{"id":1970,"date":"2006-08-29T21:03:43","date_gmt":"2006-08-30T02:03:43","guid":{"rendered":"1770375888"},"modified":"2006-08-29T21:03:43","modified_gmt":"2006-08-29T21:03:43","slug":"mujer_de_dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/08\/29\/mujer_de_dios\/","title":{"rendered":"Mujer de Dios"},"content":{"rendered":"<p><strong>Volver a los escritos de Vida Dominicana<\/strong><\/p>\n<p><strong>1. Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>En una de sus m\u00e1s conocidas im\u00e1genes literarias, Catalina de Siena describe a la persona qaue comulga como un pez en el agua: &#8220;Y as\u00ed como el agua est\u00e1 en el pez y el pez en el agua, as\u00ed est\u00e1 Dios en el alma y alma en Dios&#8221;. Esta im\u00e1gen describe a su manera la vida de la Santa Senense: toda ella se nos presenta como un camino en ascenso por el quemante deseo de Dios.<\/p>\n<p>En efecto, descubriremos en el presente art\u00edculo, con la ayuda del Se\u00f1or, que en la vida de Catalina de Siena se va dando un doble proceso: por una parte, cada faceta de su existencia va desenvolvi\u00e9ndose y desarroll\u00e1ndose en tensi\u00f3n hacia Dios, como un \u00e1rbol que despliega sus ramas en todas direcciones, y en todas busca el sol. Por otra parte, cada aspecto de la vida divina, en s\u00ed misma y en el modo como se nos ha revelado, va produciendo una resonancia particular y nueva en Catalina. Y en la convergencia de este doble proceso de mutua b\u00fasqueda entre el Amado y su Amada, veremos realizarse en ella los prodigios que \u00e9l sabe obrar en sus predilectos. A\u00fan joven celebrar\u00e1 su Desposorio M\u00edstico con Cristo, y luego, como peregrina y predicadora, vendr\u00e1 a ser como un lugar de encuentro con Dios para muchas personas.<\/p>\n<p>Habr\u00eda pues que decir que Catalina es audazmente, incluso &#8220;escandalosamente&#8221; divina. Se reconoce nada, se humilla ante todos, gusta llamarse y ser &#8220;sierva de los siervos&#8221;, pero desde all\u00ed proclama con certeza que Dios es Dios y que ella anhela y busca a ese Dios, al Absoluto, al Eterno, al Inconmensurable. Sin duda sorprende este camino espiritual: saberse nada para aspirar al todo, decirse sierva y dar \u00f3rdenes, perderlo todo para ganarlo todo. Es la v\u00eda de la renuncia perfecta en aras de la perfecta uni\u00f3n, una senda que ella consider\u00f3 irrenunciable para s\u00ed misma, pero que nunca impuso a nadie: le bastaba no ser sino en Dios para serlo todo de \u00e9l.<\/p>\n<p>La experiencia que he tenido al meditar y predicar sobre la vida de esta Doctora y Predicadora de la Iglesia ha llegado a convencerme de lo siguiente: cuando mostramos la paradoja cateriniana, es decir, esa especie de no-ser para llegar a ser, algo \u00edntimo y familiar alcanza a resonar en el propio coraz\u00f3n, y uno como que siente que vale la pena vivir asi; pero cuando disminu\u00edmos por nuestra cuenta esa paradoja, incluso con la buena intenci\u00f3n de hacerla m\u00e1s accesible a nosotros, queda ante los ojos s\u00f3lo una figura borrosa en la que no es posible entender los ayunos y los dones espiriturales, el fuego al orar y la llama al predicar, la entrega de cada d\u00eda y la inmolaci\u00f3n de la muerte.<\/p>\n<p>En efecto, una vez que aceptamos entrar en la psicolog\u00eda del todo o nada, en la escala infinita del Dios que no se mide con nosotros, y en la dial\u00e9ctica pascual de morir para vivir; cuando entramos, en una palabra, a la celda de Catalina, brilla una luz n\u00edtida, un destello avasallante. Luego puede uno aceptarlo o rechazarlo, pero all\u00ed estar\u00e1 ese destello, femenino, arrogantemente humilde, como una m\u00edstica cercania de Dios en su Iglesia.<\/p>\n<p>Es por esto que el presente art\u00edculo tiene sus centro en una tesis, que puede sonar extra\u00f1a al principio, pero que en realidad era ya muy familiar a los caterinatos del s. XIV. Es la siguiente: el designio del Se\u00f1or para con Catalina no fue tanto al sacarla de su celda para llevarla al mundo, cuanto sacar al mundo de su mundo para llevarlo a la celda de Catalina. Quiz\u00e1 atrevido decirlo, pero no absurdo, seg\u00fan veremos seguidamente.<\/p>\n<p>Es claro, al respecto, que hay como dos etapas en la vida de la Santa Senense. Una primera, que podemos llamar &#8220;etapa oculta&#8221;, y luego un segunda, que podr\u00eda rotularse &#8220;etapa p\u00fablica&#8221;. Pues bien, &#8220;oculto&#8221; y &#8220;p\u00fablico&#8221; son dos adjetivos apropiados para describir desde fuera y como emp\u00edricamente la biograf\u00eda de Catalina: al principio, en su celdita de Fontebranda, lejos de las miradas hasta de su propia familia: a\u00f1os despu\u00e9s, por los caminos y plazas, con la cara descubierta a ojos de cuantos quisieron y pudieron verla. De modo que emp\u00edricamente la diferencia es casi total. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de lo emp\u00edrico, no nos ocuparemos en el presente art\u00edculo del proceso &#8220;externo&#8221;, verificable por el historiador, proceso ciertamente indispensable como punto de partida, sinio del proceso interior, pues es en este \u00faltimo donde Catalina se nos revela como &#8220;mujer de Dios&#8221;, y donde Dios nos muestra su peculiar cercan\u00eda y predilecci\u00f3n por esta mujer.<\/p>\n<p>Para nuestro estudio, procederemos de acuerdo con la distinci\u00f3n hecha m\u00e1s arriba entre el proceso plurifome de Catalina en b\u00fasqueda de Dios y el m\u00faltiple proceso de Dios que se va mostrando a ella y en ella. En esos dos an\u00e1lisis sucesivos nos resultar\u00e1 necesario no prejuzgar sobre quien es Dios, ni qui\u00e9n es ella. Quiero decir: intentaremos seguir el mismo camino de Catalina, aquella que supo implorar como San Agust\u00edn : &#8220;que te conozca, Se\u00f1or, y que me conozca&#8221;.