{"id":19590,"date":"2013-02-27T12:41:13","date_gmt":"2013-02-27T17:41:13","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=19590"},"modified":"2013-02-27T12:46:05","modified_gmt":"2013-02-27T17:46:05","slug":"ungidos-de-yahveh","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/02\/27\/ungidos-de-yahveh\/","title":{"rendered":"Ungidos de Yahveh"},"content":{"rendered":"<p><strong>Ungidos de Yahveh:  David y la monarqu\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><strong>1.- Datos hist\u00f3ricos<\/strong><\/p>\n<p>Ya hemos visto c\u00f3mo la conquista de Cana\u00e1n fue lenta y progresiva. Poco a poco, las tribus se van instalando en la Tierra prometida. Durante bastante tiempo -unos 200 a\u00f1os- cada tribu conserva su autonom\u00eda y su independencia. Pero se sienten hermanas, aglutinadas por un v\u00ednculo religioso en torno al principal santuario com\u00fan en Silo donde tambi\u00e9n hay una especie de consejo de ancianos para dirimir los posibles litigios entre las tribus. Esta hermandad se expresa tambi\u00e9n en la ayuda militar que se prestan mutuamente cuando alguna de las tribus se encuentra amenazada por los enemigos de alrededor. Esta es la situaci\u00f3n que refleja el libro de los Jueces.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta situaci\u00f3n es bastante precaria. Y se percibe sobre todo ante la amenaza y la presi\u00f3n de los filisteos. Este pueblo llegado a Palestina poco despu\u00e9s de los hebreos e instalados en la franja costera suroccidental, pretende hacerse due\u00f1o del territorio ocupado por las tribus israelitas. Ante la presencia de este enemigo, superior en fuerza y en t\u00e9cnica guerrera, las tribus deciden unirse bajo una cabeza com\u00fan. Esto ocurre a finales del siglo XI a.C., cuando Samuel unge a Sa\u00fal como primer rey de Israel.<\/p>\n<p>Tras una serie de actuaciones fulgurantes que consolidan al pueblo de Israel, Sa\u00fal cae en desgracia; una serie de actuaciones desacertadas, fruto de su desequilibrio ps\u00edquico -usurpaci\u00f3n de las funciones sacerdotales, persecuci\u00f3n de David, asesinato de los sacerdotes de Nob&#8230;- le hacen caer en descr\u00e9dito. Cuando mueren \u00e9l y su hijo Jonat\u00e1n luchando con los filisteos en los montes de Gelbo\u00e9, David es aclamado rey.<\/p>\n<p>David reina en Hebr\u00f3n durante siete a\u00f1os como rey de Jud\u00e1, pero finalmente es aceptado como rey tambi\u00e9n por las tribus del norte. Con David se afianza la unidad de las tribus y el poder\u00edo de Israel. Conquista los enclaves cananeos que todav\u00eda permanec\u00edan en el territorio israelita desde la \u00e9poca de la entrada de las tribus en Cana\u00e1n. Conquista Jerusal\u00e9n y la convierte en capital religiosa y pol\u00edtica de Israel con gran acierto, pues hace de bisagra entre las tribus del norte y las del sur. Sobre todo, libera a Israel de manera definitiva de la presi\u00f3n de los filisteos, convirti\u00e9ndolos en vasallos. Finalmente, unificado y consolidado el reino, la emprende con los enemigos de alrededor que tanto hab\u00edan molestado a Israel en \u00e9pocas anteriores; as\u00ed somete a Am\u00f3n, Moab, Ed\u00f3m, las tribus arameas y los sirios.<\/p>\n<p>Por medio del profeta Nat\u00e1n, Yahveh sella alianza con David (2 Sam. 7), concretando la alianza establecida con todo el pueblo y prometi\u00e9ndole que sus descendientes reinar\u00e1n por siempre como ungidos de Yahveh.<\/p>\n<p>A David le sucede su hijo Salom\u00f3n, que conserva la unidad y estabilidad del reino, alcanzando un notable desarrollo econ\u00f3mico y construyendo el templo de Jerusal\u00e9n. Pero a su muerte (a\u00f1o 931 a.C.), se derrumba la unidad pol\u00edtica con el cisma de Jeroboam, constituy\u00e9ndose dos reinos, el del norte o de Israel (que durar\u00e1 hasta que en el a\u00f1o 721 caiga en manos de los asirios) y el del Sur o de Jud\u00e1 (que durar\u00e1 hasta el a\u00f1o 587, en que ser\u00e1 conquistado por los babilonios). A partir del cisma ambos reinos seguir\u00e1n caminos paralelos, a veces aliados y a veces enfrentados.