{"id":19896,"date":"2013-03-20T01:41:19","date_gmt":"2013-03-20T06:41:19","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=19896"},"modified":"2013-03-18T16:54:18","modified_gmt":"2013-03-18T21:54:18","slug":"el-israel-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/03\/20\/el-israel-espiritual\/","title":{"rendered":"El Israel espiritual"},"content":{"rendered":"<p><strong>El Israel espiritual<\/strong><\/p>\n<p>Tras la vuelta del exilio el pueblo de Israel deja sus ilusiones nacionalistas para convertirse en una comunidad religiosa en torno a la ley, el templo y el sacerdocio. De hecho, a excepci\u00f3n del breve periodo de independencia bajo los asmoneos (163-67 a.C.), Palestina estar\u00e1 siempre a merced de los due\u00f1os de turno.<\/p>\n<p><strong>1.- Datos hist\u00f3ricos<\/strong><\/p>\n<p>Los datos que nos ofrece la Biblia sobre el periodo que abarca desde el decreto de Ciro permitiendo la vuelta de los desterrados a Jerusal\u00e9n (538 a.C.) hasta la \u00e9poca del Nuevo Testamento es bastante escasa. Se limita a algunos periodos privilegiados.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 539 el imperio babil\u00f3nico cae ante el empuje del joven imperio persa. Inmediatamente (538) su emperador Ciro publica un edicto permitiendo a los jud\u00edos volver a su patria (Esd. 1,2-4). Muchos prefieren quedarse en Babilonia, donde ya estaban instalados. Algunos deciden regresar, pero encuentran muchas dificultades para instalarse, debido a que los habitantes anteriores se sienten perjudicados.<\/p>\n<p>Se comienza la reconstrucci\u00f3n del templo, pero surgen las dificultades y cunde el desaliento. S\u00f3lo bajo el impulso de los profetas Ageo (520) y Zacar\u00edas (520-518) se culmina dicha reconstrucci\u00f3n. Por otra parte, Zacar\u00edas centra la promesa sobre el Sumo Sacerdote Josu\u00e9 dando predominio a la dimensi\u00f3n religiosa sobre la pol\u00edtico-nacional (al principio hab\u00edan existido ilusiones de restauraci\u00f3n nacional con Zorobabel, de la familia de David, pero desaparecen con su muerte y las numerosas dificultades de los repatriados).<\/p>\n<p>Tras la reconstrucci\u00f3n del templo existe una situaci\u00f3n de moralidad degradada (Mal. 1-3). Es entonces cuando llega a Jerusal\u00e9n Nehem\u00edas como gobernador (445-443) con el encargo de reconstruir la muralla de la ciudad, cosa que logra a pesar de la oposici\u00f3n (Neh. 4,12-23). Adem\u00e1s realiza una profunda reforma religiosa rigorista y para apoyarla es enviado Esdras, \u00absacerdote escriba\u00bb (428); con permiso del rey persa, da a los jud\u00edos la ley del Dios Alt\u00edsimo como su estatuto jur\u00eddico (Esd. 7,12-26).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n al imperio persa le llegar\u00eda su fin con la conquista rel\u00e1mpago de Alejandro Magno (340-326). Pero como \u00e9ste muere pronto y su imperio se reparte entre sus cuatro generales, Palestina queda al principio bajo los ptolomeos de Egipto. Es disputada por su condici\u00f3n de lugar de paso y, tras un siglo de pac\u00edfico dominio egipcio, queda bajo el control de los sel\u00e9ucidas de Siria.<\/p>\n<p>El enfrentamiento entre la comunidad jud\u00eda y la cultura griega era inevitable antes o despu\u00e9s. La crisis salta con Antioco IV Ep\u00edfanes, empe\u00f1ado en helenizar sus reino. Necesitado, adem\u00e1s, de recursos econ\u00f3micos, saquea el templo de Jerusal\u00e9n llev\u00e1ndose sus tesoros y objetos sagrados y dicta una serie de medidas vejatorias contra la comunidad jud\u00eda (deroga la ley jud\u00eda, establece la pena de muerte por la circuncisi\u00f3n y la observancia del s\u00e1bado, coloca una estatua de Zeus en el templo de Jerusal\u00e9n).