{"id":134,"date":"2005-04-23T12:56:00","date_gmt":"2005-04-23T17:56:00","guid":{"rendered":"1947067405"},"modified":"2005-08-17T08:53:22","modified_gmt":"2005-08-17T08:53:22","slug":"601","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/04\/23\/601\/","title":{"rendered":"Juan en Ald\u00fan (1 de 20)"},"content":{"rendered":"<p>1. Una Isla en Tierra<\/p>\n<p>Hace muchos a\u00f1os hubo una regi\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de los Balcanes, tan notoriamente distante de los cruces de caminos, que vino a quedar aislada de los distintos reinos cristianos y musulmanes que se han disputado por siglos toda esa zona. Esta regi\u00f3n, castigada y a la vez protegida por su aislamiento, vino a caer en una especie de olvido de los grandes centros de poder. Sus habitantes, que al paso de los a\u00f1os perd\u00edan m\u00e1s contacto con el mundo exterior, tomaron el camino f\u00e1cil de buscar su propio abastecimiento y vinieron a convertirse en un caso \u00fanico de lo que podr\u00edamos llamar una &#8220;isla en tierra.&#8221;<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Y como los nombres sirven sobre todo para que los dem\u00e1s los pronuncien, esta regi\u00f3n perdi\u00f3 su nombre porque nadie la nombraba. Sus habitantes poca atenci\u00f3n le dieron a este fen\u00f3meno ling\u00fc\u00edstico \u00fanico y sencillamente continuaron su existencia, simple y rutinaria, sin preocuparse de c\u00f3mo se les hab\u00eda llamado alguna vez. De hecho, nadie lo sabe hasta la fecha, de modo que tendremos que inventar un nombre para esa isla en tierra. Llam\u00e9mosla, por ejemplo, Ald\u00fan; y digamos que sus habitantes eran los aldunenses. <\/p>\n<p>Uno de los hechos que favoreci\u00f3 el aislamiento de Ald\u00fan es que no ten\u00eda grandes poblados. Se sabe bien que all\u00ed donde florecen los pueblos y burgos florece tambi\u00e9n el comercio, y con el comercio el deseo de satisfacer todas las necesidades y crear otras nuevas. Ald\u00fan fue condenada o bendecida con el hecho de no tener sino modestas, muy modestas villas, llamadas de un modo elementar\u00edsimo: La Grande, La Peque\u00f1a, La Segunda, La Peregrina, y as\u00ed sucesivamente. La m\u00e1s famosa era la Peregrina, as\u00ed llamada porque los de aquella villa hab\u00edan cambiado ya cinco veces de lugar, aunque siempre queriendo mantenerse a la orilla del r\u00edo. Como el r\u00edo cambiaba su cauce y algunas veces parec\u00eda secarse y otras se desbordaba, los de la Peregrina hac\u00edan honor a su nombre movi\u00e9ndose de uno a otro lado.<\/p>\n<p>La historia nuestra, sin embargo, no se refiere a esa villa, sino a otra, que daba con el pie de monte. Algunos dicen que se llam\u00f3 en una \u00e9poca La Empinada pero sobre esto no hay noticia cierta, y si les cuentas esa historia a los habitantes de aquella remota villa, nada lograr\u00edas de ellos distinto de una sonrisa que uno no sabe si es burla, aprobaci\u00f3n o escepticismo. Es m\u00e1s sensato decir que as\u00ed como Ald\u00fan perdi\u00f3 su nombre y hubo que inventarle uno, esta villa perdi\u00f3 su nombre en Ald\u00fan y ahora tenemos que inventarle uno. Yo pido que se llame la Villa de la Esperanza, en raz\u00f3n de la historia que sigue.<\/p>\n<p>La Villa de la Esperanza se caracteriz\u00f3 siempre por el ganado caprino. Las cabras fueron el medio de subsistencia, la ocupaci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan y el rasgo m\u00e1s propio de esta villa. Si en aquella \u00e9poca y regi\u00f3n se hubieran usado los escudos de armas, a no dudarlo los de La Esperanza habr\u00edan tenido alguna cabra en su escudo.<\/p>\n<p>Sin embargo, una misma forma de trabajo no garantiza que hubiera igualdad de recursos para todos. De hecho, hab\u00eda en esta Villa gente rica y gente pobre. Como de costumbre, los m\u00e1s olvidados eran los pobres. Mientras que los ricos hac\u00edan valer sus tierras lo mismo que sus nombres, los pobres iban quedando relegados a ser llamados por se\u00f1as y mandados a gritos. As\u00ed empez\u00f3 a suceder que hab\u00eda familias que se quedaban sin apellido, porque a nadie le interesaba c\u00f3mo se llamaban. Al cabo del tiempo hubo un caso pat\u00e9tico de una familia en que nadie ten\u00eda nombre ni apellido, porque casi nadie les hablaba y ellos cuando hablaban entre s\u00ed se hac\u00edan entender con simples pronombres: &#8220;Yo creo que t\u00fa piensas que \u00e9l hizo&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Esta familia sin nombre no debe seguir sin nombre en nuestro relato, as\u00ed que es preciso que le inventemos uno. Vamos a decir que eran los Kunev.