<\/p>\n<p>En realidad, el descontento ya exist\u00eda durante el reinado de Salom\u00f3n. El lujo y la fastuosidad de su corte le llevaron a exigir impuestos desmedidos e incluso prestaciones personales. A su muerte, las tribus del norte exigen a su hijo Robo\u00e1n una mejora de las condiciones de vida; pero como el nuevo rey no accede, mostr\u00e1ndose inflexible, las diez tribus del norte se rebelan y se independizan acaudillados por Jeroboam.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>2.- Infidelidad del pueblo y fidelidad de Dios<\/strong><\/p>\n<p>El libro de los Jueces interpreta la etapa que nos relata desde una perspectiva simple pero esencial (Jue. 2,11-19): una y otra vez el pueblo se aparta de su Dios cayendo en la idolatr\u00eda y entonces Yahveh los entrega en manos de sus enemigos; ante las calamidades que le afligen el pueblo clama a su Dios y este les env\u00eda un juez que les liberte.<\/p>\n<p>Dentro de su simplismo est\u00e1 subyaciendo algo fundamental: que a lo largo de su historia el pueblo es infiel una y otra vez y que Yahveh, en cambio, permanece fiel hasta el punto de que se sirve de las  mismas calamidades que afligen al pueblo -fruto de sus propias opciones y de su alejamiento de Dios- como reclamo para que el pueblo recapacite y vuelva a su Dios (cfr. en este sentido el precioso texto de Os. 2).<\/p>\n<p>Y en la etapa de la monarqu\u00eda la historia se repite. El pueblo cae en el peligro advertido en Dt. 8,7-20: en vez de acoger la Tierra y todo lo que conlleva como don de Dios que debe conducirles a bendecir a Yahveh, el pueblo se apropia ese don, se hace autosuficiente, se instala en la Tierra y se olvida de su Dios; la consecuencia es que al olvidar a Yahveh y deso\u00edr su voz, al dar culto a otros dioses, el pueblo acaba pereciendo. Pero el pueblo no aprende la lecci\u00f3n. Y el segundo libro de los reyes explicar\u00e1 que la ruina definitiva del reino de Israel se deber\u00e1 a los reiterados pecados del pueblo y de sus reyes (2Re. 17,7-23). Pese a lo cual triunfar\u00e1 la fidelidad de Dios y su misericordia, pues el mismo destierro servir\u00e1 a Israel de purificaci\u00f3n y renovaci\u00f3n, como veremos.<\/p>\n<p><strong>3.- Yahveh Rey y su Ungido<\/strong><\/p>\n<p>Varios salmos (p. ej. 93,96,97,99) aclaman a Yahveh como rey. Con su profundo sentido religioso el pueblo de Israel estaba convencido de que ellos eran un pueblo santo, un reino de sacerdotes (\u00c9x. 19,6) y que el Se\u00f1or era su \u00fanico Soberano.<\/p>\n<p>Por eso se entienden las resistencias a tener un rey humano. Cuando al ver las campa\u00f1as realizadas en favor del pueblo, los israelitas quieren proclamar rey a Gede\u00f3n, este responde: \u00abNo ser\u00e9 yo el que reine sobre vosotros, ni mi hijo; Yahveh ser\u00e1 vuestro rey\u00bb (Jue. 8,23). Y cuando a Samuel anciano le piden un rey para ser como los dem\u00e1s pueblos, Dios mismo le dice: \u00abno te han rechazado a ti, me han rechazado a m\u00ed, para que no reine sobre ellos\u00bb (1Sam. 8,7).<\/p>\n<p>Sin embargo, al mismo tiempo el propio Samuel acaba entendiendo que las circunstancias hist\u00f3ricas piden una nueva organizaci\u00f3n del pueblo y que en ellas se manifiesta la voluntad de Yahveh. Unge rey a Sa\u00fal, a quien Yahveh mismo ha elegido (1Sam. 9), quedando como persona consagrada, instrumento y representante personal del Se\u00f1or. Y despu\u00e9s de \u00e9l, David y los dem\u00e1s reyes de Israel ser\u00e1n tambi\u00e9n ungidos y constituidos lugartenientes de Yahveh. Los reyes de Israel tendr\u00e1n no s\u00f3lo el poder militar y el gobierno, sino tambi\u00e9n el judicial (la primera cualidad de un rey es ser justo: Sal. 72,1-2; Prov. 16,12) e incluso ser\u00e1 responsable del culto (2Sam. 24,25) y llegar\u00e1 a realizar actos sacerdotales (2Re. 16,12-15).