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Fecha: 20080510

Título: Pentecostes es el regalo de regalos de Dios para nosotros

Original en audio: 21 min. 59 seg.


Uno de los propósitos de nuestro amado Papa, Bendicto, es poner la esperanza de moda, ponernos a hablar, a meditar, a orar por la esperanza.

Este mensaje lo necesitamos todos los seres humanos, en todas las culturas, para todos los tiempos, pero parece especialmente más urgente allí donde el cristianismo conoció mejores horas, y de pronto las circunstancias presentes pueden llevar como a la desilusión o a un sentimiento de declinar.

Cuando se ha visto una comunidad con un gran número de vocaciones y después resulta que nadie parece mostrar interés en la vida religiosa, eso puede causar una sensación de desilusión, nos descorazonamos.

Fíjate la riqueza que tiene esa lengua nuestra: descorazonarse es como perder el corazón, ¿no? Es lo que viene significando.

El Papa Benedicto, un hombre mayor en edad, pero sobre todo, mayor en sabiduría, como lo ha mostrado con su predicación preciosa, quiere que nosotros nos levantemos un poco por encima del momento presente y descubramos una vez más el don maravilloso de la esperanza.

El título de su última encíclica hasta ahora publicada es precisamente ese: "Salvados en la esperanza", y ese texto lo encontramos en las lecturas de hoy, está tomado del capitulo octavo de la Carta a los Romanos, nos dice el Apóstol San Pablo: "En esperanza fuimos salvados" Carta a los Romanos 8,24.

Y más adelante dice: "Cuando esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia" Carta a los Romanos 8,25.

Con la ayuda que me dé el Espíritu Santo, yo quiero compartir con ustedes una reflexión, sobre todo entorno a esa frase, porque como contemplativos estamos llamados a detenernos en la Palabra de Dios.

El contemplativo, por lo menos, el que sigue las huellas de Santo Domingo, se caracteriza por eso, porque se detiene en la Palabra; como la Palabra es su casa, no tiene prisa de salir de ella.

Yo no tengo prisa de salir de mi casa, y si mi casa es la Palabra, pues mi vida entera la gasto en esa Palabra donde habito, así como ella habita en mí.

Entonces, hagamos una estación, en el caminar de nuestra vida hagamos una breve estación para mirar esa frase: "Cuando esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia" Carta a los Romanos 8,25.

A mí me ha pasado muchas veces, no sé a vosotras, me ha pasado muchas veces que cuando leo despacio, sin prisa una frase, de repente me parece misteriosa, me parece extraña, incluso absurda o equivocada.

¿Qué tal esto? A ver, si a uno lo detienen de pronto, entre tantas actividades que hay en el día y en la vida, lo detiene una persona y le dice: "Oye, explícame esta frase: "Cuando esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia" Carta a los Romanos 8,25, ¿eso qué quiere decir?"

Y de pronto, a mí me ha pasado, no sé a vosotras, yo descubro que no he entendido, he pasado tantos años de mi vida desde cuando fui bautizado, he pasado años y años, seguramente he leído este pasaje cien veces, seguramente he predicado de la Carta a los Romanos muchas veces y no entiendo la palabra, pero no es motivo para que seamos demasiado duros con nosotros mismos.

Resulta que la Palabra está llena de regalos, la Palabra tendrá sus sorpresas, las sorpresas de su luz, de su amor y de su gracia hasta el último día.

El día que nos estemos muriendo y el día que nos estén enterrando, el Evangelio que se lea ese día todavía no lo habremos terminado de entender, y bendito sea Dios que es así, porque esto significa que esta Palabra está hecha para alimentar no sólo toda nuestra vida sino toda nuestra eternidad.

Nada podría ser más triste que sentir uno: "Ya ha entiendo todo, ya lo conozco todo, ya lo sé todo"; los que dicen ese lenguaje se han despedido del cristianismo.

En muchos lugares de Europa se habla de una etapa "postcristiana", porque la gente cree: "No, ya entendí qué es el cristianismo, ya sé qué es lo que propone Cristo, ya sé cómo es la historia, el cuento ese de la Iglesia, y como ya lo sé y como no me convence, entonces yo estoy después de eso, yo paso de todo eso porque ya eso no me dice nada".

