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De Wiki de FrayNelson
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Espero que estés siguiendo la secuencia de la primera lectura para estos días de la Misa entre semana. El Adviento es único en el sentido de que la primera lectura es la que tiene lo que podemos llamar “la voz cantante”, “la voz principal”. Hemos escuchado textos durante esta semana del capítulo 25, 26 y 29 y ahora tenemos un texto del capítulo 30 de Isaías, y lo característico del pasaje de hoy se cumple luego en el Evangelio que hemos escuchado.

La palabra fundamental aquí es la palabra “piedad”, la palabra “compasión”. Descubrir al Dios que se compadece, al Dios compasivo. Podemos decir que Cristo, nuestro Señor, es la expresión misma de la misericordia del Padre. Que oportuno este mensaje cuando estamos prácticamente a las puertas, estamos a punto de iniciar el Año de la Misericordia, proclamado por el Papa Francisco, un año que indudablemente nos conduce a una experiencia más profunda y también más extensa de lo que significa esa compasión divina.

Cada uno de nosotros necesita profundizar en el mensaje de la misericordia, porque aquellas áreas de nuestra vida que no entregamos a la misericordia de Dios, seguramente son las áreas donde nosotros nos creemos buenos, nos creemos fuertes, nos creemos sabios, y esas seguramente son las áreas donde no dejamos que Dios reine. Cuando hablamos de una experiencia profunda de la misericordia, estamos diciendo que necesitamos reencontrar toda nuestra vida, reencontrarla toda en el corazón de Cristo. De modo que aquello que está bueno en nosotros, por misericordia está bueno; aquello que está dañado en nosotros, por misericordia habrá de ser restaurado en el Señor. Necesitamos encontrar la misericordia, no solo en nuestras heridas, sino también en nuestras fortalezas, para comprender que si en algo somos fuertes, es en primer lugar porque Dios ha querido preservarnos, compasivamente ha querido preservarnos de daño, y en segundo lugar, porque Dios quiere tomar esas áreas nuestras, esas áreas fuertes nuestras, para que nosotros mismos seamos expresiones de su compasión en favor de los hermanos.

Por eso el lenguaje único del cristiano, es el lenguaje de la misericordia, porque “lo que está mal en mí, es para recibir misericordia y lo que está bien en mí, es para transmitir misericordia”. Lo que está mal en mí, es para que yo tenga experiencias del Dios que me guía, que me ilumina, que me sana muchas veces o que también me abraza con inmenso amor de hermano al misterio de su Cruz, eso en cuanto a lo que está mal en mí; y lo que está bien en mí, es para transmitir esa misericordia a los demás. Entonces, todo en nosotros tiene que vibrar dentro de ese lenguaje, porque ese fue el motor único de la vida de Cristo, “por nosotros y por nuestra salvación” dice el Credo. Si Cristo está en nuestra tierra, si Cristo se ha entregado con tanto fervor, con tanta generosidad a la predicación, a la oración; si ha realizado tantos exorcismos y tantos milagros, sólo hay una explicación, sólo hay una clave y esa clave que es la clave de Cristo, es también la clave del cristiano, así que preparación inmediata para todos nosotros, escuchar la voz del Papa y entrar de corazón en el Año de la Misericordia, así nos lo concede el Señor, amén.