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Fecha: 19970517

Título: Del misterio de la Cruz brota el Espiritu Santo

Original en audio: 25 min 44 seg.


Queridos Amigos:

Se me ha pedido que predique en esta reunión hermosa y solemne, a la altura del Espíritu Santo; pero no se puede predicar del Espíritu sin el auxilio del mismo Espíritu; pido de sus corazones un momento de silencio y de amorosa oración para que sea el mismo Espíritu Santo el que guíe mis palabras, el que guíe sus oídos y el que reine en nuestros corazones.

Amigos, hemos tomado las lecturas propias para la Vigilia de Pentecostés; quienes mañana, con la bondad de Dios, podamos participar de la Eucaristía, escucharemos otras lecturas, las propias de la Misa del día de Pentecostés; ahora estamos en la víspera, en la Vigilia.

Y esto tiene su importancia, porque las lecturas que nos ofrece la Iglesia en esta noche, quieren precisamente que nosotros podamos unir nuestro corazón, la Pascua de Cristo, que hemos venido celebrando, con el don del Espíritu, que mañana celebraremos; se puede decir, en una palabra muy sencilla, la plena gloria de Cristo, es la efusión del Espíritu Santo.

Se trata de que podamos relacionar en nuestros pensamientos, pero sobre todo en nuestro corazón, cómo el misterio de Cristo se convierte en el don del Espíritu. Sabemos bien que con Pentecostés culmina el Tiempo Pascual y sabemos que la Pascua tuvo su comienzo precisamente en la celebración de la Resurrección del Señor.

Antes de esta celebración, en la Semana Santa, hemos recordado el martirio de Jesucristo, la tortura, la afrenta, la muerte, la Cruz, el sepulcro, y luego nos hemos alegrado en su Resurrección.

Pues bien, las lecturas de esta Vigilia quieren que nosotros podamos relacionar estos misterios de Cristo con el don del Espíritu Santo, y tenemos, lo que parece más absurdo, ¿por qué de esta Cruz? ¿Por qué del sacrificio de la Cruz brota el Espíritu Santo?

Hace un momento, he llamado martirio a lo que Cristo padeció; para nosotros la palabra martirio hace referencia solamente a un dolor insoportable, e incluso, a veces decimos de un trabajo incómodo o de una persona fastidiosa que es un martirio, pero la palabra martirio, en su origen, en el griego, lo que significa es "testimonio", y el testimonio que Cristo dio en la Cruz es el solemne testimonio de un amor que atraviesa todas las barreras.

Si luego el Espíritu Santo va a servir de unidad de entre todos los pueblos, es porque el amor de Cristo atravesó todas las barreras del corazón humano; precisamente, porque Cristo desde la tragedia de la Cruz, desde la traición de la Cruz, anuncia un amor victorioso, ese amor ahí testificado es el mismo que luego se derrama abundantemente sobre los discípulos de Cristo, y es el amor que permite que nosotros hablemos un mismo lenguaje, porque hablar un mismo lenguaje no es utilizar unas mismas palabras.

Tienen el mismo español el esposo y la esposa que ya no se hablan y ya no se entienden, y hablan el mismo español, ¿les servirá para solucionar sus problemas que alguien les regale un diccionario o una gramática y les diga: "-Estudien español? Ellos dirán: "-Mira, yo sé hablar muy bien el español, pero es que ella utiliza las palabras con un tonito y una manera que ya sabe que a mí me fastidia", y ella dice: "-Pero es que él sabe bien qué es lo que a mí me no me gusta..."

Entenderse no es un problema de diccionario, o mejor, entenderse es un problema del diccionario del amor, pero hay personas y hay vidas que del diccionario del amor han perdido hasta el alfabeto. Hay que recuperar el alfabeto del amor, hay que aprender otra vez a reconstruir palabras que digan paz, hay que aprender a reconstruir la unidad entre las personas.

Esto es lo que hace el Espíritu Santo, esto es lo que hace el amor que Cristo ganó para nosotros en la Cruz, y como es tan maravilloso que el Espíritu Santo sea ese traductor simultáneo, que logra unir las lenguas, porque ha unido los corazones, como eso es tan maravilloso, vale la pena que nos detengamos un momento a contemplarlo y a meditarlo.

