V032005a

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Fecha: 20111213

Título:

Original en audio: 4 min. 31 seg.


Hay dos palabras que se parecen en español: la palabra proveer y la palabra prever, por cierto que a veces la ortografía juega una mala pasada. Cuando hablamos de proveer hay dos "es", cuando hablamos de prever hay una sola "e".

Pero aunque haya esta diferencia ortográfica, estos dos verbos se parecen bastante. Prever es ver por anticipado, así como una precaución es tomar con cautela algo por anticipado, precaverse es tener un cuidados por anticipado, eso es lo que indica la partícula "pre". En el otro verbo tenemos una partícula "pro", proveer, providere, proviso. ¿Qué quiere decir proveer? Es ver en favor de alguien o es ver por alguien.

Es decir que en estos dos verbos, proveer y prever, está el verbo ver. Todo esto lo comento porque el Adiento, entre otras cosas, nos invita a reconocer la providencia, es decir, cómo Dios ha provisto y cómo Dios ha previsto las cosas. De hecho, así hablamos también en español. Decimos que Dios previó lo que se podía presentar, y por eso proveyó para lo se podía presentar.

El prever y el proveer van siempre ligados; el conocimiento y la acción van siempre ligados. Y el Adviento es muy buen tiempo para reconocer cómo Dios ha previsto y Dios ha provisto. Y qué bueno reconocer esta presencia del Señor que conoce nuestra miseria, que conoce nuestro pecado, que conoce nuestras limitaciones, y sin embargo, más allá de ellas, tiene una providencia, es decir tiene un modo de disponer las cosas, un modo que finalmente hace que todo concurra para nuestro bien.

Así por ejemplo en el Antiguo Testamento vemos todo un desarrollo, un desarrollo que incluye patriarcas, la liberación de Egipto, el tiempo de los jueces, el tiempo de los reyes y profetas, el tiempo del destierro, luego otros profetas, ¿y para qué toda esa secuencia? ¿Cuál es el plan, cuál es la disposición que está detrás de todo eso? Nos lo revela el profeta Sofonías, en el capítulo tercero de su obra.

Resulta que a través de todo ese camino el pueblo aprende a conocerse, el pueblo aprende a saber de sí mismo, es decir, a no engañarse, y en ese conocimiento profundo de sí mismo el pueblo aprende a descubrir su necesidad íntima de Dios. Porque el gran problema de la salvación es que hay un Salvador, desde siempre hay un Salvador que se llama Dios.

Pero acudir a ese Salvador requiere un acto de conciencia y de voluntad de parte nuestra, y no se llega a esa conciencia sino a través de un largo camino, y ese largo camino, que es el que hace finalmente que uno deje de echar la culpa a los demás y deje de renegar de su suerte, sino que se recoja con humilde corazón y confíe en el Señor, ese largo camino es el Antiguo Testamento.

Y eso es lo que nos cuenta Sofonías, y el fruto de todo ese caminar será lo que se llaman los pobres de Yavhé, el pequeño resto. Ese grupo reducido es el que había preparado o el que estaba preparando la providencia de Dios, para que pudiera abrirse primicias de salvación, pudiera abrirse al amor que todo lo transforma.