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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo 48 de Isaías. Tenemos bastante claro que Isaías es maestro y guía durante el tiempo de Adviento. Subrayemos una frase de ese fragmento que sirvió para la primera lectura, el capítulo 48 de Isaías: “Yo te enseño para tu bien” (cf. Is 48,17), esta es la voz de Dios a través de este profeta exhortando cariñosamente. Podríamos decir con ternura y con paciencia, exhortando a su pueblo para que acoja la enseñanza, para que deje la rebeldía, para que no sea más obstinado. Porque el problema de fondo es nuestra obstinación, nuestra capacidad de sostenernos en el no de la rebeldía. Y es impresionante ver como algunas personas, y nos puede pasar a muchos, ver cómo nos damos el lujo y le decimos con ironía por supuesto, de dejar a Dios esperando en la puerta, Dios está llamando, lo dice el capítulo 3 de Apocalipsis: “Estoy a la puerta llamando” y uno se mantienen en su rebeldía.

Recordemos el testimonio de los santos y recordemos en particular a San Agustín, porque la vida le dio tiempo suficiente para volverse al mismo a quien él había rechazado tantas veces. Una vez su santa madre, Mónica, le invito a leer la Biblia y San Agustín hizo el intento, solo para llegar a la conclusión de que la Biblia estaba mal escrita, eran preferibles otros libros, y citó en concreto una obra ciertamente muy bien escrita,” El Hortensio” de Cicerón. Los tiempos pasaron, los años pasaron y un día Agustín dio marcha atrás y se dio cuenta cuánto tiempo había hecho esperar a Dios, sobre todo ese Dios que le hablaba a través de la mamá, así como le hablaba a través de otros predicadores, sacerdotes y amigos cristianos. Esa es nuestra obstinación y el fondo de ¿dónde viene la obstinación de uno? pues viene de que uno pretende encontrar un bien por su cuenta: “esta es mi vida, yo veré que hago con ella, esta es la felicidad que yo quiero ahora”; esa es la arrogancia propia de quien se siente fuerte, de quien se siente astuto, de quien se siente rico o con muy buenos amigos o con gran respaldo, “yo veré lo que haga, yo tomo mis decisiones es mi vida”, pero ¿Estás decidiendo bien?.

Si una persona tiene un poquito de sensatez se da cuenta que tomar como único argumento, “Yo decido sobre mi vida, lo que yo quiera” eso no hacen buenas esas decisiones, entonces la gran pregunta, la pregunta que nos conecta con Isaías es: ¿Y tú cómo sabes que tus decisiones son buenas? ¿Cómo sabes que estás decidiendo bien? Y la única respuesta es despertando en nosotros la capacidad de razonar sobre nuestro comportamiento y cuando uno razona sobre su comportamiento despierta la conciencia, y cuando uno despierta la conciencia entonces descubre la sensatez de aquello que Dios manda, y eso es lo que nos dice Isaías:” Yo te ordeno y te mando cosas, pero te las mando por tu bien”. Es decir que el camino de la conversión frente a tanta obstinación humana, parece que va por ahí, si tú dices que vas a hacer con tu vida lo que a ti se te dé la gana, eso no garantiza que estés decidiendo bien, el hecho de que sea tu decisión no significa que no seas un perdedor. La única manera de garantizar que tu camino crece, la única es si tu despiertas la conciencia, y sorpresa cuando despiertas tu conciencia encuentras que ahí siempre estuvo Dios, así lo descubrió Agustín y con lágrimas en los ojos, le pidió perdón a Él a quien tantas veces había rechazado.