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Fecha: 20120126

Título: Agradecer a Dios por la obra evangelizadora que realizaron San Pablo y su sucesores

Original en audio: 4 min. 55 seg.


Vamos a situarnos en las playas del Mediterráneo. No, no se trata de los grandes y hermosos balnearios de placer, tampoco se trata de un crucero. Vamos a ir a las playas del Medio Oriente en el siglo primero. Y miremos a dos hombres, uno se llama Bernabé y va a cargo de una misión, algo nuevo, algo que nunca había habido en el Cristianismo; el otro se llama Pablo.

Berrnabé y Pablo se encuentran en el extremo de oriental del Mar Mediterráneo y están a punto de tomar un barco para ir a a anunciar el Evangelio, es la primera de las llamadas "misiones apostólicas" de este gran Apóstol, de Pablo, cuya conversión recordábamos el día de ayer.

Finalmente las cosas no funcionaron del todo bien entre Pablo y Bernabé, y aunque Pablo siguió viajando, ya era él el que tenía el encargo principal en esas misiones. Recorrió buena parte del Mediterráneo por mar, por supuesto, y luego entrando más allá de las costas, en lo que es la actual Turquía, lo que en esa época se llamaba Asia Menor. Todo eso lo recorrió el Apóstol.

Y luego, entrando por Macedonia, llega a Grecia; y luego, una y seguramente dos o más ocasiones, en la península de Italia, especialmente en Roma, y según parece, hasta los confines del mundo entonces conocido, hasta Tarragona y España. Esa es la misión de ese Apóstol.

Pero, por favor, sitúate ahí en el siglo primero, en las embarcaciones de la época, con todo un mundo por convertir, todo un mundo al cual gritarle, con amor y con fuerza y con convicción el mensaje de Jesús. Y además de esa tarea, que ya es escandalosamente abrumadora para unos hombros humanos, otra tarea: Pablo tiene conciencia de que no es eterno, tiene que dejar encargados, tiene que dejar sucesores, tiene que asegurarse de la transmisión fiel de esa doctrina, doctrina de salvación, lo que el mismo Pablo llamaba el "depósito de la fe".

De poco hubiera servido que Pablo se derramara en actividad profusa y eficiente por todas partes, si luego no tenía la capacidad de nombrar, de elegir quiénes iban a cuidar ese depósito de la fe.

Lo que hoy estamos celebrando es esa otra obra del Espíritu a través de Pablo, cómo él tuvo la unción, el discernimiento, el acierto para nombrar a esas personas, para que ellos pudieran a su vez custodiar ese tesoro. Y entre los nombres de los discípulos de Pablo destacan sobre todo dos, los santos Timoteo y Tito. Estos hombres, verdaderos hijos espirituales de Pablo, pudieron conocer de cerca su trabajo misionero, pudieron escuchar sus enseñanzas y pudieron transmitir fielmente su palabra.

Día entonces para agradecer a Dios por el gran Apóstol, por sus sucesores; día para agradecer a Dios esa maravillosa continuidad de la fe, y de la doctrina, y de los sacramentos, y de la caridad, generación tras generación. Si eres católico, tú perteneces a esta familia, esta es tu casa.