{"id":1214,"date":"2005-10-24T01:57:15","date_gmt":"2005-10-24T06:57:15","guid":{"rendered":"1739885417"},"modified":"2005-10-23T16:49:27","modified_gmt":"2005-10-23T16:49:27","slug":"las_otras_formas_de_lenguaje_3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/10\/24\/las_otras_formas_de_lenguaje_3\/","title":{"rendered":"Las otras formas de lenguaje (3)"},"content":{"rendered":"<p><em>Continuamos el hilo <a href=\"http:\/\/fraynelson.com\/pensamiento?title=las_otras_formas_de_lenguaje_2&amp;more=1&amp;c=1&amp;tb=1&amp;pb=1\">que hab\u00edamos dejado<\/a><\/em>.<\/p>\n<p><p><strong>3. No toda luz es &#8220;claridad&#8221;<\/strong><\/p>\n<p><p>El concepto de claridad tiene en Occidente un claro tinte cartesiano. Ahora bien, en Descartes la claridad es un requisito para la certeza, y en ese sentido emerge como una exigencia del Yo, que queda desde el principio situado al centro.<\/p>\n<p><p>Ver las cosas &#8220;claras,&#8221; en esta perspectiva, termina sobreestimando el poder del concepto. Todo se juega en el concepto. El ideal del conocimiento es: definir nociones, establecer axiomas autoevidentes, y establecer un procedimiento que conduzca a conclusiones necesarias. En un contexto de ciencia moderna, se especifican dos cosas: dise\u00f1ar hip\u00f3tesis y explicar, a partir de un marco te\u00f3rico consecuente, c\u00f3mo podr\u00edan ser falseadas esas hip\u00f3tesis (Popper). Sin embargo, n\u00f3tese que lo esencial no proviene de la instrumentaci\u00f3n a trav\u00e9s de hip\u00f3tesis, ni mucho menos de la ulterior implementaci\u00f3n matem\u00e1tica o cibern\u00e9tica, sino de la marcha que va del concepto hacia la conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>El problema est\u00e1 en qu\u00e9 en realidad no sabemos cu\u00e1nto es necesario saber para establecer un concepto. Situar al concepto al principio del proceso del conocimiento es artificial, por decir lo menos. Los conceptos no est\u00e1n &#8220;ah\u00ed&#8221; en la Naturaleza sino que van surgiendo o se van creando al roce con las experiencias, experimentos, cr\u00edticas o aciertos.<\/p>\n<p><p>En F\u00edsica, por ejemplo, el concepto de fuerza parece hoy menos importante que el de &#8220;cantidad de movimiento.&#8221; Cuanto m\u00e1s pronto un estudiante llegue a comprender conceptos como &#8220;momentum angular&#8221; o &#8220;cantidad de movimiento,&#8221; m\u00e1s pronto podr\u00e1 acceder a las formulaciones m\u00e1s fecundas (y recientes) de la Mec\u00e1nica. Pero el concepto de &#8220;cantidad de movimiento&#8221; no es obvio; de hecho parece m\u00e1s dif\u00edcil de asociar con nuestras experiencias sensoriales cotidianas. Para llegar a \u00e9l, pues, se requiere haber sabido de otros conceptos, que conforman una especie de escalera de la que luego no hay que depender mucho.<\/p>\n<p><p>En Teolog\u00eda pasa lo mismo. Conceptos interesantes como la Historia de las Formas no deber\u00edan ser considerados como \u00faltimos o forzosos. Han nacido en determinados contextos y a menudo como balbuciente respuesta a preguntas espec\u00edficas.<\/p>\n<p><p>Si uno supone entonces que la base del conocimiento es partir de &#8220;buenos&#8221; conceptos, en realidad est\u00e1 cayendo en una circularidad o &#8220;petici\u00f3n de principio.&#8221;<\/p>\n<p><p>Cuando se piensa en el concepto no como un punto de partida sino como uno de llegada, o por lo menos, como un punto intermedio en nuestra marcha hacia la verdad y lo verdadero, cambia el sentido de qu\u00e9 es claro o falto de claridad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuamos el hilo que hab\u00edamos dejado. 3. No toda luz es &#8220;claridad&#8221; El concepto de claridad tiene en Occidente un claro tinte cartesiano. 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