{"id":19357,"date":"2013-02-13T01:10:56","date_gmt":"2013-02-13T06:10:56","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=19357"},"modified":"2013-03-20T21:49:21","modified_gmt":"2013-03-21T02:49:21","slug":"de-la-servidumbre-al-servicio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/02\/13\/de-la-servidumbre-al-servicio\/","title":{"rendered":"De la servidumbre al servicio"},"content":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de la historia de Abraham (G\u00e9n. 12-25), el libro del G\u00e9nesis nos refiere la de Isaac y Jacob (G\u00e9n. 25-36); despu\u00e9s del padre del pueblo elegido, estos dos patriarcas son los depositarios de las promesas divinas, y con ellos contin\u00faa la historia de la salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n ellos prosiguen una existencia semin\u00f3mada en Cana\u00e1n como pastores de ganado menor que se desplazaban seg\u00fan las estaciones del a\u00f1o. Finalmente el hambre obliga a Jacob y a sus hijos a marchar a Egipto y a instalarse all\u00ed (ver tambi\u00e9n la historia de Jos\u00e9: G\u00e9n. 37-50).<\/p>\n<p>La Biblia guarda silencio acerca del largo per\u00edodo -m\u00e1s de 400 a\u00f1os- en que los hebreos permanecieron en Egipto; quiz\u00e1 no hay ninguna intervenci\u00f3n especial de Dios que rese\u00f1ar. La narraci\u00f3n se reanuda con el relato de la opresi\u00f3n del pueblo hebreo (Ex.1). Esta situaci\u00f3n va a ser la ocasi\u00f3n de una nueva y clamorosa intervenci\u00f3n de Dios; la liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto ser\u00e1 para todas las generaciones posteriores el hecho fundamental al que se referir\u00e1 la fe de Israel (Dt. 26,5-8); el \u00abDios de Abraham, de Isaac, de Jacob\u00bb ser\u00e1 a partir de ahora el \u00abDios que te ha sacado del pa\u00eds de Egipto, de la casa de la servidumbre\u00bb (Ex. 20,1).<\/p>\n<p><strong>1.- El \u00e9xodo y la historia<\/strong><\/p>\n<p>Lo que se nos narra en la Biblia encaja perfectamente con lo que conocemos por otras fuentes extrab\u00edblicas.<\/p>\n<p>La bajada de Jacob y sus hijos a Egipto coincide con las noticias de que algunos pueblos semitas se introdujeron hacia 1700 a.C. en Egipto. Estos pueblos, los hicsos, dominaron durante casi dos siglos el pa\u00eds, hasta que finalmente fueron expulsados.<\/p>\n<p>Los hebreos y otros grupos semitas permanecieron en el delta del Nilo. Pero el hecho de que hubieran sido aliados o colaboradores de los hicsos y la necesidad de abundante mano de obra para las nuevas construcciones provoc\u00f3 que se dictasen medidas opresoras contra ellos y que fueran convertidos en esclavos. Aunque no lo sepamos con certeza, es posible que el fara\u00f3n que inici\u00f3 la persecuci\u00f3n fuera Seti I (1309-1290) y que en el reinado de su sucesor, Rams\u00e9s II (1290-1224), se produjera el \u00e9xodo.<\/p>\n<p>En esa situaci\u00f3n de opresi\u00f3n es perfectamente veros\u00edmil que los hebreos anhelasen la libertad perdida de su antigua vida semin\u00f3mada. Cuando por fin surge el caudillo capaz de guiarlos, una serie de circunstancias providenciales, en las que era f\u00e1cil descubrir la mano de Dios, hacen que el fara\u00f3n les deje salir.<\/p>\n<p>Es indiscutible que lo que constituye la parte esencial del \u00c9xodo, la base de estas narraciones, son los hechos concretos y reales; si negamos la realidad hist\u00f3rica de estos hechos resulta incomprensible la historia posterior de Israel. Las narraciones del \u00c9xodo mantienen una fidelidad sustancial a los acontecimientos realmente ocurridos.