{"id":1969,"date":"2006-08-29T18:20:05","date_gmt":"2006-08-29T23:20:05","guid":{"rendered":"981087196"},"modified":"2006-08-29T18:20:05","modified_gmt":"2006-08-29T18:20:05","slug":"santo_domingo_hombre_de_iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/08\/29\/santo_domingo_hombre_de_iglesia\/","title":{"rendered":"Santo Domingo, Hombre de Iglesia"},"content":{"rendered":"<p>San Francisco es un laico, Santo Domingo un cl\u00e9rigo. Parece haber sido siempre de Iglesia, educado desde sus ni\u00f1ez, &#8220;a la manera eclesi\u00e1stica&#8221;, por su t\u00edo el Arcipreste, provisto quiz\u00e1, desde la adolescencia, de alg\u00fan beneficio en la di\u00f3cesis de Osma, instru\u00eddo en las disciplinas sagradas, en las mejores escuelas de su pa\u00eds. Subprior del Cap\u00edtulo regular de Osma, he aqu\u00ed uno de los principales personajes de la administraci\u00f3n diocesana, hombre de confianza de su obispo, tanto en los viajes y negocios diplom\u00e1ticos, la visita ad limina, como en la audaz empresa de una nueva forma de predicaci\u00f3n en el seno de una misi\u00f3n pontificial.<\/p>\n<p>Durante diez a\u00f1os, el Prior de las monjas de Prulla no es un predicador cualquiera independiente, sino de la calidad del clero local. Administra bienes de la Iglesia en Fanjeaux, en Prouille, en Limoux, en Lavaur, m\u00e1s tarde en Tolouse. Solidario de la cruzada y de sus jefes una que otra vez, le hacen beneficiario de dominios conquistados, representa a la Iglesia oficial ante los herejes a los cuales concede la reconciliaci\u00f3n e impone la penitencia can\u00f3nica.<\/p>\n<p>Si Arzobispos, Obispos y otros prelados de la regi\u00f3n lo tienen en gran estima, es seguramente en raz\u00f3n de su santidad, pero tambi\u00e9n porque pertenece a su mundo. En la ausencia de Pedro de Vaux de Cernai gobierna en lo espiritual la di\u00f3cesis de Carcasona, y est\u00e1 en estrecha relaci\u00f3n con el Obispo de Tolouse cuando comienza, en la primavera de l2l5, la Orden de Predicadores. As\u00ed, con un intervalo de m\u00e1s de diez a\u00f1os, es al lado de un Obispo como Domingo toma contacto con la Curia Romana, en la animaci\u00f3n de un gran Concilio. Inocencio III valora los proyectos de Domingo, pero tambi\u00e9n conf\u00eda en su habilidad can\u00f3nica, en su sentido de instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica. Junto a Honorio III, a Hugolino y otros Cardenales que hacen llamamiento a sus servicios, Domingo no parece hacer figura de genio aventurero, sino de hombre seguro, suficientemente h\u00e1bil en las cosas de la Iglesia para llevar a buen t\u00e9rmino la reforma de las Monjas o a\u00fan para grupar bajo su autoridad religiosos de todas la Ordenes en una vasta tarea de predicaci\u00f3n en Lombard\u00eda.<\/p>\n<p>En su carrera eclesi\u00e1stica, Santo Domingo ha procedido siempre en el mismo plano. Quiz\u00e1 no haya escogido ser de Iglesia: se descubre tal en el despertar de su vida personal. Pero en esta situaci\u00f3n ha consentido. Este consentimiento, cada vez m\u00e1s profundo, es todo el secreto de su santidad, de su obra. Un comprometi\u00admiento cada vez m\u00e1s l\u00facido y voluntario en las realidades de la Iglesia, todas las realidades de la Iglesia.