V024008a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo 11 de San Mateo. Varias veces hemos dicho en el Adviento, que hay tres figuras que son nuestros guías, nuestros maestros, el profeta Isaías que lo hemos oído con mucha frecuencia, también en la primera lectura del día de hoy fue tomada de Isaías, esa es la primera figura. La segunda es Juan el Bautista que es el precursor del Mesías, y la tercera figura es María Santísima la Madre del Señor, indudablemente ella, la Virgen embarazada, la Virgen de la Esperanza, es una señal muy luminosa en nuestro Adviento, estos tres son nuestros guías: Isaías, Juan y la Virgen María.

El texto de hoy, el capítulo 11 de San Mateo, nos invita a mirar a Juan y creo que sobre todo una expresión que utiliza Cristo, amerita una explicación. La gente estaba esperando que volviera el profeta Elías. Sabemos que el final de la vida de Elías fue algo bastante extraño, único, no se habla exactamente de la muerte de Elías. Lo que nos dice el texto del Antiguo Testamento, es que este gran profeta fue arrebatado por un gran carro de fuego, cualquier cosa que eso signifique invita a pensar que el mismo profeta, tal vez podría volver, y la gente estaba esperando el retorno de Elías, estaba esperando que este gran profeta que un día se había ido, volviera.

Pues bien dice Nuestro Señor Jesucristo que Juan Bautista es Elías (cf. Mt 11,14), claramente lo dice como una metáfora, hay gente abusiva del lenguaje, que utiliza esta comparación entre Elías y Juan Bautista, para justificar algo tan absurdo y lejano a nuestra fe, como lo es la reencarnación, diciendo que la Biblia apoya la reencarnación: “Que Juan el Bautista es el mismo Elías”. El retorno que la gente estaba esperando no era el retorno de un bebé, estaban esperando era el retorno del carro de fuego, y básicamente lo que les dice Cristo es que dejen de esperar el carro de fuego, y entiendan que un profeta igual o mayor que Elías ya estuvo y está en medio de ustedes. Entonces nuestra verdadera atención no debe estar en fantasías, o mitologías como la reencarnación, sino más bien en la comparación entre estas dos grandes figuras y la pregunta en que resulta realmente útil es: ¿En qué se parecen? para así también entender ¿qué debemos aprender nosotros?.

Lo primero en lo que se parecen es en una radical apuesta por Dios. Elías vivió en un tiempo sumamente complejo, un tiempo donde de arriba abajo el pueblo de Dios, por lo menos en el reino del norte, acordemonos que hubo una división en el reino, el del norte y el sur y Elías tuvo que predicar en el reino del norte que era lo más corrompido. Estaba en aquella época un rey que era un títere de su esposa la cual era literalmente bruja, adoradora de dioses paganos, esa mujer se llamaba Jezabel y ese rey se llamaba Acaba, en esa época tan difícil vivió Elías y en esa magnitud de corrupción su palabra permaneció fresca, cristalina como el más puro de los arroyos del Hermón, ese es Elías el profeta que permanece fiel a Dios, en tiempos de gravísima corrupción y eso lo encontramos en Juan.

En segundo lugar, la gran referencia para Elías es la Alianza, en lo más duro de la persecución contra él, Elías va hasta el mismo monte de la Alianza, el mismo monte Horeb y allí como bebiendo de las fuentes mismas del amor de Dios por su pueblo, toma fuerzas para un mensaje renovado, un mensaje que cambiará para siempre la historia del pueblo de Dios. Lo mismo podemos decir de Juan, quien invita a la gente para que se convierta, para que reconozca que ha sido rebelde a la Alianza y que le ha dado la espalda al Dios, pero sobre todo Juan predica para que sepamos que anuncia esa Nueva Alianza que hablaron profetas como Jeremías.

Por último nos damos cuenta que Elías para apostar por Dios, y para apostar por la Alianza tiene que poner su confianza radicalmente en el Señor. La palabra confianza es bien importante en la vida de Elías y es muy importante en la vida de Juan. Juan confía solamente en Dios, no busca otra luz, no tiene otro gozo, no sabe de otro camino.

Que el gran testimonio de Juan nos ayude en nuestro Adviento para recibir con un corazón dispuesto al Rey que se acerca, Jesús el Señor.