Quien habla así presume de haber entendido, nosotros, en cambio, tomemos una actitud que de pronto es más saludable: "No entiendo; bendito sea Dios que no entiendo, significa que puedo seguir siendo discípulo que se sienta a los pies del maestro, como María en Betania; después de eso yo confieso que yo no entiendo esa frase, por lo menos, en una primera lectura, no la entiendo".

"Cuando esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia" Carta a los Romanos 8,25, ¿qué es eso? Para mí es como un enigma, ¿qué tiene que ver que cuando uno espera lo que no ve?

Y antes nos ha dicho: "Una esperanza que se ve, ya no es esperanza. Por eso, cuando esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia" Carta a los Romanos 8,24-25, sigo sin entender, no entiendo lo qué es lo que quiere decir esa palabra.

Un contemplativo es una persona que persigue esta clase de perlas, esta clase de joyas, y a medida que las va encontrando, va descubriendo nuevas dimensiones. Recordemos eso que nos dice San Juan de la Cruz, que está en el Oficio de Lecturas de su fiesta: Esto es como una mina en donde se van encontrando caminos dentro de caminos, dentro de caminos, y no es otra cosa sino la revelación misma del ser de Dios lo que aparece en la Palabra".

Bueno, pero algo podrá decirnos el Señor esta noche. Nuestra Iglesia nos propone esta lectura para este día, luego debe tener algún sentido para nosotros. Y en efecto, lo primero que llama la atención es el contraste entre lo que yo veo y lo que no veo.

¿Cuál es la reacción que uno casi siempre tiene frente a lo que no puede ver? De niños, muchos le tuvimos temor a la oscuridad, el momento en el que uno no ve causa miedo, no ver causa muchas veces temor: "¿Aquí qué puede pasar?"

También esto se aplica al entendimiento, a la inteligencia. Cuando uno no entiende algo, por ejemplo, una persona va a proponerte un negocio y empieza a hablarte y tú sientes que te está como enredando, como confundiendo, la actitud de uno inmediatamente es dar un paso atrás y sentir desconfianza: "Oye, ¿éste qué quiere?" Esto está extraño", no entiendo, no veo claro", y me retiro, siento temor.

Pero lo interesante de ese versículo en la Carta a los Romanos, es que va en la dirección opuesta: yo espero algo que no veo, y por eso lo espero con más ansia. Es un movimiento distinto, podríamos decir que va en contra de nuestra intuición, en contra de nuestra reacción más común.

¿En qué momento uno se alegra cuando no ve? Porque eso es lo que aparece aquí: que no veo, y precisamente porque no veo, más crece mi esperanza; ¿cuándo se da eso? Pues sí se da, se da, por ejemplo, cuando recibo un regalo: es parte del encanto y de la belleza del regalo que no se ve.

Recibir el regalo, que usualmente viene envuelto en un papel hermoso, pero que me oculta la vista, ahí no me produce miedo. Creo que por esa pista podremos encontrar algo.

Si a mí me dan un regalo, porque el regalo se lo pueden dar a uno de muchas maneras, ¿no? "Bueno ahora te vamos a regalar, como has predicado bien, te vamos a regalar este misal, entonces te lo puedes llevar, ese es tu regalo", pues ahí se ve el regalo, ahí está a la vista, pero tiene más encanto cuando está envuelto.

¿Por qué la envoltura añade alegría? Tanto, que pasamos por ese trabajo que es como absurdo. No sé qué tanta costumbre haya de empacar, de envolver regalos por aquí, pero en muchísimas partes del mundo eso es lo más común, y es un ejercicio que si uno lo piensa un poco parece absurdo, parece un poco tonto.

Digamos, para Navidad o para Reyes, la gente envuelve el regalo, y entonces el ejercicio es: que si le voy a dar regalo a veinte personas los envuelvo, digamos, a las nueve de la noche, y a las nueve de la mañana los van a desenvolver, ¿cuál es el sentido? ¿Por qué nosotros ocultamos el regalo?

El regalo produce una alegría, sí, pero el regalo envuelto produce algo más que una alegría, ¿por qué? ¿Por qué hay más alegría en el regalo envuelto, en el regalo empacado?

