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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20030608

Título: El agua que no se agota

Original en audio: 11 min. 28 seg.


Hermanos:

Vamos a repasar juntos las palabras que acaba de decirnos Jesucristo en el Evangelio. Son palabras muy dulces a nuestros oídos, porque están cargadas de esperanza, porque son un anuncio de una buena y hermosa noticia.

Pero hay que saberlas entender, y con la ayuda que el Espíritu Santo nos dé, meditemos un momento en esto que nos ha regalado Jesús hoy. Mira lo que dice Jesús: que el que tenga sed se acerque a Él; dice Jesús: "Que venga a mí" San Juan 7,37.

Esto es lo primero. El que quiera calmar la sed, que se acerque a Jesús. Jesús mismo está diciendo a todos los sedientos: "Ven a mí" San Juan 7,37. Para ir a Jesús hay que ponerse en camino, como se puso en camino el hijo pródigo: "Ven a mí. Pónte en camino. Muévete, muévete" San Lucas 15,20.

Hay un lema muy bonito que tienen los Alcohólicos Anónimos, que dice: "Si nada cambia, nada cambia". Este lema significa: Si no cambias algo en tu vida, tu vida nunca va a cambiar. ¡Pónte en movimiento, cambia tus costumbres, renueva tus amistades, mejora tus lecturas, deja ciertos lugares de entretenimiento y busca otras alegrías! ¡Busca a Jesús! ¡Pónte en movimiento, muévete! ¡Llega a Jesús!

¿Qué tienes que dejar? Eso lo sabes tú. ¿Qué cosa tienes que dejar? Eso lo sabes tú. ¿Qué amistades tienes que dejar? Eso lo sabes tú. ¿Qué programa de televisión te está envenenando el alma? Eso lo sabes tú.

¿Qué páginas de Internet te están haciendo daño? Eso lo sabes tú. ¿Cuál es la sección del periódico que te llena de superficialidad, de astrología y de tonterías? Eso lo sabes tú.

¡Ven a Jesús! ¡Pónte en movimiento! Tú sabes lo que tienes que dejar. ¡Pónte en movimiento! ¡Muévete hacia el Señor!

Pasemos al segundo punto: Jesús nos dice: "El que cree en mí, que beba" San Juan 7,38. Pero luego viene algo extraño: "Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva" San Juan 7,38.

Juntemos esas dos frases. Jesús dice: "El que cree en mí, que beba" San Juan 7,38. Lo primero que uno entiende de esa frase es que toca beber en Jesús: "Que venga a mí, que crea en mí y que beba". Lo que uno entiende es beber en Jesús.

Pero mira lo que sigue: "La Escritura dice: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva" San Juan 7,38. Esto es lo nuevo que nos trae la segunda parte de la enseñanza de hoy. Tratemos de entender. El Espíritu Santo está con nosotros, y nos puede ayudar a entender. Tratemos de entender.

¿Qué quiere decirnos el Señor? Dice: "Que venga a mí" San Juan 7,37, y luego dice: "El que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva" San Juan 7,38. Entonces, ¿de dónde tengo que beber? Porque, aparentemente es beber en Jesús, y eso no lo puede negar nadie. Él es la fuente.

Pero luego dice el Señor: "De sus entrañas..." San Juan 7,38. Esto es maravilloso. Esta es la parte mística, esta es la parte bella y espiritual de la predicación de hoy. Jesús no te va a dar un poco de agua; Jesús te va a dar un manantial, tu propio manantial. ¡Esto es lindísimo!

Esto es lo mismo que nos enseñó el Señor en aquel pasaje de la Samaritana. ¿De qué se quejaba la Samaritana? De tener que ir a recoger el agua. Jesús le dijo: "Si supieras quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a Él y Él te daría" San Juan 4,10.

Y Él te daría, ¿qué?. No es, "Él te daría un poco de agua" , sino "Él te daría una fuente que salta hasta la vida eterna" San Juan 4,14. Jesús no da un poco de agua; Jesús da una fuente; Jesús da un manantial.

Cuando uno recibe un poco de agua es como cuando recibe un poco de alegría o como cuando recibe un poco de alimento. La persona que recibe un poco de alegría, por ejemplo, en un vaso que contuviera licor, esa persona ¿qué tiene que hacer? Tomarse su poquito de licor; pero esa alegría se le acaba. ¿Qué tiene que hacer? Volver y comprar, volver y beber.

Y lo mismo sucede con el alimento. Nadie queda desayunado de por vida, nadie queda almorzado de por vida. ¡No! Comemos para que nos dé de nuevo hambre. Jesús promete romper ese círculo, promete romper ese ciclo.

