{"id":130,"date":"2005-04-27T01:47:00","date_gmt":"2005-04-27T06:47:00","guid":{"rendered":"254959744"},"modified":"2005-08-17T08:54:17","modified_gmt":"2005-08-17T08:54:17","slug":"605","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/04\/27\/605\/","title":{"rendered":"Juan en Ald\u00fan (5 de 20)"},"content":{"rendered":"<p>5. Mientras Buscaban el R\u00edo<\/p>\n<p>Todo el tiempo hemos venido hablando de &#8220;el r\u00edo&#8221; pero, como es f\u00e1cil imaginar, el sistema monta\u00f1oso de Ald\u00fan ten\u00eda muchas corrientes de agua, la mayor\u00eda de ellas bastante modestas. Mateo sab\u00eda esto y su alma de explorador lo que quer\u00eda encontrar era la cabecera principal, algo as\u00ed como el recorrido que llevara m\u00e1s arriba entre tantos caminos de agua. Quer\u00eda adem\u00e1s ser el primero en encontrar ese lugar, y si alguien piensa que lo hac\u00eda por desquitarse del deshonor de la laguna escondida, creo que estar\u00eda en lo correcto.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>El problema con una expedici\u00f3n as\u00ed es que t\u00fa no sabes exactamente ad\u00f3nde vas y por tanto hay que desandar muchas veces lo recorrido. No hay un m\u00e9todo \u00fanico para recorrer un sistema de aguas en una cadena monta\u00f1osa y es muy dif\u00edcil asegurarse de haber alcanzado la altura mayor. Todo esto hizo que el grupo de j\u00f3venes entusiastas fuera perdiendo fuerzas y provisiones en rodeos interminables. Pronto se encontraron con un m\u00ednimo de alimentos, rodeados de arbustos y \u00e1rboles de toda clase y francamente perdidos.<\/p>\n<p>El orgullo le jug\u00f3 una muy mala pasada a los dos l\u00edderes naturales de aquella desastrada aventura, o sea, Perla y el mismo Mateo. En efecto, Perla se limit\u00f3 durante demasiados d\u00edas a obrar de un modo pasivo simplemente para que todos vieran que Mateo solo no iba a poder culminar esa expedici\u00f3n. Ella quer\u00eda que tuvieran que pedirle ayuda. Mateo, por su parte, detestaba reconocer que cada vez estaban m\u00e1s extraviados porque el reproche de su amiga y rival le retumbaba en los o\u00eddos: &#8220;\u00a1Gallina desorientada!&#8221;<\/p>\n<p>La cosa hizo crisis cuando completaron nueve d\u00edas en las monta\u00f1as y sencillamente no les quedaba ya nada para comer. Los nueve muchachos y muchachas que hasta entonces hab\u00edan seguido con admirable obediencia a Mateo simplemente se sublevaron y le echaron en cara su incompetencia. El pobre hombre realmente no pod\u00eda decir nada a su favor, as\u00ed que se sent\u00f3 en una piedra grande desde la que se dominaba buena parte del paisaje y pregunt\u00f3: &#8220;\u00bfAlguna idea de qu\u00e9 hacer?&#8221; Fue uno de los momentos m\u00e1s bochornosos de su vida &#8211;pero lo peor estaba por llegar.<\/p>\n<p>Espont\u00e1neamente los ojos se volvieron hacia Perla, pero la joven parec\u00eda no hacer caso a la gravedad del momento. Sus ojos ni siquiera miraban el amplio paisaje de colinas, valles y mesetas que ten\u00edan al frente, sino que divagaban como distra\u00eddos por los lados, como si todav\u00eda estuviera buscando la cabecera del r\u00edo. Mateo pens\u00f3 que ella se estaba haciendo de rogar, solamente por hacerlo quedar todav\u00eda m\u00e1s mal delante del grupo, pero esta vez su apreciaci\u00f3n no era correcta. En ese justo instante Perla ya no pensaba en ganarle a Mateo sino en buscar un modo de sobrevivir porque las matem\u00e1ticas dec\u00edan que si hab\u00edan tardado nueve d\u00edas en alcanzar ese punto era poco probable que volvieran a Ald\u00fan antes de una semana, de modo que el problema no era c\u00f3mo devolverse sino c\u00f3mo sobrevivir ahora y c\u00f3mo recoger provisiones para regresar. El r\u00edo pod\u00eda esperar.<\/p>\n<p>Cristal, la m\u00e1s joven del grupo, ten\u00eda una cara de agotamiento extremo a pesar de que eran s\u00f3lo las nueve de la ma\u00f1ana, poco m\u00e1s o menos. Estaba sentada al lado de Perla y entonces se recost\u00f3 en el regazo de ella y le pregunt\u00f3: &#8220;\u00bfPor qu\u00e9 no dices t\u00fa esa buena idea de una vez?&#8221; Pero Perla segu\u00eda mirando hacia la arboleda que les esperaba a la izquierda como si no oyera ni le importara nada.