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Fecha: 19961218

Título: El Espiritu Santo consagra la decision virginal de Maria y Jose.

Original en audio: 4 min. 35 seg.


Queridos Hermanos:

Las lecturas de estos días nos invitan a contemplar con alegría y agradecimiento los acontecimientos que rodearon la llegada de Jesús a nuestra tierra, un nacimiento esperado con amor por María, un nacimiento esperado con inmenso anhelo por su pueblo, un nacimiento en verdad aguardado por toda la humanidad.

Hoy se nos cuenta de qué manera José entra en este plan de salvación. Jesús, como todos los sabemos, nació por obra del Espíritu Santo en las entrañas de María y eso pareciera dejar de lado a José, incluso, hay algunas personas que ven en esta obra del Espíritu Santo como una especie de reemplazo de aquello que hace la parte masculina en el acto que engendra la vida.

Esa interpretación realmente no es correcta. El Espíritu Santo no vino a reemplazar lo que hace el hombre en la mujer cuando ésta queda embarazada, cuando ésta concibe un hijo; el Espíritu Santo vino a bendecir y a consagrar la decisión virginal de María haciéndola fecunda para la salvación del mundo.

Y esta es la misma obra que hace el Espíritu Santo en José. El mismo Espíritu que hace Madre a María, hace padre a José; el Espíritu no viene a reemplazar ni al hombre ni a la mujer sino a bendecir el amor de este hombre y esta mujer y hacerlos fecundos de una manera nueva.

Jesús no es hijo de madre soltera; vino a traer la salud y la salvación a todos, también a quienes son hijos de madre soltera, pero Él mismo no es así; Jesús es la bendición de Dios para un matrimonio, un matrimonio constituido, una pareja que se ama.

Alguien podría preguntar, pero si esa es la historia del nacimiento de Cristo ¿por qué entonces no nació Nuestro Señor como los demás mortales de la unión del hombre y la mujer? Hay una razón profunda y bella y es que este nacimiento, así querido por Nuestro Señor, vino a mostrar que más allá de las posibilidades, de las fuerzas, de las aspiraciones humanas ese Niño ese Emanuel es del principio una gracia, un regalo.

La virginidad perpetua de María, que es también la virginidad perpetua de José, es una señal de que Jesús es enteramente un regalo de Dios, como quien dice, esta vez la virginidad es una señal de la gracia de Dios, es una señal de que nuestras fuerzas, deseo y aspiraciones humanas no alcanzan todo lo que Dios nos está ofreciendo en Jesucristo.

De ninguna manera significa entonces una condenación al uso natural del matrimonio, ni se trata de una reprobación o descalificación de la sexualidad humana, sino es una señal abundantísima, elocuentísima del poder de Dios, de la gracia de Dios y de esa naturaleza humana que ya se levanta en la doble virginidad de María y de José.