{"id":19455,"date":"2013-02-20T01:58:51","date_gmt":"2013-02-20T06:58:51","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=19455"},"modified":"2013-03-21T14:31:17","modified_gmt":"2013-03-21T19:31:17","slug":"el-dificil-camino-hacia-la-posesion-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/02\/20\/el-dificil-camino-hacia-la-posesion-de-la-tierra\/","title":{"rendered":"El dificil camino hacia  la posesion de la tierra"},"content":{"rendered":"<p>Liberado de la esclavitud y vinculado a Yahveh en alianza santa, el pueblo de Dios prosigue su camino. Ya antes de la Alianza (\u00c9x. 15-18) el pueblo avanza por el desierto, y despu\u00e9s de concluida proseguir\u00e1 su peregrinaci\u00f3n: 40 a\u00f1os -es decir, aproximadamente el tiempo de una generaci\u00f3n- durar\u00e1 esta etapa de la historia de Israel. Pero esta peregrinaci\u00f3n tiene una meta: la Tierra que el Se\u00f1or hab\u00eda prometido a los padres ya desde antiguo (G\u00e9n. 12,7; 17,8). Ambos hechos (\u00abel Se\u00f1or nos condujo por el desierto\u00bb; \u00abel Se\u00f1or nos dio una tierra que mana leche y miel\u00bb) ser\u00e1n en adelante parte esencial de la fe de Israel, es decir, de aquellos acontecimientos fundamentales en que los israelitas vieron claramente la mano de Yahveh actuando en su favor.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>1.- Datos hist\u00f3ricos<\/strong><\/p>\n<p>Acerca del largo per\u00edodo del desierto la Biblia no nos da con detalle y claridad el recorrido de los israelitas, interesada -como siempre- en descubrir el sentido religioso de esos hechos. Lo \u00fanico que parece claro es que estas tribus -aglutinadas por la experiencia del \u00c9xodo y de la alianza- intentan penetrar en Cana\u00e1n por el Sur, pero son rechazadas; en consecuencia, se ven obligadas a permanecer bastante tiempo en el oasis de Cad\u00e9s y a proseguir su peregrinaci\u00f3n por el desierto dando diversos rodeos; finalmente entran en la Tierra prometida por el este a trav\u00e9s del Jord\u00e1n, frente a Jeric\u00f3.<\/p>\n<p>El momento hist\u00f3rico para la conquista de Cana\u00e1n (hacia el 1250-1200 a. C.) era inmejorable, pues los grandes imperios estaban en plena decadencia: Egipto, despu\u00e9s del esplendor del los Rams\u00e9s, hab\u00eda iniciado el letargo y Asiria a\u00fan no hab\u00eda levantado cabeza. Los habitantes de Cana\u00e1n se encontraban establecidos en ciudades-estado independientes entre s\u00ed, incapaces de hacer causa com\u00fan y de defenderse ante el empuje de las tribus n\u00f3madas que penetraban con entusiasmo y decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Abundantes testimonios arqueol\u00f3gicos confirman que en la 2\u00aa mitad del s. XIII a.C. hubo una invasi\u00f3n violenta por el este de Palestina. Pero a pesar de la guerra santa que practicaban, los israelitas no exterminaron ni mucho menos toda la poblaci\u00f3n cananea; aun destruyendo varias ciudades fortificadas, gran parte de los habitante de Cana\u00e1n fueron asimilados por Israel (cfr. el pacto de Jos. 24).<\/p>\n<p>Seg\u00fan atestigua el libro de Josu\u00e9, la conquista no fue f\u00e1cil ni r\u00e1pida. Despu\u00e9s de tomar las ciudades de Jeric\u00f3 y Ay los cananeos se atemorizaron; los habitantes de Gaba\u00f3n buscaron inmediatamente la paz, consiguiendo un tratado con los israelitas. Josu\u00e9 obtuvo una serie de victorias en el sur y luego se dirigi\u00f3 hacia el norte para derrotar a los aliados del rey de Jasor. Los israelitas lograron establecerse en el territorio conquistado, reparti\u00e9ndolo entre las diversas tribus. A pesar de todo, los filisteos permanecieron en sus ciudades de la llanura costera y los cananeos segu\u00edan controlando muchas ciudades del interior. El libro de los Jueces es testigo de los frecuentes combates con estos vecinos inc\u00f3modos y con los otros pueblos de alrededor (Moab, Am\u00f3n, Madi\u00e1n&#8230;)<\/p>\n<p><strong>2.