{"id":1555,"date":"2006-04-12T01:57:01","date_gmt":"2006-04-12T06:57:01","guid":{"rendered":"1001360670"},"modified":"2006-02-28T08:57:32","modified_gmt":"2006-02-28T08:57:32","slug":"12_ejercicios_de_eternidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/04\/12\/12_ejercicios_de_eternidad\/","title":{"rendered":"12. Ejercicios De Eternidad"},"content":{"rendered":"<p>12.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>12.2. T\u00fa has querido dar un t\u00edtulo a mis palabras; les has llamado un &#8220;diario&#8221;. T\u00fa tienes muchos d\u00edas; yo s\u00f3lo tengo uno. Tus d\u00edas comienzan, transcurren y mueren, como t\u00fa mismo. Mi D\u00eda no empieza, no cambia y no conoce final. Escribiendo un poco cada d\u00eda construyes un h\u00e1bito. F\u00edjate que el h\u00e1bito es superior a cada d\u00eda, aunque sucede en cada d\u00eda. Adquirir h\u00e1bitos es vencer a la sucesi\u00f3n de los tiempos. Aquello que permanece se aproxima en su duraci\u00f3n a lo que es eterno. &#8220;Se aproxima&#8221; no quiere decir que llegue a estar realmente cercano, sino que se hace menos lejano.<\/p>\n<p>12.3. Lo que quiero decirte es que la duraci\u00f3n es un ejercicio de eternidad, y por tanto, que cuanto m\u00e1s estables sean tus buenos h\u00e1bitos y costumbres, mejor dispuesto te encontrar\u00e1s para aceptar la eternidad de tu destino y prepararte para ella.<br \/>\n<!--more--><\/p>\n<p>12.4. Hay otro ejercicio de eternidad: la memoria. Mira c\u00f3mo es de dif\u00edcil para los ni\u00f1os y para muchos j\u00f3venes hacerse una idea de lo que significa la eternidad despu\u00e9s de la muerte. Tienen poco que recordar y todo en ellos habla de futuro, es decir, de m\u00e1s tiempo en la tierra. El anciano, en cambio, ha visto el final de muchos de sus sue\u00f1os, ha despedido a muchos de sus amigos, ha tenido que desdecirse y corregirse muchas veces; las l\u00e1grimas han hecho surcos en sus mejillas y sus ojos cansados se hunden en el horizonte, como aguardando el d\u00eda definitivo. La vejez, si es aceptada en Dios y con amor, trae como bendici\u00f3n propia una anticipaci\u00f3n de la eternidad a trav\u00e9s de la memoria. No es el fardo de datos en s\u00ed mismo, sino la secuencia l\u00f3gica y la preciosa ense\u00f1anza la que logra este efecto. Llamo &#8220;secuencia l\u00f3gica&#8221; a eso que descubren vuestras almas cuando meditan en alg\u00fan evento, peque\u00f1o o grande, y de pronto, con una luz que Dios sabe dar, perciben que aun las cosas m\u00e1s insignificantes ten\u00edan un lugar y un sentido en el conjunto de lo sucedido. Existe un placer l\u00edcito en ese descubrimiento que hace al alma no erudita, sino sabia. Esta sabidur\u00eda hace la obra del destilador cuando llega a la m\u00e9dula del conocimiento, o como antes la llam\u00e9, la &#8220;preciosa ense\u00f1anza&#8221;.<\/p>\n<p>12.5. Un efecto semejante se logra a trav\u00e9s de la lectura, aunque es cierto que no toda lectura es buena para el alma. Ninguna lectura tan saludable como la Sagrada Biblia. Es Ella el espejo maravilloso que te muestra todo el escenario de la Historia, a trav\u00e9s del prisma del coraz\u00f3n del hombre. Especialmente la vida de Jesucristo, y particularmente su Bendita Pasi\u00f3n, es un manantial inagotable que lava el alma y le permite empaparse en los designios eternos de Dios.