).<\/p>\n<p>Pero sin duda, lo m\u00e1s importante de todo es la promesa de salvaci\u00f3n hecha por Dios inmediatamente despu\u00e9s del pecado y que anuncia la victoria final del hombre en la lucha contra Satan\u00e1s (Gen 3, 15). Lo que se ha llamado el \u00abprotoevangelio\u00bb es una luz de esperanza que brilla en medio del sombr\u00edo panorama causado por el pecado.  Dios promete que el tentador -simbolizado en la serpiente- que amenaza permanentemente al hombre, ser\u00e1 finalmente \u00abpisoteado\u00bb o \u00abaplastado\u00bb. Es verdad que se dibuja una lucha encarnizada (la serpiente intenta atacar,\u00bbacecha\u00bb el tal\u00f3n de la mujer); pero se trata de algo que intenta in\u00fatilmente, en vano: Dios, maldiciendo a la serpiente, se ha puesto decididamente al lado de la mujer y de su descendencia, que acabar\u00e1 venciendo definitivamente al Maligno.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n posterior mostrar\u00e1 que esta descendencia es Cristo. \u00c9l es el Nuevo Ad\u00e1n que ha restaurado lo que el primer Ad\u00e1n destruy\u00f3. A diferencia de Ad\u00e1n, Jes\u00fas vence a Satan\u00e1s (Mc 1, 12-13). Lo  manifiesta  curando enfermedades -que los jud\u00edos relacionaban estrechamente con el pecado- y perdonando pecados; pero de manera m\u00e1s clara a\u00fan expulsando demonios (Mc 1, 23-27; 9, 14-27). Sobre todo vencer\u00e1 a Satan\u00e1s en la confrontaci\u00f3n decisiva de la pasi\u00f3n (Jn 12 31-33). Por eso San Pablo podr\u00e1 exclamar exultante: \u00abAs\u00ed como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenaci\u00f3n, as\u00ed tambi\u00e9n la obra de justicia de uno solo procura toda la justificaci\u00f3n que da la vida&#8230; Donde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb (Rom 5, 18-19). Con la venida de Cristo ha terminado el dominio tir\u00e1nico del pecado (Rom 7, 24-25).<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, con su victoria sobre el pecado Cristo ha destruido tambi\u00e9n el muro de la muerte (1Cor 15, 20-26) y ha vuelto a abrir el para\u00edso (Lc 23, 39). De ah\u00ed tambi\u00e9n el grito desafiante de San Pablo: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1, muerte, tu victoria?\u00bb (1Cor 15, 54-57).<\/p>\n<p>Pero es significativo que esta victoria Jes\u00fas la ha logrado por el camino inverso al recorrido por Ad\u00e1n (Fil 2, 6-11): Siendo Dios \u00abno retuvo \u00e1vidamente el ser como Dios\u00bb; siendo el Hijo, \u00abse hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz\u00bb; pero el resultado es tambi\u00e9n el contrario al de Ad\u00e1n: Jes\u00fas es constituido Se\u00f1or y recibe en su humanidad el honor y la gloria propios de Dios. Se cumplen as\u00ed las palabras dichas por \u00c9l mismo: \u00abEl que se enaltece ser\u00e1 humillado y el que se humilla ser\u00e1 enaltecido\u00bb (Lc 14, 11).<\/p>\n<p><strong>4.- Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La narraci\u00f3n del pecado de Ad\u00e1n debe alejar de nosotros todo optimismo vano e ilusorio. Todo hombre se encuentra en un estado de indigencia respecto de su salvaci\u00f3n; debe reconocer la imposibilidad de conseguir la salvaci\u00f3n por sus propias fuerzas y la necesidad de ser redimido. Las heridas y el desorden producidos por el pecado -por los pecados personales- son irremediables para el hombre dejado a sus solas fuerzas.<\/p>\n<p>Pero la postura tampoco es el pesimismo. El hecho de que Cristo ha vencido el pecado nos da la certeza de que en \u00c9l y con \u00c9l podemos vencer. Por eso la actitud correcta es la de abrirnos a Cristo por la fe y la esperanza para acoger la salvaci\u00f3n que s\u00f3lo de \u00c9l puede venir (Hch 4, 12).<\/p>\n<p>Por la misma raz\u00f3n es necesario el combate, el esfuerzo: hay que negarse a s\u00ed mismo (Mt 15, 24) y dar muerte a las tendencias desordenadas que hay en nosotros (Gal 5, 24; Col 3, 5-9), siendo muy conscientes a la vez de que s\u00f3lo con las armas de Dios se puede vencer al diablo (Ef. 6, 10-20).<\/p>\n<p>Por otra parte, al indicar el G\u00e9nesis que el pecado deteriora todo, est\u00e1 dando a entender que la liberaci\u00f3n del pecado es la ra\u00edz para remediar todos los males. La renovaci\u00f3n y transformaci\u00f3n del coraz\u00f3n humano es el fundamento de todas las reformas -en el terreno social o en cualquier otro-; y al rev\u00e9s, mientras el hombre permanezca esclavo del pecado cualquier pretendida reforma s\u00f3lo conducir\u00e1 a nuevas y mayores esclavitudes.<\/p>\n<p><strong>5.- Textos principales<\/strong><\/p>\n<p>G\u00e9nesis 3-11; Isa\u00edas 11, 1-9; 14, 12-15; 65, 19-25; Ezequiel 28, 12-19; 36, 26-38; Romanos 5, 12-21; 1 Corintios 15; Apocalipsis 21, 1-6; 22, 1-5<\/p>\n<p><b>Julio Alonso Ampuero<\/b> es el autor de esta <i>Historia de la Salvaci\u00f3n<\/i>. Texto disponible por concesi\u00f3n de <a href=\"http:\/\/www.gratisdate.org\">Gratis Date<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los relatos de la creaci\u00f3n nos han presentado un universo y un hombre en perfecta armon\u00eda: la felicidad del para\u00edso por un lado y el estribillo repetido de que Dios vio que todo era bueno nos dejan la impresi\u00f3n de que todo era perfecto. 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