- La experiencia del desierto<\/strong><\/p>\n<p>Nada m\u00e1s vivir el acontecimiento de la liberaci\u00f3n, el pueblo de Israel tienta a Dios quej\u00e1ndose de \u00c9l y protestando contra \u00c9l (\u00c9x. 16,3;17,2-3). Los mismos que hab\u00edan aclamado a Yahveh y exultado con su victoria (\u00c9x. 15) ahora desconf\u00edan de \u00c9l, se rebelan contra sus planes.<\/p>\n<p>Ciertamente el camino por el desierto es inc\u00f3modo y dif\u00edcil, pues se carece de todo; en medio de ese inmenso sequedal el pueblo se encuentra sin ayuda alguna, sin seguridad de ning\u00fan tipo. Pero precisamente entonces es cuando deb\u00edan confiar plenamente en el auxilio de su Dios, que les hab\u00eda dado pruebas de su poder y de su protecci\u00f3n. El desierto era una ocasi\u00f3n preciosa para experimentar la maravillosa providencia de Dios: \u00aben el desierto&#8230;has visto que Yahveh tu Dios te llevaba como un hombre lleva a su hijo, a todo lo largo del camino que hab\u00e9is recorrido hasta llegar a este lugar\u00bb (Dt. 1,31); Sin embargo, \u00abni aun as\u00ed confiasteis en Yahveh vuestro Dios, que era el que os preced\u00eda en el camino y os buscaba lugar donde acampar, con el fuego durante la noche para alumbrar el camino que deb\u00edais seguir, y con la nube durante el d\u00eda\u00bb (Dt. 1,32-33).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la experiencia gozosa de la liberaci\u00f3n, en que Israel ha palpado la mano de Dios que interven\u00eda en su favor, las dificultades del desierto son una llamada a vivir de la de, es decir, a fiarse de ese Dios que les ha dado pruebas de su amor y de su poder, a confiar en que Yahveh que ha intervenido en su favor seguir\u00e1 interviniendo. En este sentido el desierto es lugar de prueba, ocasi\u00f3n de fiarse de Yahveh cuando no se le ve, cuando aparecen las dificultades y se est\u00e1 al l\u00edmite de las fuerzas (Dt. 8,2-6). En el desierto Israel es llamado a vivir en toda su profundidad la aventura de la fe.<\/p>\n<p>De hecho, el pecado de Israel en el desierto es la falta de fe (\u00aben su palabra no tuvieron fe\u00bb: Sal. 106,24): se quejan de las dificultades del camino (\u00c9x. 15,23-24) que Yahveh permite; desesperan de la ayuda de su Dios en el desierto (\u00c9x. 16,3), le tientan (\u00c9x. 17,2), dudan de \u00c9l (\u00c9x. 17,4); se quedan en los hombres (\u00abvosotros nos hab\u00e9is tra\u00eddo a este desierto\u00bb: \u00c9x. 16,3; 17,3), cuando en realidad s\u00f3lo son instrumentos de Dios (\u00c9x. 16,8). M\u00e1s a\u00fan, llegar\u00e1n a pensar que Dios los ha sacado de Egipto \u00abpor odio\u00bb, para entregarlos en manos de los amorreos y destruirlos (Dt. 1,27), cuando en realidad toda la intervenci\u00f3n de Yahveh en su favor est\u00e1 motivada por el amor (Dt. 4,37; 7,8).<\/p>\n<p>Comentando este pecado de Israel el Salmo 106 lo explicitar\u00e1 as\u00ed: \u00abno comprendieron tus prodigios, no se acordaron de tu inmenso amor, se rebelaron contra el Alt\u00edsimo&#8230;, se olvidaron de sus obras, no tuvieron en cuenta su consejo&#8230;, a Dios tentaban&#8230;, olvidaban a Dios que les salvaba, al autor de cosas grandes en Egipto&#8230;, en su palabra no tuvieron fe, murmuraron&#8230;, no escucharon la voz de Yahveh&#8230;, le irritaron con su obras.\u00bb<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de la alianza continuar\u00e1 la misma obstinaci\u00f3n e indocilidad, como testimonia el episodio del becerro de oro (\u00c9x. 32): en lugar de fiarse ciegamente de un Dios al que no ven, prefieren hacerse un \u00eddolo visible; intentan controlar y manipular a Dios en vez de someterse a \u00c9l y dejarse conducir por \u00c9l a trav\u00e9s de los misteriosos caminos de la fe. Las tablas de la ley rotas por Mois\u00e9s al pie de la monta\u00f1a son el signo de una alianza que ha fracasado por el pecado y la incredulidad de Israel.