{"id":1197,"date":"2005-10-18T20:54:05","date_gmt":"2005-10-19T01:54:05","guid":{"rendered":"1602747529"},"modified":"2005-12-04T16:26:05","modified_gmt":"2005-12-04T16:26:05","slug":"ipor_que_me_converti_al_catolicismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/10\/18\/ipor_que_me_converti_al_catolicismo\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 me convert\u00ed al catolicismo?"},"content":{"rendered":"<p>Aunque s\u00f3lo hace algunos a\u00f1os que soy cat\u00f3lico, s\u00e9 sin embargo que el problema de &#8220;por qu\u00e9 soy cat\u00f3lico&#8221; es muy distinto del problema de &#8220;por qu\u00e9 me convert\u00ed al catolicismo&#8221;. Tantas cosas han motivado mi conversi\u00f3n y tantas otras siguen surgiendo despu\u00e9s&#8230; Todas ellas se ponen en evidencia solamente cuando la primera nos da el empuj\u00f3n que conduce a la conversi\u00f3n misma. Todas son tambi\u00e9n tan numerosas y tan distintas las unas de las otras, que, al cabo, el motivo originario y primordial puede llegar a parecernos casi insignificante y secundario. <\/p>\n<p><p>La &#8220;confirmaci\u00f3n&#8221; de la fe, vale decir, su fortalecimiento y afirmaci\u00f3n, puede venir, tanto en el sentido real como en el sentido ritual, despu\u00e9s de la conversi\u00f3n. El convertido no suele recordar m\u00e1s tarde de qu\u00e9 modo aquellas razones se suced\u00edan las unas a las otras. Pues pronto, muy pronto, este sinn\u00famero de motivos llega a fundirse para \u00e9l en una sola y \u00fanica raz\u00f3n. Existe entre los hombres una curiosa especie de agn\u00f3sticos, \u00e1vidos escudri\u00f1adores del arte, que averiguan con sumo cuidado todo lo que en una catedral es antiguo y todo lo que en ella es nuevo. Los cat\u00f3licos, por el contrario, otorgan m\u00e1s importancia al hecho de si la catedral ha sido reconstru\u00edda para volver a servir como lo que es, es decir, como catedral.<\/p>\n<p><p>\u00a1Una catedral! A ella se parece todo el edificio de mi fe; de esta fe m\u00eda que es demasiado grande para una descripci\u00f3n detallada; y de la que, s\u00f3lo con gran esfuerzo, puedo determinar las edades de sus distintas piedras.<\/p>\n<p><p>A pesar de todo, estoy seguro de que lo primero que me atrajo hacia el catolicismo, era algo que, en el fondo, deber\u00eda m\u00e1s bien haberme apartado de \u00e9l. Estoy convencido tambi\u00e9n de que varios cat\u00f3licos deben sus primeros pasos hacia Roma a la amabilidad del difunto se\u00f1or Kensit.<\/p>\n<p><p>El se\u00f1or Kensit, un peque\u00f1o librero de la City, conocido como protestante fan\u00e1tico, organiz\u00f3 en 1898 una banda que, sistem\u00e1ticamente, asaltaba las iglesias ritualistas y perturbaba seriamente los oficios. El se\u00f1or Kensit muri\u00f3 en 1902 a causa de heridas recibidas durante uno de esos asaltos. Pronto la opini\u00f3n p\u00fablica se volvi\u00f3 contra \u00e9l, clasificando como &#8220;Kensitite Press&#8221; a los peores panfletos antirreligiosos publicados en Inglaterra contra Roma, panfletos carentes de todo juicio sano y de toda buena voluntad.<\/p>\n<p><p>Recuerdo especialmente ahora estos dos casos: unos autores serios lanzaban graves acusaciones contra el catolicismo, y, cosa curiosa, lo que ellos condenaban me pareci\u00f3 algo precioso y deseable.<\/p>\n<p><p>En el primer caso \u2014creo que se trataba de Horton y Hocking\u2014 se mencionaba con estremecido pavor, una terrible blasfemia sobre la Sant\u00edsima Virgen de un m\u00edstico cat\u00f3lico que escrib\u00eda: &#8220;Todas las criaturas deben todo a Dios; pero a Ella, hasta Dios mismo le debe alg\u00fan agradecimiento&#8221;. Esto me sobresalt\u00f3 como un son de trompeta y me dije casi en alta voz: &#8220;\u00a1Qu\u00e9 maravillosamente dicho!&#8221; Me parec\u00eda como si el inimaginable hecho de la Encarnaci\u00f3n pudiera con dificultad hallar expresi\u00f3n mejor y m\u00e1s clara que la sugerida por aquel m\u00edstico, siempre que se la sepa entender.