<\/p>\n<p>Entre estos dos aspectos no hay en realidad contradicci\u00f3n. Si por un lado el rey es representante personal de Yahveh, hasta el punto de ser adoptado por \u00c9l como hijo (Sal. 2,7); 110,3) y de que su persona encarna el bien de sus s\u00fabditos y de que la prosperidad del pa\u00eds depende de \u00e9l (Sal.72), por otro lado tampoco es un dios (cfr. 2Re. 5-7; Ez. 28, 2.9); a diferencia de lo que ocurr\u00eda en otros pueblos vecinos en que el rey era divinizado -el ejemplo m\u00e1s claro es Egipto-, la religi\u00f3n de Israel con su fe en Yahveh, Dios personal, \u00fanico y trascendente, hac\u00eda imposible toda divinizaci\u00f3n del rey. El rey era representante personal de Yahveh: nada menos, pero nada m\u00e1s. La unci\u00f3n engrandec\u00eda al rey, pero a la vez le relativizaba, siendo Yahveh el \u00fanico Rey. Cuando un rey humano pretenda usurpar el lugar de Dios y deje de respetar los derechos de Dios ser\u00e1 duramente juzgado, pues aunque es persona sagrada no es intocable: seg\u00fan su fidelidad a la alianza, los profetas se encargar\u00e1n de realizar ese juicio.<\/p>\n<p><strong>4.- David, el Rey<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s del fracaso y la decepci\u00f3n del reinado de Sa\u00fal, David encarnar\u00e1 el ideal de la monarqu\u00eda, conciliando el aspecto profano con el religioso y su condici\u00f3n de jefe pol\u00edtico con la de ungido de Yahveh.<\/p>\n<p>En \u00e9l resalta en primer lugar la elecci\u00f3n gratuita y libre por parte de Dios. David es un muchacho que pastorea el reba\u00f1o de su padre; es el m\u00e1s peque\u00f1o de los hijos de Jes\u00e9. Y sin embargo es el elegido por Yahveh como rey de su pueblo. Dios no elige al m\u00e1s fuerte, al que se encuentra humanamente m\u00e1s preparado, sino lo m\u00e1s d\u00e9bil, para manifestar su poder en la debilidad (cfr. 1Cor. 1,26-31; 2Cor. 12,8-10):\u00bbla mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira el coraz\u00f3n\u00bb. (1Sam. 16,7).<\/p>\n<p>Ciertamente David cometer\u00e1 pecados (2Sam. 11;24). Pero su grandeza consistir\u00e1 en permanecer delante de Dios, en no enorgullecerse: \u00abMi Se\u00f1or Yahveh, \u00bfqui\u00e9n soy yo y qu\u00e9 es mi casa para que me hayas tra\u00eddo hasta aqu\u00ed?\u00bb (2Sam. 7,18). Su fuerza le viene de Dios, del esp\u00edritu de Yahveh que le unge y hace de \u00e9l otro hombre (1Sam. 16,13; cfr. 10,6).<\/p>\n<p>Esto se pone de relieve particularmente en el combate contra Goliat (1Sam. 17), episodio que resulta emblem\u00e1tico de toda la vida y actividad de David. El pueblo de Israel es atacado por un enemigo superior a sus fuerzas que le hace temblar (v. 11). Pero el desprecio y agresi\u00f3n al pueblo de Dios (v. 10) es en realidad desprecio y agresi\u00f3n a Yahveh mismo (v. 36). Por eso David se lanza a la batalla en notable inferioridad (vv. 38-44) pero contando con el auxilio de Yahveh (v. 37), como \u00e9l mismo proclama: \u00abT\u00fa vienes a m\u00ed con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre de Yahveh Sebaot, Dios de los ej\u00e9rcitos de Israel, a los que has desafiado. Hoy mismo te entrega Yahveh en mis manos&#8230; y sabr\u00e1 toda la tierra que Israel tiene un Dios, y toda esta asamblea sabr\u00e1 que no por la espada ni por la lanza salva Yahveh, porque este es un combate de Yahveh y os entrega en nuestras manos\u00bb (vv. 45-47).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de su grandeza de \u00e1nimo perdonando la vida de Sa\u00fal que pretend\u00eda eliminarle a \u00e9l y respetando al \u00abungido de Yahveh\u00bb (1Sam. 24,7.11;26,9.16), destaca tambi\u00e9n su adhesi\u00f3n a la voluntad de Dios manifestada en los acontecimientos; con ocasi\u00f3n de la revuelta de su hijo Absal\u00f3n, exclama: \u00abSi he hallado gracia a los ojos de Yahveh, me har\u00e1 volver y me permitir\u00e1 ver el arca y su morada. Y si \u00c9l dice: &#8216;No me has agradado&#8217; que me haga lo que mejor le parezca\u00bb (2Sam. 15,25-26; cfr. 16,9-12).