{"id":17274,"date":"2012-11-10T01:30:16","date_gmt":"2012-11-10T06:30:16","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=17274"},"modified":"2012-11-07T04:32:38","modified_gmt":"2012-11-07T09:32:38","slug":"memoria-de-caleruega","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2012\/11\/10\/memoria-de-caleruega\/","title":{"rendered":"Memoria de Caleruega"},"content":{"rendered":"<p>El idioma castellano toma su nombre de aquella amplia regi\u00f3n de Espa\u00f1a que va se\u00f1alada, en la geograf\u00eda y en el alma, por castillos y fortalezas. Y doy un ejemplo: de lo alto del Torre\u00f3n de los Guzmanes, en la antigua y noble Caleruega, se defend\u00eda, primero con los ojos y luego con las armas, el tesoro invisible pero precioso de la fe. Para eso estaban esas murallas, que pueden seguirse aqu\u00ed y all\u00e1  por la ribera del Duero: para descubrir desde la distancia al que viene sin ser invitado.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/dom-snj.pagesperso-orange.fr\/photcaler\/images\/El%20torreon%20de%20Caleruega.jpg\" align=\"right\" alt=\"Torre\u00f3n de los Guzmanes\" title=\"Torre\u00f3n de los Guzmanes\" \/>Pero hablar as\u00ed es demasiado eufemismo. El nombre que tiene esa amenaza no deja confusi\u00f3n para el cristiano de la Edad Media: los moros. Por temor a ellos, y para hacerles frente, los castellanos han levantado sus castillos. Bien entienden que la tierra que cultivan y habitan es cosa disputada. Saben de avances y retrocesos, batallas y emboscadas, combate y sangre; mucha sangre. Tradiciones a\u00fan m\u00e1s antiguas hablan del paso de El Cid. En largos atardeceres de verano los juglares recuerdan haza\u00f1as sobrehumanas que piden digna continuaci\u00f3n. Improvisados cantantes e instrumentos se juntan para celebrar a un tiempo la alegr\u00eda de ser libre, de ser cristiano y de ser victorioso. El ideal caballeresco se imprime as\u00ed con vivos colores en las mentes de los ni\u00f1os, y pareciera que los j\u00f3venes s\u00f3lo tienen un motivo real de queja: que les ha tocado en suerte una \u00e9poca donde hay muchos menos combates y por tanto, as\u00ed les parece, muchos menos h\u00e9roes y titanes.<\/p>\n<p>Mas aquellos campos conocen tambi\u00e9n otro tipo de batalla. La cosecha no es siempre buena, y el hambre no es visitante ajena, aunque nadie la quiera, por supuesto. Bien se nota que la vida no est\u00e1 amenazada s\u00f3lo por la lanza o la porra: adentro las entra\u00f1as se quejan del alimento escaso y duro; afuera la piel protesta por falta de abrigo. En vano se rebusca entre casta\u00f1os lo que hayan olvidado las aves y las fieras. \u00bfQu\u00e9 soluci\u00f3n habr\u00e1? \u00bfA qui\u00e9n acudir\u00e1 la madre aturdida de dolor por la triste cantinela de los cr\u00edos? \u00bfQu\u00e9 camino no ha oteado el labriego de manos forzadamente ociosas?<\/p>\n<p>Una fila de menesterosos se forma espont\u00e1nea cerca del mismo Torre\u00f3n que defiende la fe. All\u00ed donde se protegen las almas encontrar\u00e1n remedio tambi\u00e9n los cuerpos. A la puerta del Torre\u00f3n, sonriente y discreta, una buena se\u00f1ora reparte algo de sopa humeante y hogazas generosas de pan crujiente. Se llama Juana, la de Aza, y es sabido que viene de noble cuna, como que su padre fue tutor del muy famoso Alfonso X. Pero ella de nada presume. Su mente est\u00e1 en la tarea y su \u00fanico af\u00e1n es que tambi\u00e9n hoy se repita el prodigio que sabe hacer la caridad, y nadie se quede con hambre.<br \/>\n<!--more--><br \/>\nA poca distancia, el sencillo templo parroquial se va llenando con rostros que hablan de la necesidad reci\u00e9n saciada: son los que han terminado su raci\u00f3n y ya con nuevas fuerzas se apresuran a llenar la nave \u00fanica de aquella iglesia, fr\u00eda por la piedra pero c\u00e1lida por la abundancia de rostros conocidos y de ese trato afectuoso que hace de todos como una gran familia. Llegada la hora, que s\u00f3lo Dios sabr\u00e1 c\u00f3mo se cuenta, de la sacrist\u00eda aparece revestido el cura del lugar. Si el rostro parece conocido no es cosa de extra\u00f1arse: es don Antonio de Guzm\u00e1n, el hijo de F\u00e9lix y de Juana, la misma que, acabada la repartici\u00f3n de la tarde, apenas ha tenido tiempo de lavarse algo las manos y ponerse un rebozo, para no llegar tarde a la misa.