<\/p>\n<p><strong>2. COMO BUSCA LA CIERVA&#8230;<\/strong><\/p>\n<p>Coinciden los bi\u00f3grafos de nuestra Santa en que podemos llamar &#8220;fundante&#8221; aquella visi\u00f3n que ella recibi\u00f3 cuando s\u00f3lo contaba cinco o seis a\u00f1os. Jesucristo se deja ver, revestido con ornamentos sacerdotales, cerca de la Iglesia de Siena, y bendice a Catalina. No hay palabras pero s\u00ed un mensaje. De hecho, tal mensaje llegar\u00e1 a volverse palabra s\u00f3lo mucho despu\u00e9s, cuando nuevas experiencias- inclu\u00edda la dolorosa experiencia del pecado- lleguen a consolidar en ella, simult\u00e1neamente, una vida, una espiritualidad y una doctrina.<\/p>\n<p>Podr\u00eda decirse que el fruto propio de esta visi\u00f3n fundante es un di\u00e1logo que luego se prolongar\u00e1 en la existencia y la predicaci\u00f3n de la Santa. Es di\u00e1logo, ya desde ahora, porque tiene la estructura de pregunta y respuesta. Al igual que las interpelaciones divinas que conocemos por la Escritura, tambi\u00e9n aqu\u00ed el Se\u00f1or, al manifestarse, revela un sentido nuevo para la existencia (en esto es respuesta) y al mismo tiempo, deja entrever s\u00f3lo un poco de su misterio y del misterio humano (y en esto sigue siendo pregunta). La intervenci\u00f3n de Dios no es, pues, una lista de respuestas, base para una simple teor\u00eda, ni una lista de preguntas, base para una filosof\u00eda, sino las dos cosas, de manera viva y din\u00e1mica.<\/p>\n<p>En la historia de Catalina, todo esto se hace muy concreto. La ni\u00f1a que desea ser eremita y que luego se &#8220;resigna&#8221; a aislarse en su propia casa, no es una solitaria, sino una interlocutora de Dios. Su penitencia o sus largos ratos de oraci\u00f3n pueden entonces ser entendidos en esa dobre clave, esto es, como actitud de alguien que se pregunta (existencialmente) y desea alcanzar a Dios, o como camino de alguien que ha encontrado una respuesta, y se sabe alcanzado de Dios.<\/p>\n<p>Deseo destacar desde ahora que ese di\u00e1ologo entre esta ni\u00f1a y el Cristo de la visi\u00f3n involucre todo el ser de Catalina. Pareciera que su gran esfuerzo asc\u00e9tico es como un inmenso intento de vaciarse a s\u00ed misma para ser llena de Dios. Pero \u00bfC\u00f3mo desprenderse o vaciarse de lo que uno no conoce? Nadie sabe cuanto egoismo tiene hasta que no intenta darse. Consecuente con esto, ella se da por entero, comenzando por lo elemental y b\u00e1sico: la comida, la comodidad, el sue\u00f1o, la compa\u00f1ia de la familia. Quiere perderlo todo, en la certeza de que lo que se puede perder por Dios no vale ante Dios y s\u00ed se encuentra mejor en Dios.<\/p>\n<p>Este camino espiritual del absoluto fue antes recorrido por otros cristianos (no siempre con \u00e9xito, ciertamente). Es el camino del desierto, el de los primeros monjes, el de los grandes ascetas. Pero hay algo particular en el modo cateriniano de ir al desierto de Dios: ella no tiene una historia anterior. Los primitivos habitantes del yermo eran con frecuencia adultos, a veces desenga\u00f1ados del mundo, y casi siempre fastidiosos de sus propios pecados. Ten\u00edan adem\u00e1s lo rudimentos de una concepci\u00f3n sobre el hombre y la sociedad. Al contrario, Catalina, al momento de emprender la senda del Absoluto, es demasiado peque\u00f1a para tener una teor\u00eda sobre Dios o sobre el hombre. No sabe cu\u00e1nto se puede ayunar, ni cu\u00e1nto se deber dormir, ni cu\u00e1nto hay que orar cada d\u00eda. Quiz\u00e1 debido a esto mismo, ella no se extra\u00f1a de s\u00ed misma: le parece natural darse sin reservas y anormal que uno pretenda reservarse algo ante el que es Due\u00f1o de todo. Ser\u00e1n otros (pap\u00e1, mam\u00e1, hermanos) quienes se extra\u00f1en de ella, e intenten reducirla al modo usual y &#8220;normal&#8221; de vivir. En paralelo, ella tampoco se extra\u00f1a de Dios. Como no tiene una teor\u00eda sobre el modo de hablar y actuar Dios, est\u00e1 simplemente disponible a lo que Dios quiera ser y hacer con ella. A Dios le corresponde ser, y a ella, no-ser, dejar-ser.<\/p>\n<p>No quiero ocultar los riesgos que entra\u00f1a esta espiritualidad del no-ser. F\u00e1cilmente puede conducir a tres excesos: en cuanto al entendimiento; , en cuanto a la voluntad; en cuanto a la memoria. Precisamente, los primeros confesores de la Santa (Tom\u00e1s della Fonte, por ejemplo) no dudar\u00e1n en manifestar su admiraci\u00f3n y gratitud ante Dios por la misericordia que tuvo con esta jovencita, preserv\u00e1dola de tantos y tan graves peligros. Y este es, por cierto, el fundamento teol\u00f3gico de una afirmaci\u00f3n hagiogr\u00e1fica com\u00fan: el Esp\u00edritu Santo ha sido Maestro y Gu\u00eda de Catalina de Siena. Y a partir de esta afirmaci\u00f3n, la otra de P\u00edo II: &#8220;fu\u00e9 primero vista como maestra, antes que como disc\u00edpula: Aprendi\u00f3 de Dios&#8221;.<\/p>\n<p>Conviene mirar detenidamente c\u00f3mo se dio ese don del Se\u00f1or, porque -ya lo hemos dicho- el desierto ha sido semillero de santos, pero tambi\u00e9n de herejes, de caprichosos y de gn\u00f3sticos.<\/p>\n<p>Al respecto, el testimonio biogr\u00e1fico nos habla de una ra\u00edz profunda de la gracia en Catalina, una ra\u00edz que identifica el no-ser no s\u00f3lo con vaciarse de las propias ideas, afectos y cosas, sino tambi\u00e9n con la perfecta humildad y la perfecta obediencia. Para ella, coherente en esto con la mejor l\u00f3gica, no puede hablarse de vaciamento si no se renuncia vigorosamente -virilmente- a la propia voluntad. Es que el Cristo que ella ha visto es el Crucificado y Resucitado; es el Esposo Amant\u00edsimo de la Iglesia, siempre presente en Ella. Por eso Catalina tendr\u00e1 siempre abierta su celda para acceder a los sacramentos y a la palabra de los ministros de Dios.