{"id":16560,"date":"2012-09-14T01:18:11","date_gmt":"2012-09-14T06:18:11","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=16560"},"modified":"2013-01-10T17:08:07","modified_gmt":"2013-01-10T22:08:07","slug":"naturaleza-de-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2012\/09\/14\/naturaleza-de-la-paz\/","title":{"rendered":"Naturaleza de la paz"},"content":{"rendered":"<p>78. La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemon\u00eda desp\u00f3tica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una m\u00e1s perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien com\u00fan del g\u00e9nero humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, est\u00e1 cometido a continuos cambios; por eso la paz jam\u00e1s es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de s\u00ed mismo y vigilancia por parte de la autoridad leg\u00edtima.<\/p>\n<p>Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicaci\u00f3n espont\u00e1nea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme prop\u00f3sito de respetar a los dem\u00e1s hombres y pueblos, as\u00ed como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. As\u00ed, la paz es tambi\u00e9n fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.<\/p>\n<p>La paz sobre la tierra, nacida del amor al pr\u00f3jimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Pr\u00edncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del g\u00e9nero humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, despu\u00e9s del triunfo de su resurrecci\u00f3n, ha infundido el Esp\u00edritu de amor en el coraz\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>Por lo cual, se llama insistentemente la atenci\u00f3n de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (Eph 4,15), se unan con los hombres realmente pac\u00edficos para implorar y establecer la paz.<\/p>\n<p>Movidos por el mismo Esp\u00edritu, no podemos dejar de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, que, por otra parte, est\u00e1n al alcance incluso de los m\u00e1s d\u00e9biles, con tal que esto sea posible sin lesi\u00f3n de los derechos y obligaciones de otros o de la sociedad.<\/p>\n<p>En la medida en que el hombre es pecador, amenaza y amenazar\u00e1 el peligro de guerra hasta el retorno de Cristo; pero en la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden tambi\u00e9n reportar la victoria sobre la violencia hasta la realizaci\u00f3n de aquella palabra: De sus espadas forjar\u00e1n arados, y de sus lanzas hoces. Las naciones no levantar\u00e1n ya m\u00e1s la espada una contra otra y jam\u00e1s se llevar\u00e1 a cabo la guerra (Is 2,4).<\/p>\n<p>[Constituci\u00f3n <i>Gaudium et Spes<\/i>, del Concilio Vaticano II, n. 78]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>78. La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemon\u00eda desp\u00f3tica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). 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