<\/p>\n<p>Ahora bien, sobre la base de este n\u00facleo hist\u00f3rico, al autor sagrado lo que le interesa es extraer el mensaje religioso que esos acontecimientos encierran en cuanto intervenci\u00f3n de Yahveh. Por eso, con un tono \u00e9pico, de epopeya religiosa, subraya y acent\u00faa lo grandioso de las acciones de Dios. Para recalcar m\u00e1s la intervenci\u00f3n de Dios  el autor sagrado omite muchas veces los medios o causas segundas de que se ha servido. Por ejemplo, algunas plagas (ranas, mosquitos, langostas&#8230;) son relativamente normales y frecuentes en Egipto; no obstante, estos azotes debieron producirse en un grado nunca visto, de manera que manifestaban patentemente \u00abla mano de Yahveh\u00bb. Por lo dem\u00e1s, no se debe excluir que hayan existido intervenciones prodigiosas y maravillosas en sentido estricto.<\/p>\n<p><strong>2.- La liberaci\u00f3n de la esclavitud<\/strong><\/p>\n<p>Los primeros 15 cap\u00edtulos del \u00c9xodo nos refieren la liberaci\u00f3n del pueblo de Israel; una liberaci\u00f3n en que Dios tiene la iniciativa de principio a fin; una liberaci\u00f3n en la que \u00c9l es el verdadero protagonista; una liberaci\u00f3n que servir\u00e1 de paradigma o punto de referencia para todas las etapas siguientes de la historia de salvaci\u00f3n.         <\/p>\n<p>Despu\u00e9s de descubrir la situaci\u00f3n de opresi\u00f3n, que se hace cada vez m\u00e1s aguda e insoportable (c. 1), el autor sagrado dice: \u00abOy\u00f3 Dios sus gemidos y se acord\u00f3 Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob y mir\u00f3 Dios a los hijos de Israel y conoci\u00f3&#8230;\u00bb (\u00c9x. 2,23-25). Dios se hace cargo de la situaci\u00f3n y se dispone a tomar cartas en el asunto; porque Dios oye, se acuerda, mira y conoce, la historia de la salvaci\u00f3n se pone en marcha de nuevo; Dios tiene un plan que va a comenzar a ejecutarse.<\/p>\n<p>En realidad, ese plan ya est\u00e1 en marcha. Pues antes de los vers\u00edculos citados se nos ha narrado c\u00f3mo Dios ha suscitado al que va a ser instrumento de su acci\u00f3n liberadora, Mois\u00e9s (c.2). En los cap\u00edtulos siguientes asistimos a la \u00abeducaci\u00f3n\u00bb de Mois\u00e9s por parte de Dios para que llegue a ser instrumento d\u00f3cil de sus planes; desde el c. 3, en que Dios le llama y le revela sus designios de salvaci\u00f3n, vamos siendo testigos de la transformaci\u00f3n de Mois\u00e9s como enviado de Dios.<\/p>\n<p>El plan de Dios incluye dificultades y obst\u00e1culos, algunos de los cuales parecen insalvables. Parecer\u00eda que al intervenir Dios todo debe funcionar con absoluta facilidad. Sin embargo, no es as\u00ed: el Fara\u00f3n se opone a los planes de Mois\u00e9s, los mismos israelitas no le hacen caso, la situaci\u00f3n se complica cada vez m\u00e1s&#8230; A trav\u00e9s de todas estas dificultades, humanamente insuperables, Mois\u00e9s va aprendiendo -y nosotros con \u00e9l- que s\u00f3lo Dios puede salvar; la iniciativa y las argucias humanas fracasan y experimentan su propia impotencia; en cambio, el plan del Se\u00f1or se abre paso y avanza, aunque sea por caminos desconcertantes.<\/p>\n<p>De hecho, este es el significado de la historia de las plagas (c. 7-11). El autor sagrado nos hab\u00eda recordado que las dificultades a Dios no le resultaban imprevistas: \u00abYa s\u00e9 yo que el rey de Egipto no os dejar\u00e1 ir &#8230;\u00bb (\u00c9x. 3,19). M\u00e1s a\u00fan, nos indicaba que esas dificultades eran ocasi\u00f3n para que manifestase m\u00e1s palmariamente su gloria (\u00c9x. 7,3-5). Ahora, mediante las plagas, Dios comienza a dar signos de que est\u00e1 vivo, de que est\u00e1 presente, de que es poderoso&#8230; El que recapacite descubrir\u00e1 que en ellas est\u00e1 presente \u00abel dedo de Dios\u00bb (\u00c9x. 8,15), que Dios est\u00e1 interviniendo; el que no quiera reconocer la mano de Dios y se obstine, tendr\u00e1 que reconocer esa intervenci\u00f3n de Dios a la fuerza, pues se impone por su propio peso, pero ya ser\u00e1 demasiado tarde (c.14).