<\/p>\n<p>Tal es la explicaci\u00f3n de la total disponibilidad que har\u00e1 de ella un instrumento del poder, la ciencia y el amor de Dios. Ella acepta desde su pobreza &#8220;radical&#8221; cualquier modo que Dios quiera utilizar para mostr\u00e1rsele. No pone leyes al Esp\u00edritu Santo. Acepta las visiones, pero no se apega a ellas; recibe los consuelos espirituales, pero sabe renunciarlos; anhela la Eucarist\u00eda, pero se reconoce indigna del Sacramento, y no lo reclama, sino que lo suplica. Se ve entonces que su obediencia a confesores y directores tiene una base tan s\u00f3lida y profunda como su anhelo de llegar a Dios. Fuera de esa obediente pero l\u00facida escucha, ella no busca ni quiere nada.<\/p>\n<p>Unida, pues, a Dios, por el Esp\u00edritu Santo y por la palabra de la Iglesia, Catalina prolonga de varios modos su sed de Dios: ansia de entender, que crece hacia la Verdad de Cristo; ansia de amar, que crece hacia el Amor del Esp\u00edritu; su historia toda en las manos y ante los ojos del Poder de Padre Dios. La ense\u00f1anza, que luego escucharemos de su boca, sobre la conformidad de nuestro ser con el ser trinitario de Dios, proviene sin duda de su propia experiencia. Estamos hechos no s\u00f3lo de Dios, sino para Dios, dir\u00e1 ella muchas veces y de muchas maneras.<\/p>\n<p>A modo de resumen, escuchemos c\u00f3mo se expresa ella al respecto:<\/p>\n<p>&#8220;Oh Deidad. Deidad, inefable Deidad, Oh Suma Bondad que s\u00f3lo por amor me has hecho a imagen y semejanza tuya, no diciendo cuando creaste al hombre &#8220;sea hecho&#8221;, como dijiste al hacer la dem\u00e1s criaturas, sino: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra; Oh amor inestimable, para significar que en esta creaci\u00f3n consent\u00eda toda la Trinidad. Y le has dado al hombre la forma de la Trinidad, Deidad Eterna, en las potencias de su alma, d\u00e1ndole la memoria para conformarle a t\u00ed, Padre Eterno, que como Padre tienes y conservas todas cosas en t\u00ed. As\u00ed le has dado la memoria para que tenga y conserve lo que el entendimiento ve y entiende y conoce de t\u00ed, Bondad Infinita, participando tambi\u00e9n as\u00ed de la sabidur\u00eda de tu Hijo Unig\u00e9nito. Le has dado la voluntad, clemencia dulce del Esp\u00edritu Santo, que se levanta llena de tu amor, como si fuera una mano que toma lo que el entendimiento conoce de tu inefable Bondad. Con la voluntad y las manos vigorosas del amor llena la memoria del afecto de t\u00ed&#8221;. (Di\u00e1logo, ed. Bac. 1955, p. 567).<\/p>\n<p><strong>3. &#8220;HABLA TU A MI PUEBLO&#8230;&#8221;<\/strong><\/p>\n<p>Hacia sus veinte a\u00f1os de edad, Catalina de Siena es &#8220;casi&#8221; lo que desea ser. Mejor dicho: ha descubierto su no-ser y el ser de su Se\u00f1or; ha llenado su entendimiento de la Verdad que es Cristo; su voluntad del Amor que es el Es\u00edritu; su memoria de la maravillas del poder del Padre. No es que est\u00e9 satisfecha, pero el hambre la sacia. Y porque ama a Dios, ama lo que Dios ama, y s\u00f3lo anhela que el Se\u00f1or realice su voluntad divina y que as\u00ed sea glorificado y amado de todos.<\/p>\n<p>Lo anterior nos est\u00e1 diciendo que, por su cuenta, Catalina no habr\u00eda salido de su celda. !Harto le cost\u00f3 entrar!. Por eso, si luego vemos predicando a la que antes callaba y caminando a la que antes reposaba o sufr\u00eda junto al Crucificado, bien podemos preguntarnos a qu\u00e9 o a qui\u00e9n se debe este cambio. \u00bfHay que atribuirlo a la familia? \u00bfA un descubrimiento nuevo de la miseria o la necesidad humanas? \u00bfA un mandato de sus Directores?.<\/p>\n<p>Con un vocabulario teol\u00f3gico m\u00e1s cercano a nosotros, podemos decir, en principio, lo siguiente. Catalina, sin separar al Dios eterno de su revelaci\u00f3n en Jesus de Nazareth, ni al Cristo Resucitado, de su Iglesia peregrina, obedece s\u00f3lo a Dios. El cambio en su tipo de vida no es explicable en causales familiares. Catalina se ha resistido incluso a los ruegos de su mam\u00e1, cuando no se le parecen a los de Dios. Tal transformaci\u00f3n, que fu\u00e9 paulatina pero bien clara desde que empez\u00f3, tampoco es comprensible por efecto de una orden de sus directores.<\/p>\n<p>En cierto sentido \u00e9stos se ver\u00edan a veces rebasados por la clase de fen\u00f3menos y experiencias de su Dirigida, y por eso reconocieron desde el comienzo una presencia singular del Esp\u00edritu en la senda que ella recorr\u00eda con audacia de enamorada. \u00bfSe debe entonces tal cambio a un nuevo descubrimiento de la miseria humana? En cierto sentido s\u00ed, pero la cuesti\u00f3n no es sencilla.<\/p>\n<p>En efecto, Catalina, separada del rumor del mundo, lleva sin embargo las pobrezas del mundo en su propio cuerpo: en su hambre y soledad, en sus tentaciones e indigencias, y por ello mira las tristezas del mundo en s\u00ed misma y no en el mundo mismo.<\/p>\n<p>Con esto quiero decir dos cosas.<\/p>\n<p>Primero. No es un &#8220;nuevo&#8221; llamado del mundo lo que env\u00eda a Catalina hacia el mundo. Ella viv\u00eda en una situaci\u00f3n m\u00e1s penosa y precaria que la de los pobres, los enfermos o los tentados. \u00bfHab\u00eda en Siena quien pasara m\u00e0s hambre que ella, o m\u00e1s desnudez que ella? \u00bfHab\u00eda quien durmiera menos, quien estuviese m\u00e1s solo o m\u00e1s tentado? Su voluntaria y amorosa reclusi\u00f3n de Fontebranda la ha hecho, en este sentido, no s\u00f3lo interlocutora del Se\u00f1or, sino conocedora del mundo. Camino este bien singular para conocer el mundo, pero ciertamente eficaz, si lo que se busca no es acopio de datos, ni multitud de sensaciones, sino sabidur\u00eda del Dios que cre\u00f3, am\u00f3 y redimi\u00f3 al mundo.