<\/p>\n<p><strong>5.- Jes\u00fas, hijo de David<\/strong><\/p>\n<p>A trav\u00e9s del profeta Nat\u00e1n la alianza de Yahveh con todo el pueblo se concreta en alianza con David y su descendencia (2 Sam. 7). La promesa, que inmediatamente se refiere a un hijo concreto de David, su sucesor Salom\u00f3n, tiene una amplitud incomparable: \u00abTu casa y tu reino permanecer\u00e1n para siempre ante m\u00ed y tu trono estar\u00e1 firme eternamente\u00bb (cfr. Sal. 89; 1Cron.17).<\/p>\n<p>Ante la experiencia reiterada de reyes malvados e ineptos, ante el hecho de que ning\u00fan sucesor de David cumple la esperanza recogida en esos textos, y dado que los textos mismos est\u00e1n abiertos a una plenitud mayor, poco a poco se va abriendo camino la esperanza de que irrumpir\u00e1 el poder de Yahveh suscitando un sucesor de David con el que se realizar\u00e1 plenamente la esperanza mesi\u00e1nica. Tanto los profetas (Is. 7,14-17; 9,1ss; 11,1ss; Ez.34, etc.) como los salmos reales (Sal. 2; 72; 110;) apuntan a un Rey, Sacerdote e Hijo de Dios, que establecer\u00e1 un reinado eterno y universal realizando la restauraci\u00f3n de todo.<\/p>\n<p>Cuando haya desaparecido la monarqu\u00eda dav\u00eddica, este ideal mesi\u00e1nico se ir\u00e1 aquilatando y purificando; ya no se esperar\u00e1 un monarca m\u00e1s, por perfecto que fuera, sino un rey ungido por Yahveh a trav\u00e9s del que Dios mismo actuar\u00e1 con todo su poder realizando su plan de salvaci\u00f3n en favor de su pueblo, salv\u00e1ndole no ya de los enemigos pol\u00edticos, sino del pecado y de todas sus consecuencias.<\/p>\n<p>Esta expectativa, que se fue intensificando con el paso de los siglos, se ha cumplido en Jes\u00fas. \u00c9l es el hijo de David (Mt. 1,1.20; Lc. 1, 27.32) y como tal es reconocido por el pueblo sencillo (Mt. 2,1-6; 21,9); sin embargo, a la vez que hijo, es Se\u00f1or de David (Mc. 12,35-37). \u00c9l es el Ungido (= Mes\u00edas = Cristo), sobre el que reposa en plenitud el Esp\u00edritu de Dios (Mc. 1,10; Lc. 4,18) hasta el punto de poder bautizar a todos con Esp\u00edritu Santo (Mc. 1,8). \u00c9l es plenamente Rey, aunque ciertamente su reino no es de este mundo (Jn. 18,33-37); no se realiza por el dominio desp\u00f3tico y tir\u00e1nico sobre los dem\u00e1s, sino mediante el servicio y el don sacrificado de la propia vida (Mc. 10, 41-45). Si Jes\u00fas rechaza el t\u00edtulo de Rey, de Mes\u00edas, de hijo de David, durante su vida en condici\u00f3n terrena es por las implicaciones pol\u00edtico-nacionalistas que supon\u00eda. En cambio, despu\u00e9s de su muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n Jes\u00fas es entronizado y exaltado por Dios a su derecha como Rey (Hech. 2,22-36; Fil. 2,6-11); ahora puede ser proclamado abiertamente Rey, aunque su reino s\u00f3lo alcanzar\u00e1 su consumaci\u00f3n plena al final de los tiempos cuando Dios sea todo en todos y reine poniendo a todos sus enemigos bajo sus pies (1Cor. 15, 23ss; Col. 3,1; Ap. 22,4-5.16)<\/p>\n<p><strong>6.- Textos principales<\/strong><\/p>\n<p>Jueces 1-2: 6-8; 1 Samuel 1-2; 16-17; 24; 26; 2 Samuel 1-2; 5-7; 11-12; 15-19; 24; 1 Cr\u00f3nicas 22; Salmos 2; 18; 45; 69; 72; 110; Isa\u00edas 7-11; Ezequiel 17; 34<\/p>\n<p><b>Julio Alonso Ampuero<\/b> es el autor de esta <i>Historia de la Salvaci\u00f3n<\/i>. Texto disponible por concesi\u00f3n de <a href=\"http:\/\/www.gratisdate.org\">Gratis Date<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ungidos de Yahveh: David y la monarqu\u00eda 1.- Datos hist\u00f3ricos Ya hemos visto c\u00f3mo la conquista de Cana\u00e1n fue lenta y progresiva. Poco a poco, las tribus se van instalando en la Tierra prometida. Durante bastante tiempo -unos 200 a\u00f1os- cada tribu conserva su autonom\u00eda y su independencia. 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