{"id":19690,"date":"2013-03-06T00:09:40","date_gmt":"2013-03-06T05:09:40","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=19690"},"modified":"2013-03-05T20:38:24","modified_gmt":"2013-03-06T01:38:24","slug":"la-boca-de-yahveh-los-profetas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/03\/06\/la-boca-de-yahveh-los-profetas\/","title":{"rendered":"La boca de Yahveh, los profetas"},"content":{"rendered":"<p><strong>La boca de Yahveh: los profetas<\/strong><\/p>\n<p>A lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n los profetas han desempe\u00f1ado un papel fundamental. En la Antigua alianza ellos son un punto de referencia decisivo para el pueblo de Dios en las \u00e9pocas m\u00e1s dif\u00edciles de su historia; se sit\u00faan entre el siglo VIII y el siglo II a.C., aunque las figuras m\u00e1s representativas viven entre el siglo VIII y el siglo V. Ellos son los portavoces de Yahveh en medio de las circunstancias en que les toca vivir, iluminando, denunciando, suscitando esperanza&#8230; Tienen conciencia de que su mensaje no proviene de s\u00ed mismos, sino de que ellos son simple y escuetamente \u00abla boca de Yahveh\u00bb, el instrumento a trav\u00e9s del cual el Dios de la alianza no deja de hablar a su pueblo.<\/p>\n<p><strong>1.- Los profetas en su tiempo<\/strong><\/p>\n<p>Es imposible entender a los profetas fuera de su contexto hist\u00f3rico. Aunque su mensaje tenga valor universal por ser revelaci\u00f3n de Dios, sin embargo no se puede entender abstra\u00eddo de su contexto, pues su palabra responde a circunstancias muy concretas hist\u00f3ricas, sociales y religiosas.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Despu\u00e9s del cisma sigue un per\u00edodo de lucha entre los dos reinos, sin que ninguno llegue a prevalecer. Cuando ven que su enfrentamiento s\u00f3lo sirve para que se independicen los pueblos sometidos por David, hacen las paces y se al\u00edan contra los arameos de Damasco primero y contra los asirios despu\u00e9s. Con Josafat de Jud\u00e1 (873-849) y con Omr\u00ed (876-869) y Ajab (869-850) en Israel ambos reinos alcanzan gran esplendor pol\u00edtico (cfr.1Re. 16-22).<\/p>\n<p>Con la prosperidad econ\u00f3mica se dispara el lujo y la injusticia de los poderosos para con los pobres (cfr. el episodio de la vi\u00f1a de Nabot, 1Re. 21). A la vez se acrecienta la idolatr\u00eda, sobre todo en el reino del norte, que sufre m\u00e1s directamente el influjo de los pueblos paganos. En este contexto surge El\u00edas, que durante el reinado de Ajab y su esposa Jezabel en el reino del norte combate el culto de Baal y lucha por la fidelidad al yahvismo; su mismo nombre (que significa \u00abmi Dios es Yahveh\u00bb) es como un grito de guerra de este \u00abprofeta de fuego\u00bb (Sir. 48,1). Aunque su predicaci\u00f3n no ha quedado recogida por escrito, toda la tradici\u00f3n b\u00edblica considera a El\u00edas como el prototipo de profeta (Mal. 3,23; Lc. 1,17; Mt. 17,10-13) (Ciclo de El\u00edas: 1Re. 17-22; 2Re. 1-2). Despu\u00e9s de El\u00edas act\u00faa su disc\u00edpulo Eliseo; (1Re. 2-13).<\/p>\n<p>En el siglo VIII, con la decadencia de Asiria, que a su vez hab\u00eda eliminado a los arameos, Israel y Jud\u00e1 recuperan las dimensiones del reino unido bajo David (cfr. 2Re. 13-14). Protagonistas de ello son Jeroboam II (785-745) en Israel y Azar\u00edas y Os\u00edas (795-739) en Jud\u00e1. Se recrudece la situaci\u00f3n de injusticia y, aunque se sigue dando culto a Yahveh, se trata en realidad de un culto vac\u00edo que encubre la opresi\u00f3n a los pobres. En este contexto surgen los primeros profetas escritores: Am\u00f3s y Oseas en el reino del norte, y en el del sur Isa\u00edas y Miqueas.