<\/p>\n<p>Segundo. Quiz\u00e1 porque estamos acostumbrados a aislarnos cuando deseamos que nadie nos moleste, o cuando queremos dedicarnos a nuestras cosas, tendemos a juzgar que igual sienten y quieren los que buscan y hallan al Dios del desierto. Nuestra soledad muchas veces es fruto del ego\u00edsmo y por tanto, nace opuesta e irreconciliable con el amor a los hermanos. No queda otro camino luego que negar una soledad asi ego\u00edsta, si se quiere llegar a la justicia, al amor, o a todo aquello que supone una relaci\u00f3n de personas, m\u00e1s all\u00e1 de los &#8220;egos&#8221;. De acuerdo con este orden de ideas, el amor a los hermanos comienza cuando se le conoce directamente, en sus circunstancias particulares. Y en consecuencia, aplicado esto a Catalina de Siena, se dir\u00e1 que su vida &#8220;oculta&#8221; desconoc\u00eda la realidad del mundo y se desentend\u00eda de \u00e9l, y que tal situaci\u00f3n qued\u00f3 luego felizmente superada cuando al fin sali\u00f3 a la calle.<\/p>\n<p>Pero esta interpretaci\u00f3n de la etapa p\u00fablica en la vida de Santa Catalina no logra superar varias objeciones.<\/p>\n<p>Ante todo, un objeci\u00f3n teol\u00f3gica. Nos resulta claro que el amor personal de Jesus es para cada uno de nosotros y con raz\u00f3n decimos con San Pablo: &#8220;\u00e9l me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed&#8221;(Gal. 2,20). M\u00e1s esta aplicaci\u00f3n creyente del amor de Cristo es irreconcilible con el pragmatismo que ve al amor como mera respuesta a unas circunstancias. El hombre Jesus de Nazareth conoci\u00f3 la condici\u00f3n humana, cierto, pero es forzado y s\u00f3lo metaf\u00f3rico decir que conoci\u00f3 todas las circunstancias de todos los hombre, siendo verdad, sin embargo, que a todos am\u00f3 y por todos se entreg\u00f3. Donde se ve que el conocimiento de la realidad y la fuente del amor no se hallan sin m\u00e1s en el mundo (por dolorosa que llegue a ser la realidad del mundo) aunque s\u00ed se realicen para bien del mismo mundo.<\/p>\n<p>Y todav\u00eda otra objeci\u00f3n hist\u00f3rica. No hay rastro de que Catalina tenga un &#8220;nuevo mensaje&#8221; al comenzar su &#8220;nueva etapa&#8221;. Y lo que es m\u00e1s serio: tampoco hay rastro de que su &#8220;nuevo&#8221; contacto con el mundo traiga una &#8220;nueva&#8221; ense\u00f1anza para ella. Es una cuesti\u00f3n delicada e importante que no debemos eludir.<\/p>\n<p>Al respecto, la unidad tem\u00e1tica, literaria y teol\u00f3gica entre los diversos escritos y testimonios de la Santa nos revela una psicolog\u00eda particular\u00edsima. En efecto, ya en la calle, ella mira y no mira. Sus im\u00e1genes literarias y sus s\u00faplicas concretas se multiplican, pero su convicci\u00f3n del no-ser para ser sigue id\u00e9ntica. Su predicaci\u00f3n es como una meditaci\u00f3n en voz alta; es ya una oraci\u00f3n. No es que desatienda lo particular y cotidiano, pero hay momentos en los que uno no sabr\u00eda decir si esa predicadora est\u00e1 en la plaza o sigue en la celda.<\/p>\n<p>Sobre este interesante y actual\u00edsimo tema (contemplar-predicar), Jose Salvador y Conde hace notar la desproporci\u00f3n que se da entre los enfoque y propuestas de Catalina, por un parte, y sus interlocutores o corresponsales, por otra. Un ejemplo. A la reina de N\u00e1poles, mujer pol\u00edtica y h\u00e1bil en las artes del mundo, le escribe nuestra Santa algo que parece m\u00e1s un peque\u00f1o tratado de espiritualidad que otra cosa. Y sin embargo, tal modo de hablar, seg\u00fan testifican las biograf\u00edas, dio a veces &#8211; no siempre- frutos sorprendentes de conversi\u00f3n, frutos incluso espectaculares. Tal parece que ella se limita a predicar y orar, dejando al Se\u00f1or la obra de salvar y santificar.<\/p>\n<p>Ese modo cateriniano de vivir con intensidad la vocaci\u00f3n dominicana resalta tambien en que Catalina suele fundir pr\u00e9dica y oraci\u00f3n. Sol\u00edan por ello los caterinatos, acostumbrados como estaban a verla pasar del serm\u00f3n al \u00e9xtasis (e incluso a predicar en estado de arrobamiento), tomar notas tantos de unos como de otros. Esta mujer est\u00e1 en el mundo, pero no es del mundo., por eso, precisamente eso, es lo que da fuerza y unci\u00f3n a sus palabras. Ese &#8220;estar sin ser&#8221; en el mundo es lo que ella llama la celda interior. Y pude decirse que ella no ve al mundo, o lo ve con una profundidad inaudita. Puede decirse que no est\u00e1 en la historia, o que la historia de su pueblo se realiza en ella de modo condensad\u00edsimo. Puede decirse que ha hu\u00eddo del mundo, o que resume el drama del mundo (convulso pero creyente) que conoci\u00f3. Y si nuestra \u00e9poca prefiere para cada una de esos &#8220;puede decirse&#8221; el segundo t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n (ver con profundidad, realizar la historia, resumir el drama del mundo), no debemos sin embargo, perder de vista al primero.<\/p>\n<p>En todo caso no podemos olvidar que cuando el Se\u00f1or dijo a Catalina que habr\u00eda de salir de su celda (material), fu\u00e9 \u00c9l quien lo dijo, y fu\u00e9 ella la que reclam\u00f3. Y luego fu\u00e9 \u00c9l quien la condujo y ella quien obedeci\u00f3. C\u00f3mo manifest\u00f3 \u00c9l lo que quer\u00eda de ella, intentaremos dilucidarlo en la tercera parte del presente cap\u00edtulo.