<\/p>\n<p><p>En el segundo caso, alguien del diario &#8220;Daily News&#8221; (entonces yo mismo era todav\u00eda alguien del &#8220;Daily News&#8221;), como ejemplo t\u00edpico del &#8220;formulismo muerto&#8221; de los oficios cat\u00f3licos, cit\u00f3 lo siguiente: un obispo franc\u00e9s se hab\u00eda dirigido a unos soldados y obreros cuyo cansancio f\u00edsico les volv\u00eda dura la asistencia a Misa, dici\u00e9ndoles que Dios se contentar\u00eda con su sola presencia, y que les perdonar\u00eda sin duda su cansancio y su distracci\u00f3n. Entonces yo me dije otra vez a mi mismo: &#8220;\u00a1Qu\u00e9 sensata es esa gente! Si alguien corriera diez leguas para hacerme un gusto a mi, yo le agradecer\u00eda much\u00edsimo, tambi\u00e9n, que se durmiera enseguida en mi presencia&#8221;.<\/p>\n<p><p>Junto con estos dos ejemplos, podr\u00eda citar a\u00fan muchos otros procedentes de aquella primera \u00e9poca en que los inciertos amagos de mi fe cat\u00f3lica se nutrieron casi con exclusividad de publicaciones anticat\u00f3licas. Tengo un claro recuerdo de lo que sigui\u00f3 a estos primeros amagos. Es algo de lo cual me doy tanta m\u00e1s cuenta cuanto m\u00e1s desear\u00eda que no hubiese sucedido. Empec\u00e9 a marchar hacia el catolicismo mucho antes de conocer a aquellas dos personas excelent\u00edsimas a quienes, a este respecto, debo y agradezco tanto: al reverendo Padre John O&#8217;Connor de Bradford y al se\u00f1or Hilaire Belloc; pero lo hice bajo la influencia de mi acostumbrado liberalismo pol\u00edtico; lo hice hasta en la madriguera del &#8220;Daily News&#8221;.<\/p>\n<p><p>Este primer empuje, despu\u00e9s de deb\u00e9rselo a Dios, se lo debo a la historia y a la actitud del pueblo irland\u00e9s, a pesar de que no hay en m\u00ed ni una sola gota de sangre irlandesa. Estuve solamente dos veces en Irlanda y no tengo ni intereses all\u00ed ni s\u00e9 gran cosa del pa\u00eds. Pero ello no me impidi\u00f3 reconocer que la uni\u00f3n existente entre los diferentes partidos de Irlanda se debe en el fondo a una realidad religiosa; y que es por esta realidad que todo mi inter\u00e9s se concentraba en ese aspecto de la pol\u00edtica liberal. Fui descubriendo cada vez con mayor nitidez, enter\u00e1ndome por la historia y por mis propias experiencias, c\u00f3mo, durante largo tiempo se persigui\u00f3 por motivos inexplicables a un pueblo cristiano, y todav\u00eda sigue odi\u00e1ndosele. Reconoc\u00ed luego que no pod\u00eda ser de otra manera, porque esos cristianos eran profundos e inc\u00f3modos como aquellos que Ner\u00f3n hizo echar a los leones.<\/p>\n<p><p>Creo que estas mis revelaciones personales evidencian con claridad la raz\u00f3n de mi catolicismo, raz\u00f3n que luego fue fortific\u00e1ndose. Podr\u00eda a\u00f1adir ahora c\u00f3mo segu\u00ed reconociendo despu\u00e9s, que a todos los grandes imperios, una vez que se apartaban de Roma, les suced\u00eda precisamente lo mismo que a todos aquellos seres que desprecian las leyes o la naturaleza: ten\u00edan un leve \u00e9xito moment\u00e1neo, pero pronto experimentaban la sensaci\u00f3n de estar enlazados por un nudo corredizo, en una situaci\u00f3n de la que ellos mismos no pod\u00edan librarse. En Prusia hay tan poca perspectiva para el prusianismo, como en Manchester para el individualismo manchesteriano.<\/p>\n<p><p>Todo el mundo sabe que a un viejo pueblo agrario, arraigado en la fe y en las tradiciones de sus antepasados, le espera un futuro m\u00e1s grande o por lo menos m\u00e1s sencillo y m\u00e1s directo que a los pueblos que no tienen por base la tradici\u00f3n y la fe. Si este concepto se aplicase a una autobiograf\u00eda, resultar\u00eda mucho m\u00e1s f\u00e1cil escribirla que si se escudri\u00f1asen sus distintas evoluciones; pero el sistema ser\u00eda ego\u00edsta. Yo prefiero elegir otro m\u00e9todo para explicar breve pero completamente el contenido esencial de mi convicci\u00f3n: no es por falta de material que act\u00fao as\u00ed, sino por la dificultad de elegir lo m\u00e1s apropiado entre todo ese material numeroso. Sin embargo tratar\u00e9 de insinuar uno o dos puntos que me causaron una especial impresi\u00f3n.