"Te voy a dar algo para que nunca más tengas hambre; Te voy a dar algo para que nunca más tengas sed". Jesús no dice: "Te voy a dar un vaso"; ni siquiera dice: "Te voy a dar un mar". Porque el mar más grande se agotaría al cabo de los siglos. Dice: "Te voy a dar una fuente" San Juan 7,38.

El Espíritu Santo en nosotros no es una cantidad de agua, es agua viva, agua que no se agota, vida que no se muere, esperanza que no termina, alegría que no se apaga. Eso es el Espíritu Santo.

"No te voy a dar un poquito, te voy a dar una fuente; no te voy a solucionar tu día, sino tu vida; no te voy a arreglar tu problema hoy, sino voy a sanar, voy a transformar, voy a bendecir todo lo que tú eres. Te voy a dar una fuente".

Esto es muy lindo: "Te voy a dar una fuente". Esto es lo que dice Jesús: "Cree en mí; te voy a dar una fuente" San Juan 7,38. Esto es muy grande.

El que tiene agua, un día se le puede acabar, y puede buscar otra agua, y puede equivocarse de agua. ¿Qué es el pecado? Es equivocarse de agua. Eso es el pecado. Necesitamos amor. Dios nos da amor. Pero a veces buscamos otra agua, buscamos amores falsos, amores que envenenan, aguas que envenenan.

Jesús dice: "Te voy a dar una fuente para que nunca más te engañe ninguna agua; ya no te va a volver a engañar el agua; te voy a dar una fuente". Eso es lo que nos promete Jesús.

Tercera y última parte. Dice el Evangelista Juan: "Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado" San Juan 7,39. En Juan, la gloria de Jesús, es el ascenso a la Cruz.

Hay un canto tan precioso que lo conocí en un monasterio de monjes alemanes, un canto bellísimo. Es un canto de alabanza al Espíritu Santo, y dice cosas de una poesía hermosa.

Me acuerdo de dos estrofas: "El Espíritu Santo es el regalo de las bodas, porque Jesús en la Cruz se unió tan estrechamente a nuestra suerte, a nuestro destino, a nuestro dolor, a nuestra tragedia, que, verdaderamente, Jesús en la Cruz celebró bodas con nosotros. Y el regalo de bodas, (ya que no puede faltar en las bodas un regalo), el regalo de bodas es el Espíritu Santo".

Y también dice en otra parte esa canción lindísima, dice algo así como: "El precio está pagado, y el precio es la Sangre". Ya está pagado: toda la alegría que tú y yo tenemos hoy y la que vamos a tener mañana en este Pentecostés, todo lo que está palpitando en nuestro corazón, todo lo que nos hace llorar de gozo, cantar, exclamar, bendecir, saltar, bailar.

Ustedes vieran lo hermosos que se ven bailando. Ahora estaban danzando, y cantaban, y levantaban manos, y yo veía tanto júbilo y pensaba: la Sangre de Jesús dio esta alegría, y ésa, y la tuya también, y la tuya... . Todo, todo lo pagó la Sangre del Señor.

Se necesitaba que Jesús fuera glorificado a través de ese paso, ese paso terrible, ese paso doloroso, ese paso humillante de la Cruz; pero, a través de ese paso, Jesús pagó el precio; el precio está pagado; ya, ya está para tí.

Por eso nos ha dicho la primera lectura, la del Profeta Joel: "Y todo el que invoque el Nombre del Señor, será salvo" Joel 3,5. Yo creo que pocas promesas son tan grandes en la Biblia: "Todo el que invoque el Nombre del Señor, será salvo" Joel 3,5. ¡Invócalo, invócalo!

Y el Profeta Isaías nos dice en el capítulo 55, mira: "Vengan, coman, coman sin pagar; vengan, aliméntense, ya está pago, ya está pago: tu perdón ya está, tu alegría ya está, tu sanación, ya está, tu esperanza, ya está. Todo lo ha pagado, todo está para tí" Isaías 55,1-11.

Basta como dice el Salmo: "Abre tu boca, abre tu boca y yo la saciaré" Salmo 81,11. Hoy nos dice esto el Señor: "Abre tu boca, invoca mi Nombre, toca a mi puerta, la cena está lista; todo está preparado, y el precio ya lo pagó, ya lo pagó mi Hijo; toda tu cuenta está saldada".

¡Ven, aliméntate, goza, disfruta! Es banquete de familia, es alegría en Dios, es la Fiesta del Espíritu Santo; esto se llama Pentecostés.