<\/p>\n<p>Antes de salir de Egipto, el pueblo celebra la fiesta de la Pascua (c. 12-13). Pascua significa \u00abpaso\u00bb: Dios ha pasado salvando a su pueblo, y el pueblo celebra festivamente, de manera lit\u00fargica ese paso del Se\u00f1or. A partir de ahora, la fiesta de la pascua ser\u00e1 \u00abmemorial\u00bb, recuerdo eficaz de ese paso salvador de Yahveh.<\/p>\n<p>Finalmente, a punto de salir de Egipto aparece la dificultad mayor: parece que todo est\u00e1 definitivamente perdido (\u00c9x. 14,5-12). Sin embargo, esta dificultad suprema va a ser la ocasi\u00f3n de la mayor intervenci\u00f3n de Dios que se va a cubrir de gloria (\u00c9x. 14,4) Al pueblo de Israel, que ha visto a los egipcios muertos a orillas del mar (\u00c9x. 14,30) y sobre todo ha visto la mano fuerte de Yahveh (\u00c9x. 14,31) no le queda m\u00e1s que admirarse y creer (\u00c9x. 14,31) y cantar exultantes las haza\u00f1as del Se\u00f1or que de manera tan patente ha experimentado (\u00c9x. 15,1-21).<\/p>\n<p><strong>3.- El don de la alianza<\/strong><\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n de la esclavitud, con ser importante, no es todo. Gracias a ella desaparece la opresi\u00f3n; las tribus, que antes estaban dispersas, ahora constituyen un solo pueblo; la acci\u00f3n liberadora de Dios les ha aglutinado entre s\u00ed y les ha hecho experimentar que son un solo pueblo. Pero la libertad recuperada no es un fin en s\u00ed misma; si Dios los ha liberado, es en funci\u00f3n de algo m\u00e1s: para que entren en alianza, en comuni\u00f3n de vida con el Dios que los ha liberado, para que sirvan a Yahveh (\u00c9x.7,16).<\/p>\n<p>El pueblo de Israel ten\u00eda experiencia de alianzas entre individuos, entre clanes y entre pueblos (ver, por ejemplo, la alianza entre Israel y los gabaonitas en Jos. 9,3-21). Hasta nosotros han llegado diversos formularios de alianza entre dos reyes en iguales condiciones o entre un rey vencedor y un vasallo. Estas alianzas eran pacto o contrato de mutua pertenencia, que un\u00eda con un v\u00ednculo sagrado a ambas partes, depar\u00e1ndoles derechos y deberes. Adem\u00e1s, Dios ya hab\u00eda establecido su alianza con No\u00e9 (G\u00e9n. 9, 8-17) y con Abraham (G\u00e9n. 15; 17).<\/p>\n<p>Ante todo, la alianza de Dios con su pueblo no arranca de ninguna necesidad u obligaci\u00f3n; si Yahveh entra en alianza es por una iniciativa absolutamente libre y gratuita. Como recalcar\u00e1 el libro del Deuteronomio (7,7-8): \u00abNo porque se\u00e1is el m\u00e1s numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos; sino por el amor que os tiene y por guardar el juramento hecho a vuestros padres&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>El relato de la alianza (\u00c9x. 19-24), que es sellada en el monte Sina\u00ed, resalta esto mismo. A la propuesta de Yahveh a trav\u00e9s de Mois\u00e9s (\u00c9x. 19,3-6) el pueblo no hace m\u00e1s que asentir (\u00c9x. 19,7-8): \u00abHaremos todo cuanto ha dicho Yahveh\u00bb. M\u00e1s a\u00fan, Dios mismo es quien va imponiendo las condiciones, en primer lugar el ser purificados para entrar dignamente en alianza (\u00c9x. 19,10-15).<\/p>\n<p>Purificado el pueblo, Dios se manifiesta en una impresionante teofan\u00eda (\u00c9x. 19,16-24). En ella el Dios invisible muestra su grandeza y su sublime majestad. La prohibici\u00f3n de acercarse a \u00c9l subraya su trascendencia y santidad, el hecho de que Dios no puede ser apresado por el hombre.