<\/p>\n<p>Debido al pecado de Israel el desierto toma en la tradici\u00f3n b\u00edblica tambi\u00e9n el sentido de castigo; toda la generaci\u00f3n pecadora perecer\u00e1 en el desierto (N\u00fam. 14,26-35). Y el mismo Mois\u00e9s s\u00f3lo ver\u00e1 la tierra prometida de lejos momentos antes de su muerte (Dt. 1,37; 3,23-28;34). El sufrimiento del desierto acaba sirviendo de expiaci\u00f3n por el pecado y purificaci\u00f3n del mismo. Por eso, cada vez que a lo largo de su historia Israel vuelva a pecar y a apartarse de Yahveh deber\u00e1 ser conducido de nuevo al desierto (Os. 2,16) para ser purificado y poder as\u00ed entrar de nuevo en la intimidad de su Dios.<\/p>\n<p><strong>3.- La Tierra, don y conquista<\/strong><\/p>\n<p>Si la experiencia del desierto subraya la infidelidad de Israel, tambi\u00e9n pone de relieve la fidelidad de Dios; a pesar de tanta obstinaci\u00f3n e incredulidad por parte del pueblo, Yahveh cumple sus promesas: \u00ab\u00c1lzate ya, pues, y pasa ese Jord\u00e1n, t\u00fa y tu pueblo, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel\u00bb (Jos. 1,2). Es el cumplimiento del juramento hecho a los padres Abraham, Isaac y Jacob (Dt. 1,8).<\/p>\n<p>Los hombres pasan, pero la historia de la salvaci\u00f3n contin\u00faa. Mois\u00e9s ya no est\u00e1, ha muerto; pero el Se\u00f1or, que \u00abes el mismo ayer hoy y siempre\u00bb (cfr.Heb. 13,8), permanece con su pueblo. \u00c9l es el protagonista de toda intervenci\u00f3n salvadora y por eso lleva adelante su plan de salvaci\u00f3n. Si los instrumentos cambian o desaparecen, \u00c9l permanece. El mismo que eligi\u00f3 a Mois\u00e9s y actu\u00f3 a trav\u00e9s de \u00e9l (\u00c9x. 3,12), ahora elige a Josu\u00e9 para seguir actuando su plan de salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de \u00e9l: \u00abLo mismo que estuve con Mois\u00e9s estar\u00e9 contigo; no te dejar\u00e9 ni te abandonar\u00e9&#8230; T\u00fa vas a dar a este pueblo la posesi\u00f3n del pa\u00eds que jur\u00e9 dar a sus padres.\u00bb (Jos. 1,5-6).<\/p>\n<p>Sabemos por el libro de los Jueces (cc.1-2) y por diversos pasajes del mismo libro de Josu\u00e9 que la conquista de Cana\u00e1n fue lenta y laboriosa. Hubo que pelear con esfuerzo y sacrificio en situaciones notablemente arduas. Sin embargo, el estilo \u00e9pico de los relatos acent\u00faa con fuerza el poder de Yahveh. \u00c9l es el Se\u00f1or de todo y toma por la fuerza la Tierra de Cana\u00e1n para d\u00e1rsela a su pueblo elegido. Al lado de esta afirmaci\u00f3n fundamental, los detalles de las batallas y medios humanos empleados interesan menos al autor sagrado; no los niega, pero va a lo esencial, y lo esencial es la acci\u00f3n de Dios: este pueblo, que lleno de fe en su Dios emprende la conquista y obtiene resultados que sobrepasan los medios puestos en juego, experimenta palpablemente la intervenci\u00f3n de Dios en favor suyo. La tierra de Cana\u00e1n ser\u00e1 conquistada palmo a palmo, pero eso no ser\u00e1 obst\u00e1culo para que en la fe Israel confiese con verdad que ha sido don de Dios: \u00abVosotros hab\u00e9is visto todo lo que Yahveh vuestro Dios ha hecho en atenci\u00f3n a vosotros con todos estos pueblos; pues Yahveh vuestro Dios era el que combat\u00eda por vosotros.\u00bb (Jos. 23,3).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, ciertos fracasos son interpretados como consecuencia de los pecados del pueblo (Jos. 7). Pues si el pueblo se aparta de su Dios y quebranta la alianza \u00e9l mismo se acarrea la desgracia: \u00abSi quebrant\u00e1is la alianza que Yahveh vuestro Dios os ha impuesto, si os vais a servir a otros dioses y os postr\u00e1is ante ellos, la ira de Yahveh se encender\u00e1 contra vosotros y desaparecer\u00e9is r\u00e1pidamente de la espl\u00e9ndida tierra que os ha dado.