<\/p>\n<p>12.6. Despu\u00e9s de la Sagrada Escritura, tienes tambi\u00e9n las vidas de aquellos que en Cristo y por Cristo lo perdieron todo y lo ganaron todo. Esas hermosas historias de los m\u00e1rtires y de los dem\u00e1s santos hacen sabio el coraz\u00f3n y lo atan suavemente a su destino propio, es decir, a la eternidad. Hay incluso luces de este g\u00e9nero en la Historia humana misma, de la que se ha dicho que es Maestra de la vida. Una juiciosa meditaci\u00f3n sobre los imperios y naciones, sobre las estirpes y reinos, sobre las empresas y proyectos de los hombres conduce a menudo a una valoraci\u00f3n m\u00e1s alta de lo que permanece y un sano menosprecio de lo fugaz y transitorio.<\/p>\n<p>12.7. Otra pr\u00e1ctica provechoso para que conozcas y ames tu destino eterno es el ejercicio de la paciencia. Con ella te vences a ti mismo, cosa que es buena para tu voluntad, pero sobre todo con ella preparas tu entendimiento hacia un desenlace que al principio no ve\u00edas o no aceptabas de coraz\u00f3n. Muchas veces, cuando se elogia la virtud de la paciencia, se enfatiza su valor para adquirir fortaleza, humildad y perseverancia, y eso es cierto y es bueno; pero no es menos cierto que la genuina paciencia es como una escuela que trae muy abundante luz a la inteligencia. Es esto lo que he querido subrayarte en esta ocasi\u00f3n, porque es el entendimiento quien abre la puerta de la bienaventuranza por la contemplaci\u00f3n de la Verdad Primera. Aprende, pues, no s\u00f3lo a resignarte, no s\u00f3lo a aguantar; aprende a padecer de modo tal que tu entendimiento no se quede en ayunas cuando tu voluntad est\u00e1 siendo alimentada en la fortaleza.<\/p>\n<p>12.8. De modo semejante te digo que para amar y predicar la eternidad te hace bien la amistad con nosotros los \u00c1ngeles. La firmeza que hemos recibido de Dios, a quien servimos en perpetua adoraci\u00f3n y obediencia, es como un testimonio continuo de la gloria que os est\u00e1 reservada, cosa que hace brotar en vosotros la virtud hermosa de la esperanza. F\u00edjate que cada acto de esperanza os lleva m\u00e1s all\u00e1 del presente y por lo tanto os lanza m\u00e1s y m\u00e1s hacia la eternidad divina.<\/p>\n<p>12.9. Por eso son tan provechosos los actos de adoraci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 puede pensar un cristiano postrado con humildad ante su Dios, y elevado en alas del amor hasta casi escuchar los himnos celestes, sino que la eternidad se abre ante \u00e9l? Esos momentos silenciosos de arrobamiento, en los que m\u00e1s de una vez Dios sustrae al alma de la percepci\u00f3n del tiempo son el anticipo m\u00e1s elocuente que ten\u00e9is de la bienaventuranza que os espera.<\/p>\n<p>12.10. Deja que te invite a la alegr\u00eda. Dios te ama; su amor es eterno.<\/p>\n<p><em>12.11. Por la tarde he escuchado estas palabras:<\/em><\/p>\n<p>12.12. Cuando el dolor te oprime, cuando la tentaci\u00f3n avanza desafiante por las estancias de tu alma, cuando la aridez del desierto de abruma en desconcierto, haces bien en llamar a Dios. Oigo tu voz que clama: &#8220;\u00a1Se\u00f1or, ay\u00fadame!&#8221;, y me uno a tu ruego. S\u00f3lo quiero decirte que ser\u00eda mejor que dijeras &#8220;\u00a1Se\u00f1or, s\u00edgueme ayudando!&#8221;, porque con estas palabras le recuerdas discretamente a tu alma que Dios nunca te ha abandonado sino que m\u00e1s bien ha tejido una historia de amor y providencia contigo. No lo olvides.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>12.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. 12.2. T\u00fa has querido dar un t\u00edtulo a mis palabras; les has llamado un &#8220;diario&#8221;. T\u00fa tienes muchos d\u00edas; yo s\u00f3lo tengo uno. Tus d\u00edas comienzan, transcurren y mueren, como t\u00fa mismo. Mi D\u00eda no empieza, no cambia y no conoce final. &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/04\/12\/12_ejercicios_de_eternidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;12. 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