<\/p>\n<p><p>Hay en el mundo miles de modos de misticismo capaces de enloquecer al hombre. Pero hay una sola manera entre todas de poner al hombre en un estado normal. Es cierto que la humanidad jam\u00e1s pudo vivir un largo tiempo sin misticismo. Hasta los primeros sones agudos de la voz helada de Voltaire encontraron eco en Cagliostro. Ahora la superstici\u00f3n y la credulidad han vuelto a expandirse con tan vertiginosa rapidez, que dentro de poco el cat\u00f3lico y el agn\u00f3stico se encontrar\u00e1n lado a lado. Los cat\u00f3licos ser\u00e1n los \u00fanicos que, con raz\u00f3n, podr\u00e1n llamarse racionalistas. El mismo culto idol\u00e1trico por el misterio empez\u00f3 con la decadencia de la Roma pagana a pesar de los &#8220;intermezzos&#8221; de un Lucrecio o de un Lucano.<\/p>\n<p><p>No es natural ser materialista ni tampoco el serlo da una impresi\u00f3n de naturalidad. Tampoco es natural contentarse \u00fanicamente con la naturaleza. El hombre, por lo contrario, es m\u00edstico. Nacido como m\u00edstico, muere tambi\u00e9n como m\u00edstico, sobre todo si en vida ha sido un agn\u00f3stico. Mientras que todas las sociedades humanas consideran la inclinaci\u00f3n al misticismo como algo extraordinario, tengo yo que objetar, sin embargo, que una sola sociedad entre ellas, el catolicismo, tiene en cuenta las cosas cotidianas. Todas las otras las dejan de lado y las menosprecian.<\/p>\n<p><p>Un c\u00e9lebre autor public\u00f3 una vez una novela sobre la contraposici\u00f3n que existe entre el convento y la familia (The Cloister and the hearth). En aquel tiempo, hace 50 a\u00f1os, era realmente posible en Inglaterra imaginar una contradicci\u00f3n entre esas dos cosas. Hoy en d\u00eda, la as\u00ed llamada contradicci\u00f3n, llega a ser casi un estrecho parentesco. Aquellos que en otro tiempo exig\u00edan a gritos la anulaci\u00f3n de los conventos, destruyen hoy sin disimulo la familia. Este es uno de los tantos hechos que testimonian la verdad siguiente: que en la religi\u00f3n cat\u00f3lica, los votos y las profesiones m\u00e1s altas y &#8220;menos razonables&#8221; \u2014por decirlo as\u00ed\u2014 son, sin embargo, los que protegen las cosas mejores de la vida diaria.<\/p>\n<p><p>Muchas se\u00f1ales m\u00edsticas han sacudido el mundo. Pero una sola revoluci\u00f3n m\u00edstica lo ha conservado: el santo est\u00e1 al lado lo superior es el mejor amigo de lo bueno. Toda otra aparente revelaci\u00f3n se desv\u00eda al fin hacia una u otra filosof\u00eda indigna de la humanidad; a simplificaciones destructoras; al pesimismo, al optimismo, al fatalismo, a la nada y otra vez a la nada; al &#8220;nonsense&#8221;, a la insensatez.<\/p>\n<p><p>Es cierto que todas las religiones contienen algo bueno. Pero lo bueno, la quinta esencia de lo bueno, la humildad, el amor y el fervoroso agradecimiento &#8220;realmente existente&#8221; hacia Dios, no se hallan en ellas. Por m\u00e1s que las penetremos, por m\u00e1s respeto que les demostremos, con mayor claridad a\u00fan reconoceremos tambi\u00e9n esto: en lo m\u00e1s hondo de ellas hay algo distinto de lo puramente bueno; hay a veces dudas metaf\u00edsicas sobre la materia, a veces habla en ellas la voz fuerte de la naturaleza; otras, y esto en el mejor de los casos, existe un miedo a la Ley y al Se\u00f1or.