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os de Palencia y de Osma son decisivos. Firmeza de costumbres, estudiosidad excepcional de la Palabra de Dios, sensibilidad hacia todos los que sufren, hacia los pobres, \u00e1vido de oraci\u00f3n: es el signo de abertura del j\u00f3ven can\u00f3nigo hacia el misterio de la Iglesia, signo y realidad de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Una de las s\u00faplicas frecuentes y singulares a Dios, era que le diera una caridad verdadera y eficaz para cultivar y procurar la salvaci\u00f3n de los hombres; porque \u00e9l pensaba que no ser\u00eda verdaderamente miembro de Cristo sino el d\u00eda en que pudiera entregarse totalmente con todas sus fuerzas a ganar almas, como el Se\u00f1or Jes\u00fas, Salvador de todos los hombres, se consagr\u00f3 totalmente a nuestra salvaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>\u00bfArrebato edificante de un hagi\u00f3grafo? \u00a1Pero tantos testigos han hablado de las noches de oraci\u00f3n de Santo Domingo, de sus gritos y de sus l\u00e1grimas! \u00bfY por qu\u00e9 tambi\u00e9n esta necesidad, ins\u00f3lita en su \u00e9poca, de celebrar cada d\u00eda el sacrifio de la Santa Misa? Domingo no es de Iglesia solamente en apariencia, sino de coraz\u00f3n. El no tiene otro drama personal que el que se juega en la Iglesia: la salvaci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>En el origen de los frailes menores [franciscanos] ha habido el problema personal de Francisco de As\u00eds: un descubrimiento de Dios, una mirada nueva sobre el Evangelio, un esp\u00edritu y un coraz\u00f3n conmovidos por el encuentro personal de Jesucristo, una conversi\u00f3n. Santo Domingo no es un convertido. Este no es su caso, ni su perseverancia ni su salvaci\u00f3n; lo suyo, su problema es la Iglesia.<\/p>\n<p>Es la &#8220;execrable herej\u00eda de los B\u00falgaros&#8221; la que detiene y retiene en el Languedoc al Obispo de Osma y a su Subprior. S\u00ed, pero el mal profundo no viene de Oriente. Est\u00e1 en la desviaci\u00f3n de todo un pueblo y de sus jefes laicos respecto de una Iglesia a quien se rehusa reconocer como la Santa Esposa de Cristo. El mal est\u00e1 en este rompimiento entre el mensaje y los medios de salvaci\u00f3n que la Iglesia posee y los hombres por los cuales ella los comunica, en una revuelta contra la Iglesia en nombre del mismo Evangelio.<\/p>\n<p>No es Domingo, sino su Obispo quien, desde la solemne asamblea eclesi\u00e1stica de Montpellier denuncia la crisis y propone un plan. Qu\u00e9 importa de quien venga la iniciativa, es el momento de ser verdaderamente de Iglesia. Algunos meses, y el viento de entusiasmo por un modo nuevo de predicaci\u00f3n se habr\u00e1 acabado, los obreros se dispersar\u00e1n, la cruzada se juzgar\u00e1 m\u00e1s eficaz. Pero Domingo es de aquellos que no se resignan, y, casi solo, persevera. Para \u00e9l no se trata de m\u00e9todo sino de vida. Ir hasta el f\u00edn en condici\u00f3n de sacerdote de Jesucristo en la Iglesia de su tiempo.<\/p>\n<p>En Roma, los cl\u00e9rigos hab\u00edan sido burlados por el evangelismo sincero de un mercader lion\u00e9s, Pedro Valdo, causando as\u00ed el cisma y la herej\u00eda. Inocencio III, al contrario, toma en serio el Poverello de As\u00eds, y seguro de su fidelidad, se apoya sobre \u00e9l para captar y mantener en la Iglesia todo lo que las aspiraciones populares llevan de aut\u00e9ntico. Pero tambi\u00e9n es necesario un movimiento en otro sentido, y aqu\u00ed Domingo e Inocencio III se comprenden.<\/p>\n<p>Una vida integralmente evang\u00e9lica en una fidelidad sin reticencia a la Iglesia romana, es la gracia de San Francisco de As\u00eds. Vivir la vida eclesi\u00e1stica seg\u00fan la verdad del Evangelio, para predicar aut\u00e9ntica y eficazmente este evangelio, es la gracia de Santo Domingo.