Bueno, eso se puede parecer a otra expresión semejante, eso puede asemejarse a una expresión parecida del amor que es muy común en las familias, es algo muy tierno que a veces se hace con los niños pequeños: "Cierra los ojos y abre la boca", por ejemplo, para darle a probar una golosina nueva.

Y la persona cierra los ojos y abre la boca, y entonces le dan,mira: "Ahora ya has conocido el dulce de papayuela", o de lo que sea.

"Cierra los ojos y abre la boca". Cuando a uno le dicen eso de niño, obviamente, una persona de la que uno pueda confiar, uno lo que siente es que le van a mostrar una forma distinta de amor: "Me van a revelar otra manera, -de un modo seguramente elemental-, pero me van a revelar un poquito más de cómo me aman".

En el fondo el regalo empacado es lo mismo: "Te voy a mostrar otra manera cómo yo te amo; otra de mis maneras de amarte". Uno recibe el regalo, y si uno ve directamente lo que le están regalando, por ejemplo, un misal lujoso, entonces uno dice: "Ya se lo que me regalan", pero se pierde la sorpresa.

En cambio, esa expectativa que uno tiene: "¿Pero ahora esto qué podrá ser? Y a veces la gente sacude el paquete que le dan: "Bueno, pero nada se mueve, es como pesado, ¿qué será esto? ¿Será una caja? ¿Será un libro? ¿Serán Unas joyas? ¿Qué será esto?" Esas preguntas ¿qué efecto tienen en el corazón? Preparan el corazón para una revelación, la revelación de un nuevo modo de amar.

Y esto está tan profundamente grabado en el corazón humano, que la gran mayoría de las personas, cuando besan, sobre todo cuando se trata de un beso que lleva realmente amor, por ejemplo, amor de pareja, cierran los ojos; muy a menudo es necesario cerrar los ojos porque se trata de esperar una revelación distinta, un nuevo modo de amar.

Con esos ejemplos, volvamos a la frase de San Pablo: "Cuando esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia" Carta a los Romanos 8,25. Entonces esto lo podríamos traducir más o menos de la siguiente manera: podríamos traducir, que el Dios que nos ha mostrado tantas maneras de su amor, todavía nos dice que lo mejor está por venir.

Y Entonces nosotros, que ya conocemos una historia de su amor, una historia de sus regalos, entonces ahora decimos: "Y lo mejor todavía no llega, viene todavía lo mejor". Entonces la palabra que nos ayuda a entender esta frase, si no me estoy equivocando, es la palabra amor, y de pronto la palabra regalo.

Es una historia de regalos, y esa historia de regalos hace que yo cierre los ojos y abra la boca. Un niño no hace eso con cualquiera, no lo hace, el niño hace eso con la persona que sabe que le ama, la persona que ha tenido una historia de amor.

Entonces la mamita, el papito, no sé, la gente que está cerca y de la cual el niño se siente seguro; cuando el niño se siente seguro, porque se siente amado, entonces cierra los ojos y hambre la boca, porque quiere conocer otra manera de ser amado.

Nosotros, entonces, hemos conocido una historia de regalos; la manera de recuperar la paz, la manera de sanar muchas heridas, la manera de curar la amargura del alma, es muchas veces recordar la historia de los regalos.

Todos tenemos muchas historias, uno tiene la historia de los regalos y uno tiene la historia de las amarguras, y uno tiene la historia de las decepciones, y la historia de las ilusiones, uno tiene muchos regalos y uno tiene muchos dolores.

Y depende de qué historia recuerde uno, pues así también será la manera cómo se sienta. Entonces cuando una pareja, por ejemplo, que está en dificultades, está pasando por un tiempo malo, ¿qué tienden a hacer? Lo que tienden es a recordar la historia de las amarguras, porque como en toda pareja hay una historia de amarguras: "-¿Te acuerdas del día que tú me dijiste...? "-Ah, pero es que ese día tú me dijiste..." "-Ah, pero es que tú me acusaste..." Es recordar la historia de las amarguras.

En cambio, cuando se sienten reconciliados y cuando se entienden, recuerdan: "-¿Te acuerdas cuando te llevé una primera serenata?” "-¿Te acuerdas cuando el primer chocolate?" "-¿Te acuerdas del primer beso?" Es la historia de los regalos.