<\/p>\n<p><strong>4. AL RITMO DE DIOS<\/strong><\/p>\n<p>El paso de la etapa &#8220;oculta&#8221; a la &#8220;p\u00fablica&#8221; en la vida de Santa Catalina, lo describe el Beato Raimundo de Capua en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>&#8220;El Esposo despierta a la esposa cuando descansaba en el lecho de la contemplaci\u00f3n, despu\u00e9s de haberse despojado de las cosas de la tierra y purificado de las manchas del mundo, y la invita a abrirle, no la puerta de ella, sino la de muchas almas; porque la suya no est\u00e1 cerrada, puesto que duerme ella en el Se\u00f1or, de quien es esposa (&#8230;) Despu\u00e9s del matrimonio que se dign\u00f3 celebrar con Catalina, nuestro Se\u00f1or la fu\u00e9 poniendo en relaci\u00f3n con los hombres. No la privaba por eso de sus comunicaciones celestiales, sino m\u00e1s bien se las aumentaba para subirla la una m\u00e1s alta perfecci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s adelante transcribe palabras con las que el Se\u00f1or explicaba a su esposa el motivo del cambio profundo que habr\u00eda de darse en su modo de vida:<\/p>\n<p>&#8220;C\u00e1lmate,amad\u00edsima hija m\u00eda: es preciso cumplir toda justicia y hacer fructificar mi gracia en ti y en otros. Bien lejos de separarme de ti, quiero unirme a\u00fan m\u00e1s por el amor al pr\u00f3jimo. Ya sabes que mi amor tiene dos mandamientos: es necesario amarme a Mi y al pr\u00f3jimo. En esto esta fundada toda la ley y los profetas. Quiero que t\u00fa guardes ambos mandamientos: te hacen falta dos pies y dos alas para volar al cielo&#8221;.(Alvarez, 2a ed. 1915, p. 81-84).<\/p>\n<p>Como vemos, el paso a la etapa &#8220;p\u00fablica&#8221;, visto en s\u00ed mismo, es en cierto modo puntual, localizable por las visiones transcritas por el Beato Raimundo. Pero el desarrollo del encargo que tal paso supuso incluir\u00e1 un proceso que podemos llamar centrifugo y que tambien ya nos lo ha anunciado el mismo bi\u00f3grafo: &#8220;Nuestro Se\u00f1or la fu\u00e9 poniendo en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s&#8221;. Esos &#8220;dem\u00e1s&#8221; fueron primeros sus familiares, luego amigos, luego gente piadosa y as\u00ed sucesivamente en c\u00edrculos cada vez m\u00e0s amplios. La mirada de esta contemplativa reconocer\u00e1 luego a Cristo en espacios f\u00edsicos, sociales y pol\u00edticos siempre mayores: ser\u00e1 el Cristo doliente, cuyo dolor ya ha lacerado el cuerpo penitente de Catalina, y desgarrado su alma; ser\u00e1 el Cristo machacado por el pecado, cuyo rostro ha saludado ya la celda de Catalina; ser\u00e1, en fin, el Dulce Cristo, el Redentor, que desde la cruz anuncia la victoria.<\/p>\n<p>1) Personas de distinta clase y condici\u00f3n acuden a<br \/>\n   Fontebranda. Piden consejos y reciben consuelo.<br \/>\n2) Mendigos y menesterosos tocan a las puertas de los<br \/>\n   Benincasa.<br \/>\n3) Dificultades con sus hermanas de la penitencia.<br \/>\n4) Las grandes converciones.<br \/>\n5) Las grandes intercesiones.<br \/>\n6) Las grandes misiones.<br \/>\n7) Su relaci\u00f3n con el Papado.<br \/>\n8) &#8220;Muero por la Iglesia&#8221;.<\/p>\n<p>Estas ocho &#8220;estaciones&#8221; son como respuestas con las que Dios, a trav\u00e9s de la historia y en la realidad de la Iglesia del s. XIV, colm\u00f3 el anhelo y la b\u00fasqueda de Catalina. Movida por un amor que la antecede y rebasa, ella ha deseado con ardor realizar la voluntad de Dios, y entonces Dios le ha ido mostrando su voluntad para con ella, en un camino que no es otro que el Camino, es decir, el Cristo, todo y solo Cristo. Lo cual sin embargo, no debe ser interpretado como si se tratara de un rosario de hechos gloriosos y alegres. Precisamente, si se trata de seguir a Cristo, es seguirlo hasta la Cruz; participar de Su Pasi\u00f3n para resucitar con \u00c9l.<\/p>\n<p>Pero es Dios quien marca el ritmo, interior y exteriormente. En el interior, ya lo hemos visto, a trav\u00e9s de ese conomiento sapiencial de Dios en s\u00ed mismo y de s\u00ed mismo en Dios. Este ritmo interior o &#8220;palabra interior&#8221; lo escuch\u00f3 Catalina en su celdita de Siena y lo sigui\u00f3 percibiendo muy fuerte en la celda &#8220;interior&#8221;. All\u00ed recluida, ella ve toda la creaci\u00f3n condensada en la persona humana; ve todo el sufrimiento y los l\u00edmites humanos condensados en nuestra condici\u00f3n de criaturas y pecadores; finalmente ve el drama de nuestro pecado -todos los pecados del mundo &#8211; reunidos en la cruz de Cristo. As\u00ed llega a tener en su mirada como el resumen de un vigoroso proceso de acumulaci\u00f3n de sentido, que le permite ver todo lo creado, toda la historia y todo el sufrimiento de Jesucristo.<\/p>\n<p>Bien pod\u00eda decir con San Pablo: &#8220;Para m\u00ed la vida es Cristo&#8221;.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es Dios quien se\u00f1ala el ritmo exterior, utilizando libremente los acontecimientos de la historia-aquellas &#8220;estaciones&#8221; para expresar una &#8220;palabra exterior&#8221;. En s\u00ed mismos, estos hechos, ni aun los m\u00e1s espectaculares, fuerzan una \u00fanica interpretaci\u00f3n. Son m\u00e1s bien como la &#8220;materia&#8221; que requiere de una &#8220;forma&#8221;, es decir, de una luz particular que los haga legibles y plenamente significativos. Si esa luz &#8220;de la gloriosa fe&#8221;, nada llega a hablar de Dios, &#8220;ni si resucita un muerto&#8221;.( Lc. 16, 3d1).<\/p>\n<p>Ahora bien, trat\u00e1ndose de una Contemplativa que es tambien Doctora, contamos con la fortuna de conocer mucho de sus ense\u00f1anza y su predicaci\u00f3n, algo as\u00ed como su modo particular de &#8220;leer la historia&#8221;. Esta predicaci\u00f3n no corresponde simplemente ni con la &#8220;palabra interior&#8221; que es intuitiva y apof\u00e1tica, ni con la &#8220;palabra exterior&#8221;, que es expl\u00edcita pero ambigua.