<\/p>\n<p>Gracias a la alianza Israel se convierte en \u00abpropiedad personal de Yahveh\u00bb (\u00c9x. 19,5), en naci\u00f3n consagrada a \u00c9l (\u00c9x. 19,6) en pueblo suyo (Lev. 26,12). Yahveh, por su parte, queda \u00abaliado\u00bb, comprometido con Israel como \u00absu Dios\u00bb (Lev. 26,12); ha entrado libremente en alianza, por iniciativa suya; pero una vez sellada la alianza Dios queda realmente comprometido. Yahveh se compromete a estar siempre cercano a su pueblo, a protegerle, a liberarle de los enemigos, a darle una tierra&#8230; De ah\u00ed que a lo largo de su historia, sobre todo en las dificultades, Israel apele a este compromiso que Yahveh ha adquirido: \u00abRecuerda tu alianza\u00bb (Sal. 74,20).<\/p>\n<p>El pueblo, por su parte, debe obedecer a la ley recibida de Yahveh para ser fiel a esta alianza. Israel no est\u00e1 pasivamente en la alianza; aunque la iniciativa sea de Dios, el pueblo debe adherirse a ella plenamente y esta adhesi\u00f3n debe expresarse de manera real y concreta en el cumplimiento de la voluntad de Yahveh: no s\u00f3lo el Dec\u00e1logo (\u00c9x. 20,1-17), sino el C\u00f3digo de la Alianza (20,22-23,33) que aplica el dec\u00e1logo a todas las circunstancias de la vida cotidiana. Cumpliendo la ley dada por Yahveh, el pueblo ratifica cada d\u00eda y cada instante la alianza. Esta, en efecto, ha de ser vivida y mantenida cada d\u00eda, como da a entender la condicional de \u00c9x. 19,5: \u00abSi de veras escuch\u00e1is mi voz y guard\u00e1is mi alianza&#8230;\u00bb; siendo algo vivo y din\u00e1mico, la alianza ha de ser renovada en cierto modo continuamente; tom\u00e1ndola por algo est\u00e1tico e inamovible, el pueblo de Israel olvid\u00f3 esta relaci\u00f3n viva y personal con Yahveh y la alianza  acab\u00f3 fracasando; no ciertamente porque Dios fuera infiel, sino porque Israel rompi\u00f3 reiteradamente la alianza al desobedecer la voluntad de Dios&#8230;<\/p>\n<p>Finalmente, la alianza es positivamente sellada (\u00c9x. 24). Despu\u00e9s de que Dios manifiesta su voluntad a trav\u00e9s de Mois\u00e9s y el pueblo la acepta (\u00c9x. 24,3), se erigen estelas como recuerdo memorial del pacto (\u00c9x. 24,4). Luego viene el rito de la sangre. Puesto que la sangre era para ellos la vida, el principio vital (Dt. 12,23; Lev. 17,14) rociar con sangre el altar -que representa a Dios- y el pueblo significa la comuni\u00f3n de vida que la alianza ha establecido entre Yahveh y su pueblo; y lo mismo significa el banquete (\u00c9x. 24,9-11), s\u00edmbolo de uni\u00f3n gozosa y pac\u00edfica entre los comensales.<\/p>\n<p><strong>4.- Hacia el nuevo \u00e9xodo y hacia la nueva alianza<\/strong><\/p>\n<p>La gran liberaci\u00f3n experimentada por Israel fue punto de referencia para nuevas y continuas liberaciones. Ante las nuevas calamidades que lo aflig\u00edan, el pueblo volv\u00eda sus ojos al Dios del \u00c9xodo, al Dios liberador que volver\u00eda a realizar un nuevo \u00c9xodo en favor de su pueblo. As\u00ed, por ejemplo, ante la opresi\u00f3n de Asiria (Is. 11,15-16) y ante la esclavitud del destierro de Babilonia (Is. 43,14-21; Jer. 23,7-8).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Jes\u00fas realiz\u00f3 su propio \u00e9xodo y celebr\u00f3 su propia pascua, pasando -a trav\u00e9s de la muerte- de este mundo al Padre (Jn. 13,1). Pero no lo realiz\u00f3 individualmente. El es el Jefe o Caudillo (Hech. 3,15; Heb. 2,10) que hace pasar de la muerte a la vida a los que a \u00c9l se acogen; como Israel ante el Mar Rojo, tambi\u00e9n nuestra situaci\u00f3n es desesperada por la esclavitud que produce el pecado; pero Cristo, nuestro Cordero pascual (1Cor. 5,7), con su sangre nos libra del exterminio y, a trav\u00e9s de las aguas del Bautismo, nos hace pasar de la muerte a la vida. Cuando alcancemos la salvaci\u00f3n plena y la victoria sea definitiva en la Tierra prometida del cielo -ahora avanzamos a\u00fan por el desierto- entonces entonaremos exultantes \u00abel c\u00e1ntico de Mois\u00e9s y el c\u00e1ntico del Cordero\u00bb (Ap. 15,2-4).