<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndolo dejado todo para seguir a Cristo pobre, San Francisco se nos presenta, a pesar de \u00e9l, fundador de la Orden. Santo Domingo ha querido fundarla. Una experiencia brillante de algunos meses -&#8220;la santa predicaci\u00f3n&#8221; narbonense- diez a\u00f1os de perseverancia, de maduraci\u00f3n, de oraci\u00f3n. Domingo no piensa solamente en los albigenses, sino que piensa en sentido eclesial. Modesto can\u00f3nigo al lado del Obispo de Tolosa, en camino hacia el Concilio de Letr\u00e1n, lleva en s\u00ed la idea de la Orden de Predicadores. Nada menos. Toma la responsabilidad de una funci\u00f3n permanente de la instituci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>Domingo es hombre de Iglesia, de la Iglesia cat\u00f3lica. No reune obreros m\u00e1s que para hacerlos trabajar: 15 de agosto de l2l7, la dispersi\u00f3n de Prulla hacia Tolouse, Par\u00eds, Bolonia, Roma, Madrid. Cap\u00edtulo de l22l, la expansi\u00f3n magn\u00edfica de la Orden en ocho provincias. Y sin cesar, la obsesi\u00f3n de ir m\u00e1s lejos: los musulmanes, los cumanos, los pueblos del Norte.<\/p>\n<p>Francisco de As\u00eds experimenta dificultades y sinsabores serios como legislador. De hecho, la regla franciscana lleva la huella del cardenal Hugolino. Domingo, en cambio, parece haberlo dispuesto todo, cuando llega la confirmaci\u00f3n solemne de su Orden, firmemente asentada en el estilo canonical y la dedicaci\u00f3n espec\u00edfica a la predicaci\u00f3n. Sus cualidades &#8220;profesionales&#8221;, si se puede decir, de hombre de Iglesia afluyen aqu\u00ed. Y el arte de la novedad y de la intrepidez con respecto a la formas antiguas. La vida religiosa no solamente gira sobre la conversi\u00f3n personal, sino sobre los hombres a quienes hay que salvar. \u00bfLos predicadores de entre los can\u00f3nigos regulares? La etiqueta permanece a\u00fan; de hecho ellos no son hombres de tal o cual Iglesia, sino al servicio de toda la Iglesia dispensadora de la palabra divina que ilumina y que salva.<\/p>\n<p>&#8220;El Hermano Francisco y quienquiera que est\u00e9 a la cabeza de esta Orden promete y prometer\u00e1 obediencia y respeto al Se\u00f1or Papa Inocencio y a sus sucesores&#8221;.<\/p>\n<p>La Orden de los Menores est\u00e1 bajo la vigilancia de un Cardenal protector. Nada de esto para Santo Domingo y los suyos. Ninguna garant\u00eda se exige, porque ninguna cuesti\u00f3n de fidelidad se pone. Aqu\u00ed la fidelidad se supone.<\/p>\n<p>Escribiendo a los obispos para recomendarles los primeros frailes menores, el Papa los invita a tener por buenos cat\u00f3licos, cristianos verdaderamente ortodoxos a estos hombres que se proclaman &#8220;del evangelio&#8221;. Los hijos de Santo Domingo son presentados por la Santa Sede como total y oficialmente destinados a la predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios en la pobreza. En los frailes menores se destaca la cualidad personal de los hombres; en los predicadores, la funci\u00f3n en la Iglesia. No es cuesti\u00f3n de sentir con la lglesia militante, sino que se est\u00e1 dentro de la misma iglesia.<\/p>\n<p>Estar en la Iglesia como en su medio espont\u00e1neo de vida. Vivir interiormente de su misterio. Llevar y experimentar en s\u00ed la angustia de la salvaci\u00f3n de los hombres, que es como la sustancia viva de la Iglesia. Sufrir en este plano sus verdaderos sufrimientos. Ser l\u00facido en sus crisis y animoso en la medida de esta lucidez. Ser magn\u00e1nimo en su servicio. Encontrar en una fidelidad indiscutida la fuente y la seguridad de las iniciativas que se le entregan. Ser humilde servidor de aquellos que tienen la misi\u00f3n de gobernar, la misi\u00f3n de Dios, siendo ellos mismos servidores de la Palabra que salva. O Lumen Ecclesiae!<\/p>\n<p>Basado en un art\u00edculo de Fr. Andr\u00e9 Duval, O.P.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Francisco es un laico, Santo Domingo un cl\u00e9rigo. Parece haber sido siempre de Iglesia, educado desde sus ni\u00f1ez, &#8220;a la manera eclesi\u00e1stica&#8221;, por su t\u00edo el Arcipreste, provisto quiz\u00e1, desde la adolescencia, de alg\u00fan beneficio en la di\u00f3cesis de Osma, instru\u00eddo en las disciplinas sagradas, en las mejores escuelas de su pa\u00eds. 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