<\/p>\n<p>Hacia el a\u00f1o 750, bajo el reinado de Jeroboam II, Am\u00f3s, pastor de T\u00e9coa, pueblo cercano a Bel\u00e9n, penetra en Samar\u00eda para anunciar la palabra de Yahveh. Con su alma recia y sincera de campesino, denuncia vigorosamente las injusticias  (opresi\u00f3n de los humildes, corrupci\u00f3n de los jueces), la disoluci\u00f3n de las costumbres y el formalismo del culto (Am. 2,6-8; 5,12; 5, 21-22; 6, 4ss). Como consecuencia de esta corrupci\u00f3n predice el juicio y el castigo que llegar\u00e1 al pueblo del D\u00eda de Yahveh (Am. 5,18-20) a pesar de lo cual anuncia -por primera vez en los profetas- la esperanza de salvaci\u00f3n de un \u00abresto\u00bb (Am. 5,15).<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de Am\u00f3s, Oseas denuncia los mismos abusos pero insiste m\u00e1s que aquel en la vida religiosa y en el culto, combatiendo el formalismo falso (Os. 6,6; 8,11-13). Tambi\u00e9n predice el castigo (por ejemplo Os. 8,14; 9,1-6), pero subraya que todas las pruebas ser\u00e1n una llamada del amor divino para que Israel vuelva al Se\u00f1or. El amor de Dios a Israel se representa bajo el s\u00edmbolo del amor conyugal (Os. 2, que es una de las p\u00e1ginas m\u00e1s bellas de la Biblia) y bajo la imagen del amor paternal y maternal (Os. 11,1-4). Al final, por encima de todas las infidelidades del pueblo y de todos los castigos de su Dios -signo tambi\u00e9n de su misericordia- triunfar\u00e1 el perd\u00f3n, porque \u00absoy Dios y no hombre\u00bb (dice Yahveh por el profeta: Os. 11, 8-9).<\/p>\n<p>Isa\u00edas, hombre culto y de familia relevante de la casa de Jud\u00e1 ejerce su ministerio en Jerusal\u00e9n a partir del a\u00f1o 740. Su predicaci\u00f3n arranca de una fuerte experiencia de la santidad de Yahveh (Is. 6), que reclama tambi\u00e9n la santidad de los creyentes, sobre todo en lo referente a la justicia y a la rectitud interior, sin las cuales el culto se reduce a unos cuantos ritos vac\u00edos de sentido (Is. 1,10-23). Isa\u00edas es adem\u00e1s el profeta de la fe que exige depositar toda la confianza en s\u00f3lo Dios (Is. 26,2-5;30,15) rechazando el apoyarse en alianzas pol\u00edticas que entra\u00f1an m\u00faltiples contactos religiosos que hacen peligrar la pureza de la fe en Yahveh y que son in\u00fatiles (Is. 30,1-5; 31,1-3; 8,12-13). Predice tambi\u00e9n el castigo que vendr\u00eda como consecuencia de los pecados de Israel, pero tambi\u00e9n afirma poderosamente la perseverancia y la fidelidad de algunos, el \u00abresto de Israel\u00bb (Is.10,20-23). Finalmente son c\u00e9lebres sus profec\u00edas mesi\u00e1nicas, especialmente las del \u00ablibro del Emmanuel\u00bb (7,10-17; 9,1-6; 11,1-9).<\/p>\n<p>Miqueas, contempor\u00e1neo de Isa\u00edas, no dej\u00f3 una colecci\u00f3n tan abundante de textos como este, pero su ministerio dej\u00f3 una profunda huella en Jerusal\u00e9n (Jer.26,18-19). Sus palabras claras y concretas y su amor hacia los humildes y peque\u00f1os recuerdan mucho el estilo de Am\u00f3s, hijo tambi\u00e9n de labradores jud\u00edos. Junto a la predicci\u00f3n de la ruina de Samar\u00eda y del castigo que amenaza a Jud\u00e1, Miqueas centra la esperanza de restauraci\u00f3n en el Mes\u00edas que ser\u00e1 descendiente de David (Mi.5,1-3, que citar\u00e1 Mt.2,6).