{"id":1314,"date":"2005-12-04T22:48:05","date_gmt":"2005-12-05T03:48:05","guid":{"rendered":"1411397289"},"modified":"2005-12-04T22:48:05","modified_gmt":"2005-12-04T22:48:05","slug":"la_pequena_astilla_de_porcelana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/12\/04\/la_pequena_astilla_de_porcelana\/","title":{"rendered":"La Peque\u00f1a Astilla de Porcelana"},"content":{"rendered":"<p>Mi madre sol\u00eda pedirme a menudo que pusiera la mesa con la &#8220;porcelana buena&#8221;. Como esto suced\u00eda con mucha frecuencia, nunca me pregunt\u00e9 por qu\u00e9 lo hac\u00eda en esas ocasiones. Supon\u00eda que era simplemente un deseo suyo, un capricho moment\u00e1neo, y hac\u00eda lo que ella me ped\u00eda. <\/p>\n<p><p>Una noche, mientras pon\u00eda la mesa, lleg\u00f3 inesperadamente Marge, una vecina. Llam\u00f3 a la puerta y mam\u00e1, ocupada en la cocina, le grit\u00f3 que pasara. Marge entr\u00f3 en la inmensa cocina y, al ver la mesa puesta con tanta elegancia, observ\u00f3: <\/p>\n<p><p>-Oh, veo que tienen visitas. Vendr\u00e9 en otro momento. De todos modos, tendr\u00eda que haber avisado antes. <\/p>\n<p><p>-No, no, est\u00e1 bien -respondi\u00f3 mi madre-. No esperamos a nadie. <\/p>\n<p><p>-Bueno -dijo Marge con expresi\u00f3n confundida-, \u00bfpor qu\u00e9 sacaron entonces la porcelana buena? Yo uso mi juego bueno s\u00f3lo dos veces al a\u00f1o, a lo sumo. <\/p>\n<p><p>-Porque prepar\u00e9 la comida favorita de mi familia -respondi\u00f3 mam\u00e1 sonriendo-. Si ponemos la mesa con lo mejor que tenemos para invitados especiales y gente de afuera cuando vienen a comer, \u00bfpor qu\u00e9 no para la familia? No se me ocurre nadie m\u00e1s especial. <\/p>\n<p><p>-Bueno, s\u00ed, pero se te va romper este juego tan lindo de porcelana -respondi\u00f3 Marge, sin comprender todav\u00eda el valor que mi madre asignaba al hecho de estimar a su familia de esa manera. <\/p>\n<p><p>-Oh, bueno, unas cuantas astillas en la porcelana son un precio muy bajo por la forma en que nos sentimos cada vez que nos reunimos a la mesa en familia, usando estos lind\u00edsimos platos -dijo mam\u00e1 como al descuido-. Adem\u00e1s -agreg\u00f3, con un gui\u00f1o infantil-, cada pieza astillada tiene ahora una historia para contar, \u00bfno? <\/p>\n<p><p>Mir\u00f3 a Marge como si una mujer con dos hijos adultos tuviera que saberlo. Luego camin\u00f3 hasta el armario y sac\u00f3 un plato. Sosteni\u00e9ndolo, dijo: <\/p>\n<p><p>-\u00bfVes esta astilla? Yo ten\u00eda diecisiete a\u00f1os cuando se produjo. Nunca me olvidar\u00e9 de ese d\u00eda. El tono de su voz baj\u00f3; parec\u00eda estar recordando otra \u00e9poca. <\/p>\n<p><p>-Un d\u00eda de oto\u00f1o, mis hermanos necesitaban ayuda para levantar las \u00faltimas parvas (mies tendida en la era) de la temporada, para lo cual contrataron a un hombre apuesto, joven y fuerte. Mi madre me hab\u00eda pedido que fuera al gallinero a buscar huevos frescos. Fue entonces cuando vi al nuevo ayudante. Me detuve y observ\u00e9 durante un momento c\u00f3mo levantaba esos fardos grandes y pesados de pasto verde y los cargaba sobre su hombro, para luego arrojarlos sin esfuerzo sobre la parva. Les digo que era un hombre muy guapo: delgado, de cintura estrecha, brazos fuertes y