{"id":1629,"date":"2006-03-26T00:55:44","date_gmt":"2006-03-26T05:55:44","guid":{"rendered":"663743677"},"modified":"2006-03-26T00:55:44","modified_gmt":"2006-03-26T00:55:44","slug":"juan_pablo_ii_como_salpicar_el_dia_con_l","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/03\/26\/juan_pablo_ii_como_salpicar_el_dia_con_l\/","title":{"rendered":"Juan Pablo II: C\u00f3mo salpicar el d\u00eda con la oraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>CIUDAD DEL VATICANO, 4 abr 2001 (ZENIT.org).- La recitaci\u00f3n de los salmos en diferentes momentos del d\u00eda constituye una pr\u00e1ctica privilegiada para que el cristiano bucee &#8220;en el oc\u00e9ano de vida y paz en el que ha sido sumergido con el Bautismo, es decir, en el misterio del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo&#8221;.<\/p>\n<p>Se trata de una costumbre, como explic\u00f3 Juan Pablo II en la audiencia general de este mi\u00e9rcoles, que descubrieron ya los primeros cristianos, ayudados por las oraciones propuestas por la ley de Mois\u00e9s.<\/p>\n<p>&#8220;Al cantar los salmos, el cristiano experimenta una especie de sinton\u00eda entre el Esp\u00edritu, presente en las Escrituras, y el Esp\u00edritu que habita en \u00e9l por la gracia bautismal. M\u00e1s que rezar con sus propias palabras, se hace eco de esos &#8220;gemidos inefables&#8221; de que habla San Pablo, con los que el Esp\u00edritu del Se\u00f1or lleva a los creyentes a unirse a la invocaci\u00f3n caracter\u00edstica de Jes\u00fas: &#8220;\u00a1Abb\u00e1, Padre&#8221;&#8221;, explic\u00f3.<\/p>\n<p>Ofrecemos a continuaci\u00f3n, el texto \u00edntegro del discurso que pronunci\u00f3 hoy el Papa en la plaza de San Pedro del Vaticano durante el encuentro con los peregrinos.<\/p>\n<p>1. Antes de emprender el comentario de los diferentes salmos y c\u00e1nticos de alabanza, hoy vamos a terminar la reflexi\u00f3n introductiva comenzada con la catequesis pasada. Y lo hacemos tomando pie de un aspecto muy apreciado por la tradici\u00f3n espiritual: al cantar los salmos, el cristiano experimenta una especie de sinton\u00eda entre el Esp\u00edritu, presente en las Escrituras, y el Esp\u00edritu que habita en \u00e9l por la gracia bautismal. M\u00e1s que rezar con sus propias palabras, se hace eco de esos &#8220;gemidos inefables&#8221; de que habla san Pablo (cf. Romanos 8, 26), con los que el Esp\u00edritu del Se\u00f1or lleva a los creyentes a unirse a la invocaci\u00f3n caracter\u00edstica de Jes\u00fas: &#8220;\u00a1Abb\u00e1, Padre!&#8221; (Romanos 8, 15; G\u00e1latas 4, 6).<\/p>\n<p>Los antiguos monjes estaban tan seguros de esta verdad, que no se preocupaban por cantar los salmos en su propio idioma materno, pues les era suficiente la conciencia de ser, en cierto sentido, &#8220;\u00f3rganos&#8221; del Esp\u00edritu Santo. Estaban convencidos de que su fe permit\u00eda liberar de los versos de los salmos una particular &#8220;energ\u00eda&#8221; del Esp\u00edritu Santo. La misma convicci\u00f3n se manifiesta en la caracter\u00edstica utilizaci\u00f3n de los salmos, llamada &#8220;oraci\u00f3n jaculatoria&#8221; que procede de la palabra latina &#8220;iaculum&#8221;, es decir &#8220;dardo&#8221; para indicar brev\u00edsimas expresiones de los salmos que pod\u00edan ser &#8220;lanzadas&#8221; como puntas encendidas, por ejemplo, contra las tentaciones. Juan Casiano, un escritor que vivi\u00f3 entre los siglos IV y V, recuerda que algunos monjes descubrieron la extraordinaria eficacia del brev\u00edsimo &#8220;incipit&#8221; del salmo 69: &#8220;Dios m\u00edo, ven en mi auxilio; Se\u00f1or, date prisa en socorrerme&#8221;, que desde entonces se convirti\u00f3 en el portal de entrada de la &#8220;Liturgia de las Horas&#8221; (cf. Conlationes, 10,10: CPL 512,298 s.s.).