{"id":1153,"date":"2005-10-10T21:37:33","date_gmt":"2005-10-11T02:37:33","guid":{"rendered":"1309028770"},"modified":"2005-10-17T19:00:57","modified_gmt":"2005-10-17T19:00:57","slug":"dios_existe_yo_me_lo_encontre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2005\/10\/10\/dios_existe_yo_me_lo_encontre\/","title":{"rendered":"Dios existe; yo me lo Encontr\u00e9"},"content":{"rendered":"<p>Andr\u00e9 Frossard naci\u00f3 en Francia en 1915. <\/p>\n<p><p>Como su padre, Ludovic-Oscar Frossard, fue diputado y ministro durante la III Rep\u00fablica y primer secretario general del Partido Comunista Franc\u00e9s, Frossard fue educado en un ate\u00edsmo total. <\/p>\n<p><p>Encontr\u00f3 la F\u00e9 a los veinte a\u00f1os, de un modo sorprendente, en una capilla del Barrio Latino, en la que entr\u00f3 ateo y sali\u00f3 minutos m\u00e1s tarde &#8220;Cat\u00f3lico, Apost\u00f3lico y Romano&#8221;. <\/p>\n<p><p>El ate\u00edsmo en Andr\u00e9 Frossard y su posterior y repentina conversi\u00f3n se entienden un poco m\u00e1s contemplando su propia familia, como nos lo cuenta \u00e9l mismo:<\/p>\n<p><p>&#8220;Eramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ate\u00edsmo&#8221;. <\/p>\n<p><p>Los \u00faltimos militantes anticlericales que todav\u00eda predicaban contra la religi\u00f3n en las reuniones p\u00fablicas nos parec\u00edan pat\u00e9ticos y un poco rid\u00edculos, exactamente igual que lo ser\u00edan unos historiadores esforz\u00e1ndose por refutar la f\u00e1bula de Caperucita roja. Su celo no hacia m\u00e1s que prolongar en vano un debate cerrado mucho tiempo atr\u00e1s por la raz\u00f3n. Pues el ate\u00edsmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema. (&#8230;) <\/p>\n<p><p>Dios no exist\u00eda. <\/p>\n<p><p>Su imagen o las que evocan su existencia no figuraban en parte alguna de nuestra casa. Nadie nos hablaba de \u00c9l. (&#8230;)No hab\u00eda Dios. El cielo estaba vac\u00edo; la tierra era una combinaci\u00f3n de elementos qu\u00edmicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. <\/p>\n<p><p>Pronto nos entregar\u00eda sus \u00faltimos secretos, entre los que no hab\u00eda en absoluto Dios. <\/p>\n<p><p>\u00bfNecesito decir que no estaba bautizado? <\/p>\n<p><p>Seg\u00fan el uso de los medios avanzados, mis padres hab\u00edan decidido, de com\u00fan acuerdo, que yo escoger\u00eda mi religi\u00f3n a los veinte a\u00f1os, si contra toda espera razonable consideraba bueno tener una. Era una decisi\u00f3n sin c\u00e1lculo que presentaba todas las apariencias de imparcialidad. <\/p>\n<p><p>\u00bfA los veinte a\u00f1os quiere creer? Que crea. <\/p>\n<p><p>De hecho, es una edad impaciente y tumultuosa en la que los que han sido educados en la fe acaban corrientemente por perderla antes de volverla a encontrar, treinta o cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, como una amiga de la infancia&#8230; Los que no la han recibido en la cuna tienen pocas oportunidades de encontrarla al entrar en el cuartel&#8230; <\/p>\n<p><p>Mi padre era el secretario general del partido socialista. <\/p>\n<p><p>Yo dorm\u00eda en la habitaci\u00f3n que, durante el d\u00eda, serv\u00eda a mi padre de despacho, frente a un retrato de Karl Marx, bajo un retrato a pluma de Jules Guesde (socialista que colabor\u00f3 en la redacci\u00f3n del programa colectivista revolucionario) y una fotograf\u00eda de Jaur\u00e8s. Karl Marx me fascinaba. Era un le\u00f3n, una esfinge, una erupci\u00f3n solar. <\/p>\n<p><p>Karl Marx escapaba al tiempo. Hab\u00eda en \u00e9l algo de indestructible que era, transformada en piedra, la certidumbre de que ten\u00eda raz\u00f3n. Ese bloque de dial\u00e9ctica compacta velaba mi sue\u00f1o de ni\u00f1o. (&#8230;) <\/p>\n<p><p>El domingo era el d\u00eda del Se\u00f1or para los luteranos, que a veces iban al templo, y para los pietistas, que se reun\u00edan en peque\u00f1os grupos bajo la mirada falta de comprensi\u00f3n de otros. <\/p>\n<p>Para nosotros era el d\u00eda del aseo general, en el agua corriente del arroyo truchero, despu\u00e9s del cual mi abuelo mi friccionaba la cabeza con un cocimiento de manzanilla&#8230;&#8221; <\/p>\n<p><p>En Navidad, las campanas de los pueblos