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Fecha: 20111201

Título: El Adviento es el tiempo para aprender a fiarnos de Dios

Original en audio: 4 min. 18 seg.


Recordemos cuál es la dinámica del Adviento en cuanto a las lecturas. Casi siempre en los demás tiempos del año el evangelio es el que lleva la voz cantante, es decir, es el que determina cuál es el tema principal del día; en cambio, durante el Adviento la primera lectura es la que tiene mayor énfasis. Con mucha frecuencia esta primera lectura es tomada del profeta Isaías, y aquello que Isaías nos dice sobre cómo va a actuar Dios, qué va a mostranos Dios de su bondad y de su poder, eso que dice Isaías luego lo vemos cumplido en el evangelio.

De modo que el evangelio se escoge entre aquellos testimonios que nos muestran cómo Jesús es Aquel que debíamos esperar. De esta manera, el Adviento nos educa en la esperanza, porque nos está contando cómo aquello que Dios dice, lo cumple. Esa es la manera de educar en la esperanza. Cuando uno se da cuenta que una persona lo que dice lo cumple, uno dice: "esa persona es de fiar". Eso es exactamente lo que sucede en el Adviento, es el tiempo para aprender que Dios es de fiar, que podemos fiarnos de Dios.

Este mensaje es especialmente importante en el texto de hoy, porque tenemos el capítulo séptimo del evangelio según San Mateo, es el final de llamado "Sermón de la Montaña". Y después de dar tantas enseñanzas en ese sermón, Jesús termina invitándonos, o mejor, llamándonos a la obediencia: "No basta con decir: ¡Señor, Señor!, sino hay que hacer la voluntad del Padre Celestial" San Mateo 7,21. Y este "hacer la voluntad" implica obediencia.

Pero ¿qué razones podría uno tener para obedecer? ¿Por qué obedece uno? Uno obedece por dos razones: a veces uno obedece por miedo. Si una persona, Dios nos libre, me amenaza con una pistola, y me dice: "Usted hace esto", pues probablemente yo lo hago porque tengo mucho miedo de que esa persona vaya a disparar.

Pero hay otro tipo de obediencia. Si el médico me dice: "Usted tiene que tomarse estas pastillas todos los días en la mañana", él no me está obligando, no es un asunto de miedo, pero yo tengo confianza en ese médico, sé que es una persona que ha estudiado, que se ha preparado muy bien, sé que es una persona que quiere mi bien. Mi médico me inspira confianza, y por eso yo lo obedezco.

De esa clase de obediencia es de la que nos habla la Biblia. Cuando nosotros descubrimos que Dios es de fiar, entonces aprendemos a confiar; y cuando aprendemos a confiar, aprendemos también a obedecer, porque sabemos que aquello que nos dice Dios, lo dice por nuestro bien. Ciertamente, Dios habla con autoridad; ciertamente, habla con poder; pero su poder y su autoridad no son para infundirnos sencillamente miedo, sino son, ante todo, para buscar nuestro mayor bien.

Nuestro Dios es ese Padre amoroso que conoce lo que es mejor para nosotros, y en sus divinos mandamientos lo que está es orientando nuestra vida, para que nosotros descubramos cuál es esa voluntad en la que seremos salvos.

Demos gracias a Dios por la divina Palabra, demos gracias a Dios por este amor que se nos ha revelado, y conociendo a ese Dios y confiando en Él, pongamos por obra cada cosa que nos va mostrando en el camino.