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la alianza fue quicio permanente de la vida religiosa de Israel, renov\u00e1ndola en los momentos m\u00e1s cruciales de su historia: en Moab, antes de atravesar el Jord\u00e1n para entrar en la tierra prometida (Dt. 28-32); en Siquem, una vez conquistada la Tierra (Jos. 24); con ocasi\u00f3n de la reforma religiosa llevada a cabo por el rey Jos\u00edas el a\u00f1o 622 (2Re. 23); al volver del destierro de Babilonia y reedificar Jerusal\u00e9n (Neh 8-10). Y durante toda la etapa de la monarqu\u00eda los profetas centrar\u00e1n su predicaci\u00f3n en el esp\u00edritu y en las exigencias de la alianza.<\/p>\n<p>Sin embargo, la tragedia de Israel fue su reiterada infidelidad a la alianza. Generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n se repet\u00edan los mismos pecados. La alianza fracasa irremediablemente porque el \u00absocio\u00bb humano es continuamente infiel a ella. Y la ra\u00edz del fracaso est\u00e1 en el coraz\u00f3n humano, pecador; el pecado se ha adherido al hombre hasta hacerse casi consustancial: &#8220;\u00bfPuede un et\u00edope cambiar su piel o un leopardo sus manchas? Y vosotros, habituados al mal, \u00bfpod\u00e9is hacer el bien?&#8221; (Jer, 13,23). De ah\u00ed que Dios anuncia una alianza radicalmente nueva, consistente en la renovaci\u00f3n interior del hombre, en el don de un coraz\u00f3n nuevo y en la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu dentro del hombre (Jer. 31,31-33; Ez. 36, 25-28).<\/p>\n<p>Cristo ha realizado efectivamente esta Nueva Alianza en su propia sangre (Lc. 22, 20). Mediante la ofrenda de su propia vida (Heb. 10, 5-10) ha establecido una alianza mejor (Heb. 8,6; 9,15) que conlleva la remisi\u00f3n de los pecados y el don del Esp\u00edritu. Ya no tenemos una ley escrita por fuera que hay que intentar cumplir, sino una ley inscrita en nuestros corazones renovados por la acci\u00f3n y el impulso del Esp\u00edritu (2Cor. 3,3-6), hasta el punto de que el mismo Esp\u00edritu vivificador se convierte en Ley interior que nos capacita para cumplir perfectamente la Ley (Rom. 8,2-4) y ser fieles a la alianza.<\/p>\n<p>Esta nueva alianza que Dios ha sellado con nosotros en la Sangre de su Hijo nos llena de confianza y seguridad: \u00abSi Dios est\u00e1 por nosotros, \u00bfqui\u00e9n estar\u00e1 contra nosotros?\u00bb (Rom. 8,31). Pero tambi\u00e9n nos exige una mayor fidelidad y obediencia a la voluntad de Dios; de lo contrario ser\u00eda una falsa confianza (Heb. 3, 7-4,11).<\/p>\n<p><strong>5.- Textos principales<\/strong><\/p>\n<p>\u00c9xodo 1, 15; 19-24; Salmos 78; 105; 136; Sabidur\u00eda 10, 15-22; 14, 1-12; Isa\u00edas 41; 43; Hebreos 11, 23-29; Deuteronomio 1-11; 27-32; Josu\u00e9 24; Jerem\u00edas 31, 27-37; Ezequiel 36, 16-38; Hebreos 8, 6 &#8211; 10,18<\/p>\n<p><b>Julio Alonso Ampuero<\/b> es el autor de esta <i>Historia de la Salvaci\u00f3n<\/i>. Texto disponible por concesi\u00f3n de <a href=\"http:\/\/www.gratisdate.org\">Gratis Date<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de la historia de Abraham (G\u00e9n. 12-25), el libro del G\u00e9nesis nos refiere la de Isaac y Jacob (G\u00e9n. 25-36); despu\u00e9s del padre del pueblo elegido, estos dos patriarcas son los depositarios de las promesas divinas, y con ellos contin\u00faa la historia de la salvaci\u00f3n. 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