<\/p>\n<p>Ahora bien, las cosas no eran tan sencillas entre los Kunev, que viv\u00edan al modo rural antiguo, vale aclarar: abuelos, pap\u00e1s, hijos y nietos, todos juntos. Y suele suceder en las familias que hay siempre algunos que destacan por su belleza, fuerza, inteligencia o liderazgo, mientras que otros van quedando rezagados, como en la penumbra de lo com\u00fan, lo obvio, lo que no llama la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como sucedi\u00f3 que uno de los muchachos, uno de los que no ten\u00eda ni siquiera un nombre, se fue aislando del resto de los Kunev, y de la Villa de la Esperanza, y del resto de Ald\u00fan. Sin que pudi\u00e9ramos llamarlo una persona amargada, s\u00ed debemos ver en \u00e9l a un solitario que cada vez pasaba m\u00e1s tiempo fuera de casa, perdido en el monte, buscando el nacimiento de los arroyos y de las fuentes. Y como nadie le prestaba mayor cuidado ni parec\u00eda sobresalir en nada, y como no hab\u00eda un nombre para echarlo de menos, todo se dio para que este muchacho se hiciera ermita\u00f1o. Una noche era ya muy tarde cuando se vio en lo m\u00e1s hondo del bosque y decidi\u00f3 que no val\u00eda la pena batallar contra la oscuridad y por eso organiz\u00f3 un sencillo cobertizo; aprovech\u00f3 que era verano y se qued\u00f3 sin nombre en aquel lugar sin nombre.<\/p>\n<p>Pero nosotros tendremos que inventar esos dos nombres. Diremos que este ermita\u00f1o olvidado se llamaba Juan y que aquella parte del bosque era Halgay.<\/p>\n<p>Juan no pensaba ser ermita\u00f1o sino s\u00f3lo disfrutar del bosque y la monta\u00f1a, del r\u00edo y del amanecer. Y bueno, hay otro factor que puede parecer superficial pero que tuvo su peso. Juan estaba cansado de los reba\u00f1os de cabras por su olor caracter\u00edstico. Si alguien le hubiera preguntado, \u00e9l hubiera preferido mil veces cultivar la tierra. Juan era un jardinero nato, un hombre dotado de una capacidad inmensa de admiraci\u00f3n y una manera de ser simple y apacible. Olvidado de todos, en Halgay \u00e9l se dispuso con alegr\u00eda casi infantil a organizar una sencilla caba\u00f1a sin olvidar un lugar donde acumular la le\u00f1a para el duro invierno. Uno dir\u00eda que este Juan era como un Ad\u00e1n en su peque\u00f1o para\u00edso.<\/p>\n<p>Juan deb\u00eda de tener unos 30 o 35 a\u00f1os en aquel tiempo y nada se supo de \u00e9l en la Villa de la Esperanza ni en el resto de Ald\u00fan. La familia, por supuesto, lo ech\u00f3 de menos y ello sirvi\u00f3 para que descubrieran que no sab\u00edan qui\u00e9n les hac\u00eda falta porque no sab\u00edan c\u00f3mo llamarle. Esto produjo sentimientos de verg\u00fcenza que en realidad fueron saludables porque entre los Kunev cada uno recuper\u00f3 su nombre. Y el arrepentimiento de ellos fue un poco m\u00e1s all\u00e1 porque al darse cuenta que no pod\u00edan preguntar a las otras familias por el hijo desaparecido descubrieron que tampoco ten\u00edan un nombre como familia, y as\u00ed recuperaron su apellido. El hecho es que la desaparici\u00f3n de Juan hizo que surgiera todo un movimiento de identidad cultural que dio origen a ese nombre que recibi\u00f3 toda la villa, La Esperanza.<\/p>\n<p>Por otra parte, la b\u00fasqueda del ermita\u00f1o (que nadie sab\u00eda que era ermita\u00f1o) hizo que la gente se movilizara, saliera de su casa y recorriera el bosque, la monta\u00f1a, el r\u00edo. Vieron que estaban rodeados de belleza y de riqueza. Descubrieron que adem\u00e1s de las cabras hab\u00eda otros animales y plantas, y montones de cosas hermosas e interesantes por hacer. Fue esa la \u00e9poca en que algunas familias tomaron costumbre de ir a pasear y comer a la orilla del r\u00edo apenas llegaba la primavera. Los aldunenses m\u00e1s j\u00f3venes fueron incluso m\u00e1s all\u00e1, y empezaron a organizar verdaderas expediciones que un d\u00eda condujeron a un resultado impredecible: encontraron el camino a Macedonia. Pero m\u00e1s que Macedonia misma, lo nuevo aqu\u00ed fue descubrir que hab\u00eda un mundo y que no ten\u00edan que seguir siendo una isla en tierra. Fue as\u00ed como Juan, puesto en medio de la nada y del olvido, vino a traer identidad y memoria a su propio pueblo.<\/p>\n<p>[<em>Este cap\u00edtulo hab\u00eda sido publicado ya hace unos d\u00edas pero he preferido volverlo a poner aqu\u00ed para continuidad y facilidad de acceso.<\/em>]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Una Isla en Tierra Hace muchos a\u00f1os hubo una regi\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de los Balcanes, tan notoriamente distante de los cruces de caminos, que vino a quedar aislada de los distintos reinos cristianos y musulmanes que se han disputado por siglos toda esa zona. 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