<\/p>\n<p>No es maravilla que la gente tenga por santos a los dos. Ella alimenta el cuerpo; el cura, su hijo, da buen nutrimento al alma. Madre e hijo parecen competir en silencio, con amoroso ardor, a ver qui\u00e9n sirve mejor, pero sobre todo: qui\u00e9n sabe servir con mayor discreci\u00f3n. Ambos aprendieron tal modestia del alma del ya fallecido esposo y padre, F\u00e9lix, que dej\u00f3 recuerdo de hombre noble, no tanto por estirpe como por el trato y altura de su virtud.<\/p>\n<p>La gente escucha con gusto a Antonio, que aunque tiene buena voz y timbre, es m\u00e1s bien parco en su ense\u00f1anza. En su homil\u00eda les recuerda a todos que se acerca el tiempo de Navidad, y tomando como base alg\u00fan canto popular que habla de la hermosura de \u201cEl Bien Nacido,\u201d les anima a salir al encuentro de Cristo como los pastores en la primera Noche Buena. Sus palabras van desnudas de toda erudici\u00f3n, pues bien sabe que su gente gusta poco de novedades. Alguien podr\u00eda decir que es el mismo serm\u00f3n de hace un a\u00f1o. Esto no inquieta a Antonio, que para s\u00ed piensa que Dios, como sapient\u00edsimo soberano, a cada quien le da lo suyo, de modo que si Domingo ha recibido la gracia de predicar con elocuencia y extensi\u00f3n, bien estar\u00e1 que lo haga; lo suyo, lo del cura que se qued\u00f3 en el propio pueblo, es atender con amor al sencillo reba\u00f1o, de manera que ninguna oveja se extrav\u00ede por curiosidad o por la nefasta atracci\u00f3n de alg\u00fan vicio.<\/p>\n<p>Terminado el serm\u00f3n y la misa, y concluidos los inevitables avisos parroquiales, la gente va saliendo del templo, no con la presteza que es com\u00fan en nuestros d\u00edas sino s\u00f3lo poco a poco, como si todos quisieran asegurarse de haber saludado y de haberse despedido de todos. Ya en el sencillo atrio, no falta la carcajada ruidosa, ni las noticias de la comarca. Es casi la \u00fanica ocasi\u00f3n de saber algo m\u00e1s all\u00e1 del estrecho per\u00edmetro de la villa donde sus vidas transcurren a ritmo m\u00e1s que parsimonioso. Que parece avecinarse gran aguacero es cosa que merece la atenci\u00f3n de casi todos; y que uno de los cerdos de Mariano, el de la Colina del Recodo, se malogr\u00f3 en un pozo no es dato que importe poco.<\/p>\n<p>Al fin se van retirando perezosamente, como a desgano, en grupos que son cada vez m\u00e1s peque\u00f1os. Parten primero las familias, al ritmo de los rega\u00f1os de madres que se angustian demasiado por la inquietud de sus chiquillos. Van luego algunas se\u00f1oras viudas o hermanas que han quedado en obligada convivencia. Los \u00faltimos son algunos se\u00f1ores y tambi\u00e9n grupos menudos de j\u00f3venes que conversan en voz alta y se r\u00eden a mayor volumen a\u00fan, improvisando chistes y gracejos con mofa blanca de unos hacia otros. Al final s\u00f3lo queda Antonio, de pie junto a la entrada del templo, silencioso pero siempre afable, despidiendo con un gesto a cada grupo que se interna en la noche cerrada y fr\u00eda del invierno, que este a\u00f1o se anuncia duro.<\/p>\n<p>No est\u00e1 del todo solo, sin embargo. En la iglesia, ya casi totalmente oscura, todav\u00eda se ve la silueta robusta de Juana, que sigue de rodillas, como ausente del barullo exterior. Antonio sabe que ella est\u00e1 ah\u00ed, y tambi\u00e9n sabe qu\u00e9 est\u00e1 diciendo, a pesar de que no se escucha una sola palabra.<\/p>\n<p>Hay que cerrar la iglesia y hay que descansar pero Juana parece no inmutarse. El cura, de edad media y barba rala, toca con discreci\u00f3n el hombro de la madre. Ella, sin abrir siquiera los ojos, pregunta en voz alta:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfHas sabido algo?<\/p>\n<p>Es la d\u00e9cima vez que le hace esa pregunta en una semana. Ser\u00e1 la d\u00e9cima que Antonio repita lo \u00fanico que puede decir:<\/p>\n<p>\u2013Nada, madre. Confiemos en Dios.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfPor qu\u00e9 nadie sabe nada de \u00e9l? Por lo menos Man\u00e9s env\u00eda recados cada tantas semanas, \u00a1pero ese Domingo! \u00bfPor qu\u00e9 me trata as\u00ed?<\/p>\n<p>\u2013Madre, bien sabes cu\u00e1nto te quiere. Lo que sucede es que las distancias son inmensas. Lo \u00faltimo que supimos es que segu\u00eda en la regi\u00f3n de Carcasona.