<\/p>\n<p>Con la muerte de Jeroboam II se manifiesta toda la corrupci\u00f3n y deterioro del reino del norte, comenzando un per\u00edodo de anarqu\u00eda en que los reyes se suceden asesin\u00e1ndose unos a otros (2Re.15). Mientras tanto, As\u00edria ha resurgido y encuentra una ocasi\u00f3n para intervenir en Israel al ser llamada por el rey de Jud\u00e1, Ajaz, a quien el rey de Israel y el de Damasco han hecho la guerra por no aliarse con ellos contra a los asirios (cfr. Is. 7). Tiglat-Pilesar III realiza una incursi\u00f3n de castigo (2Re. 15,29) que repetir\u00e1 a\u00f1os despu\u00e9s Salmanasar V con ocasi\u00f3n de una nueva rebeli\u00f3n del rey de Israel, Oseas, y culminar\u00e1 Sarg\u00f3n II con el cerco y la destrucci\u00f3n de la capital, Samaria, y la deportaci\u00f3n del pueblo en el a\u00f1o 721 (2Re.17).<\/p>\n<p>Jud\u00e1 ha podido escapar del desastre gracias a la declaraci\u00f3n de vasallaje del rey Ajaz. Pero el precio ha sido caro, pues adem\u00e1s de pagar un elevado tributo, que repercute sobre el pueblo, sobre los pobres, Ajaz se ha visto forzado a aceptar la religi\u00f3n del vencedor y, en consecuencia, a fomentar la idolatr\u00eda (cfr. 2Re.16; Is.2; Miq.5). Su hijo Ezequ\u00edas, orientado por Isa\u00edas, trata de rectificar realizando una amplia reforma religiosa que inevitablemente deb\u00eda conducir a la rebeli\u00f3n contra Asiria; cuando esta se lleva a cabo, Jerusal\u00e9n es liberada prodigiosamente del inminente castigo de Senaquerib (2Re.18-19; 2Cron.29,31; Is.14,24-27; 17,12-14). Su hijo Manas\u00e9s se somete de nuevo a Asiria, llevando el paganismo a su m\u00e1ximo esplendor en Jud\u00e1 (2Re.21,3-7) y quedando como prototipo de rey imp\u00edo, causante de la destrucci\u00f3n del reino un siglo m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Cuando sube al trono Jos\u00edas, nieto de Manas\u00e9s, Asiria est\u00e1 a punto de caer bajo el poder del nuevo imperio babil\u00f3nico. La situaci\u00f3n permite a Jud\u00e1 recuperar la independencia plena e incluso extender sus dominios al antiguo reino del Norte. M\u00e1s a\u00fan, realiza una amplia y profunda reforma religiosa de acuerdo con el reci\u00e9n descubierto \u00abLibro de la Ley\u00bb (Deuteronomio) (a\u00f1o 622), celebrando la pascua con gran esplendor y renovando la alianza con Yahveh (2Re. 22-23; 2Cron.34-35). Esta reforma fue alentada y guiada por Sofon\u00edas y Jerem\u00edas.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca inmediatamente anterior al exilio destaca el profeta Jerem\u00edas entre sus contempor\u00e1neos Sofon\u00edas, Nahum y Habacuc. De familia sacerdotal, Jerem\u00edas nace cerca de Jerusal\u00e9n hacia el a\u00f1o 645. De rica sensibilidad y piedad aut\u00e9ntica y sincera, es llamado por Yahveh el a\u00f1o 627, ejerciendo su ministerio con una fidelidad ejemplar en medio de toda clase de sufrimientos. Obligado a profetizar calamidades contra su propia patria, se ve cruelmente perseguido, pero no deja de anunciar las palabras de Yahveh. Aunque su vida parece terminar en el fracaso total, su influjo fue enorme en la \u00e9poca del exilio y despu\u00e9s del exilio, siendo el impulsor de una religi\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica -la espiritualidad de los pobres de Yahveh- y el anunciador de la nueva alianza.<\/p>\n<p>Con la muerte del rey Jos\u00edas, Jud\u00e1 se precipita r\u00e1pidamente hacia la ruina. Babilonia est\u00e1 en todo su apogeo, pero los ineptos reyes de Jud\u00e1 se rebelan una y otra vez contra ella, confiando en la ayuda de Egipto que nunca llega. Finalmente Nabucodonosor se ver\u00e1 obligado a someter a Jud\u00e1 y a deportar una parte escogida de su poblaci\u00f3n, llegando incluso a destruir Jerusal\u00e9n y el templo de Salom\u00f3n. Entre los deportados ir\u00e1 un sacerdote que a\u00f1os despu\u00e9s se constituir\u00e1 en el gu\u00eda espiritual del pueblo en el exilio: Ezequiel.