{"id":128,"date":"2005-04-29T01:51:00","date_gmt":"2005-04-29T06:51:00","guid":{"rendered":"2084593011"},"modified":"2005-08-17T08:54:43","modified_gmt":"2005-08-17T08:54:43","slug":"607","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/04\/29\/607\/","title":{"rendered":"Juan en Ald\u00fan (7 de 20)"},"content":{"rendered":"<p>7. Mateo, Capturado<\/p>\n<p>Mateo despert\u00f3 con un dolor de cabeza salvaje. Sent\u00eda la boca como una teja y todo le daba vueltas. Pero el mundo estaba bien atado a \u00e9l o \u00e9l al mundo, porque unas cuerdas gruesas lo manten\u00edan sujeto a una tabla larga. Los hombros eran un solo dolor porque las manos estaban atadas por detr\u00e1s de la tabla, que estaba sostenida sobre una especie de caballetes. No sent\u00eda los pies tampoco, pues tambi\u00e9n ellos estaban amarrados en incomod\u00edsima posici\u00f3n por debajo de la misma tabla. Lo \u00fanico amable de ese despertar fue el rostro de Ariadna, la mujer que de alg\u00fan modo le hab\u00eda salvado la vida.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Ella, sentada a unos tres metros, lo miraba con una mezcla de curiosidad y dulzura. Estaban en un recinto largo y ancho con techo; al parecer, un lugar para recoger ovejas o cabras. Un cierto olorcillo confirmaba esa impresi\u00f3n. Pero Ariadna no ten\u00eda aspecto de vaquera ni de pastora sino de princesa de cuento de hadas. Su vestido era azul claro y llegaba hasta los tobillos. A la altura del cuello sobresal\u00eda un bordado con hilos blancos, rosados y dorados. Ten\u00eda unos aretes largos que remataban en unas piedras rojas muy brillantes, que Mateo no hab\u00eda visto nunca. El cabello no se le ve\u00eda mucho porque llevaba un sombrero alto y c\u00f3nico de cuyo v\u00e9rtice sal\u00eda una tela vaporosa de color verde manzana. La mano izquierda estaba sobre la derecha y ambas delicadamente puestas en el regazo. Parec\u00eda estar mirando hacia fuera, como quien espera el reba\u00f1o, pero en cuanto Mateo volvi\u00f3 en s\u00ed y murmur\u00f3 algo ella movi\u00f3 la cabeza, s\u00f3lo la cabeza, hacia su prisionero.<\/p>\n<p>Sinti\u00e9ndose maniatado completamente, Mateo suspir\u00f3 con desilusi\u00f3n, hizo una mueca de dolor y luego pidi\u00f3 con voz baja: &#8220;\u00a1Agua! \u00a1Agua!&#8221; Ariadna lo mir\u00f3 con m\u00e1s atenci\u00f3n pero era evidente que no entend\u00eda el aldunense. Ella parec\u00eda preguntarse si \u00e9l estar\u00eda rezando, maldiciendo o amenazando, y no quer\u00eda acercarse, no porque tuviera miedo de Mateo, sino porque no quer\u00eda desobedecer a Landulfo, su esposo.<\/p>\n<p>Con las manos atadas, sin poder hacer un gesto que indicara que se mor\u00eda de sed, en frente de alguien que no hablaba su idioma, Mateo trataba de hacerse entender con los ojos y abriendo la boca, ora tomando aire, ora jadeando. El \u00fanico resultado fue un calambre espantoso que se adue\u00f1\u00f3 de su espalda hasta hacerle gritar de dolor. Ariadna lo miraba con angustia, podr\u00edamos decir, pero no mov\u00eda sus manos un cent\u00edmetro de la posici\u00f3n inicial, que parec\u00eda sacada de una revista de modas, si las hubiera habido en la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Nuestro desventurado Mateo no tuvo m\u00e1s remedio que quedarse quieto. Afortunadamente la tortura no demor\u00f3 demasiado tiempo m\u00e1s. No habr\u00edan pasado diez minutos cuando lleg\u00f3 Landulfo, precedido del ruidoso desorden de ovejas y cabras. El hombre ten\u00eda un aspecto menos fiero que al mediod\u00eda pero se ve\u00eda muy bien que era mejor evitar cualquier conflicto. A la espalda llevaba terciada un hacha descomunal, que tom\u00f3 en su mano antes de acercarse al prisionero. Mateo, demasiado maltratado y falto de toda fuerza a esas horas, no sinti\u00f3 miedo al ver el filo del hacha sino que repiti\u00f3 en aldunense: &#8220;\u00a1Agua! \u00a1Agua!&#8221; Landulfo le entendi\u00f3 de inmediato y arrojando a un lado el hacha fue \u00e9l mismo a traer un poco de agua. Ariadna se limit\u00f3 a levantarse de la silla. En realidad era un mujer muy hermosa &#8211;alcanz\u00f3 a notar Mateo aunque a esas horas tuviera cien cosas m\u00e1s urgentes y graves de qu\u00e9 preocuparse.