{"id":13313,"date":"2012-01-20T01:56:48","date_gmt":"2012-01-20T06:56:48","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=13313"},"modified":"2013-01-10T17:10:28","modified_gmt":"2013-01-10T22:10:28","slug":"fecundidad-del-matrimonio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2012\/01\/20\/fecundidad-del-matrimonio\/","title":{"rendered":"Fecundidad del matrimonio"},"content":{"rendered":"<p>50. El matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados por su propia naturaleza a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole. Los hijos son, sin duda, el don m\u00e1s excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres. El mismo Dios, que dijo: &#8220;No es bueno que el hombre est\u00e9 solo&#8221; (Gen 2,18), y que &#8220;desde el principio &#8230; hizo al hombre var\u00f3n y mujer&#8221; (Mt 19,4), queriendo comunicarle una participaci\u00f3n especial en su propia obra creadora, bendijo al var\u00f3n y a la mujer diciendo: &#8220;Creced y multiplicaos&#8221; (Gen 1,28). De aqu\u00ed que el cultivo aut\u00e9ntico del amor conyugal y toda la estructura de la vida familiar que de \u00e9l deriva, sin dejar de lado los dem\u00e1s fines del matrimonio, tienden a capacitar a los esposos para cooperar con fortaleza de esp\u00edritu con el amor del Creador y del Salvador, quien por medio de ellos aumenta y enriquece diariamente a su propia familia.<\/p>\n<p>En el deber de transmitir la vida humana y de educarla, lo cual hay que considerar como su propia misi\u00f3n, los c\u00f3nyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creador y como sus int\u00e9rpretes. Por eso, con responsabilidad humana y cristiana cumplir\u00e1n su misi\u00f3n y con d\u00f3cil reverencia hacia Dios se esforzar\u00e1n ambos, de com\u00fan acuerdo y com\u00fan esfuerzo, por formarse un juicio recto, atendiendo tanto a su propio bien personal como al bien de los hijos, ya nacidos o todav\u00eda por venir, discerniendo las circunstancias de los tiempos y del estado de vida tanto materiales como espirituales, y, finalmente, teniendo en cuanta el bien de la comunidad familiar, de la sociedad temporal y de la propia Iglesia. Este juicio, en \u00faltimo t\u00e9rmino, deben formarlo ante Dios los esposos personalmente. En su modo de obrar, los esposos cristianos sean conscientes de que no pueden proceder a su antojo, sino que siempre deben regirse por la conciencia, lo cual ha de ajustarse a la ley divina misma, d\u00f3ciles al Magisterio de la Iglesia, que interpreta aut\u00e9nticamente esta ley a la luz del Evangelio. Dicha ley divina muestra el pleno sentido del amor conyugal, lo protege e impulsa a la perfecci\u00f3n genuinamente humana del mismo. As\u00ed, los esposos cristianos, confiados en la divina Providencia cultivando el esp\u00edritu de sacrificio, glorifican al Creador y tienden a la perfecci\u00f3n en Cristo cuando con generosa, humana y cristiana responsabilidad cumplen su misi\u00f3n procreadora. Entre los c\u00f3nyuges que cumplen de este modo la misi\u00f3n que Dios les ha confiado, son dignos de menci\u00f3n muy especial los que de com\u00fan acuerdo, bien ponderado, aceptan con magnanimidad una prole m\u00e1s numerosa para educarla dignamente.<\/p>\n<p>Pero el matrimonio no ha sido instituido solamente para la procreaci\u00f3n, sino que la propia naturaleza del v\u00ednculo indisoluble entre las personas y el bien de la prole requieren que tambi\u00e9n el amor mutuo de los esposos mismos se manifieste, progrese y vaya madurando ordenadamente. Por eso, aunque la descendencia, tan deseada muchas veces, falte, sigue en pie el matrimonio como intimidad y comuni\u00f3n total de la vida y conserva su valor e indisolubilidad.<\/p>\n<p>[Constituci\u00f3n <i>Gaudium et Spes<\/i>, del Concilio Vaticano II, n. 50]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>50. El matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados por su propia naturaleza a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole. Los hijos son, sin duda, el don m\u00e1s excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres. El mismo Dios, que dijo: &#8220;No es bueno que el hombre est\u00e9 solo&#8221; (Gen &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2012\/01\/20\/fecundidad-del-matrimonio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;Fecundidad del matrimonio&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[716,759,50],"tags":[],"class_list":["post-13313","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-biblioteca-conciliar","category-gaudium-et-spes","category-mujer-familia"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13313","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13313"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13313\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18740,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13313\/revisions\/18740"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13313"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13313"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13313"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}