\u00bb (Jos. 23,16).<\/p>\n<p>Lo que queda en pie por encima de todo en el recorrido del desierto y en la conquista de la Tierra es la absoluta fidelidad de Yahveh a la palabra dada y a las promesas hechas: \u00abReconoced con todo vuestro coraz\u00f3n y con toda vuestra alma que, de todas las promesas que Yahveh vuestro Dios hab\u00eda hecho en vuestro favor, no ha fallado ni una sola: todas se os han cumplido. Ni una sola ha fallado.\u00bb (Jos. 23,14). Y esta fidelidad es ratificada una vez m\u00e1s con la renovaci\u00f3n de la alianza ya en posesi\u00f3n de la Tierra prometida (Jos. 24).<\/p>\n<p><strong>4.- Los cristianos, peregrinos hacia la Patria<\/strong><\/p>\n<p>Los Santos Padres han explotado abundantemente el tema del \u00e9xodo, del desierto y de la Tierra prometida, plenamente convencidos de que \u00abtodo aquello acontec\u00eda en figura y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos\u00bb (1Cor. 10,11).<\/p>\n<p>Liberado de la esclavitud del pecado a trav\u00e9s de las aguas del bautismo, el cristiano pasa a servir al Dios vivo y verdadero (1Tes. 1,9). Entrando en la Nueva alianza, sigue a Cristo, que -como nuevo Mois\u00e9s- conduce al nuevo pueblo de Dios hacia la Tierra prometida, hacia la Patria del cielo, a trav\u00e9s del desierto de este mundo.<\/p>\n<p>El cristiano es por definici\u00f3n \u00abextranjero y forastero\u00bb (1Pe. 2,11) en este mundo; se encuentra en \u00e9l como en un destierro (1Pe. 1,17). En efecto, el cristiano es constitutivamente \u00abciudadano del cielo\u00bb (Fil. 3,20). Por eso tiende inconteniblemente a \u00ablas cosas de arriba\u00bb (Col. 3,1-2). Aspira a \u00abuna patria mejor, la celestial\u00bb (Heb. 11,16). Por eso es esencialmente peregrino, est\u00e1 de paso y no se instala en las realidades pasajeras de aqu\u00ed abajo. Vive todo con profundo sentido de provisionalidad (1Cor. 7,29-31).<\/p>\n<p>Mientras peregrina por este mundo experimenta como el pueblo de Israel, el cansancio, las dificultades, la tentaci\u00f3n. Pero en el mismo desierto en que Israel fue tentado y pec\u00f3, Jes\u00fas es tentado y vence (Mt. 4,1-11). Y ahora Jes\u00fas es Jefe que lleva a la vida (Hech. 3,15) gu\u00eda que conduce a la salvaci\u00f3n (Heb. 2,10); a trav\u00e9s del desierto de este mundo gu\u00eda a los suyos aliment\u00e1ndolos con el man\u00e1 de la Eucarist\u00eda y abrev\u00e1ndolos con el agua del Esp\u00edritu hasta conducirlos a la Casa del Padre; en medio de la pruebas y tentaciones \u00c9l mismo los cuida y protege como Buen Pastor (cfr. Sal. 23).<\/p>\n<p>Israel fue experimentando que la Tierra de Cana\u00e1n no era el verdadero descanso, pues las guerras y los enemigos turbaban su reposo y su felicidad. Por eso, los antiguos \u00abmurieron sin haber conseguido el objeto de las promesas, vi\u00e9ndolas y salud\u00e1ndolas desde lejos\u00bb (Heb. 11,13). A nosotros se nos ofrece \u00abun cielo nuevo y una tierra nueva\u00bb  en la que \u00abya no habr\u00e1 muerte, ni llanto, ni gritos, ni fatigas\u00bb (Ap. 21,1-2). Las condiciones para entrar en este perfecto y definitivo \u00abdescanso\u00bb son la fe viva en Cristo, el mantenerse firmes hasta el fin y el obedecer d\u00f3cilmente a Cristo, el gu\u00eda que nos conduce a ese descanso de la salvaci\u00f3n plena y para siempre. (Heb. 3,7 &#8211; 4,11).<\/p>\n<p><strong>5.- Textos principales<\/strong><\/p>\n<p>\u00c9xodo 16-17; 32-33; N\u00fameros 11-14; 21; Deuteronomio 1-4; Josu\u00e9 1-6; Salmos 77 y 94<\/p>\n<p><b>Julio Alonso Ampuero<\/b> es el autor de esta <i>Historia de la Salvaci\u00f3n<\/i>. Texto disponible por concesi\u00f3n de <a href=\"http:\/\/www.gratisdate.org\">Gratis Date<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Liberado de la esclavitud y vinculado a Yahveh en alianza santa, el pueblo de Dios prosigue su camino. 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