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Fecha: 19991001

Título: Santa Teresa del Nino Jesus nos recuerda verdades esenciales mediante un camino simple

Original en audio: 6 min. 33 seg.


Mis Hermanos:

Celebramos hoy a Santa Teresa del Niño Jesús, conocida a veces con ese diminutivo cariñoso que lo pone a uno un poco incómodo, como tantas otras cosas llenas de ternura, de delicadeza en la vida de esta Santa, que tal vez aumentan esa sensación, yo la describo de incomodidad, por lo menos en mi caso.

Teresita tiene su diario, donde cuenta cosas pequeñitas que le sucedieron en una vida muy cortica. Pero una persona así ha sido declarada Doctora de la Iglesia por el Papa Juan Pablo II, cosa que no le quita a uno la sensación de incomodidad.

Personalmente, aquí como confesándome con ustedes, les digo que me cuesta mucho trabajo esa espiritualidad. No me siento a gusto, aunque debería ser lo más sencillo y lo más acogedor, no me siento a gusto, ni he podido avanzar demasiado en las lecturas carmelitanas cuando se trata de Teresita del Niño Jesús.

Un poco preocupado por esta falta de sintonía con la Iglesia, me puse a indagar dentro de mí y afuera de mí qué se podía hacer, y me encontré con una señora que ha estudiado mucha Teología, esto supone Santo Tomás, San Francisco de Sales, San Bernardo, San Ignacio, y que además está afiliada, está unida a un movimiento espiritual mundial que se llama "EL Ejército de las Pequeñas Almas"; todo es pequeñito con esta Santa de hoy.

Le comenté y le dije: "Mire, yo me siento incómodo con Teresa del Niño Jesús". Y ella me dio esta explicación, que es la que quiero compartir con ustedes, y esa es toda la homilía de hoy. Me decía que Teresa del Niño Jesús ha sido comparada como con una flor, hasta ahí yo seguía sintiéndome más o menos lo mismo.

Una flor, porque así como la flor está al término del árbol y se soporta en la rama, en la hoja, en el tronco, en la raíz, así también esta Santa es como una especie de síntesis que aparece no para negar, sino de algún modo para compensar lo fundamental de todo el camino espiritual del Carmelo, y en cierto sentido, de la Iglesia misma.

Lo que me gustó de esa explicación y otras cosas que me dijo, es que hay que distinguir, -este es el verbo de los Dominicos-, entre simple y elemental.

Hay dos modos de simplicidad, hay la simplicidad de lo elemental y hay la simplicidad de lo sintético. Un ejemplo nos ayuda: Cuando el Apóstol San Juan dice: "Dios es amor" 1 San Juan 4,16, en la Primera Carta de Juan.

"Dios es amor" 1 San Juan 4,16, esa expresión no es elemental, esa expresión sirve para condensar todo ese cúmulo casi infinito de experiencias.

El mismo Juan ha dicho, o por lo menos en el evangelio suyo dice: "Si se fueran a recoger todas las experiencias, todo lo que hizo Jesús, los libros no cabrían en el mundo" San Juan 21,25. Pero en todo eso que no cabe en el mundo, hay un algo fundamental que está para ser dicho, algo que se puede decir al final del camino.

"Dios es amor" 1 San Juan 4,16, o esa otra consigna de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras", ¿esa consigna es para principiantes, o para los que ya están al final del camino? ¿Qué entendería un principiante?

Si usted va a la Iglesia y le dice a la gente: "Mira, ama y haz lo que quieras", la gente va a entender que puede hacer prácticamente todo lo que para ella significa amar, y van a sentir aprobadas todas sus conductas y toda su vida, porque todo eso es amor y punto.

"Ama y haz lo que quieras", es una frase que sintetiza, que condensa el final del camino.

"Dios es amor" 1 San Juan 4,16, no es una definición de Dios, no es el comienzo de la historia, es el final después de un cúmulo de experiencias; y Teresa del Niño Jesús no es elemental, es simple con la simplicidad que Dios regaló a su Iglesia después de darle tanta luz como le ha dado en tantos santos y en tantos otros doctores.

De manera que con esto declaro oficialmente que voy a hacer otro intento desde la perspectiva de la simplicidad; voy a hacer otro intento desde la perspectiva de la unidad que recobra el alma cuando al final del camino reconoce que lo esencial es siempre cierto.

Y que esas verdades esenciales que nos recuerda Teresita, como la primacía de la gracia, como el valor del amor en la santificación de cada cosa, como el sentido de la humildad en poner nuestra vida ante la mirada de Dios, y tantas otras cosas, en todo eso, que es esencial y siempre cierto, está también un caminito para nosotros.