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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980629

Título: La Iglesia lleva el Evangelio y el Evangelio lleva la Iglesia

Original en audio: 10 min. 31 seg.


El amor fanático, el amor extremo, apasionado de San Pablo por el judaísmo, le llevó incluso a perseguir a los cristianos, llevarlos cargados de cadenas a los pies de los sumos sacerdotes y aprobar la ejecución de algunos de ellos, como sucedió cuando apedrearon a Esteban.

Pablo se siente lleno de celo por el judaísmo y siente que la fe cristiana es como una deformación de ese judaísmo que el ha conocido, lo ve como una perniciosa amenaza y por eso considera que es su deber perseguir a los cristianos.

Pero si Pablo perseguía a los cristianos, Cristo estaba persiguiendo a Pablo y lo alcanzó, y cuando le alcanzó, le mostró en su intelecto y en su corazón, le mostró que la fe cristiana, lejos de ser una traición al judaísmo, es el desenlace al cual apuntaba toda la Escritura.

Y le mostró que no era ninguna traición, sino que era el cumplimiento de las promesas hechas a los patriarcas, las promesas hechas por boca de los profetas y a partir de ese momento, Pablo se convierte en predicador de Jesucristo.

Pablo era un hombre de fuego, un hombre de convicciones profundas y por eso, con la misma y mayor convicción que tenía antes para perseguir a los cristianos, ahora lo pone al anuncio de Jesucristo.

Esta conversión del Apóstol San Pablo, es un acontecimiento tan importante para la Iglesia, que tiene su fiesta propia. Hoy a nosotros nos corresponde meditar, no en esa conversión, sino en el hecho de la obra apostólica de este hombre.

Convencido por Jesús, porque ha sido convencido de Jesús, porque ha sido vencido por Jesús, Pablo lo que quiere es que Jesús venza, esa expresión describe, me parece que describe bien, lo que había en el corazón de este hombre.

Convencido de Jesús, porque había sido vencido por Jesús, ahora quiere que en todo y en todos Cristo venza; y el celo del Apóstol queda bien expresado en una anotación que hace en una de sus cartas: “Desde Jerusalén hasta Roma lo tengo todo lleno del nombre de Jesucristo” Carta a los Romanos 15,19.

Qué expresión, casi de orgullo, orgullo en el Señor, felicidad por la gloria creciente de Cristo, “de Jerusalén a Roma todo está lleno del nombre de Cristo” Carta a los Romanos 15,19.

Verdaderamente en este Apóstol estaba obrando ese Espíritu Santo prometido cuando la Ascensión: “seréis mis testigos en Jerusalén y Samaría y hasta los confines de la tierra” Hechos de los Apóstoles 1,8, “seréis mis testigos hasta los confines” Hechos de los Apóstoles 1,8.

Y a Pablo le parecía que mientras no se llegaran los confines, mientras Cristo no estuviera reinando hasta los confines, es decir, en toda la tierra; mientras la noticia del sol de la gracia no llegara a todos los rincones donde llega el sol del cielo, él no podía detenerse; y ese amor le hizo Apóstol de los gentiles, es decir, Apóstol de los no judíos, nuestro Apóstol.

Cuando Jesús escogió los Doce, evidentemente los escogió en recuerdo, en señal y en promesa del nuevo Israel, en continuidad y a la vez en superación de lo que había sido el antiguo Israel, es el nuevo Israel.

Pero resulta que Judas Iscariote, traidor, deja un puesto en esos Doce, un puesto que es completado por el Apóstol San Matías. De manera que esos Doce que iban a completar el Israel ahí estaban, Pablo no es parte de esos Doce, Pablo no viene a completar ese antiguo Israel, sino que es como un retoño nuevo de ese Israel que prende en tierra de gentiles.

Lo que quiero decir es que los israelitas podrían decir: "En estos Doce Apóstoles se ha restaurado Israel", y podían ver, en esos Doce, sus Apóstoles.

Los judíos al convertirse podían ver, en esos Doce, sus Apóstoles; pero nosotros encontramos, sobre todo en San Pablo, nuestro Apóstol. Él, nacido del mismo amor y de la misma predicación de Jesucristo, es en verdad el Apóstol nuestro, porque se puso por tarea personal llenarlo todo del nombre de Cristo.

Ahora bien, él nos dice en la lectura que hemos escuchado de su Carta a los Gálatas, que el Evangelio que anuncia no es de origen humano, que no le recibió de ningún hombre sino por revelación de Jesucristo.

Sí, eso es cierto, ante todo es cierto por esa visión que tuvo camino de Damasco, pero eso no quiere decir que el Apóstol no recibiera noticia de Jesús por seres humanos, sino quiere decir que las noticias y las palabras que nos digan los seres humanos, nada hacen si no habla Cristo al alma por medio del Espíritu Santo.

El apóstol sólo puede completar su tarea si hay una voz interior que lleve al oyente a la convicción de lo que está diciendo el apóstol exteriormente; pero este Pablo fue ganado por Jesucristo precisamente porque la noticia de Cristo le alcanzó a través de las personas que él estaba persiguiendo.

Este es un hermoso día para meditar en lo que significa el Evangelio para la Iglesia, el Evangelio es una noticia que la Iglesia lleva, pero la Iglesia también es sostenida es llevada por el Evangelio.

Es la Iglesia que lleva el Evangelio, incluso cuando es perseguida como le pasó a Pablo, pero es el Evangelio el que lleva la Iglesia, porque cuando se predica el Evangelio nace comunidad, como también le pasó a Pablo. Por eso este Apóstol tiene una relación profunda, íntima con la Iglesia, porque la Iglesia lleva el Evangelio y porque el Evangelio lleva a la Iglesia.

Demos gracias a Dios por este Apóstol, otro momento y otras circunstancias nos invitarán a meditar en otra ocasión sobre el Apóstol Pedro, que por hoy lo hemos dejado solamente ahí, ahí anunciado y enunciado.

Hoy quería que nos gozáramos en el Evangelio, en el don del apostolado y en nuestro Apóstol; pienso que la gran mayoría de nosotros no tenemos ascendencia judía, nosotros somos los gentiles, gentiles ganados para Cristo por el poder del Espíritu Santo y por la generosidad de este nuestro Apóstol San Pablo.