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfSabes lo que eso significa? El Arcipreste de Gumiel de Iz\u00e1n vino el otro d\u00eda, y me explic\u00f3 que la situaci\u00f3n con los herejes no era mejor sino mucho peor que todo lo que hubi\u00e9ramos conocido con los moros. \u00a1Eso fue lo que me dijo! \u00bfEs que Domingo no sabe cu\u00e1nto se est\u00e1 exponiendo? En tierra que se ha vuelto como de paganos, \u00bfqui\u00e9n habr\u00e1 que lo defienda?<\/p>\n<p>\u2013Eso no te lo discuto. Pero t\u00fa y yo lo conocemos: parece nacido para el combate, pero no de espadas sino de palabras y sermones. No es hombre de dejar el campo de batalla. Lo suyo no es decir: \u201cQue lo haga otro.\u201d<\/p>\n<p>Juana guarda silencio. Al resplandor del \u00faltimo candil de cera sucia los ojos y mejillas le brillan con perlas nuevas sin que sea evidente si es admiraci\u00f3n, dolor o alegr\u00eda. Y madre e hijo se quedan en silencio, como para que resalte m\u00e1s el silbido agudo y penetrante del viento que se cuela por mil rendijas. Al fin ella se levanta, y se envuelve m\u00e1s en la manta que hasta entonces le ha cubierto s\u00f3lo los hombros.<\/p>\n<p>\u2013Una pregunta, Antonio&#8230;<\/p>\n<p>\u2013Dime, madre.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfT\u00fa crees que Domingo vuelva a Caleruega, aunque s\u00f3lo fuera para quedarse un verano? \u00a1Necesitar\u00e1 descansar alguna vez! No puede pasarse la vida s\u00f3lo predicando y predicando. El Evangelio dice que Jes\u00fas busc\u00f3 reposo para sus disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>\u2013&#8230;Y tambi\u00e9n dice que no pudo encontrarlo.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1No seas cruel con tu madre! Dame esperanza de que ese hijo m\u00edo volver\u00e1 a estar un tiempo aqu\u00ed conmigo.<\/p>\n<p>\u2013No lo tomes t\u00fa a mal, madre m\u00eda, pero \u00bfno fuiste t\u00fa misma quien de ni\u00f1o le envi\u00f3 al t\u00edo Arcipreste tantos a\u00f1os atr\u00e1s? La vida de Domingo no ha sido otra. No ha conocido m\u00e1s vida que hablar con Dios o de Dios. Quiz\u00e1s Dios te ha dado un santo, y el sue\u00f1o ese que tuviste, del perrillo con la antorcha en la boca, tiene que cumplirse.<\/p>\n<p>\u2013Eso tambi\u00e9n es verdad. No me hagas caso, Antonio. Es que no puedo evitar que el pensamiento vuele, y se vaya al Norte, como al Norte vuelan las cig\u00fce\u00f1as en la primavera. \u00a1A veces casi las envidio! Pero bien est\u00e1 el que est\u00e1 con Dios, dec\u00eda mi padre, y es as\u00ed. T\u00fa s\u00f3lo prom\u00e9teme algo, hijo m\u00edo.<\/p>\n<p>\u2013Lo que quieras, si est\u00e1 en mi mano.<\/p>\n<p>\u2013Ya est\u00e1 bien con que Man\u00e9s y Domingo est\u00e9n tan lejos. Y si el Se\u00f1or quiere llevar a esos dos a fundar mil monasterios, que lo haga. \u00bfAcaso me voy a oponer al Rey de todos..?<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY entonces qu\u00e9 quieres que te prometa, madre?<\/p>\n<p>Juana se qued\u00f3 en silencio, mirando la noche oscura, como si pudiera adivinar unos ojos aviesos, que desde la distancia quisieran tentarla con algo. Entonces se traz\u00f3 la se\u00f1al de la Cruz y dijo:<\/p>\n<p>\u2013Olv\u00eddalo. Est\u00e1 todo dicho. Bien est\u00e1 el que est\u00e1 con Dios. Sigue tu camino, como han hecho tus hermanos menores. Y si es aqu\u00ed, me alegrar\u00e9. Y si no es aqu\u00ed, Dios sabr\u00e1 ayudarme para agradecer lo que disponga. \u00a1Hasta ma\u00f1ana, hijo, si Dios quiere!<\/p>\n<p>Antonio la vio hundirse en la noche. Caminaba despacio, como contando los pasos hasta la casa, que ya le quedaba y le parec\u00eda inmensa y fr\u00eda. Nadie vio las l\u00e1grimas que salpicaban en las piedras. Nadie supo la hora de su \u00faltimo aliento.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, el buen cura fue despertado muy temprano por clamores en la plaza: \u201c\u00a1Santa! \u00a1Santa! \u00a1Caleruega tiene una santa! \u00a1Albricias! \u00a1Aleluya! \u00a1Caleruega tiene una santa!\u201d<\/p>\n<p>[Primero publicado en <a href=\"http:\/\/infocatolica.com\/blog\/mundoescorinto.php\/1211061035-memoria-de-caleruega\" target=\"_blank\">Infocat\u00f3lica<\/a>.]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El idioma castellano toma su nombre de aquella amplia regi\u00f3n de Espa\u00f1a que va se\u00f1alada, en la geograf\u00eda y en el alma, por castillos y fortalezas. 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