el pelo abundante y brillante. Seguramente intuy\u00f3 mi presencia, porque estando a punto de lanzar un fardo, se detuvo, se dio vuelta, me mir\u00f3 y se limit\u00f3 a sonre\u00edr. \u00a1Era tan incre\u00edblemente buen mozo! -dijo mam\u00e1 lentamente, mientras pasaba un dedo por el borde de la bandeja, y le daba unos golpecitos suaves-. Bueno, supongo que a mis hermanos les ca\u00eda bien ya que lo invitaron a comer con nosotros. Cuando mi hermano mayor le dijo que se sentara junto a m\u00ed en la mesa, casi me muero. Se imaginan lo inc\u00f3moda que me sent\u00eda, sabiendo que me hab\u00eda visto parada observ\u00e1ndolo. Y ahora estaba sentada a su lado. Su presencia me pon\u00eda tan nerviosa, que ten\u00eda la lengua como trabada y lo \u00fanico que hac\u00eda era mirar para abajo. <\/p>\n<p><p>De pronto, al tomar conciencia de que estaba contando una historia en presencia de su hija y de la vecina, mam\u00e1 se puso colorada y apresur\u00f3 el fin del relato. <\/p>\n<p><p>-La cosa es que \u00e9l me pas\u00f3 su plato y me pidi\u00f3 que le sirviera. Yo estaba tan alterada que ten\u00eda las palmas h\u00famedas y las manos me temblaban. Cuando tom\u00e9 su plato, se me resbal\u00f3, se golpe\u00f3 contra la cacerola y se astill\u00f3. <\/p>\n<p><p>-Bueno -dijo Marge, para nada conmovida con la historia de mi madre-, yo dir\u00eda que suena como un recuerdo que es preferible olvidar. <\/p>\n<p><p>-Al contrario -replic\u00f3 mi madre-. Al a\u00f1o me cas\u00e9 con ese hombre maravilloso. Y hasta el d\u00eda de hoy, cuando veo ese plato, me acuerdo con alegr\u00eda del d\u00eda que lo conoc\u00ed. <\/p>\n<p><p>Con cuidado, volvi\u00f3 a poner el plato en el armario detr\u00e1s de los otros, en un lugar especial y, al ver que yo la miraba, me hizo un gui\u00f1o. <\/p>\n<p><p>Consciente de que la apasionada historia que acababa de contar no le despertaba a Marge sentimientos de ning\u00fan tipo, tom\u00f3 r\u00e1pidamente otro plato, esta vez uno que se hab\u00eda roto y hab\u00eda sido pegado cuidadosamente, con peque\u00f1as gotas de cola esparcidas en costuras bastante desparejas. <\/p>\n<p><p>-Este plato se rompi\u00f3 el d\u00eda que volvimos del hospital con Mark, nuestro hijo reci\u00e9n nacido -dijo mam\u00e1-. \u00a1Qu\u00e9 d\u00eda m\u00e1s fr\u00edo! Tratando de ayudar, a mi hija de seis a\u00f1os se le cay\u00f3 al suelo cuando lo llevaba al fregadero. Al principio me enoj\u00e9, pero me dije a m\u00ed misma: &#8220;Es s\u00f3lo un plato roto y no voy a permitir que esto altere la felicidad que sentimos al recibir a este beb\u00e9 en la familia&#8221;. Por otra parte, recuerdo que todos nos divertimos mucho con los diversos intentos que hicimos por recomponer el plato. <\/p>\n<p><p>Yo estaba segura de que mi madre ten\u00eda otras historias para contar sobre ese juego de porcelana. <\/p>\n<p><p>Pasaron varios d\u00edas y no pod\u00eda olvidarme de aquel primer plato que nos mostr\u00f3. Era especial, aunque m\u00e1s no fuera porque mam\u00e1 lo hab\u00eda guardado con mucho cuidado detr\u00e1s de los otros. Ese plato me intrigaba y todo el tiempo me daban vuelta ideas por la cabeza. <\/p>\n<p><p>A los pocos d\u00edas, mam\u00e1 fue a la ciudad a hacer compras. Como siempre cuando iba, me