cercanos, que no encontraban eco entre nosotros, extend\u00edan como un manto de ceremonia sobre la campi\u00f1a muerta. Nosotros tambi\u00e9n nos pon\u00edamos nuestros trajes domingueros para ir a ninguna parte (&#8230;) Almorz\u00e1bamos en la mejor habitaci\u00f3n, sobre el blanco mantel de los d\u00edas se\u00f1alados. <\/p>\n<p><p>Pero ni el moscatel de Alsacia, ni la cerveza, ni la frambuesa, volv\u00edan a la familia m\u00e1s habladora. La comida, m\u00e1s rica que de costumbre, y el abeto, completamente barbudo de guirnaldas plateadas, nada conmemoraban. Era una Navidad sin recuerdos religiosos, una Navidad amn\u00e9sica que conmemoraba la fiesta de nadie. <\/p>\n<p><p>Entre las izquierdas la pol\u00edtica se consideraba como la m\u00e1s alta actividad del esp\u00edritu, el m\u00e1s hermoso de los oficios, despu\u00e9s del de m\u00e9dico, sin embargo, a ella deb\u00edan mis padres, por otra parte, el haberse encontrado. <\/p>\n<p><p>Mi madre de esp\u00edritu curioso, hab\u00eda escuchado a mi padre hablar del socialismo ante un auditorio obrero, con la fogosidad de sus veinticinco a\u00f1os, una inteligencia combativa, una voz admirable. Desde aquel d\u00eda, ella le sigui\u00f3 de reuni\u00f3n en reuni\u00f3n, por amor al socialismo, hasta la alcald\u00eda. Cuando me contaba esa historia, yo no comprend\u00eda gran cosa. <\/p>\n<p><p>Para m\u00ed, mis padres eran mis padres desde siempre y no imaginaba que hubiesen podido no serlo en un momento dado de su existencia. <\/p>\n<p><p>La honestidad, la natural decencia de su vida en com\u00fan, me hab\u00edan dado del matrimonio la idea de una cosa que no pod\u00eda deshacerse y que, al no tener fin, no hab\u00eda tenido comienzo. <\/p>\n<p><p>Mi madre vend\u00eda al preg\u00f3n el peri\u00f3dico de la Federaci\u00f3n Socialista, completamente redactado por mi padre, entonces maestro destituido por ama\u00f1os revolucionarios y reducido a la miseria. Pero la pol\u00edtica llenaba la vida de mi padre. (&#8230;) <\/p>\n<p><p>Rechaz\u00e1bamos todo lo que ven\u00eda del catolicismo, con una se\u00f1alada excepci\u00f3n para la persona -humana- de Jesucristo, hacia quien los antiguos del partido manten\u00edan (con bastante parquedad, a decir verdad) una especie de sentimiento de origen moral y de destino po\u00e9tico. <\/p>\n<p><p>No \u00e9ramos de los suyos, pero \u00e9l habr\u00eda podido ser de los nuestros por su amor a los pobres, su severidad con respeto a los poderosos, y sobre todo por el hecho de que hab\u00eda sido la v\u00edctima de los sacerdotes, en todo caso de los situados m\u00e1s alto, el ajusticiado por el poder y por su aparato de represi\u00f3n. <\/p>\n<p><p>Pero sin tener m\u00e9rito alguno Frossard, porque Dios quiso y no por otra raz\u00f3n, fue el afortunado en recibir el regalo de la conversi\u00f3n. El no buscaba a Dios. Se lo encontr\u00f3: &#8220;Sobrenaturalmente, s\u00e9 la verdad sobre la m\u00e1s disputada de las causas y el m\u00e1s antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontr\u00e9. <\/p>\n<p><p>Me lo encontr\u00e9 fortuitamente -dir\u00eda que por casualidad si el azar cupiese en esta especie de aventura-, con el asombro de paseante que, al doblar una calle de Par\u00eds, viese, en vez de la plaza o de la encrucijada habituales, una mar que batiese los pies de los edificios y se extendiese ante \u00e9l hasta el infinito. Fue un momento de estupor que dura todav\u00eda. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios. <\/p>\n<p><p>Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, sal\u00ed a las cinco y cuarto en compa\u00f1\u00eda de una amistad que no era de la tierra. <\/p>\n<p><p>Habiendo entrado all\u00ed esc\u00e9ptico y ateo de extrema izquierda, y a\u00fan m\u00e1s que esc\u00e9ptico y todav\u00eda m\u00e1s que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera ten\u00eda intenci\u00f3n de negar -hasta tal punto me parec\u00eda pasado, desde hac\u00eda mucho tiempo, a la cuenta de p\u00e9rdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volv\u00ed a salir, algunos minutos m\u00e1s tarde, &#8220;Cat\u00f3lico, Apost\u00f3lico, Romano&#8221;, llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegr\u00eda