La pregunta sería: ¿Cómo logra el Espíritu Santo unirnos? ¿Cómo logra el Espíritu Santo que volvamos a entendernos? ¿Cómo logra que volvamos a tener una misma lengua, para dar la gloria a Dios y para poder edificarnos y perdonarnos y tolerarnos mutuamente? De nuevo la respuesta tiene relación con el misterio de la Cruz de Cristo.

Cuando la Cruz de Jesucristo se levanta en una vida, una cosa queda clara en uno, una sola cosa que se dice de muchas maneras: "Me ha amado hasta el extremo"; "Él, Jesús, me ha amado inmerecidamente, desbordantemente, sobreabundantemente; me ha amado muchísimo, más allá de lo que yo merecería".

Y el amor, ese amor sobreabundante que aparece patente en la Cruz de Cristo, ese amor es el que le desarma a uno, porque la misma barrera que tengo con Dios, es la que no me deja hablarte mi hermano; la misma barrera que me impide recibirle el amor a Dios, me impide darle el amor a mi hermano.

Cuando Cristo en la Cruz destruye esta barrera, destruye también las barreras que dividían a la humanidad, esto es hoy, pero hay que mirarlo todavía más de cerca, quiero que nos acerquemos a esa roca roja del Espíritu Santo que brota de Cristo, que nos acerquemos como el que contempla la belleza de Dios en esta tierra y por eso nos atrevemos a hacer otra pregunta: ¿Y cómo es que sucede que yo me pueda sentir amado ante la Cruz de Jesucristo?

Esta es una pregunta que pueda sonar muy irrespetuosa, pero después de todo no es nada obvio, al fin y al cabo, yo no tuve nada que ver con la condena de ese hombre; y lo mismo que hemos preguntado otras veces: agarran a un Señor que es inocente, lo torturan, lo golpean, lo humillan, lo crucifican y se muere, ¿de qué manera eso es amor para mí? ¿De qué manera eso significa algo para mi? De que es una injusticia, es una injusticia, ¿pero de qué modo puede hacerme descubrir el amor ahí?

Si se tratara simplemente de la breve descripción que hice hace un momento, es decir, si se tratara solamente de que han cogido una persona inocente, y lo agarran a palos, lo azotan, lo crucifican y lo matan, si se tratara solamente de eso, ahí no podríamos hablar de amor, pero hay una diferencia, este Jesús es el cumplimiento de la promesa que Dios Padre había hecho a un pueblo, que es el pueblo de Israel.

Jesús muere en la Cruz cumpliendo una promesa de Dios para el pueblo de Israel, la promesa de un rey; Jesús es el insólito modo de reinar Dios, esto es lo que hace que yo pueda descubrir el amor en su modo de morir, porque Jesús en la Cruz estaba reinando.

Tome usted por ejemplo el Evangelio según San Juan, necesita todo su amor y toda su atención para estas palabras. Por ejemplo, si usted lo lee detenidamente, respóndame esta pregunta: ¿Ahí quién estaba siendo juzgado y ahí quién era el juez? La respuesta parece obvia, el juez era Pilato y el juzgado Jesús.

¿Estás seguro de eso? Haz memoria, Pasión de Cristo, Semana Santa, ¿quién es el que hace las preguntas y quién es el que deja sin respuestas? Pregunta Cristo a Pilato, porque Pilato le dice: "Yo tengo poder para soltarte, poder para condenarte" San Juan 19,10.

Y le responde Cristo a Pilato: "Tú no tendrías ese poder si no te lo hubieran dado, pero ese que me entregó a ti tiene un pecado mayor que el tuyo" San Juan 19,11.

¿Quién está declarando ahí las cuentas y las inocencias? No es Pilato, Pilato es un hombre asustado y cobarde; la esposa de Pilato le manda una razón: "No te metas con ese Cristo porque he tenido pesadillas con Él" San Mateo 27,19.

Pilato está entre la voz de la esposa, los Sumos Sacerdotes, este pordiosero, que es Jesucristo, que no sabe que hacer con Él, la turba que quiere que le crucifiquen.

Pilato es un desorientado, Jesús, especialmente en el Evangelio de Juan, pero igual en todos los otros Evangelios, es el verdadero dueño de la situación. Quién es el que absuelve? Jesús no fue absuelto, Jesús fue condenado, pero es Jesús el que absuelve y dice: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" San Lucas 23,34.