<\/p>\n<p>Ante esto, los jud\u00edos fieles reaccionan con el martirio (algunos prefieren la muerte antes que traicionar sus creencias) o con la rebeli\u00f3n armada. Esta, iniciada por Matat\u00edas y continuada por sus hijos, especialmente Judas el Macabeo, logra la liberaci\u00f3n del territorio y la independencia nacional, estableciendo la dinast\u00eda de los asmoneos, que reina cerca de un siglo (163-67 a.C.)<\/p>\n<p>Los asmoneos establecer\u00e1n una serie de luchas por la sucesi\u00f3n en el trono que provocar\u00e1n la intervenci\u00f3n de Roma. El a\u00f1o 63 a.C. Pompeyo conquista Jerusal\u00e9n, y Roma se hace due\u00f1a de Palestina. En adelante el reino de Judea depender\u00e1 del capricho o del inter\u00e9s de Roma; de hecho, el a\u00f1o 37 llegar\u00e1 al trono un extranjero, Herodes, con el que llegamos a la \u00e9poca de Jes\u00fas.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>2.- Templo, sacerdocio y Ley<\/strong><\/p>\n<p>Convertido en Comunidad religiosa, Israel va a tener a partir de ahora estos tres pilares. Conscientes de que Yahveh ha realizado con ellos un nuevo \u00e9xodo superando las maravillas antiguas (Is. 43,19-20), los repatriados se saben \u00abel resto\u00bb predicho por los profetas en el que contin\u00faa la promesa de salvaci\u00f3n de Dios sobre su pueblo.<\/p>\n<p>La reconstrucci\u00f3n del templo de Jerusal\u00e9n es un gran signo de esperanza: Yahveh garantiza de nuevo su presencia protectora en medio de su pueblo. Aunque este templo es pobre en comparaci\u00f3n con el de Salom\u00f3n, no por ello es menos glorioso al estar santificado por la presencia del Se\u00f1or (Ez. 43; Ag. 2,1-9; Zac. 2,10-17). Al celebrar la pascua (Esd. 6,16-22) se empalma con el acontecimiento fundante de Israel y Yahveh ratifica su alianza (\u00abser\u00e1n mi pueblo y yo ser\u00e9 su Dios\u00bb: Zac,8,8), hasta el punto de que Jerusal\u00e9n ser\u00e1 el centro hacia el que peregrinar\u00e1n todos los pueblos en busca de la salvaci\u00f3n, como profetiza el tercer Isa\u00edas exigiendo al mismo tiempo la conversi\u00f3n (Is. 56-66).<\/p>\n<p>Este pueblo sacerdotal o asamblea Santa (cfr. Ex. 19,6) es guiado por los sacerdotes que aseguran el servicio del culto a Yahveh en el templo ofreciendo en nombre del pueblo oblaciones de acci\u00f3n de gracias, holocaustos y sacrificios de expiaci\u00f3n por los pecados (cfr. Lev. 1-7). Con su minucioso ceremonial y sus purificaciones rituales inculcan en el pueblo el respeto al Dios Santo. Adem\u00e1s, dirigen la oraci\u00f3n y bendicen al pueblo (Eclo. 45,19) con la bendici\u00f3n sacerdotal (N\u00fam. 6,24-27). Nehem\u00edas 9 es un ejemplo de esta oraci\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>El Pentateuco, probablemente completo en esta \u00e9poca como estatuto jur\u00eddico, se convierte en la Ley del pueblo de Dios. Como expresi\u00f3n de la voluntad santa de Dios, la Ley se venera, se medita y se ama (Sal. 119) y se convierte en el centro de la vida religiosa de Israel. En este sentido es emblem\u00e1tico el gesto de Esdras al leer p\u00fablica y solemnemente la Ley (Neh. 8); el pueblo empalma con sus or\u00edgenes y renueva la alianza instaurando la fiesta de los tabern\u00e1culos.<\/p>\n<p>Al principio, los sacerdotes explican la Ley en las reuniones lit\u00fargicas (cfr. Jer 18,18). Pero en este per\u00edodo surge una nueva figura: el escriba. Hombre dedicado a escudri\u00f1ar la Ley d\u00eda y noche y a dilucidar su aplicaci\u00f3n a los distintos casos que la vida presenta, se convierte en gu\u00eda de la comunidad, que acude a \u00e9l en busca de orientaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>3.