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Fecha: 20101202

Título: La justicia y la humildad son actitudes muy importantes y necesarias para el Adviento

Original en audio: 4 min. 5 seg.


Bueno, para este jueves de la primera semana de Adviento encontramos nuevamente al profeta Isaías, que nos va a resultar muy familiar, porque es uno de nuestros compañeros de camino en el Adviento, junto con Juan el Bautista y la Santísima Virgen María, son el trío dinámico, son los que nos van a acompañar en la espera y la esperanza de la llegada del Señor Jesucristo.

Isaías, en el capítulo veintiséis, y el evangelio de San Mateo, en el capítulo séptimo, esas son lecturas para el día de hoy. Y como siempre en el Adviento hay una profunda relación entre la primera lectura y el evangelio.

Porque la primera lectura nos presenta quién es ese pueblo que puede realmente entrar en la presencia del Señor, quiénes son aquellos que le resultan agradables a Dios, quiénes son los que de veras caminan por sus sendas y pueden entrar por sus puertas, y esos son los justos.

La palabra "justo" tiene un significado muy profundo en el Antiguo Testamento. Para nosotros "justo" tiene que ver sobre todo con la justicia. Pero en el Antiguo Testamento la persona justa es aquella que tiene la medida de Dios en sus palabras, tiene la medida de Dios en sus pensamientos, tiene la medida de Dios en sus afectos, en sus obras.

Es decir, es aquella persona que tiene la justa medida. Es aquel que se ha ajustado a Dios. Podemos decir que el justo en el Antiguo Testamento es aquel que se ha ajustado a la medida de Dios, aquel que realmente hace justicia al Nombre del Señor.

En el evangelio nos encontramos un llamado fuerte a la confianza, y un llamado fuerte a poner nuestra solidez en Dios, por medio de esa comparación entre las dos casas: la casa que está puesta sobre arena y que cae estrepitosamente, y la casa que está puesta sobre roca y que en cambio puede resistir en vendaval.

Pero lo importante en el ejemplo de esas dos casas es que descubramos qué es lo que da solidez, y lo que da solidez es saber apoyarse en aquel que es fuerte. Es decir, el arrogante intenta apoyarse sobre sí mismo; mientras tanto, el humilde sabe buscar su apoyo en Dios.

La arrogancia es enemiga de la justicia que aparece en el Antiguo Testamento. Podemos decir que la justicia y la humildad van juntas, y la arrogancia y la necedad van juntas también.

Entonces, aquel que camina en la humildad es aquel que sencillamente descubre en dónde está la verdad, en dónde está la verdadera fortaleza, y por consiguiente no tiene de sí una opinión desmedida, no va a ser orgulloso, no va a aplastar a los otros sino que que al contrario, va a descubrir la verdad de Dios en sí mismo, en la vida, en la historia y en los demás.

Justicia y humildad van juntas. Y estas son actitudes muy especiales, muy necesarias para el Adviento, porque sin ellas no podemos reconocer el paso de Dios, sin ellas no podríamos esperar al Señor.

Cultivemos entonces la humildad junto con la justicia. Ese aprender cada día a ajustarnos a la medida de Dios. Desechemos toda arrogancia y autosuficiencia, y que el Señor nos haga sólidos en nuestros proyectos para que experimentemos su éxito, su victoria en nuestras vidas.

Que Dios les bendiga.