{"id":1270,"date":"2005-11-25T21:18:59","date_gmt":"2005-11-26T02:18:59","guid":{"rendered":"1873173010"},"modified":"2005-11-25T21:18:59","modified_gmt":"2005-11-25T21:18:59","slug":"el_aspecto_del_coraje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/11\/25\/el_aspecto_del_coraje\/","title":{"rendered":"El Aspecto del Coraje"},"content":{"rendered":"<p>Yo s\u00e9 cual es el aspecto del coraje. Lo vi durante un viaje en avi\u00f3n, hace seis a\u00f1os. S\u00f3lo ahora puedo contarlo sin que se me llenen los ojos de l\u00e1grimas.<\/p>\n<p><p>Cuando nuestro avi\u00f3n despeg\u00f3 del aeropuerto de Orlando, aquel viernes por la ma\u00f1ana, llevaba a bordo a un grupo elegante y lleno de energ\u00eda. El primer vuelo de la ma\u00f1ana era el preferido de los profesionales que iban a Atlanta por asuntos de negocios.<\/p>\n<p><p>A mi alrededor hab\u00eda mucho traje caro, mucho peinado de estilista, portafolios de cuero y todos los aderezos del viajante avezado. Me instal\u00e9 en el asiento con algo liviano para leer durante el viaje.<\/p>\n<p><p>Inmediatamente despu\u00e9s del despegue, notamos que algo andaba mal. El avi\u00f3n se bamboleaba y tend\u00eda a desviarse hacia la izquierda. Todos los viajeros experimentados, incluida yo, intercambiamos sonrisas sabedoras. Era un modo de comunicarnos que todos conoc\u00edamos esos peque\u00f1os problemas.<\/p>\n<p><p>Cuando uno viaja mucho, se familiariza con esas cosas y aprende a tomarlas con desenvoltura.<\/p>\n<p><p>La desenvoltura no nos dur\u00f3 mucho. Minutos despu\u00e9s nuestro avi\u00f3n empez\u00f3 a perder altura, con un ala inclinada hacia abajo. El aparato ascendi\u00f3 un poco, pero de nada le sirvi\u00f3. El piloto no tard\u00f3 en hacer un grave anuncio:<\/p>\n<p><p>-Tenemos algunas dificultades -dijo-.En este momento parece que no tenemos direcci\u00f3n de proa. Nuestros indicadores se\u00f1alan que falla el sistema hidr\u00e1ulico, por lo cual vamos a regresar al aeropuerto de Orlando. Debido a la falta de hidr\u00e1ulica, no estamos seguros de poder bajar el tren de aterrizaje. Por lo tanto, los auxiliares de vuelo preparar\u00e1n a los se\u00f1ores pasajeros para un aterrizaje de emergencia.<\/p>\n<p><p>Adem\u00e1s, si miran por las ventanillas ver\u00e1n que estamos arrojando combustible. Queremos tener la menor cantidad posible en los tanques, por si el aterrizaje resulta muy brusco.<\/p>\n<p><p>En otras palabras, \u00edbamos a estrellarnos. No conozco espect\u00e1culo m\u00e1s apabullante que el de esos cientos de litros de combustible pasando a chorros junto a mi ventanilla. Los auxiliares de vuelo nos ayudaron a instalarnos bien y reconfortaron a los que ya daban se\u00f1ales de histeria.<\/p>\n<p><p>Al observar a mis compa\u00f1eros de vuelo, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el cambio general de semblante. A muchos se los ve\u00eda ya muy asustados. Hasta los m\u00e1s estoicos se hab\u00edan puesto p\u00e1lidos y ce\u00f1udos.<\/p>\n<p><p>Estaban literalmente grises, aunque me costara creerlo. No hab\u00eda una sola excepci\u00f3n.<\/p>\n<p><p>&#8220;Nadie se enfrenta a la muerte sin miedo&#8221;, pens\u00e9. Todo el mundo hab\u00eda perdido la compostura, de un modo u otro.<\/p>\n<p><p>Comenc\u00e9 a buscar entre el pasaje a una sola persona que mantuviera la serenidad y la paz que en esos casos brindan un verdadero coraje o una fe sincera. No ve\u00eda a ninguna.