<\/p>\n<p>Tal predicaci\u00f3n es palabra, sin menos y sin m\u00e1s. No mero vocablo o veh\u00edculo de ideas, sino vigorosa palabra prof\u00e9tica, sapiente, vivificante.<\/p>\n<p>Conservamos, en efecto, el testimonio de algunos contempor\u00e1neos de la Santa, que la escucharon hacer en voz alta esa lectura de la historia. Y no est\u00e1 de m\u00e1s citar algunos:<\/p>\n<p>&#8220;Con qu\u00e9 celo exhortaba a los religiosos a imitar a Nuestro Se\u00f1or, a tomar con \u00e9l en la mesa de la Cruz el alimento de la Vida, y a encerrarse en la celda de sus almas, es decir, en el conocimiento de s\u00ed mismos, y all\u00ed orar por los que hab\u00edan perdido la vida de la gracia&#8230;. Imposible es decir el bien que sus exhortaciones y ejemplos hicieron a los religiosos de la Orden de Predicadores&#8221;.(Fr. Tom\u00e1s de Sena Caffarini).<\/p>\n<p>&#8220;Cuando el Papa Gregorio XI pidi\u00f3 a Catalina su parecer sobre la vuelta de Avignon a Roma, excus\u00f3se ella humildemente diciendo que no era propio de una ruin mujer dar consejos al Soberano Pont\u00edfice. Respondi\u00f3le el Papa : &#8220;No te pido consejo, sino que me hagas conocer la voluntad de Dios&#8221;. Y como ella siguiera excus\u00e1ndose, le mand\u00f3 \u00e9l por obediencia que le dijese si sab\u00eda la voluntad de Dios sobre este asunto. Baj\u00f3 entonces ella la cabeza y dijo: \u00bfQui\u00e9n conoce mejor la voluntad de Dios que vuestra Santidad, que se ha obligado por un voto?. A estas palabras qued\u00f3 el Papa at\u00f3nito, porque nadie sab\u00eda el voto que hab\u00eda hecho de volver a Roma; y en aquel momento se propuso abandonar Avignon&#8221;. (Fr, Bartolom\u00e9 de Siena).<\/p>\n<p>&#8220;La autoridad de su palabra era tanta y tales las gracias que rebosaban de sus labios, que a los m\u00e1s poderosos del mundo subyugaba y rend\u00eda al servicio de Dios. As\u00ed se vi\u00f3 particularmente en la corte de Gregorio XI, donde los mismos que m\u00e1s se le opusieron quedaron pronto avasallados por su dulce influencia y se hicieron sus amigos y bienhechores&#8221;(Fr. Bartolom\u00e9 de Siena).<\/p>\n<p>En cuanto a nosotros concierne, y a modo de conclusi\u00f3n de esta parte, b\u00e1stenos con transcribir algunos textos significativos de esta mujer de Dios. Han sido seleccionaldos siguiendo el orden de las estaciones arriba se\u00f1aladas.<\/p>\n<p>4.1. Personas de distinta clase y condici\u00f3n acunden a Fontebranda.<\/p>\n<p>&#8220;La manera por donde por donde yo llegu\u00e9 a conocer a Catalina fu\u00e9 esta. Acaeci\u00f3 sin culpa m\u00eda, que yo incurr\u00ed en una guerra y enemistad con otros m\u00e1s poderosos que yo. Me dijeron que rogase a esta virgen para que se ocupase de este negocio m\u00edo y que sin duda mediante ella, alcanzar\u00eda paz, porque muchas cosas semejantes hab\u00eda hecho. Fuimos a ella, la visitamos, y nos recibi\u00f3 no como doncella vergonzosa y t\u00edmida seg\u00fan yo pensaba, mas con afectuos\u00edsima caridad y como si recibiera a un hermano que ven\u00eda de lejos; de lo cual qued\u00e9 yo muy maravillado. Y como hubo o\u00eddo la causa de mi visita, me respondi\u00f3 diciendome: &#8220;Vete, hijo muy amado, y ten confianza en Dios Todopoderoso, que yo trabajar\u00e9 hasta que tengas buena y entera paz y yo lo tomo sobre mi cabeza&#8221;. Lo cual as\u00ed cumpli\u00f3, porque milagrosamente tuvimos paz, y se cumpli\u00f3 a\u00fan contra la voluntad de mis adversarios&#8221;. (Fr, Esteban Maconi).<\/p>\n<p>4.2. Mendigos y Menesterosos tocan a las puertas de los Benincasa.<\/p>\n<p>&#8220;Raimundo observa, con intenci\u00f3n, que el Salvador, que antes se aparecia a Catalina en su celda, se presentaba ahora a su puerta y le suplicaba que le abriese, no para que \u00e9l entrase, sino para que ella saliese&#8221; (Joergensen, S.Catalina de S.,1924, p.110).<\/p>\n<p>&#8220;Sab\u00eda Catalina que el medio m\u00e1s seguo de agradar a su Esposo era ser caritativa con el pr\u00f3jimo, y su coraz\u00f3n deseaba ardientemente socorrele en todas sus necesidades. Mas como ella ten\u00eda nada propio, pues hab\u00eda prometido guardar los tres votos de la vida religiosa y no quer\u00eda disponer de lo que pertenec\u00eda a otros sin consentimiento de ellos, se fu\u00e9 un dia a su padre y le pregunt\u00f3 si le permit\u00eda tomar, seg\u00fan su conciencia, la parte del pobre en los bienes que Dios se dignaba conceder a su familia&#8221; (R. De Capua, o.c. p.92).<\/p>\n<p>4.3. Dificultades con sus Hermanos de la Penitencia.<\/p>\n<p>&#8220;Cuando comenc\u00e9 a visitarla, dice Fr. Bartolom\u00e9, ella era joven y su cara estaba siempre risue\u00f1a. Yo era joven tambi\u00e9en, y lejos de sentir turbaci\u00f3n alguna en su presencia, cuanto m\u00e1s la trataba m\u00e1s puros sent\u00eda en m\u00ed los afectos. V\u00ed a muchos seglares y religiosos que entraban a visitarla, y todos sent\u00edan al misma impresi\u00f3n que yo. La vista y palabras de ella respiraban y comunicaban ang\u00e9lica pureza. Cuando Andrea la acus\u00f3 de deshonestidad a la Priora de la Orden Tercera, Catalina, que hac\u00eda tiempo que hab\u00eda consagrado la virginidad de su cuerp\u00f2 y de su alma a Dios, a la Sant\u00edsima Virgen y a Santo Domingo, se puso a los pies de la Priora y respondi\u00f3 con rubor virginal y candor de paloma: &#8220;Madre m\u00eda, perdonadme; pero yo no s\u00e9 que pecados son esos de que me habla\u00eds ni c\u00f3mo haya podido cometerlos; pues, con la gracia de Nuestro Se\u00f1or, antes quisiera morir que ofender a Dios, y m\u00e1s en la manera que dec\u00eds&#8221;. Y la Priora, viendo aquella humildad y candor, la despidi\u00f3 en paz&#8221;.(Fr. Bartolom\u00e9 de Siena).<\/p>\n<p>4.4. Las grandes conversiones.