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El día 26 de enero recordamos a dos de los principales discípulos que tuvo san Pablo, estamos hablando de san Timoteo y san Tito. Esta es pues la memoria litúrgica de estos dos santos, la razón por la que los recordamos es evidentemente por la proximidad a la fiesta grande, la Fiesta de la Conversión de Pablo, podemos decir que a través de Timoteo y de Tito se ha prolongado en la historia de nuestra santa Iglesia, el servicio de fe, de testimonio y de amor de ese gran apóstol de las gentes, estoy hablando de Pablo de Tarso. ¿Qué nos enseñan estos santos? ¿por qué son importantes?, en primer lugar, porque si vamos a nuestras Biblias encontramos que en el Nuevo Testamento hay una carta que se llama precisamente Carta del Apóstol San Pablo a Timoteo, y luego hay una segunda carta a Timoteo, también encontramos que hay una carta a Tito; estas tres cartas llenas de consejo sobre el gobierno y sobre la vida de la Iglesia, son una referencia constante para nosotros los creyentes, una dimensión muy particular del corazón de san Pablo quedó plasmada en esos escritos, con un gran realismo Pablo se da cuenta de que en razón de su propia edad y en razón de la persecución y de su posible martirio, como efectivamente sucedió, él tenía que dejar esta tierra, y viene entonces la gran pregunta: ¿qué va a suceder con todo ese alimento espiritual que necesitan las comunidades? y ¿qué va a suceder con todo ese pastoreo que requerimos nosotros los cristianos en todas las épocas?. Es aquí donde entra una palabra que es muy importante para la celebración litúrgica de hoy: “sucesión apostólica”, una de las cosas que Pablo quiere inculcar en estos dos discípulos, tanto Tito como Timoteo, es que hay un tesoro que es nuestra fe, él habla del “depósito de la fe” y habla de la “sana doctrina”. Pablo ya tenía suficiente experiencia y suficiente edad para darse cuenta que así como hay gente que predica rectamente lo que es propio de nuestra fe, tristemente se da el caso también de otras personas que por confusión, por ignorancia, por codicia, o por otra mala intención no predican lo que es correcto, entonces aquellos que presiden las comunidades cristianas tienen un deber muy serio, una gran responsabilidad ante Dios para que el testimonio que hemos recibido de los primeros testigos, es decir de los apóstoles, no se pierda en el curso de los siglos. Muchos conocemos esa especie de dinámica o juego que se llama el “teléfono roto”, cuando en un salón hay un grupo de personas y se le dice a la primera persona una frase, un mensaje que no sea demasiado corto, y se le confía a la memoria y a la habilidad de esa persona, y esa persona tiene que contarle a la siguiente, y esa persona a la siguiente, y así sucesivamente y después de 20 ó 30 personas que se han estado contando supuestamente la misma historia, resulta que lo que se escucha al final es algo completamente distorsionada, quizás al principio se estaba hablando de: “los riesgos de las lluvias para las tierras en el altiplano” y al final se termina hablando: “de los riesgos de los planos para las lluvias en la montaña” o cualquier otra cosa, eso es lo que se llama “teléfono roto”. Fácilmente cuando un mensaje tiene que pasar por tantos oídos y por tantas opiniones, experiencias y versiones termina deformándose.

Pablo tiene conciencia de que la fe cristiana no puede quedar condenada a esa deformación permanente y por eso de un modo sumamente solemne llama la atención de estos grandes líderes Timoteo, Tito y les hace ver: “¡cuiden la doctrina, cuiden lo que enseñamos, no se puede perder!” y también les indica que ellos a su vez en el momento adecuado, en el momento correspondiente tendrán que buscar otros responsables para que también sigan transmitiendo esa doctrina, y eso significa que hay una “sucesión apostólica” la cual va atravesando los siglos, estamos hablando de 21 siglos, y por eso es tan delicada la labor de estos sucesores de los apóstoles que finalmente son nuestros obispos. Esa es la diferencia entre ser católico y ser testigo de Jehová, o ser pentecostal, o ser luterano, o ser anglicano; si le preguntas a un luterano cuándo empezaron las costumbres que se siguen en su determinada asamblea, pues te tendrá que decir que el siglo 16, porque muchas de las cosas que enseñó Lutero nunca se enseñaron antes, podemos decir que salieron de la cabeza de Lutero simplemente, entonces no tienen sucesión apostólica. Por ejemplo Lutero decía que la sola Escritura era necesaria y con eso bastaba, pues esa idea de Lutero no tiene sustento, ¿cómo entonces podemos preservar nuestra fe?, solamente adhiriendonos ´da la práctica de los apostóles y ese amor a la sucesión apostólica es lo que nos hace verdaderos cristianos y verdaderos católicos.