¿Era realmente Jesús el que estaba siendo procesado? ¿O era el mundo pecador el que estaba siendo juzgado? Jesús, chiste de Dios, que el Imperio Romano haya sido juzgado en un rincón de Palestina por un hombre que no tenía titulo académico y que no mandaba sobre nadie; es un chiste del humor de Dios, que haya sido juez del Procurador el que estaba siendo condenado por el Procurador.

De manera que la Cruz de Cristo, no es una gran demostración de la cobardía, es la gran demostración de cómo reina Dios, del estilo de reinar de Dios. Señala el Evangelio de Marcos cuál era el papel del centurión en una crucifixión. El papel de centurión y de los soldados que estaban ahí era muy claro: impedir que alguien desclavara al que estaba ahí crucificado.

Los soldados, que tenían ese oficio infinitamente cruel, tomaban algunos narcóticos, como por ejemplo la mirra, que también le ofrecieron a Jesús; a Jesús le ofrecieron de beber dos cosas distintas: una toma de mirra, que era como para alocarse, y la otra era el vinagre; el vinagre, que no lo alocaba, se lo tomó, y la mirra, que era un narcótico, no la tomó.

Los soldados tomaron esta bebida para soportar el espantoso espectáculo de ver morir a una persona ante sus propios ojos y brindarles un de ostentación.

El centurión romano es un hombre acostumbrado a ver morir, es un hombre insensible, duro indiferente, escéptico, es un hombre de piedra. Muere Cristo, se dijo entonces él: "Este era verdaderamente el Hijo de Dios" San Mateo 27,54.

Hermanos, el que descubre en la cruz de Cristo el amor misterioso de Dios, entiende Pentecostés; el que descubre cómo en la Cruz de Cristo estaba siendo juzgado y vencido el pecado del mundo, entiende por qué recibe de la Cruz el amor que nadie más quería darle; "me acerco a ti, Cristo crucificado, me acerco a ti para agradecerte que hayas vencido lo que yo no podía vencer".

Hay unas meditaciones piadosas que se hacen más o menos en estos términos: si usted estaba ayudando a crucificar a Cristo, pero Cristo lo perdonó a usted, en algún sentido eso es cierto, pero si ya lo de la Cruz le llena a uno a la cabeza y uno dice: "bueno, pero de qué modo estaba yo ayudando a crucificar al Señor, si yo no puedo ver morir de hambre a un perro, cómo estaba yo ayudando a crucificar a Cristo?.

Ese argumento de alguna manera que sea, si la razón por la que yo me sienta amado en Cristo, no es tanto porque yo sea un cómplice en su dolor, sino porque he sido cómplice de mi Padre en mi salvación.

Lo interesante no es tanto que yo haya estado aliado con el pecado, sino que Dios Padre y su bendito Hijo se aliaron para mostrar cómo reina el amor y para mostrar cómo puede ser vencido hasta el pecado más asqueroso, esto, que es la traición, la tortura y la muerte de un inocente.

Yo puedo descubrir en la cruz de Cristo un amor misterioso, un amor que vence hasta la traición del amigo, hasta la soledad, hasta la tortura, hasta el insulto. Yo puedo descubrir ahí un amor vencedor.

Y por eso yo, que me siento atado por mis propias culpas, cobro esperanza de salvación viendo la Cruz del Señor y diciéndole: "Ya que tú eres la muestra de cómo reina Dios, creo que ese amor victorioso y que esa manera de reinar son mi salvación", y entonces abro la puerta de mi alma y entonces llega a mi vida un torrente de gracia, un río de amor y de ternura, que se llama el Espíritu Santo.

Lo que ha mostrado Dios en la Cruz de su Hijo Jesucristo, es como ama Él y en esa muestra de su amor, yo tengo certeza de mi salvación, y de ese modo puedo abrirme a que ese amor me construya. Pero la cosa no para ahí, yo puedo abrirme a que ese amor me construya, pero ese amor es un regalo.

Después de que yo descubro que ese amor es un regalo para mi, puedo dar un pasito mas y decir: "Si a mi me dio ese regalo ¿por qué no se lo puedo dar a él o a ella?"