<\/p>\n<p>2. Junto a la presencia del Esp\u00edritu Santo, otra dimensi\u00f3n importante es la de la acci\u00f3n sacerdotal que Cristo desempe\u00f1a en esta oraci\u00f3n, asociando consigo a la Iglesia, su esposa. En este sentido, refiri\u00e9ndose precisamente a la &#8220;Liturgia de las Horas&#8221;, el Concilio Vaticano II ense\u00f1a: &#8220;El Sumo Sacerdote de la nueva y eterna Alianza, Cristo Jes\u00fas, [\u2026] une a s\u00ed la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza. Porque esta funci\u00f3n sacerdotal se prolonga a trav\u00e9s de su Iglesia, que, sin cesar, alaba al Se\u00f1or e intercede por la salvaci\u00f3n de todo el mundo no s\u00f3lo celebrando la Eucarist\u00eda, sino tambi\u00e9n de otras maneras, principalmente recitando el Oficio divino&#8221;(Sacrosanctum Concilium,83).<\/p>\n<p>De modo que la &#8220;Liturgia de las Horas&#8221; tiene tambi\u00e9n el car\u00e1cter de oraci\u00f3n p\u00fablica, en la que la Iglesia est\u00e1 particularmente involucrada. Es iluminador entonces redescubrir c\u00f3mo la Iglesia ha definido progresivamente este compromiso espec\u00edfico de oraci\u00f3n salpicada a trav\u00e9s de las diferentes fases del d\u00eda. Es necesario para ello remontarse a los primeros tiempos de la comunidad apost\u00f3lica, cuando todav\u00eda estaba en vigor una relaci\u00f3n cercana entre la oraci\u00f3n cristiana y las as\u00ed llamadas &#8220;oraciones legales&#8221; es decir, prescritas por la Ley de Mois\u00e9s, que ten\u00edan lugar a determinadas horas del d\u00eda en el Templo de Jerusal\u00e9n. Por el libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles sabemos que los ap\u00f3stoles &#8220;acud\u00edan al Templo todos los d\u00edas con perseverancia y con un mismo esp\u00edritu&#8221;(2, 46), y que &#8220;sub\u00edan al Templo para la oraci\u00f3n de la hora nona&#8221; (3,1). Por otra parte, sabemos tambi\u00e9n que las &#8220;oraciones legales&#8221; por excelencia eran precisamente las de la ma\u00f1ana y la noche.<\/p>\n<p>3. Con el pasar del tiempo, los disc\u00edpulos de Jes\u00fas encontraron algunos salmos particularmente apropiados para determinados momentos de la jornada, de la semana o del a\u00f1o, percibiendo en ellos un sentido profundo relacionado con el misterio cristiano. Un autorizado testigo de este proceso es san Cipriano, quien a la mitad del siglo III escribe: &#8220;Es necesario rezar al inicio del d\u00eda para celebrar en la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. Esto corresponde con lo que indicaba el Esp\u00edritu Santo en los salmos con las palabras: &#8220;Atiende a la voz de mi clamor, oh mi Rey y mi Dios. Porque a ti te suplico. Se\u00f1or, ya de ma\u00f1ana oyes mi voz; de ma\u00f1ana te presento mi s\u00faplica, y me quedo a la espera&#8221; (Salmo 5, 3-4). [\u2026] Despu\u00e9s, cuando el sol se pone al acabar del d\u00eda, es necesario ponerse de nuevo a rezar. De hecho, dado que Cristo es el verdadero sol y el verdadero d\u00eda, al pedir con la oraci\u00f3n que volvamos a ser iluminados en el momento en el que terminan el sol y el d\u00eda del mundo, invocamos a Cristo para que regrese a traernos la gracia de la luz eterna&#8221; (De oratione dominica, 35: PL 39,655).