inagotable. Al entrar ten\u00eda veinte a\u00f1os. <\/p>\n<p><p>Al salir, era un ni\u00f1o, listo para el bautismo, y que miraba entorno a s\u00ed, con los ojos desorbitados, ese cielo habitado, esa ciudad que no se sab\u00eda suspendida en los aires, esos seres a pleno sol que parec\u00edan caminar en la oscuridad, sin ver el inmenso desgarr\u00f3n que acababa de hacerse en el toldo del mundo. <\/p>\n<p><p>Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me hab\u00eda repantingado, ya no exist\u00edan; mis propias costumbres hab\u00edan desaparecido y mis gustos estaban cambiados. <\/p>\n<p><p>No me oculto lo que una conversi\u00f3n de esta clase, por su car\u00e1cter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los esp\u00edritus contempor\u00e1neos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos m\u00edsticos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. <\/p>\n<p><p>Sin embargo, por deseoso que est\u00e9 de alinearme con el esp\u00edritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboraci\u00f3n lenta donde ha habido una brusca transformaci\u00f3n; no puedo dar las razones psicol\u00f3gicas, inmediatas o lejanas, de esa mutaci\u00f3n, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando ca\u00ed en una especie de emboscada: no cuento c\u00f3mo he llegado al catolicismo, sino como no iba a \u00e9l y me lo encontr\u00e9. (&#8230;) <\/p>\n<p><p>Nada me preparaba a lo que me ha sucedido: tambi\u00e9n la caridad divina tiene sus actos gratuitos. Y si, a menudo, me resigno a hablar en primera persona, es porque est\u00e1 claro para m\u00ed, como quisiera que estuviese enseguida para vosotros, que no he desempe\u00f1ado papel alguno en mi propia conversi\u00f3n. (&#8230;) <\/p>\n<p><p>Ese acontecimiento iba a operar en m\u00ed una revoluci\u00f3n tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi car\u00e1cter y haci\u00e9ndome hablar un lenguaje tan ins\u00f3lito que mi familia se alarm\u00f3. Se crey\u00f3 oportuno, suponi\u00e9ndome hechizado, hacerme examinar por un m\u00e9dico amigo, ateo y buen socialista. Despu\u00e9s de conversar conmigo sosegadamente y de interrogarme indirectamente, pudo comunicar a mi padre sus conclusiones: era la &#8220;Gracia&#8221;, dijo, un efecto de la &#8220;Gracia&#8221; y nada m\u00e1s. No hab\u00eda por qu\u00e9 inquietarse. <\/p>\n<p><p>Hablaba de la Gracia como de una enfermedad extra\u00f1a, que presentaba tales y cuales s\u00edntomas f\u00e1cilmente reconocibles. <\/p>\n<p><p>-\u00bfEra una enfermedad grave? <\/p>\n<p><p>No, la fe no atacaba a la raz\u00f3n. <\/p>\n<p><p>-\u00bfHab\u00eda un remedio? <\/p>\n<p><p>No; la enfermedad evolucionaba por s\u00ed misma hacia la curaci\u00f3n; esas crisis de misticismo, a la edad en que yo hab\u00eda sido atacado, duraban generalmente dos a\u00f1os y no dejaban ni lesi\u00f3n, ni huellas. <\/p>\n<p><p>No hab\u00eda m\u00e1s que tener paciencia. <\/p>\n<p><p>Se me tolerar\u00eda mi capricho religioso a condici\u00f3n de que fuese discreto, como lo ser\u00edan conmigo. <\/p>\n<p><p>Se me rog\u00f3 que me abstuviese de todo proselitismo en relaci\u00f3n con mi hermana menor. Ella se convertir\u00eda a pesar de todo al catolicismo, y mi madre tambi\u00e9n, bastantes a\u00f1os despu\u00e9s de ella&#8221;. <\/p>\n<p><p>Frossard escribi\u00f3 el libro de su conversi\u00f3n, Dios existe. Yo me lo encontr\u00e9, que mereci\u00f3 el Gran Premio de la literatura Cat\u00f3lica en Francia en 1969, y que se convertir\u00eda en un best-seller mundial. En 1985 fue elegido miembro de la Academia y trabaj\u00f3 en la Comisi\u00f3n del Diccionario. <\/p>\n<p><p>Muere en Par\u00eds en 1995 a los 80 a\u00f1os de edad, tras haber sido uno de los intelectuales cat\u00f3licos franceses m\u00e1s influyentes de su pa\u00eds en el presente siglo. <\/p>\n<p>\n<p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andr\u00e9 Frossard naci\u00f3 en Francia en 1915. Como su padre, Ludovic-Oscar Frossard, fue diputado y ministro durante la III Rep\u00fablica y primer secretario general del Partido Comunista Franc\u00e9s, Frossard fue educado en un ate\u00edsmo total. 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