<\/p>\n<p><p>Si se exagera todo esto, nace en las religiones una deformaci\u00f3n que llega hasta el diabolismo. S\u00f3lo pueden soportarse mientras se mantengan razonables y medidas. Mientras se est\u00e9n tranquilas, pueden llegar a ser estimadas, como sucedi\u00f3 con el protestantismo victoriano. Por el contrario, la m\u00e1s exaltaci\u00f3n por la Sant\u00edsima Virgen o la m\u00e1s extra\u00f1a imitaci\u00f3n de San Francisco de As\u00eds, seguir\u00edan siendo, en su quintaesencia, una cosa sana y s\u00f3lida. Nadie negar\u00e1 por ello su humanismo, ni despreciar\u00e1 a su pr\u00f3jimo. Lo que es bueno, jam\u00e1s podr\u00e1 llegar a ser DEMASIADO bueno. Esta es una de las caracter\u00edsticas del catolicismo que me parece singular y universal a la vez. Esta otra la sigue:<\/p>\n<p><p>S\u00f3lo la Iglesia Cat\u00f3lica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo. El otro d\u00eda, Bernard Shaw expres\u00f3 el nost\u00e1lgico deseo de que todos los hombres vivieran trescientos a\u00f1os en civilizaciones m\u00e1s felices. Tal frase nos demuestra c\u00f3mo los santurrones s\u00f3lo desean \u2014como ellos mismos dicen\u2014 reformas pr\u00e1cticas y objetivas. Ahora bien: esto se dice con facilidad; pero estoy absolutamente convencido de lo siguiente: si Bernard Shaw hubiera vivido durante los \u00faltimos trescientos a\u00f1os, se habr\u00eda convertido hace ya mucho tiempo al catolicismo. Habr\u00eda comprendido que el mundo gira siempre en la misma \u00f3rbita y que poco se puede confiar en su as\u00ed llamado progreso. Habr\u00eda visto tambi\u00e9n c\u00f3mo la Iglesia fue sacrificada por una superstici\u00f3n b\u00edblica, y la Biblia por una superstici\u00f3n darwinista. Y uno de los primeros en combatir estos hechos hubiera sido \u00e9l. Sea como fuere, Bernard Shaw deseaba para cada uno una experiencia de trescientos a\u00f1os. Y los cat\u00f3licos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega, pues, a tener de repente dos mil a\u00f1os. Esto significa, si lo precisamos todav\u00eda m\u00e1s, que una persona, al convertirse, crece y se eleva hacia el pleno humanismo. Juzga las cosas del modo como ellas conmueven a la humanidad, y a todos los pa\u00edses y en todos los tiempos; y no s\u00f3lo seg\u00fan las \u00faltimas noticias de los diarios Si un hombre moderno dice que su religi\u00f3n es el espiritualismo o el socialismo, ese hombre vive \u00edntegramente en el mundo m\u00e1s moderno posible, es decir, en el mundo de los partidos. El socialismo es la reacci\u00f3n contra el capitalismo, contra la insana acumulaci\u00f3n de riquezas en la propia naci\u00f3n. Su pol\u00edtica resultar\u00eda del todo distinta si se viviera en Esparta o en el Tibet. El espiritualismo no atraer\u00eda tampoco tanto la atenci\u00f3n si no estuviese en contradicci\u00f3n deslumbrante con el materialismo extendido en todas partes. Tampoco tendr\u00eda tanto poder si se reconocieran m\u00e1s los valores sobrenaturales. Jam\u00e1s la superstici\u00f3n ha revolucionado tanto el mundo como ahora. S\u00f3lo despu\u00e9s que toda una generaci\u00f3n declar\u00f3 dogm\u00e1ticamente y una vez por todas, la IMPOSIBILIDAD de que haya esp\u00edritus, la misma generaci\u00f3n se dej\u00f3 asustar por un pobre, peque\u00f1o esp\u00edritu. Estas supersticiones son invenciones de su tiempo \u2014podr\u00eda decirse en su excusa\u2014. Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Cat\u00f3lica prob\u00f3 no ser ella una invenci\u00f3n de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo m\u00e1s profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir alg\u00fan d\u00eda.<\/p>\n<p><p>G. K. Chesterton<\/p>\n<p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aunque s\u00f3lo hace algunos a\u00f1os que soy cat\u00f3lico, s\u00e9 sin embargo que el problema de &#8220;por qu\u00e9 soy cat\u00f3lico&#8221; es muy distinto del problema de &#8220;por qu\u00e9 me convert\u00ed al catolicismo&#8221;. 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