<\/p>\n<p>&#8220;Hacia 1375, Catalina est\u00e1 en Siena. Un s\u00fadito pontificio, Niccolo de Toldo, por unas frases indiscretas contra los gobernantes de Siena, es condenado a muerte. Tortura a Catalina la rebeld\u00eda del joven Niccolo contra los hombres y contra Dios. Llega hasta \u00e9l.. Ella lo cuenta con estas palabras escritas poco despu\u00e9s al B. Raimundo: &#8220;He ido a visitar al que sab\u00e9is, y experiment\u00f3 tal consuelo y alegr\u00eda, que se confes\u00f3 y se encontr\u00f3 en las mejores disposiciones. Me hizo prometerle que cuando llegase la hora de la justicia estar\u00eda a su lado, y he hecho como le promet\u00ed, por la ma\u00f1ana antes del primer toque de campana, fu\u00ed a verle, y recibi\u00f3 gran consuelo. Le llev\u00e9 a oir misa; recibi\u00f3 la sagrada comuni\u00f3n, de lo que siempre estuvo alejado. Su voluntad se hallaba sometida a la voluntad de Dios; s\u00f3lo tem\u00eda ser d\u00e9bil en el momento supremo, y me dec\u00eda: -Qu\u00e9date conmigo; no me abandones, y todo ir\u00e1 bien y morir\u00e9 contento. Y descanzaba su cabeza sobre mi pecho. Entonces sent\u00ed un gozo y un perfume como de su sangre mezclada con la m\u00eda, que deseo verter por mi Dulce Esposo Jesus&#8221;.(Di\u00e1logo, Bac, p.3l).<\/p>\n<p>4.5. Las grandes intercesiones.<\/p>\n<p>&#8220;Entre las personas que criticaban y calumniaban la vida extraordinaria de Catalina distingu\u00edase un religioso franciscano, el Padre Lazarini, que ense\u00f1aba con renombre filosof\u00eda en su convento de Siena. No contento con desautorizar y morder p\u00fablicamente la reputaci\u00f3n de ella, resolvi\u00f3 ir a verla, esperando hallar en sus palabras y acciones nuevo motivo para m\u00e1s difamarla. Me suplic\u00f3 que yo le acompa\u00f1ase, y acced\u00ed, seguro de que a su vista se arrepentir\u00eda. Fuimos, en efecto. La conversaci\u00f3n continu\u00f3 por un tiempo, y al acercarse la noche, dijo fray Lazarini: -Es tarde y me voy; otro d\u00eda volver\u00e9 a hora mas conveniente. Y m\u00e1s por f\u00f3rmula que por devoci\u00f3n, se enconmed\u00f3 a la oraciones de ella. Catalina prometi\u00f3 rogar por \u00e9l. Aquella misma noche, cuando Lazarini se levant\u00f3 para estudiar la lecci\u00f3n que al d\u00eda siguiente hab\u00eda de ense\u00f1ar a sus disc\u00edpulos, sinti\u00f3se todo enternecido y derramando sin querer muchas l\u00e1grimas. No bien Lazarini reconoc\u00ed\u00f3 su falta, cesaron las l\u00e1grimas y su coraz\u00f3n se encendi\u00f3 en deseos de ver otra vez a Catalina. Muy de ma\u00f1ana corri\u00f3, en efecto, a visitarla; y ella, que sab\u00eda lo que el Divino Esposo hab\u00eda hecho, le abri\u00f3 la puerta inmediatamente. Ech\u00f3se Lazarini a los pies de la sierva de Dios y la sierva de Dios se arrodill\u00f3 ante \u00e9l suplic\u00e1ndole que se levantara, y despu\u00e9s de un largo y piadoso coloquio, pidi\u00f3le \u00e9l muy de veras que se dignara dirigirle en los caminos de la salvaci\u00f3n&#8221;.(Fra. Bartolom\u00e9 de Siena).<\/p>\n<p>4.6. Las grandes misiones.<\/p>\n<p>&#8220;Su elocuencia era admirable. Los sabios como los ignorantes dec\u00edan: De d\u00f3nde le vendr\u00e1 esa sabidur\u00eda, pues ella nunca ha estudiado. Pensaban algunos que los dominicos la hab\u00edan instruido, cuando por el contrario, ella era la que ense\u00f1aba a los dominicos&#8221;.(Fr. Bartolom\u00e9 de Siena).<\/p>\n<p>4.7. Su relaci\u00f3n con el Papado.<\/p>\n<p>&#8220;Los soberanos pont\u00edfices Gregorio XI y Urbano VI le concedieron muchos favores particulares, cuyas Bulas aut\u00e9nticas vi\u00f3 fray Tom\u00e1s y las ense\u00f1\u00f3 p\u00fablicamente en el convento de San Juan y San Pablo. Por una de ella se conced\u00eda a Catalina tener siempre un altar port\u00e1til a fin de oir misa cuando quisiera. Por otra se confiere a tres confesores que la acompa\u00f1aban la facultad de absolver todos los pecados, excepto los reservdos a la Santa Sede&#8221;.(Fr. Tom\u00e1s de Siena).<\/p>\n<p>&#8220;En nombre de Cristo crucificado y de la dulce Mar\u00eda. Sant\u00edsimo y reverend\u00edsimo padre en Cristo Jesus. Yo, Catalina, indigna y miserable hija vuestra, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, os escribo en su preciosa sangre con el deseo de veros pastor bueno. Pienso, dulce papaito mio, que el lobo se lleva vuestras ovejas y que no se encuentra quien lo remedie. Recurro, pues, a vos, padre y pastor nuestro, suplic\u00e1ndoos de parte de Cristo crucificado qaue aprend\u00e1is de \u00e9l, que con tan ardiente amor se entreg\u00f3 a la afrentosa muerte de cruz para sacar a la oveja descarriada&#8221;.(Carta 196, ed. De J. Salvador y Conde, 1982).<\/p>\n<p>4.8. Muero por la Iglesia.<\/p>\n<p>&#8220;Catalina, despu\u00e9s de la comuni\u00f3n del d\u00eda de Pascua de 1380, cay\u00f3 en \u00e9xtasis seg\u00fan su costumbre, y cuando volvi\u00f3 en s\u00ed le fue imposible volver a su cama. Cogi\u00e9ronla en brazos sus compa\u00f1eras para acostarla sobre las tablas, y qued\u00f3 en la misma inmovilidad que antes. Pero le concedi\u00f3 el Se\u00f1or poder conversar conmigo durante los pocos dias que permanec\u00ed en Roma, y entonces fu\u00e9 cuando me explic\u00f3 los tormentos y dolores que le hac\u00edan sufrir los demonios. Su oraci\u00f3n incesante era por la santa Iglesia, deseando y pidiendo a Dios padecer en su cuerpo la pena merecida por los que separaban a los fieles del sumo pont\u00edfice Urbano VI. &#8220;Estad cierto, dec\u00eda ella, que si muero, la \u00fanica causa de mi muerte es el celo que me abrasa y consume por la Santa Iglesia. Con gozo sufro por su libertad, y estoy dispuesta a morir por ella, si es necesario&#8221;.(Fr. Bartolom\u00e9 de Siena).<\/p>\n<p>5. \u00bfY NOSOTROS?