<\/p>\n<p>De pronto se oy\u00f3 un gemido. Mateo ten\u00eda ahora la cabeza entre las manos y sollozaba pensando que se iban a morir de una manera est\u00fapida e in\u00fatil. Perla lo volte\u00f3 a mirar con serenidad, como si fuera su hermana o su mejor amiga, y dijo en voz alta: &#8220;Mateo, no hemos alcanzado la cabecera pero nos has tra\u00eddo a otro descubrimiento fant\u00e1stico.&#8221; Todos quedaron en suspenso. Perla continu\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211;\u00bfUstedes ven lo que yo veo?<\/p>\n<p>La mirada de la rubia se\u00f1alaba algo en medio de la arboleda. Nadie ve\u00eda nada. Ella continu\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211;Si los ojos no me enga\u00f1an, somos los primeros en encontrar tierra cultivada en estos parajes. Este no es el camino a Macedonia pero s\u00ed es una puerta para saber de otras gentes y quiz\u00e1 otros pueblos.<\/p>\n<p>Esas palabras dieron nueva fuerza a todos, pero sobre todo a Mateo, que pudo levantar los ojos, todav\u00eda arrasados en llanto de verg\u00fcenza y de dolor.<\/p>\n<p>Sin perder un instante se pusieron en marcha hacia ese punto que Perla hab\u00eda divisado. De verdad que esta joven ten\u00eda muy buena vista. Lo que hab\u00eda alcanzado a ver era un cultivo de higos, o lo que ellos pensaron que eran higos, y lo que le hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n, a semejante distancia, era que las higueras formaban filas, se\u00f1al inequ\u00edvoca de mano humana y de trabajo de labradores.<\/p>\n<p>Atravesaron, pues, la arboleda y mucho antes del mediod\u00eda ya estaban comiendo higos maduros hasta casi dolerles el est\u00f3mago. El d\u00eda estaba despejado y la sensaci\u00f3n general era de: &#8220;\u00a1Nos salvamos!&#8221; Despreocupados de los formalismos hablaban a gritos, a ratos cantaban y lo que poco antes les parec\u00eda el fin del mundo ahora les causaba risa. Hasta Mateo hac\u00eda chiste de sus propias l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Tendidos en el suelo mientras les ba\u00f1aba el sol, disfrutaban de la sensaci\u00f3n de barriga llena y ya no pensaban en comer, con la \u00fanica excepci\u00f3n de Cristal, que parec\u00eda que no se iba a llenar nunca. Sentada y con las piernas cruzadas segu\u00eda devorando met\u00f3dicamente m\u00e1s higos en silencio. No pudo ver entonces qui\u00e9n le hab\u00eda lanzado un hacha corta que le seccion\u00f3 de un tajo la columna vertebral y sali\u00f3 despu\u00e9s entre los pechos. Musit\u00f3 algo, abri\u00f3 desmesuradamente los ojos, luego arrug\u00f3 la frente y cay\u00f3 muerta.<\/p>\n<p>Con instinto maternal, Perla se levant\u00f3 de un salto, s\u00f3lo para recibir un hachazo certero que le vol\u00f3 la mayor parte del cuello y la tumb\u00f3 de espaldas; aunque todav\u00eda estaba viva al llegar al suelo. De la herida sali\u00f3 a borbotones un r\u00edo rojo incandescente, que empap\u00f3 en segundos la tierra y tambi\u00e9n la ropa de Mateo. \u00c9ste, paralizado de miedo, sent\u00eda c\u00f3mo se le helaba la sangre. Quiso gritar y no pudo. Otros s\u00ed gritaron y trataron de huir arrastr\u00e1ndose pero tres nuevos hachazos, lanzados con precisi\u00f3n diab\u00f3lica, segaron la vida de sendos muchachos. Todo sucedi\u00f3 en cosa de minutos, sin que se oyera la voz de quien lanzaba las hachas. Una pausa sigui\u00f3 mientras los pocos sobrevivientes no sab\u00edan qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p>El arma que hab\u00eda sido lanzada contra Perla hab\u00eda rebotado en el cuello de ella y hab\u00eda ca\u00eddo no lejos de Estanislao, un muchacho robusto y fortach\u00f3n que estaba tendido boca abajo no lejos de Mateo con la cabeza sobre los brazos y las manos agarradas. La sangre de Perla se meti\u00f3 debajo del brazo izquierdo de Estanislao y \u00e9ste pudo ver c\u00f3mo una mancha roja y negra aparec\u00eda ante sus ojos. Enloquecido de ira, salt\u00f3 y agarr\u00f3 el hacha que hab\u00eda acabado con la vida de su amiga; se puso en pie gritando maldiciones e insultos y blandiendo su improvisada arma, como si as\u00ed pudiera impedir que lo atacaran. Al tiempo y con agilidad impresionante para su masa corporal fue corriendo en zigzag como fiera enjaulada. Mateo, sin levantar mayor cosa la cabeza, vio c\u00f3mo le arrojaban una, dos y hasta tres hachas sin alcanzarlo. Se dio cuenta que todas sal\u00edan de un mismo punto, detr\u00e1s de un \u00e1rbol grueso a unos veinte metros, poco m\u00e1s o menos, de donde ellos estaban. Concluy\u00f3 entonces que estaban siendo atacados por una sola persona, aunque era evidente que ten\u00eda una punter\u00eda endiablada.