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De Wiki de FrayNelson
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En el Tiempo Litúrgico que recién hemos empezado, el Tiempo de Adviento, la Iglesia nos propone tres guías; nos van a acompañar, nos van a mostrar el camino hacia Jesucristo. El primero, que aparece ya en la primera lectura de hoy, es el profeta Isaías; el segundo, es el precursor del Mesías, es decir, San Juan Bautista; la tercera guía, es María Santísima: durante el tiempo de su embarazo, durante el tiempo de su dulce espera, María nos enseña cómo aguardar a Cristo y, sobre todo, cómo preparar nuestro corazón para que en él pueda morar el Mesías. Esos tres guías nos van a guiar, nos van a acompañar si nosotros lo permitimos.

Por eso van a aparecer muchos textos de Isaías, sobre todo en la primera lectura; textos que aparecen en tiempo futuro, como por ejemplo, el del día de hoy: “brotará un renuevo del tronco de Jesé”. Jesé, era el nombre del papá del Rey David, entonces Isaías dice: “brotará un renuevo del tronco de Jesé” (Is 11,1), indicando que la dinastía de David, aunque parecía perdida, iba a tener continuación, y dice también: “Sobre él se posará el espíritu del Señor” (Is 11, 2), eso también es tiempo futuro. Isaías, pues, nos va a hablar en tiempo futuro; y luego el Evangelio, nos va a hablar en tiempo presente. Esta es la pedagogía que tiene nuestra madre la Iglesia, durante el Adviento; una primera lectura, que habla de lo que va a suceder; y luego un Evangelio, que nos presenta lo que está sucediendo, lo que acaba de pasar (cf. Lc 10, 21-24).

Por supuesto, el propósito es que nosotros nos demos cuenta que aquello que fue anunciado por los profetas y, muy particularmente, por el gran profeta Isaías, luego se cumple, luego tiene su perfección y su cumplimiento en la persona de Cristo. Esa es la pedagogía que tiene la Iglesia, y a medida que nosotros vamos recorriendo estos distintos pasajes, y vamos escuchando, una y otra vez, la misma melodía, podemos decir que la canción de Dios entra en nosotros. ¿A qué me refiero? Me refiero a ese amor con el que vamos descubriendo que cuando Dios promete, Dios cumple; que lo que Él dice, se realiza; que su palabra no cae en vano. Y de esa manera, viendo cuántas promesas que ya fueron hechas, son hoy realidades, entonces vamos aprendiendo, también nosotros, a poner verdadera esperanza en el Dios que reina, en el Dios que habla, en el Dios que promete.

El mensaje en el fondo, a través de todas estas lecturas, es que nosotros nos demos cuenta que podemos fiarnos de Dios, que uno puede confiar en el Señor; que cuando el Señor habla, su palabra no es vacía, o como dice también en otro lugar Isaías, no vuelve a Él vacía, es una palabra eficaz, es una palabra que da fruto (cf. Is 55,10-11). Pero eso lo aprendemos a través de esa pedagogía; dice, por ejemplo, el texto de hoy: “Sobre él se posará el espíritu”, y luego, nos dice el Evangelio: “Cristo, lleno del Espíritu, exclamó” (Lc 10, 21).

En Cristo se cumplen las promesas, uno puede fiarse de Dios, hay verdaderas razones para la esperanza; y ningún Tiempo Litúrgico lo enseña con mayor claridad que este precioso Tiempo de Adviento.