<\/p>\n<p><strong>2.- Identidad y misi\u00f3n del profeta<\/strong><\/p>\n<p>A menudo se tiene la idea de que el profeta es alguien que predice el futuro. De hecho es cierto que algunos profetas de Israel predijeron acontecimientos humanamente imprevisibles que se cumplieron muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde. Pero lo propio del profeta es hablar en nombre de Yahveh. El profeta es esencialmente la \u00abboca de Yahveh\u00bb (v. Jer. 15, 19; Is. 30,2), el \u00f3rgano o instrumento a trav\u00e9s del cual Dios manifiesta a los hombres su palabra. Lo mismo si predice el futuro que si realiza cualquier otro anuncio, lo decisivo es que Dios mismo pone sus palabras en la boca del profeta (Jer.1,9; \u00c9x. 4,12).<\/p>\n<p>El punto de partida de la misi\u00f3n del profeta es la llamada de Dios. A diferencia de los falsos profetas, que hablan por iniciativa propia (Jer. 23,21) y por eso s\u00f3lo dicen falsedades que extrav\u00edan al pueblo (Jer, 23,32), el profeta aut\u00e9ntico surge por iniciativa de Yahveh. Esta iniciativa irrumpe en la vida del profeta transformando sus planes y sac\u00e1ndole del camino que segu\u00eda (Am. 7,14-15), eligiendo al profeta a pesar de su limitaciones y objeciones (Jer 1,5-8; \u00c9x.4,10-12), actuando incluso con violencia sobre \u00e9l para que ejecute los planes de Yahveh y transmita su palabra (Ez. 3,14; 8,3; Am.3,3-9).<\/p>\n<p>Apoyados en esta iniciativa y llamada de Dios, los profetas claman denunciando el culto hip\u00f3crita y formalista, la idolatr\u00eda, las injusticias sociales, el lujo, la corrupci\u00f3n de las costumbres. Defensores  de los derechos de Dios exigen fidelidad a la alianza y reclaman la conversi\u00f3n de un pueblo reiteradamente infiel. Defienden los derechos de los pobres porque la injusticia cometida con ellos ofende al mismo Yahveh. Anuncian el juicio de Dios y amenazan con los castigos divinos, que en realidad son consecuencia de los propios pecados del pueblo y de los cuales, por otra parte, se sirve Yahveh para provocar la conversi\u00f3n y reconducir al pueblo a s\u00ed mismo. Son portadores de la promesa de salvaci\u00f3n y restauraci\u00f3n para el pueblo de Dios, cuando se abre sinceramente a su Dios. As\u00ed van preparando el camino para la venida del Mes\u00edas.<\/p>\n<p>La fidelidad al Se\u00f1or y a la palabra recibida de \u00c9l les acarrear\u00e1 sufrimientos incontables. Jerem\u00edas ser\u00e1 acusado de conspirar contra el rey y conducido a prisi\u00f3n (Jer 20,2; 37,15-16); tambi\u00e9n Miqueas ser\u00e1 encarcelado (1Re. 22,26-27). La certeza de haber recibido un mensaje del Se\u00f1or les impide callarlo o disimularlo. Particularmente significativa es, conocida por sus propias \u00abconfesiones\u00bb, la \u00abpasi\u00f3n\u00bb de Jerem\u00edas, el drama por \u00e9l sufrido a causa de su fidelidad a la palabra de Yahveh (Jer. 15,10-21; 20,7-13).<\/p>\n<p>Heraldos de Dios, los profetas son luces encendidas en medio de la historia. Arrojan en la aparente ambig\u00fcedad de los acontecimientos la potente luz de Dios. Con su fe vigorosa en un Dios que act\u00faa en la naturaleza y en la historia interpretan los sucesos  contempor\u00e1neos. Inspirados por el Esp\u00edritu, sacan tambi\u00e9n ense\u00f1anzas de los acontecimientos de la historia pasada y proyectan la luz de Dios hacia el porvenir. As\u00ed, se convierten en gu\u00edas del pueblo de Dios, aunque a menudo incomprendidos por sus contempor\u00e1neos. Su ense\u00f1anza luminosa, el testimonio de su fe y su esperanza, su energ\u00eda indomable frente al pecado en cualquiera de sus formas&#8230; sigue siendo una referencia  fundamental tambi\u00e9n para  nosotros cristianos.