<\/p>\n<p>Estanislao, por supuesto, not\u00f3 lo mismo y entonces le grit\u00f3 a Mateo que se levantara y luchara por su vida, porque entre los dos podr\u00edan atacar mejor. Esto lo dijo en aldunense y con voz alta y muy aguda, herida por el p\u00e1nico, de modo que para un extranjero era imposible saber si se estaba rindiendo, quejando o amenazando. Mateo, sin embargo, no se movi\u00f3 de su sitio ni respondi\u00f3 nada, pues pens\u00f3 con buen tino que no ten\u00eda ninguna arma, salvo la que hab\u00eda quedado en el cuerpo de la desventurada Cristal.<\/p>\n<p>Estanislao estall\u00f3 en ira por sentirse traicionado y solo, y trat\u00f3 de huir. Pero esta vez olvid\u00f3 el zigzag y se convirti\u00f3 en blanco sencillo para la pericia del imp\u00e1vido asesino que por primera vez dej\u00f3 o\u00edr su voz, en lat\u00edn: &#8220;Latrones! Maledicti!&#8221; Ninguno de los cuatro j\u00f3venes restantes hablaba una palabra de lat\u00edn, de modo que no sab\u00edan qu\u00e9 suced\u00eda. Una de las chicas se desmay\u00f3 de lado, en medio de un shock terrible y otra empez\u00f3 a convulsionar de f\u00edsico terror. Las dos recibieron golpes fatales de hacha.<\/p>\n<p>Mateo sent\u00eda la boca reseca, los ojos alucinados, el pulso retumbando en sus sienes, pero sigui\u00f3 respirando lo mejor que pudo mientras se enfriaba la sangre de Perla en su espalda.<\/p>\n<p>En eso se oy\u00f3 una segunda voz, femenina esta vez, que hablaba tambi\u00e9n en lat\u00edn: &#8220;Desine! Desine!&#8221;, dijo con un cierto acento de ternura, y Mateo entendi\u00f3 que eso significaba algo as\u00ed como &#8220;\u00a1No m\u00e1s!&#8221; S\u00f3lo quedaban \u00e9l y un joven de cabello negro y rizado, un muchacho t\u00edmido de nombre Jorge. Mateo volte\u00f3 los ojos hacia Jorge. Demasiado tarde. El pobre hombre ten\u00eda los ojos abiertos pero no respiraba. El miedo a morir lo hab\u00eda matado.<\/p>\n<p>Nunca en su vida Mateo hab\u00eda experimentado un terror semejante. Vi\u00e9ndose perdido y sintiendo que sin remedio la orina se le sal\u00eda del cuerpo grit\u00f3 tambi\u00e9n \u00e9l: &#8220;Desine! Desine!&#8221;, y todav\u00eda acostado agit\u00f3 los brazos abriendo las manos para que se viera que no ten\u00eda arma alguna. Luego, en el colmo del paroxismo grit\u00f3 tambi\u00e9n en aldunense: &#8220;\u00a1No m\u00e1s!, \u00a1para!, \u00a1no m\u00e1s!&#8221; Esto caus\u00f3 un efecto extra\u00f1o en el de las hachas que entonces sali\u00f3 de su escondite y se acerc\u00f3 musitando algo ininteligible. A su lado iba una mujer delicadamente vestida. No pod\u00eda ser mayor el contraste. El hombre era muy alto y fuerte y ten\u00eda las cejas tupidas y unidas sobre la nariz. Los ojos, fieros y fr\u00edos, parec\u00edan m\u00e1s los de un chacal que los de una persona. En su mano derecha llevaba una de las hachuelas, en la izquierda una lanza m\u00e1s alta que \u00e9l, y en una especie de saco a la espalda m\u00e1s hachas y pu\u00f1ales. Se plant\u00f3 delante de Mateo sin hacer el menor caso al charco de sangre que ya no alcanzaba a ser absorbido por la tierra. Mateo, acostado y p\u00e1lido, s\u00f3lo esperaba el golpe de gracia.<\/p>\n<p>Con precisi\u00f3n siniestra el hombre levant\u00f3 la lanza, tom\u00e1ndola esta vez con su derecha, y la enterr\u00f3 casi medio metro atravesando de lado a lado la camisa de Mateo aunque sin producirle m\u00e1s que una leve cortadura en su lado derecho. El muchacho grit\u00f3 al tope de su voz, y se desmay\u00f3 de p\u00e1nico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>5. Mientras Buscaban el R\u00edo Todo el tiempo hemos venido hablando de &#8220;el r\u00edo&#8221; pero, como es f\u00e1cil imaginar, el sistema monta\u00f1oso de Ald\u00fan ten\u00eda muchas corrientes de agua, la mayor\u00eda de ellas bastante modestas. 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