<\/p>\n<p>4. La tradici\u00f3n cristiana no se limit\u00f3 a perpetuar la jud\u00eda, sino que trajo algunas innovaciones que caracterizaron la experiencia de oraci\u00f3n vivida por los disc\u00edpulos de Jes\u00fas. Adem\u00e1s de recitar en la ma\u00f1ana y en la tarde el Padrenuestro, los cristianos escogieron con libertad los salmos para celebrar su oraci\u00f3n cotidiana. A trav\u00e9s de la historia, este proceso sugiri\u00f3 utilizar determinados salmos para algunos momentos de fe particularmente significativos. Entre ellos, en primer lugar se encontraba la &#8220;oraci\u00f3n de la vigilia&#8221;, que preparaba para el D\u00eda del Se\u00f1or, el domingo, en el que se celebraba la Pascua de Resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Algo t\u00edpicamente cristiano fue despu\u00e9s el a\u00f1adir al final de todo salmo e himno la doxolog\u00eda trinitaria,&#8221;Gloria al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo&#8221;. De este modo, todo salmo e himno fue iluminado por la plenitud de Dios.<\/p>\n<p>5. La oraci\u00f3n cristiana nace, se nutre y desarrolla en torno al acontecimiento por excelencia de la fe, el Misterio pascual de Cristo. As\u00ed, por la ma\u00f1ana y en la noche, al amanecer y al atardecer, se recordaba la Pascua, el paso del Se\u00f1or de la muerte a la vida. El s\u00edmbolo de Cristo &#8220;luz del mundo&#8221; es representado por la l\u00e1mpara durante la oraci\u00f3n de las V\u00edsperas, llamada tambi\u00e9n por este motivo &#8220;lucernario&#8221;. Las &#8220;horas del d\u00eda&#8221; recuerdan, a su vez, la narraci\u00f3n de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or, y la &#8220;hora tercia&#8221; la venida del Esp\u00edritu Santo en Pentecost\u00e9s. La &#8220;oraci\u00f3n de la noche&#8221;, por \u00faltimo, tiene un car\u00e1cter escatol\u00f3gico, pues evoca la recomendaci\u00f3n hecha por Jes\u00fas en espera de su regreso (cf. Marcos 13, 35-37).<\/p>\n<p>Al ritmar de este modo su oraci\u00f3n, los cristianos respondieron al mandato del Se\u00f1or de &#8220;rezar sin cesar&#8221; (cf. Lucas 18,1; 21,36; 1 Tesalonicenses 5, 17; Efesios 6, 18), sin olvidar que toda la vida tiene que convertirse en cierto sentido en oraci\u00f3n. En este sentido, Or\u00edgenes escribe: &#8220;Reza sin pausa quien une la oraci\u00f3n con las obras y las obras con la oraci\u00f3n&#8221; (Sobre la oraci\u00f3n, XII,2: PG 11,452C). <\/p>\n<p>Este horizonte, en su conjunto, constituye el h\u00e1bitat natural de la recitaci\u00f3n de los Salmos. Si son sentidos y vividos de este modo, la &#8220;doxolog\u00eda trinitaria&#8221; que corona todo salmo se convierte, para cada creyente en Cristo, en un volver a bucear, siguiendo la ola del esp\u00edritu y en comuni\u00f3n con todo el pueblo de Dios, en el oc\u00e9ano de vida y paz en el que ha sido sumergido con el Bautismo, es decir, en el misterio del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CIUDAD DEL VATICANO, 4 abr 2001 (ZENIT.org).- La recitaci\u00f3n de los salmos en diferentes momentos del d\u00eda constituye una pr\u00e1ctica privilegiada para que el cristiano bucee &#8220;en el oc\u00e9ano de vida y paz en el que ha sido sumergido con el Bautismo, es decir, en el misterio del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo&#8221;. &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/03\/26\/juan_pablo_ii_como_salpicar_el_dia_con_l\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;Juan Pablo II: C\u00f3mo salpicar el d\u00eda con la oraci\u00f3n&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-1629","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-apuntes-teologicos"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1629","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1629"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1629\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1629"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1629"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1629"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}