¿Usted sabe que es la Iglesia? La Iglesia es la comunidad de la gente que ha recibido el mismo y maravilloso regalo, y por eso la Iglesia es comunidad reconciliada, comunidad de reconciliación.

¿Cómo perdonar a un enemigo? Muy sencillo, el modo de perdonar a un enemigo es este: diga usted en su corazón y aplíquelo, por ejemplo esta noche: "El mismo que me amó a mi y que me salvó a mí, ese mismo ama a mi enemigo"

Aquí necesitamos un inmenso tablero para acabar esta explicación, aquí esta mi enemigo y aquí estoy yo, si yo intento el perdón o la reconciliación sólo en línea horizontal, descubro que no puedo, porque descubro que realmente ese señor es el más desgraciado del mundo.

"Mira es que me robó mi plata y era mi plata y me la robo; me robó mi paz, me robó cariño, me robó tiempo, ¿cómo perdonarlo? ¿Cómo hablar el mismo lenguaje de ese canalla? ¡Así no se puede!"

Pones el amor de Cristo en medio, ¿y qué sucede? Por favor, no hagas corto circuito, explicación sobre cómo es el corto circuito: como dice: "Cristo me manda que tengo que perdonarlo, será perdonarlo", entonces eso se llama hipocresía con la propia alma, hipocresía con el propio corazón, así no se reconcilia a la gente, así no es.

"Es que Dios me manda que lo perdone, pues lo perdonaré, a ese desgraciado lo perdono". Así no funciona, y sobre todo así no funciona con la gente que nos ha hecho muchísimo daño o con la gente que nos ha fallado en los momentos fundamentales de nuestra vida, por ejemplo, así no funciona con las heridas que tenemos con nuestros papás; jamás perdonaremos a papá que se fue de nuestra vida cuando más lo necesitábamos, eso, humanamente, no lo vamos a poder perdonar.

Y cuando el sacerdote en su predicación dice: "Tienes que perdonarlo", entonces uno le dice al sacerdote: "Usted tiene que largarse, usted tiene que irse, no me pida nada imposible".

La cosa no funciona así, la terapia maravillosa que devuelve el lenguaje común, la gran respuesta de Dios a Babel es esta: "Señor, me has amado, has ganado, pues"; dígalo usted, ya no lo digo yo, ya no hace falta que yo lo diga.

Cuando usted dice: "Señor, me has amado hasta el fondo, "me has amado graciosamente, sobreabundantemente", y eso es lo que descubro en la Cruz y en la gloria de Cristo: "Me has amado"; hasta que usted se sienta amado.

El primer paso no es encararse con el enemigo, el primer paso no es tomar un mandamiento, así se cae como una piedrita del cielo a destrozarme la cabeza y el alma. Señor, tú me has amado, y de pronto un día a uno se le ocurre: "Y Dios que me amó tanto a mí sin que yo lo mereciera, y seguramente amó también a mi enemigo", ¿ves?

La reconciliación no es así, gira así. Yo no tengo amor para perdonar muchas cosas; es muy fácil hablar de perdón a veces y hablar de perdón, en el caso de las violaciones, de los asesinatos, de los robos, eso no es tan fácil; sólo cuando yo descubro a Dios en el amor de la Cruz y me baño y me sumerjo en su amor y camino por su amor, y yo llamo "hermano" por su amor, entonces yo llego con una mirada nueva donde él; yo llego con una mirada distinta donde él.

Ya llego con los ojos de Jesucristo donde él, y entonces le puedo decir: “Ahora entiendo algo de ti que yo no haría con él”; asi es como el Espíritu nos lanza en un viaje común, así es como el amor de Dios está reconstruyendo a la humanidad.

Padre Nuestro, te bendecimos en el nombre de tu Santísimo Hijo Nuestro Señor Jesucristo, te bendecimos en la dulzura de su amor, de su ternura; gracias, Señor, por el poder de la alabanza, porque la alabanza nos ayuda a reconocer qué clase de Dios eres tú y cómo sabes reinar.

Gracias, Señor, por la alabanza, por la adoración, por la bendición; gracias, Señor, por tu amor, que ese amor abra nuestros ojos, nuestros corazones y nuestros labios; hay una palabra nueva de perdón y de amor para nuestros enemigos y también para nuestros amigos.

Bendito tu nombre y tu gloria por los siglos.

Amén.