- Fidelidad a la ley hasta el martirio<\/strong><\/p>\n<p>Un caso concreto de esta fidelidad a la Ley es la que aparece en algunos israelitas piadosos con ocasi\u00f3n de la persecuci\u00f3n de Ant\u00edoco IV (2Mac. 7): prefieren dejarse matar antes que renegar de la ley santa de Dios.<\/p>\n<p>A ello exhorta tambi\u00e9n el libro de Daniel, escrito precisamente en la \u00e9poca macabea (hacia el 164 a.C.), presentando el ejemplo de fidelidad de este joven y sus compa\u00f1eros ante las amenazas de Nabucodonosor (en quien se alude a Ant\u00edoco IV); prefieren la muerte antes que obedecer las \u00f3rdenes del rey, pero son librados de ella por la intervenci\u00f3n de Dios, mientras que sus enemigos son castigados (Dan. 1-6). A la vez el libro anuncia la restauraci\u00f3n del reino de Dios, a pesar de la oposici\u00f3n de sus enemigos, por obra de un \u00abhijo de hombre\u00bb de origen celestial (Dan. 7,13-22).<\/p>\n<p>Esta actitud martirial resulta posible porque se ha afianzado en Israel la doctrina de la inmortalidad del alma y la retribuci\u00f3n realizada en una vida ultraterrena. Esta fe aparece expresada claramente en dos libros de origen jud\u00edo escritos en ambiente griego: los Macabeos y el libro de la Sabidur\u00eda (Alejandr\u00eda, entre el 80 y el 50 a.C.).<\/p>\n<p>La rebeli\u00f3n macabea, a pesar de la ambig\u00fcedad de sus motivaciones, es tambi\u00e9n una nueva experiencia de la intervenci\u00f3n de Yahveh en favor de su pueblo, defendiendo a su comunidad contra toda esperanza, cuando todo parece estar en contra. El pueblo lo expresa con la purificaci\u00f3n del templo y la fiesta que se instituye con ese motivo (cfr. 1Mac. 4,36-60; 2Mac. 10,1-8).<\/p>\n<p>Por otra parte, la helenizaci\u00f3n tiene otras consecuencias ventajosas, como la traducci\u00f3n de la Biblia hebrea al griego (conocida con el nombre de los LXX), con lo que el mensaje b\u00edblico se abre a nuevas posibilidades de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>4.- Los sabios de Israel<\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los sacerdotes y escribas, encontramos a los sabios como gu\u00edas espirituales del pueblo de Dios. Aunque en Israel la sabidur\u00eda aparece con la monarqu\u00eda -el prototipo de sabio es Salom\u00f3n, 1Re. 5,9-14-, es en esta \u00e9poca cuando llega a su esplendor.<\/p>\n<p>Sabios ha habido en muchos pueblos de la antig\u00fcedad, destacando sobre todo en Egipto y Babilonia. Su sabidur\u00eda era de orden pr\u00e1ctico, arrancando de la experiencia y de la reflexi\u00f3n sobre el mundo y sobre la conducta humana y orientada a formar individuos capaces de comportarse correctamente en la vida. La sabidur\u00eda b\u00edblica absorbi\u00f3 sin duda ciertos elementos de la sabidur\u00eda extranjera, pero tiene una fisonom\u00eda propia y distinta por el hecho de arrancar de la fe en Yahveh y contener una moral profundamente religiosa.<\/p>\n<p>El sabio israelita es un hombre prudente y reflexivo, interesado por la educaci\u00f3n del pueblo y de la juventud y despuntando como consejero (Jer. 18,18). El sabio no impone sus ense\u00f1anzas, sino que las propone suavemente con objeto de persuadir y de convertir la ense\u00f1anza en convicci\u00f3n personal; dirige sus consejos a quienes los solicitan o los aceptan y suele hacerlo de manera impersonal, a veces interrogativa, para avivar la curiosidad del interlocutor oblig\u00e1ndole a la reflexi\u00f3n. Podemos destacar tres rasgos:<\/p>\n<p>-el sabio tiene un gran sentido de la realidad, propio del hombre de buen criterio que observa y reflexiona y cuyas observaciones son concretas y pertinentes (ver, por ejemplo, Prov. 15,12; 20,14; 22,13).