qued\u00e9 a cargo de los dem\u00e1s chicos. En el momento en que el auto se perdi\u00f3 de vista en el camino, hice lo que siempre hac\u00eda durante los primeros diez minutos despu\u00e9s de su partida. Corr\u00ed al cuarto de mis padres (cosa que ten\u00eda prohibida), tom\u00e9 una silla, abr\u00ed el caj\u00f3n superior de la c\u00f3moda y revis\u00e9 su interior como tantas otras veces. En el fondo del caj\u00f3n, junto a ropa interior suave y muy perfumada, hab\u00eda un alhajero cuadrado de madera. Lo saqu\u00e9 y lo abr\u00ed. Estaban los objetos de siempre: el anillo de rub\u00ed que le hab\u00eda dejado a mam\u00e1 Hilda, su t\u00eda favorita; un par de delicados aros de perla que el marido de la madre de mi mam\u00e1 le hab\u00eda regalado el d\u00eda de su casamiento; y el anillo de compromiso de mi madre, que muchas veces se quitaba cuando ayudaba a pap\u00e1 en los trabajos al aire libre. <\/p>\n<p><p>Una vez m\u00e1s, fascinada por estos preciosos tesoros, hice lo que toda ni\u00f1a desear\u00eda hacer: me prob\u00e9 todo, llenando mi mente con gloriosas im\u00e1genes de lo que para m\u00ed significaba ser una mujer adulta y bella como mi madre y poseer objetos tan exquisitos. No ve\u00eda la hora de tener edad suficiente para manejar mi propio caj\u00f3n y poder decirles a otros que no lo tocaran. <\/p>\n<p><p>Ese d\u00eda no me demor\u00e9 mucho en esos pensamientos. Quit\u00e9 el terciopelo rojo que separaba las joyas depositadas en la cajita de madera de una astilla de porcelana blanca de aspecto nada extraordinario, hasta ese momento totalmente insignificante para m\u00ed. Saqu\u00e9 la astilla de la caja, la sostuve a la luz para examinarlo con m\u00e1s atenci\u00f3n y, llevada por mi intuici\u00f3n, corr\u00ed al armario de la cocina, empuj\u00e9 una silla, trep\u00e9 y baj\u00e9 el plato. Tal como lo hab\u00eda imaginado, la astilla -tan cuidadosamente guardada junto a las \u00fanicas tres valiosas pertenencias de mi madre- correspond\u00eda al plato que hab\u00eda roto el d\u00eda en que puso los ojos en mi padre. <\/p>\n<p><p>Con m\u00e1s prudencia y respeto, repuse con mucho cuidado la sagrada astilla en su lugar junto a las joyas y la tela que la proteg\u00eda. Ahora sab\u00eda a ciencia cierta que ese juego de porcelana guardaba para mi madre una serie de historias de amor sobre su familia, pero ninguna tan memorable como la que le hab\u00eda legado aquel plato en especial. Con esa astilla empez\u00f3 una historia de amor que actualmente va por el cap\u00edtulo 53; \u00a1mis padres llevan cincuenta y tres a\u00f1os de casados! <\/p>\n<p><p>Una de mis hermanas le pregunt\u00f3 a mi mam\u00e1 si alguna vez el anillo antiguo de rub\u00ed pod\u00eda ser de ella, y mi otra hermana reclam\u00f3 los aros de perlas de la abuela. Quiero que mis hermanas tengan esas bellas herencias de familia. En cuanto a m\u00ed, bueno, me gustar\u00eda conservar aquello que simboliza el comienzo de la extraordinaria vida de amor de una mujer extraordinaria. Querr\u00eda guardar esa peque\u00f1a astilla. <\/p>\n<p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi madre sol\u00eda pedirme a menudo que pusiera la mesa con la &#8220;porcelana buena&#8221;. 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