<\/p>\n<p>Landulfo le dio agua a Mateo sin desatarlo. Se sent\u00f3 luego en el suelo, cerca de la silla de su princesa, y empez\u00f3 a contarle en lat\u00edn todo lo de su d\u00eda. Ten\u00eda una voz profunda y muy agradable, aunque Mateo no entend\u00eda nada de lo que dec\u00eda. En cierto punto de la conversaci\u00f3n \u00e9l sac\u00f3 de entre sus ropas un cuaderno y, olvidado de la tortura que padec\u00eda el joven sobre la tabla, empez\u00f3 a leerle algo a ella. Lo que sigue es la traducci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Yo puedo decir que estoy lejos de ti cuando tantas monta\u00f1as y tantos valles me ocultan de tu vista; puedo decir que estoy lejos de ti porque tu voz se me esconde y el viento ya no me trae tu perfume. Yo estoy lejos de ti pero t\u00fa no est\u00e1s lejos de m\u00ed. Te llevo en mi coraz\u00f3n, te has adue\u00f1ado de mi alma, no tengo recuerdos sino para ti. Todo lo que veo me recuerda que t\u00fa existes y todo me cuenta que es verdad que me amas. Eres suave como la brisa y brillante como el amanecer; en ti habita el misterio m\u00e1s que en la tarde y&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Hasta ah\u00ed iba la lectura emocionada de Landulfo cuando un grito de dolor se le escap\u00f3 a Mateo; un calambre espantoso le agarr\u00f3 ambas piernas de modo que el hombre sinti\u00f3 que se mor\u00eda. Landulfo oy\u00f3 el grito pero no solt\u00f3 el cuaderno, pues deseaba terminar su declaraci\u00f3n de amor y juzgaba que lo m\u00e1s hermoso ven\u00eda despu\u00e9s. Volvi\u00f3 pues sus ojos al escrito y realmente iba a seguir la lectura cuando Mateo empez\u00f3 a convulsionar de modo espantoso. Con aire de impaciencia Landulfo se acerc\u00f3 a \u00e9l y le mostr\u00f3 el hacha pero el pobre joven no miraba ni entend\u00eda nada y se ve\u00eda que apenas pod\u00eda respirar; algo de baba le sal\u00eda de los labios.<\/p>\n<p>Landulfo decidi\u00f3 que era mejor desatarlo, por lo menos parcialmente. Afloj\u00f3 los nudos que sujetaban las piernas. Mateo, que no dejaba de convulsionar como un poseso, empez\u00f3 a agitar las piernas en el aire de modo tal que la tabla dio media vuelta y se cay\u00f3 de los caballetes; el desventurado muchacho se fue al suelo cabeza abajo y la cara fue la que recibi\u00f3 el golpe y el peso del cuerpo. Ariadna, la princesa, dijo la palabra m\u00e1gica: &#8220;Desine!&#8221; y ella y su esposo decidieron que ese pobre estaba demasiado maltrecho como para hacerle da\u00f1o a nadie. Mateo hab\u00eda quedado semi-inconsciente y le sal\u00eda mucha sangre de la boca y de la nariz, y el ojo izquierdo se le hinchaba por momentos. Landulfo le desat\u00f3 las manos con movimientos diestros y precisos e inmediatamente se las volvi\u00f3 a amarrar pero esta vez por delante y en torno a uno de los maderos que serv\u00edan de soporte al techo de ese cobertizo. La cara del muchacho era un triste espect\u00e1culo de sangre, hinchaz\u00f3n, m\u00e1s sangre, congesti\u00f3n, pajas y mugre del suelo.<\/p>\n<p>Una vez amarrado el ladr\u00f3n, Landulfo invit\u00f3 a su amada a escuchar el resto de la lectura pero ella indic\u00f3 suavemente que ser\u00eda mejor que entraran a la casa, de modo que con un par de gritos y gestos Landulfo hizo que el reba\u00f1o se recogiera; pasando luego tiernamente el brazo sobre los hombros de Ariadna le dec\u00eda cosas lindas que la hac\u00edan sonre\u00edr y sonrojar. Mateo, que no hab\u00eda estado inconsciente ni siquiera con el golpe formidable de la ca\u00edda, escuch\u00f3 a lo lejos el canto hermos\u00edsimo de un p\u00e1jaro que \u00e9l no conoc\u00eda. Ese canto le trajo una gota de consuelo. Si Juan hubiera estado ah\u00ed habr\u00eda reconocido esa melod\u00eda inmediatamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>7. Mateo, Capturado Mateo despert\u00f3 con un dolor de cabeza salvaje. 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