<\/p>\n<p><p>Sin embargo, un par de filas a la izquierda sonaba una serena voz femenina, que hablaba en un tono absolutamente normal, sin temblores ni tensi\u00f3n. Era una voz encantadora, sedante.Yo ten\u00eda que encontrar a su due\u00f1a.<\/p>\n<p><p>A mi alrededor se o\u00edan llantos, gemidos y gritos.<\/p>\n<p><p>Algunos hombres manten\u00edan la compostura, pero aferrados a los brazos del asiento y con los dientes apretados; toda su actitud reflejaba miedo.<\/p>\n<p><p>Aunque mi fe me proteg\u00eda de la histeria, yo tampoco habr\u00eda podido hablar con la calma y la dulzura que encerraba esa voz tranquilizadora. Por fin la vi.<\/p>\n<p><p>En medio de todo ese caos, una madre hablaba con su hija. Aparentaba unos treinta y cinco a\u00f1os y no ten\u00eda rasgo alguno que llamara la atenci\u00f3n. Su hijita, de unos cuatro a\u00f1os, la escuchaba con mucha atenci\u00f3n, como si percibiera la importancia de las palabras.<\/p>\n<p><p>La madre la miraba a los ojos, tan fija y apasionadamente que parec\u00eda aislarse de la angustia y el miedo reinantes a su lado.<\/p>\n<p><p>En ese momento record\u00e9 a otra ni\u00f1ita que, poco tiempo antes, hab\u00eda sobrevivido a un terrible accidente de aviaci\u00f3n. Se cre\u00eda que deb\u00eda la vida al hecho de que su madre hubiera ce\u00f1ido el cintur\u00f3n de seguridad sobre su propio cuerpo, con su hija atr\u00e1s, a fin de protegerla. La madre no sobrevivi\u00f3. La peque\u00f1a pas\u00f3 varias semanas bajo tratamiento psicol\u00f3gico para evitar los sentimientos de culpa que suelen perseguir a los sobrevivientes.<\/p>\n<p><p>Se le dijo, una y otra vez, que la desaparici\u00f3n de la madre no era culpa de ella.<\/p>\n<p><p>Rezando porque esta situaci\u00f3n no acabara igual, aguc\u00e9 el o\u00eddo para saber qu\u00e9 dec\u00eda esa mujer a su hija. Necesitaba escuchar.<\/p>\n<p><p>Por fin, alg\u00fan milagro me permiti\u00f3 distinguir lo que dec\u00eda esa voz suave, segura y tranquilizante. Eran las mismas frases, repetidas una y otra vez. -Te quiero much\u00edsimo. Sabes, \u00bfverdad? , que te quiero m\u00e1s que a nadie. -S\u00ed, mami.-repuso la ni\u00f1a.<\/p>\n<p><p>-Pase lo que pase, recuerda siempre que te quiero. Y que eres buena. A veces suceden cosas que no son culpa de uno. Eres una ni\u00f1a muy buena y mi amor te acompa\u00f1ar\u00e1 siempre.<\/p>\n<p><p>Luego la madre cubri\u00f3 con su cuerpo el de su hija, abroch\u00f3 el cintur\u00f3n de seguridad sobre ambas y se prepar\u00f3 para el desastre.<\/p>\n<p><p>Por motivos ajenos a esta tierra, el tren de aterrizaje funcion\u00f3 y nuestro descenso no fue la tragedia que esper\u00e1bamos. Todo termin\u00f3 en pocos segundos.<\/p>\n<p><p>La voz que o\u00ed aquel d\u00eda no hab\u00eda vacilado ni por un instante, sin expresar duda alguna, y mantuvo una serenidad que parec\u00eda emocional y f\u00edsicamente imposible. Ninguno de nosotros, avezados profesionales habr\u00eda podido hablar sin que le temblara la voz.<\/p>\n<p><p>S\u00f3lo el mayor de los corajes, ayudado por un amor m\u00e1s grande a\u00fan, pudo haber sostenido a esa madre y elevarla por sobre el caos que la rodeaba.<\/p>\n<p><p>Esa mam\u00e1 me demostr\u00f3 c\u00f3mo es un verdadero h\u00e9roe. Y en esos pocos minutos o\u00ed la voz del coraje.<\/p>\n<p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo s\u00e9 cual es el aspecto del coraje. Lo vi durante un viaje en avi\u00f3n, hace seis a\u00f1os. S\u00f3lo ahora puedo contarlo sin que se me llenen los ojos de l\u00e1grimas. 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