<\/p>\n<p>En el DIALOGO (II,I) aparece descrita una visi\u00f3n que nos ata\u00f1e directamente. El conocido planteamiento de la es en cierto sentido extr\u00edseco, en cuanto puede reducirsele a una opci\u00f3n. No son, en cambio, opcionales expresiones del Evangelio como: &#8220;Permaneced en m\u00ed, como yo en vosotros&#8221; (Jn. 15,4). Y de esta clase es la visi\u00f3n que digo que nos ata\u00f1e e implica. Se trata de lo siguiente:<br \/>\nDurante un fugaz pero definitivo instante, Catalina de Siena pudo ver todo lo que existe en manos de Dios. Exactamente, en su pu\u00f1o. &#8220;Todos estan aqu\u00ed &#8211; le dice el Padre Eterno- o por justicia o por misericordia&#8221;. Ese pu\u00f1o es un vigoroso s\u00edmbolo del poder de Dios, que no s\u00f3lo es &#8220;soporte&#8221; de lo creado (como lo significar\u00eda la palma de una mano abierta), sino que envuelve y domina en todo y en todos.<\/p>\n<p>Igualmente, es posible mirar todo lo creado en el coraz\u00f3n de Dios, como s\u00edmbolo de su amor. La misma Catalina vi\u00f3 el proceso y camin\u00f3 a trav\u00e9s de Jesucristo -Puente como un recorrido que pasa por el costado de Cristo. Y adem\u00e1s el Eterno Padre le hizo conocer de muchos modos el dominio universal de su amor, hasta hacerla prorrumpir en himnos a la misericordia divina, reinante desde lo alto del cielo hasta lo profundo del infierno.<\/p>\n<p>Un aspecto en que la santa insiste de otro modo es la sabidur\u00eda de Dios, igualmente omnipresente y particularmente manifiesta en la providencia soberana de Dios: todo est\u00e1 ante sus ojos.<\/p>\n<p>As\u00ed llegamos a una terna: todo est\u00e1 en la mano de Dios; todo est\u00e1 en el coraz\u00f3n de Dios; todo ante sus ojos. Y bien puede decirse que Dios nos piensa, nos siente y nos puede, y que gracias a ello hemos llegado a saber, sentir y poderlo todo en \u00c9l.<\/p>\n<p>M\u00e1s no es esto lo m\u00e1s maravilloso, ni lo que causa la m\u00e1xima admiraci\u00f3n y la m\u00e1s alta gratitud en Santa Catalina de Siena. Lo sorprendente, para ella, a\u00fan m\u00e1s que el dato de que nosotros estamos en manos de Dios, es el hecho de que Dios haya querido ponerse en nuestras manos. El s\u00edmbolo y sacramento de esta concesi\u00f3n del poder divino lo ve ella en el Crucificado. Firmemente sujeto a la cruz, Cristo ha sido &#8220;entregado&#8221; en manos de sus enemigos. \u00bfDios en manos de sus enemigos?. Con una salvedad: la causa de este sometimiento no son las manos de los enemigos ni lo clavos que ellos utilizaron en contra de Dios. Muchas veces dir\u00e1 Catalina que los clavos no hubieran sido suficientes para sujetar y vencer a Dios, simplemente porque Dios s\u00f3lo se deja vencer por su propio Amor, del cual \u00e9l mismo es la Fuente. Y as\u00ed, viendo a Cristo en la cruz, contempla ella a un vencido que es Vencedor: a Dios en nuestras manos en el preciso momento en que nosotros quedamos por completo en manos de Dios.<\/p>\n<p>\u00bfSe da en esto tambi\u00e9n un paralelo con respecto a la sabidur\u00eda y la clemencia divinas?. Quiero decir: \u00bfHay testimonios en Catalina de Siena de que Dios, adem\u00e1s de haberse puesto en nuestras manos -seg\u00fan el modo dicho- haya querido tambi\u00e9n darse a nuestro coraz\u00f3n y mostrarse a nuestros ojos? Creo que en la cruz muestra ella su todo y a todo Dios. Para Catalina de Siena es claro que Dios ha logrado romper la dureza de nuestros corazones al revelarnos su divino amor, cosa que sucedi\u00f3 por y en el Crucificado. Ser\u00eda esta la muestra clar\u00edsima del infinito inter\u00e9s que tuvo y tiene Dios, en lograr un sitio en nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto a la sabidur\u00eda, cabe recordar que, para nuestra Santa, la luz de la gloriosa fe procede de la contemplaci\u00f3n de la sangre derramada en la cruz. En la sangre se encuentra luz, le asegura ella al dominico Fr. Sim\u00f3n de Cortona (Carta 56). De modo que, as\u00ed como Cristo Crucificado es el vencido que es Vencedor y el repudiado que es aut\u00e9ntico Amador del g\u00e9nero humano, as\u00ed tambi\u00e9n en la cruz es el Oculto, el Entenebrecido (cf.Mc.15,33) que el Iluminador y Luz de las Gentes. \u00c9l es, entonces, el Dios que quiere dejarse ver.<\/p>\n<p>Hay, resumen, este paralelo: Nosotros estamos en manos de Dios, en su coraz\u00f3n y ante sus ojos; \u00e9l, por un derroche de su poder, de su amor y de su sabidur\u00eda, quiso a trav\u00e9s de la cruz de Cristo estar en nuestras manos, en nuestro coraz\u00f3n y ante nuestros ojos!<br \/>\nAdmirable di\u00e1logo entre Dios y sus hijos!<\/p>\n<p>Fr. Nelson Medina F. , O.P.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Volver a los escritos de Vida Dominicana 1. Introducci\u00f3n En una de sus m\u00e1s conocidas im\u00e1genes literarias, Catalina de Siena describe a la persona qaue comulga como un pez en el agua: &#8220;Y as\u00ed como el agua est\u00e1 en el pez y el pez en el agua, as\u00ed est\u00e1 Dios en el alma y alma &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/08\/29\/mujer_de_dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;Mujer de Dios&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[61],"tags":[],"class_list":["post-1970","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-carisma-dominicano"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1970","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1970"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1970\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1970"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1970"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1970"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}