La vigilia de Pentecostés, ésta que estamos celebrando, tiene un papel importantísimo, porque es la noche en que cada uno de nosotros tiene que hacer la lista, tiene que hacer la historia de los regalos.

Esta es la noche en que uno tiene que hacer el inventario de las bendiciones, de las ternuras de Dios, de las caricias del Altísimo, de su presencia maravillosa en la vida de uno, ¿por qué? Porque el Espíritu es el regalo de regalos, el Espíritu es el don con D mayúscula.

Entonces, hoy somos invitados por nuestra mamita, que es la Iglesia, hoy la mamá Iglesia nos dice: "Cierra los ojos y abre la boca, que viene lo mejor"; "cierra los ojos y abre la boca, que viene el regalo de regalos: es que Dios mismo quiere regalarse a ti".

Porque resulta que cuando teníamos a Jesús en medio de nosotros, cuando Jesús caminaba sobre la faz de la tierra, sí, ahí teníamos a Dios con nosotros; pero la Encarnación tiene su límite, porque nos dice el Evangelista Lucas: "La gente se echaba encima de Cristo para tocarlo" San Lucas 6,19.

¿Pero cuántas personas pueden tocarlo al mismo tiempo? ¿Diez? ¿doce? ¿veinte? Difícilmente veinte, no se puede sin asfixiarlo; hay un límite. La Carne de Cristo sirve para manifestar un amor infinito en el sacrificio de la Cruz, pero la Carne de Cristo no alcanza a tocar la historia de cada uno de nosotros.

Entonces, por eso necesitamos otro camino, necesitamos otra manera, necesitamos algo mejor.

Bueno, ustedes se escandalizarán de que yo diga: "necesitamos algo mejor que Cristo", pero quiero decir lo que Él mismo dijo: "Miren, os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no viene el que puede habitar en vosotros" San Juan 16,7.

"El que puede tocar vuestra historia, el que puede entrar y reinar y habitar en cada uno de vosotros, ése es el Espíritu".

Esta es entonces la noche para hacer la lista de regalos, esta es la noche para decir: "¡He recibido tanto del Señor, el Señor ha levantado tantas veces mi vida", y eso tiene que decirlo cada uno, y eso tiene que decirlo cada una, y eso tiene que decirlo cada comunidad, porque Dios tiene también su historia de regalos con las comunidades.

Entonces, por ejemplo, el monasterio, tiene que recordar la historia de los regalos de Dios: cómo Dios ha luchado y ha sacado adelante su monasterio, cómo Dios ha vencido enemigos poderosísimos, cómo Dios ha ayudado a la comunidad a atravesar desiertos interminables, cómo Dios ha alimentado a la comunidad en circunstancias que parecían ímprobas.

Dios y la historia de sus regalos, para que también el monasterio haga el ejercicio, también el monasterio diga: "Y este Dios, que todo esto ha hecho, ahora nos invita a que cerremos los ojos y abramos la boca, a que nos preparemos para el regalo de regalos".

Esa es esta noche, esta es la noche para creer; esta es la noche para esperar; esta es la noche para amar; esta es la noche en que Jesús, no nos susurra, sino que nos grita, como sacando a Lázaro de la tumba, Jesús nos grita para sacarnos de la tumba.

Nos grita: "El que tenga sed, que venga a mí" San Juan 7,37, "el que cree en mí, que beba" San Juan 7,38; se abre la fuente, ahí está el océano del amor divino, que beba; ahí está el manantial que no se agota.

Esta es la noche maravillosa que nos prepara para el día en el que Dios mismo se da.

Si uno pudiera predicar bien ese misterio, sería muy hermoso; de pronto un día, antes de que me muera, Dios me puede ayudar a que yo pueda predicar bien de Pentecostés, porque no he podido, no he sabido, realmente.

Si uno pudiera predicar bien Pentecostés, es lo más hermoso, es el Dios que completa la obra de su redención y misericordia en el corazón humano levantándolo, o como dicen los cristianos en Oriente, divinizando, deificando a su criatura por virtud de los méritos de Jesucristo.