<\/p>\n<p><strong>3.- Profetismo cristiano<\/strong><\/p>\n<p>En los \u00faltimos siglos del juda\u00edsmo desaparecen los profetas; el Salmo 74,9 lamenta este hecho (cfr. Lam. 2,9; Sal. 77,9). Sin embargo, los jud\u00edos de la \u00e9poca del Nuevo Testamento esperan la llegada de un profeta, del gran profeta de los \u00faltimos tiempos anunciado por Mois\u00e9s (Dt. 18,15-18).<\/p>\n<p>De hecho Juan Bautista fue saludado con entusiasmo por el pueblo jud\u00edo como profeta (Mt. 11,9). Tambi\u00e9n la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas produjo un fuerte impacto y fue considerado como profeta (Lc. 7,16; 24,19), m\u00e1s a\u00fan, como el profeta esperado, el que ten\u00eda que venir en los \u00faltimos tiempos (Jn. 5,14; 7,40).<\/p>\n<p>En muchos aspectos Jes\u00fas act\u00faa como un profeta: como ellos denuncia los pecados, llama a la conversi\u00f3n y anuncia el Reino de Dios, como ellos es perseguido y rechazado por su pueblo&#8230; Jes\u00fas mismo expresa su conciencia de ser profeta (Lc. 13,33), pero a la vez se considera superior a todos los profetas (ver, por ejemplo, en la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas el contraste entre \u00ablos siervos\u00bb y \u00abel hijo\u00bb: Mt. 21,33-41) y manifiesta que ha venido a dar perfecci\u00f3n y cumplimiento a lo ense\u00f1ado por los antiguos profetas (Mt. 5,17).<\/p>\n<p>En realidad, Jes\u00fas es \u00abm\u00e1s que profeta\u00bb, pues no s\u00f3lo transmite las palabras de Dios, sino que \u00c9l mismo es la Palabra personal del Padre (Jn. 1,1-18); mientras que antes Dios hab\u00eda hablado en diversas ocasiones y por diversos medios a trav\u00e9s de los profetas, ahora, en los \u00faltimos tiempos, ha hablado en el Hijo (Heb. 1,1-2)<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento encontramos testimonios de la existencia del carisma de profec\u00eda en la Iglesia primitiva (Hech. 11,17ss; 13,1; 21,9-11; 1Cor. 13,8; 14,1-5). Pero lo m\u00e1s interesante es que la novedad tra\u00edda por Cristo ha hecho que todos los cristianos sean profetas: el d\u00eda de Pentecost\u00e9s Pedro constata (Hech. 2,14-21) que se ha cumplido la profec\u00eda de Joel (\u00abDerramar\u00e9 mi Esp\u00edritu sobre toda carne y profetizar\u00e1n vuestros hijos y vuestras hijas\u00bb: Jl. 3,1-2). Se ha cumplido el deseo de Mois\u00e9s (&#8220;\u00a1ojal\u00e1 todo el pueblo de Dios fuera profeta!&#8221;: N\u00fam. 11,29): la Iglesia es un pueblo prof\u00e9tico. S\u00f3lo resta que cada uno de sus miembros act\u00fae y ejercite ese don y esa misi\u00f3n prof\u00e9tica en la docilidad al Esp\u00edritu; esto es lo que han realizado de manera eminente los santos, que al estar abiertos a la acci\u00f3n y al impulso del Esp\u00edritu han sido instrumento de renovaci\u00f3n en la Iglesia en cada una de sus \u00e9pocas.<\/p>\n<p><strong>4.- Textos principales<\/strong><\/p>\n<p>Isa\u00edas 6; Jerem\u00edas 1; Ezequiel 1-3; Oseas 1-2; 11; Am\u00f3s 7; Deuteronomio 18<\/p>\n<p><b>Julio Alonso Ampuero<\/b> es el autor de esta <i>Historia de la Salvaci\u00f3n<\/i>. Texto disponible por concesi\u00f3n de <a href=\"http:\/\/www.gratisdate.org\">Gratis Date<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La boca de Yahveh: los profetas A lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n los profetas han desempe\u00f1ado un papel fundamental. 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