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La Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote se celebra en distintas fechas en los distintos lugares, por ejemplo en Colombia la costumbre que seguimos es que después del domingo en que se celebra el Cuerpo y Sangre de Cristo, el jueves siguiente tenemos esta celebración, la de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. Soy plenamente consciente de que no celebra ni de igual manera, ni en igual fecha en otros lugares, pero en este caso lo que debo hacer es seguir el calendario propio del lugar donde tengo mi sede, así pues compártamos una reflexión sobre lo que significa esta hermosa celebración; algunos, repito, ya la habrán tenido, otros la tienen en esta fecha, pero lo que sí podemos estar seguros es que Cristo es real, verdadero, sumo y eterno sacerdote en todas las fechas y en todos los días.

Algo que me emociona mucho de esta celebración de Cristo Sacerdote es lo que se llama el prefacio de esta fiesta, primero tenemos que recordar qué es el prefacio, es bueno compartir estas cosas para aprender a amar nuestra Iglesia, para aprender a amar nuestra liturgia. La Misa tiene varias partes, empieza con el rito de entrada que es donde tenemos esos actos de arrepentimiento y donde llegamos a la oración propia de la Misa del día, llamada “Oración Colecta”, esa es la parte del rito de entrada; luego tenemos la Liturgia de la Palabra, donde se proclaman las lecturas, el salmo de respuesta, a veces hay segunda lectura y el Evangelio; después de la proclamación del Evangelio viene la homilía que va seguida de la profesión de fe y de la oración de los fieles, por lo menos en ciertas solemnidades, ahí termina la Liturgia de la Palabra, Luego viene la Liturgia de la Eucaristía en donde primero se acercan aquellos dones que presentamos al Señor y que van a ser convertidos en su cuerpo y su sangre, gracias al milagro de su amor que es la Eucaristía, entonces presentamos el pan y el vino; una vez que esas ofrendas están sobre el altar y han sido debidamente preparadas entonces se hace la oración de ofrendas, terminada ésta llegamos a al prefacio, el prefacio o palabra que se dice antes de la consagración empieza con el diálogo entre el sacerdote y el pueblo: “el Señor esté con ustedes, y con su Espíritu, levantemos el corazón” dice el sacerdote, todos sabemos lo que hay que responder “lo tenemos levantado hacia el Señor”, “demos gracias al Señor nuestro Dios, es justo y necesario”; la oración que sigue, casi siempre empieza con palabras parecidas a las que voy a decir a continuación: “en verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Dios Padre Todopoderoso y eterno porque….” y ahí viene lo propio de la celebración en la que estamos ofreciendo el santo sacrificio; por ejemplo si es una celebración de la Virgen, entonces seguramente vamos a recordar las maravillas que Dios ha hecho en María Santísima y que a través de ella sigue haciendo en la Iglesia; si es la celebración de un mártir vamos a recordar a ese mártir; si es la celebración de la Pascua, vamos a decir: “porque Cristo es nuestra Pascua, porque Cristo ha sido inmolado”; es decir, después de esa introducción que se hace en el prefacio viene esa parte sustanciosa, esa parte bella, esa parte jugosa, la llamo yo, es donde se expresa el corazón de nuestra gratitud y de nuestra alabanza para esa Eucaristía específica; eso es lo propio del prefacio, y después de que se expresa ese motivo de gratitud y de alabanza, entonces ya viene un último mensaje el cual es: “por eso nos unimos a los ángeles y a los santos, y proclamamos con júbilo tu gloria”; y viene a entonarse: “Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria, hosanna en el cielo”; entonces se proclama el Santo, lo que sigue después es propiamente la plegaria eucarística, y es aquí donde sucede la consagración; terminada la plegaria eucarística viene el solemne Amén, es cuando el sacerdote dice el solo: “por Cristo con Él y en Él, a ti Dios Padre omnipotente, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”, eso se llama una doxología, porque es el momento en el que ofrecemos nuestro verdadero sacrificio, que nos es vino y pan, sino es el cuerpo y la sangre santísimos de Cristo; después decimos el Padre Nuestro, un poco más adelante recordamos que Cristo es el cordero inmolado, y ya viene la comunión y la oración final, el rito de conclusión; esa es la Santa Misa, es bellísima. Pero hoy estaba haciendo referencia al prefacio, porque en el prefacio de esta fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote se habla del amor con el que Cristo siendo el único digno, porque solo Él es digno, ha querido elegirnos a hombres frágiles, muchas veces pecadores para educarnos, para conducirnos, para limpiarnos, para levantarnos y para ponernos al servicio de todo el pueblo de Dios, y eso somos nosotros los sacerdote.

Que esta sea una ocasión para darle gracias Dios por el sacerdocio inmaculado de Cristo y para que oremos por todos nuestros sacerdotes, para que nos acerquemos a esa verdad, a esa fuente de vida que es el Señor. Amén.