<\/p>\n<p>-tiene una fe viva en el Dios sabio, omnisciente y omnipotente; por eso, adem\u00e1s de la experiencia, medita d\u00eda y noche la ley del Se\u00f1or (Sal. 1,2) y se esfuerza en descubrir la sabidur\u00eda divina manifestada en la creaci\u00f3n y en la historia del pueblo de Dios (Sab. 10-19). No se trata de una moral laica (Prov. 15,16; 16,9) y la clave y fuente de toda sabidur\u00eda est\u00e1 en el temor del Se\u00f1or (Eclo. 1,1-10; Sab. 9,1-18; Prov. 2,5-8).<\/p>\n<p>-transmite una visi\u00f3n de la vida que repercute en la conducta cotidiana del hombre; el sabio no s\u00f3lo juzga el mundo a la luz de la fe, sino que ofrece innumerables consejos pr\u00e1cticos que ayudan a vivir; realiza una especie de humanismo religioso que, por medio de la observaci\u00f3n y la reflexi\u00f3n religiosa, vivifica todos los valores humanos desde la fe y desde la sabidur\u00eda divina; en efecto, toda sabidur\u00eda del hombre consiste en imitar a Dios y en ser fiel a la ley (cfr. el retrato del escriba hecho por Ben Sira: Eclo. 39,1-11).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed los principales escritos de los sabios en este periodo:<\/p>\n<p>+Proverbios. Es la colecci\u00f3n de textos sapienciales m\u00e1s antiguos. Recibe este nombre por las numerosas sentencias que contiene y que suponen muchos siglos de tradici\u00f3n; fue recopilado el 480 a.C. por un autor an\u00f3nimo que escribi\u00f3 un magn\u00edfico pr\u00f3logo doctrinal sobre la sabidur\u00eda (c.1-9). El libro enuncia los medios para conseguir la felicidad, que depende esencialmente de la rectitud moral y de la correcta relaci\u00f3n del hombre con Dios (el \u00abtemor del Se\u00f1or\u00bb: respeto religioso, sumisi\u00f3n a Dios y obediencia a sus mandatos).<\/p>\n<p>+Job. Este libro, escrito hacia el 450 a.C. plantea el problema del sufrimiento del justo. Un hombre de excepcional bondad, del cual dice el mismo Yahveh que \u00abno hay otro como \u00e9l en la tierra\u00bb (1,8), se ve sumido en la desgracia total. Se pone en tela de juicio el principio de la retribuci\u00f3n temporal, seg\u00fan el cual al justo le va bien en este mundo. Despu\u00e9s de una serie de di\u00e1logos que ponen de relieve lo desconcertante del misterio para la inteligencia humana, el libro llega a la conclusi\u00f3n de que el hombre, incapaz de comprender las maravillas de la naturaleza, impotente para penetrar las sendas de Dios, debe someterse y adorar la sabidur\u00eda divina. El sufrimiento humano es un misterio que Dios conoce pero que el hombre no alcanza; el dolor tiene un sentido -desconocido para el hombre- que no contradice la infinita bondad y justicia de Dios.<\/p>\n<p>+Eclesiast\u00e9s (Qoh\u00e9let). Hacia el 250 a.C. un hombre con experiencia escribe el fruto de sus reflexiones. Afirma de manera absolutamente clara y tajante que no ha encontrado la felicidad en nada de este mundo y atestigua la vanidad de los placeres, de las riquezas, de la ciencia y de los esfuerzos humanos (1,2-3). No es que menosprecie las alegr\u00edas honestas, pero las juzga incapaces de satisfacer las m\u00e1s profundas aspiraciones del coraz\u00f3n humano. Al subrayar lo precario e insatisfactorio de todo lo terreno est\u00e1 preparando la revelaci\u00f3n de la existencia del m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>+Eclesi\u00e1stico (Sir\u00e1cida). Hacia el 190 a.C. Jes\u00fas Ben Sir\u00e1, convencido de que la aut\u00e9ntica Sabidur\u00eda radica en Israel, compone una especie de \u00abmanual de conducta moral\u00bb capaz de hacer atractiva la ley jud\u00eda para los esp\u00edritus hel\u00e9nicos que se dejaban seducir por el refinamiento de la civilizaci\u00f3n pagana. El libro contiene dos partes, la primera con consejos de moral y pecados que han de evitarse (c. 1-42), la segunda un elogio de las obras del Se\u00f1or y de los justos de Israel (c. 42-50).<\/p>\n<p>+Sabidur\u00eda. Este libro, escrito en griego, probablemente en Alejandr\u00eda, entre el 100 y el 50 a.C., afirma claramente la inmortalidad del alma (Sab. 3,1-8; cfr. Dan. 12,2-3; 2Mac. 7,9). A la vez pretende demostrar la superioridad de la sabidur\u00eda israelita, revelada por Dios, sobre la filosof\u00eda pagana.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sapiencial, al presentar a la sabidur\u00eda como personificada e incluso preexistente junto a Dios (Prov. 1-2; Eclo. 24; Sab. 6-9), prepara el camino a la revelaci\u00f3n de Cristo; en efecto, Jes\u00fas no s\u00f3lo aparecer\u00e1 lleno de sabidur\u00eda (Mt. 12,42) sino que \u00c9l mismo es la Sabidur\u00eda (1Cor. 1,24), la Palabra que estaba junto al Padre y se nos manifest\u00f3 (Jn.1).<\/p>\n<p><strong>5.- Los pobres de Yahveh<\/strong><\/p>\n<p>Durante este periodo de la historia de Israel va decant\u00e1ndose en el seno de la comunidad un grupo, los anawim o pobres de Yahveh, que son como el alma de dicha comunidad. Ellos son los que en el pueblo de Dios mantuvieron firme y pura la esperanza en la salvaci\u00f3n por obra de Yahveh sin mezclarla con ambiciones materiales o nacionalistas. La esperanza de los anawim penetra en el Nuevo Testamento, acogiendo la salvaci\u00f3n tal como Dios la env\u00eda, por caminos tan distintos de los que el pueblo so\u00f1aba.<\/p>\n<p>Sofon\u00edas, hacia el 630 a.C., hab\u00eda sido el primero en utilizar el lenguaje de la pobreza en el sentido religioso (Sof. 2,3; 3,11-13). En este sentido el pobre se identifica con el humilde y la pobreza con la apertura a Dios, el ansia de Dios, la confianza en \u00c9l, la fidelidad a su alianza. Tambi\u00e9n Jerem\u00edas hab\u00eda vivido esta actitud del pobre: las persecuciones de que fue objeto con tanta crudeza le llevaron a la confianza y al abandono en Yahveh (Jer. 20,11-13). En la \u00e9poca del exilio aparece la figura del Siervo de Yahveh (Is. 42,1-7; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12), el pobre de Dios por excelencia, que ser\u00e1 causa de salvaci\u00f3n para todos los pueblos. Finalmente, la figura de Job, hacia mediados del siglo V a.C., delinea perfectamente la figura del pobre: siendo inocente, ha perdido todos sus bienes, sufre en su carne y en sus afectos; renunciando a reivindicar su inocencia ante Yahveh, acepta en silencio, humildemente, su dolorosa condici\u00f3n  con fe absoluta en la santidad y la justicia del Se\u00f1or (Job 42,2-6).<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, se pueden indicar algunas caracter\u00edsticas de los pobres de Yahveh, esa comunidad forjada en la miseria y en el sufrimiento que fue el origen de la restauraci\u00f3n y renovaci\u00f3n religiosa de Israel (cfr. tambi\u00e9n Sal. 22; 35; 55; Eclo. 51,1-12; Lam. 3,1-66):<\/p>\n<p>a) la pobreza real o sus equivalentes (enfermedad, persecuci\u00f3n, horfandad, destierro..); en definitiva, pobre es aquel a quien le han fallado las seguridades humanas, que experimenta la indigencia en sus m\u00faltiples manifestaciones, que siente adem\u00e1s la incapacidad para salir de su situaci\u00f3n y se encuentra aplastado bajo el peso del dolor.