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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo 26 de Isaías, nos habla de una ciudad fuerte firme, bien defendida, sólida. El Evangelio está tomado del capítulo séptimo de san Mateo, con lo cual surge una pregunta, ¿por qué ayer estábamos escuchando un texto del capítulo 15 de san Mateo, y ahora resulta que nos devolvemos y estamos en el capítulo séptimo de san Mateo?, eso no es usual dentro de la liturgia de la Iglesia, estamos acostumbrados más bien a que se lleva una secuencia, particularmente en los Evangelios y ahora resulta que avanzamos y luego retrocedemos; esto no es extraño, es más bien una particularidad del tiempo de Adviento, se puede decir que en eeste tiempo la voz principal la tiene la primera lectura, y esto es único dentro de la liturgia de la Iglesia, casi siempre en la liturgia es el Evangelio el que tiene la voz principal, la voz cantante, pero en el Adviento la iglesia desplaza el centro de atención hacia la primera lectura porque es en ésta, usualmente tomada de Isaías, donde aparecen las promesas y los Evangelios son escogidos siguiendo esa primera lectura.


Si la primera lectura nos hablaba por ejemplo de un banquete como fue el caso de Isaías 25 entonces la Iglesia luego encuentra aquel pasaje del Evangelio Mateo 15, en el que se muestra que Cristo prepara ese banquete. Para el día de hoy en cambio, si la primera lectura Isaías 26 nos habla de una ciudad fuerte, ciudad preparada para aquellos que verdaderamente confían en Dios, el Evangelio escogido del capítulo 7 de San Mateo, muestra como el modo de hablar de Cristo, es como una realización, una concreción de aquello que fue dicho en la primera lectura, entonces debe quedarnos claro que es la primera lectura sobre todo de Isaías que nos va guiando y llevando


Básicamente lo que nos está mostrando Isaías es como todos nuestros bienes, lo mejor de nuestras expectativas, lo más profundo de nuestros anhelos, tienen una conexión con las promesas de Dios, es decir las promesas de Dios enlazan preciosamente con lo mejor de nuestros anhelos y deseos, ahí conecta la promesa de Dios con el anhelo humano. Ya eso es muy notable porque quiere decir que de alguna manera Dios se ha pronunciado a favor nuestro, sus promesas redundan en un bien para nosotros, tenemos un Dios que busca nuestro bien, un Dios que construye nuestro bien, pero luego y esta es la parte más importante en el Adviento, descubrimos que esa promesa tiene su cumplimiento en Cristo, por ejemplo lo de hoy, Isaías habla de una ciudad fuerte donde va a vivir el pueblo que tiene el don precioso de la paz, y luego el Evangelio nos dice cómo esa ciudad fuerte, esa casa sólida es la de aquellos que confían de tal modo en Cristo, que ponen en práctica las palabras de Cristo; entonces la solidez, la estabilidad, la firmeza que son cosas que el corazón humano desea, conecta con la promesa de Dios, pero luego la promesa que Dios se hace realidad y se hace don en la persona de Jesucristo; de ese modo el mensaje completo es que lo que en el fondo necesito, lo que en el fondo espero, aunque yo mismo no me haya dado cuenta, se llama Jesús, tal vez no nos hemos dado cuenta yo lo llamo firmeza, estabilidad, tranquilidad, paz o lo llamamos hambre de verdad y justicia, o deseos de recuperar mi salud, mi integridad. Eso que tu buscas Dios lo promete y eso que tu buscas y Dios promete se cumple en Cristo.


Reconoce en Cristo la expresión más plena de tu anhelo y sobre todo, reconoce en Cristo la respuesta más profunda que tú necesitas y se llama Cristo, aunque tu muchas veces no lo sabes.