{"id":1323,"date":"2005-12-14T01:55:23","date_gmt":"2005-12-14T06:55:23","guid":{"rendered":"787845938"},"modified":"2005-12-09T03:42:28","modified_gmt":"2005-12-09T03:42:28","slug":"el_concilio_vaticano_ii_cuarenta_anos_de_10","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/12\/14\/el_concilio_vaticano_ii_cuarenta_anos_de_10\/","title":{"rendered":"El Concilio Vaticano II, cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s (10)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Nuevas perspectivas<\/strong><\/p>\n<p><p>Sin embargo de lo dicho, sigue como especie de deuda pendiente el reto de la ense\u00f1anza moral de la Iglesia. Las grandezas y riquezas del Concilio seguir\u00e1n de alg\u00fan modo sepultadas mientras no se aclare la cuesti\u00f3n hermen\u00e9utica, es decir, c\u00f3mo hemos de entender &#8220;lo humano&#8221;: con qu\u00e9 racionalidad y en qu\u00e9 t\u00e9rminos de lenguaje. Esa cuesti\u00f3n es alimentada y alimenta a su vez al problema moral por excelencia, seg\u00fan Kant: \u00bfqu\u00e9 debo hacer?<\/p>\n<p><p>La pregunta moral es completamente humana, por una parte; y es de absoluto inter\u00e9s para los cristianos, por la otra. Como vimos en el caso de Juan Pablo II, una teor\u00eda demasiado completa y razonada de la propuesta moral cristiana puede introducirnos en el mismo callej\u00f3n sin salida de la frase aquella: &#8220;vamos a explicar a todos qu\u00e9 es la Iglesia&#8230;&#8221;<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Pero, desde luego, tampoco es viable descartar a la raz\u00f3n y pretender apoyarse en una fe anti-racional o en una autoridad revestida s\u00f3lo del ropaje de la fe o la sacralidad. Si alguna vez ese pudo ser el camino para ganar ascendiente entre el pueblo sencillo, ni hoy ni en el futuro volver\u00e1 a serlo.<\/p>\n<p><p>Por supuesto, tampoco es soluci\u00f3n empezar a negociar la calidad de la ense\u00f1aza moral nuestra, ni decidir por presiones de mayor\u00eda qu\u00e9 es lo bueno y qu\u00e9 es lo malo, ni tampoco entrar en una tolerancia f\u00e1cil que quisiera hacerse pasar por misericordia o &#8220;humanidad.&#8221;<\/p>\n<p><p>Creo que como Iglesia no tenemos una respuesta completa sobre esta delicada materia, que de alg\u00fan modo condiciona y condicionar\u00e1 la aplicaci\u00f3n del Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p><p>Hay pasos, sin embargo, que creo que van en la direcci\u00f3n correcta, y uno de ellos es recuperar los nexos que unen ley y libertad; libertad y verdad; felicidad y ley (o deber); y finalmente, deber presente y esperanza futura. Todo ello requiere una conexi\u00f3n \u00edntima y renovada con la Escritura, la liturgia, la predicaci\u00f3n de los Padres y la vida concreta de comunidades concretas tambi\u00e9n. Un texto inspirado e inspirador podr\u00eda ser aquello de Benedcito XVI:<\/p>\n<p>\n<blockquote><p>El don de la ley en el Sina\u00ed no fue una restricci\u00f3n o una abolici\u00f3n de la libertad, sino el fundamento de la verdadera libertad. Y, dado que un justo ordenamiento humano s\u00f3lo puede mantenerse si proviene de Dios y si une a los hombres en la perspectiva de Dios, a una organizaci\u00f3n ordenada de las libertades humanas no pueden faltarle los mandamientos que Dios mismo da. (Homil\u00eda del 15 de mayo de 2005, solemnidad de Pentecost\u00e9s)<\/p><\/blockquote>\n<p><p>El bien universal no llega a ser universal sobre la grupa de una raz\u00f3n secular; eso qued\u00f3 demostrado con un precio alt\u00edsimo de dolor durante estos primeros 40 a\u00f1os de postconcilio.<\/p>\n<p><p>Pero hay otras formas de universales, distintos de los conceptos. Par\u00e1bolas, como las del Evangelio; la aceptaci\u00f3n general de la genuina caridad en todas partes; el poder de algunos s\u00edmbolos, incluso sencillos, como compartir la mesa; la capacidad de ganar atenci\u00f3n contando lo que ha sucedido en la propia vida: todos estos son caminos hasta cierto punto inexplorados, siempre antiguos y siempre nuevos, que pueden servir para predicar el bien en el que creemos.<\/p>\n<p><p>El Concilio encierra preciosos y abundantes tesoros que por el momento casi parece que no existieran bajo el peso de unas pocas controversias que han puesto un velo de sospecha o retorcido la posibilidad misma de acceder a la mente de los Padres que en \u00e9l intervinieron. No est\u00e1 todo perdido ni es tiempo de derrotismo, pero debe quedar ya atr\u00e1s la ingenuidad: hoy m\u00e1s que nunca la Iglesia necesita recuperar la alegr\u00eda acorde al don que le ha dado vida.<\/p>\n<p><p>En fin, quiera Dios otorgar m\u00e1s y m\u00e1s su Esp\u00edritu al Papa y a quienes han recibido de Cristo el encargo pastorear el reba\u00f1o, para que con sabidur\u00eda, firmeza y viva caridad puedan guiarnos a trav\u00e9s de las aguas, tantas veces turbulentas, de este siglo XXI.<\/p>\n<p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuevas perspectivas Sin embargo de lo dicho, sigue como especie de deuda pendiente el reto de la ense\u00f1anza moral de la Iglesia. 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