<\/p>\n<p>b) la actitud de humildad: la experiencia de humillaci\u00f3n le ha hecho humilde; el sufrimiento le ha hecho experimentar su impotencia, su incapacidad para salvarse por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>c) fe y confianza absolutas en Dios: la conciencia de su propia limitaci\u00f3n impulsa al pobre a acudir confiado en busca de auxilio al \u00fanico que puede d\u00e1rselo. Y lo hace con una confianza sin l\u00edmites, poniendo los ojos en el Se\u00f1or y esperando de \u00c9l solo continuamente la salvaci\u00f3n. La pobreza es la actitud de desnudez absoluta delante de Dios, de entrega plena y confiada en manos de Yahveh, en la esperanza y en la seguridad de que \u00c9l le salvar\u00e1. Como, adem\u00e1s, la m\u00e1xima experiencia de miseria y de opresi\u00f3n es el pecado, la petici\u00f3n de salvaci\u00f3n que hace el pobre de Yahveh va acompa\u00f1ada del reconocimiento de sus culpas y de la petici\u00f3n de perd\u00f3n y conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>d) acogida de los d\u00e9biles y peque\u00f1os: la experiencia personal de humillaci\u00f3n hace al pobre de Yahveh sumamente comprensivo y sol\u00edcito con todos aquellos que sufren pruebas semejantes.<\/p>\n<p>As\u00ed entendida y vivida la pobreza es la actitud religiosa perfecta; en las ant\u00edpodas del pretender \u00abser como Dios\u00bb, el pobre pone en manos de Dios su salvaci\u00f3n, en la certeza de que no le fallar\u00e1 aunque le conduzca por caminos desconcertantes e incomprensibles. Desprendido de s\u00ed mismo, la pobreza m\u00e1s radical, el hombre se encuentra con Dios y es su amigo. Por eso no es extra\u00f1o que en este contexto germinase la expectativa mesi\u00e1nica m\u00e1s pura: se espera un Mes\u00edas humilde (Zac. 9,9), amigo de los peque\u00f1os (Is. 11,4), que anunciar\u00e1 a los pobres la buena nueva de la salvaci\u00f3n (Is 61,1-3).<\/p>\n<p>Esta corriente empalma con el Nuevo Testamento y penetra en \u00e9l. Pobres de Yahveh son el anciano Sime\u00f3n, la profetisa Ana, Juan el Bautista&#8230; Sobre todo Mar\u00eda, que resume en su coraz\u00f3n la inmensa espera de los anawim y su enorme deseo de acoger a Dios plenamente; ella recoge todos sus anhelos y aspiraciones y los manifiesta en el Magn\u00edficat, expresi\u00f3n perfecta del alma de los pobres de Yahveh. M\u00e1s a\u00fan, el perfecto pobre de Yahveh es Jes\u00fas mismo, que colmado de sufrimientos se abandona enteramente en las manos de su Padre. Y este esp\u00edritu de los anawim, llevado a la perfecci\u00f3n, es el que revela todo el Serm\u00f3n de la monta\u00f1a, consagrando de una vez por todas la pobreza como camino necesario para acoger el Reino de Dios: \u00abDichosos los pobres en el esp\u00edritu, porque de ellos es el Reino de los cielos\u00bb (Mt. 5,3).<\/p>\n<p><strong>6.- Textos principales<\/strong><\/p>\n<p>Proverbios 8,12-36; 19; Job 1-2; 38,1 -40,5; Eclesiast\u00e9s 1,12 -2,26; 12,1-8; Eclesi\u00e1stico 3,30-4,10; 24,1-34; 39,1-11; 48,1-11; Sabidur\u00eda 2,21 -3,12; 5,14-16; 9; Salmo 119; Sofon\u00edas 2,1.3; 3,11-20; Jerem\u00edas 20,7-13; Isa\u00edas 52,13 -53,12; Salmo 22; Lamentaciones 3; Mateo 5.3-12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Israel espiritual Tras la vuelta del exilio el pueblo de Israel deja sus ilusiones nacionalistas para convertirse en una comunidad religiosa en torno a la ley, el templo y el sacerdocio. 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