Spev001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19990604

Título: Pedro de Verona, predicador de la verdad de Dios

Original en audio: 25 min. 34 seg.


Amados Hermanos:

Tal vez algunos de ustedes han oído las lecturas que la Iglesia Católica propone para este día y habrán notado que estas no son las lecturas que acabamos de proclamar; tal vez, incluso, algunos de ustedes han estado en la Santa Misa o la han escuchado por radio y habrán comprobado lo mismo, éstas no son las lecturas que se leen en otros lugares.

Lo que sucede es que las lecturas que se leen en otros lugares, podemos decir que pertenecen al calendario general, pero las comunidades religiosas en algunos días nos apartamos de ese calendario general, de ese calendario universal, que es el de la Iglesia de Roma, porque tenemos ciertas fiestas, porque tenemos ciertos momentos que no podemos dejar pasar inadvertidos, y hoy es uno de esos momentos, este es un día muy especial para nosotros.

Hoy es 4 de junio y estamos celebrando a un mártir, y no cualquier mártir, el primero de los mártires de nuestra Comunidad Dominicana. Fue llevado a la muerte de una manera espantosa, como suele suceder en los casos de martirio, un hachazo abrió su cabeza, esto sucedía en el año 1252.

la Orden Dominicana tenía relativamente pocos años de fundada, no había cumplido cuarenta años de fundada, y como el primero de una serie de testigos de la fe, como el primero en la fila de los mártires, estaba este hombre, Pedro de Verona, a quien celebramos hoy.

Fray Pedro de Verona es un testimonio del amor de Dios, es un testimonio de amor a la Virgen, es un testimonio de amor a los seglares, es un testimonio de amor también a la Iglesia y al Papa.

Pedro de Verona se ganó el odio de sus enemigos por un encargo que le dio el Papa, un encargo que se resume en una palabra que suena espantosa en nuestros oídos, la palabra "Inquisición". Pedro de Verona es uno de los primeros inquisidores.

Casi siempre uno oye hablar de la Inquisición para decir que la Inquisición torturó gente y mató gente, pues he aquí que el primero de los inquisidores no mató gente ni torturó gente, fue torturado y fue muerto.

¿Qué significa la palabra Inquisición? Inquisición quiere decir búsqueda, inquirir quiere decir buscar, la inquisición es la búsqueda, la búsqueda de la verdad de la fe, de aquello que se puede o no se puede admitir, de aquello que pertenece o no pertenece a nuestra fe.

Sabemos tal vez algunos de nosotros o muchos, que nuestra Orden Dominicana nació en un campo de batalla. Santo Domingo fundó la Orden de Predicadores en el sur de Francia, en una región llamada Languedoc, entorno a una ciudad, Toulouse, en la que abundaba todo género de confusión en la fe, cualquier parecido con nuestro tiempo no es coincidencia.

También en aquella época las mismas historias venidas de Oriente, los mismos horóscopos, los mismos mantras. Las mismas cosas que hoy intentan confundirnos abundaban en aquella época, y dice Santa Catalina de Siena que "por las manos de María Dios quiso darle a la Iglesia un faro, una luz brillante que edificara las tinieblas.

La respuesta de Dios a los problemas de la Iglesia siempre son los santos, casi podríamos definir un santo así. ¿Qué es un santo? Es una respuesta que Dios da a un problema, a una necesidad de la Iglesia, pero la obra de Santo Domingo, aunque era muy grande, no había concluido, se multiplicaban las herejías y la confusión en la fe estaba en muchos corazones, algunos de estos herejes eran realmente violentos.

Nuestro Padre, nuestro Fundador, Santo Domingo de Guzmán, fue muchas veces amenazado de ser torturado; pero él no murió mártir, esta gloria estaba reservada para Fray Pedro de Verona, a quien recordamos hoy.

El papa Inocencio, conociendo la formación teológica, conociendo la fe viva, conociendo el corazón de oro de Pedro de Verona, le encomienda que tenga labor de pronunciar en nombre de la Iglesia, qué es lo que puede admitirse como propio de nuestra fe y qué es lo que no puede admitirse como propio de la fe, un oficio de lo más importante que tiene la Iglesia.

Este oficio con muy pocos cambios existe hasta nuestros días, lo que se llamaba Inquisición, después se llamó Santo Oficio y después se llamó y se llama “La Congregación para la Doctrina de la Fe”. El oficio que empezó con Pedro de Verona a mediados del siglo trece existe todavía ahora, a las puertas del siglo XXI.

¿Quiere decir eso que la Iglesia sigue teniendo inqusición? Si lo quieres mirar de esa manera sí, porque la Iglesia necesita un órgano deliberativo que determine si lo que se está enseñando, si lo que se está predicando es o no es la fe que nos dio Jesucristo.

Es verdad que está institución de la Inquisición ha pasado por todo género de manos y es verdad que se ha prestado para muchos abusos en algunos sacerdotes y también y sobre todo en lo que se llamaba el brazo secular, es decir, en aquellas autoridades civiles con las que la Iglesia hacia ciertos pactos, como sucedió en la evangelización de América, lo que se llamó “El Patronato Real”.

La corona de España ayudaba a la Iglesia para la labor misionera, en términos económicos y administrativos y la Iglesia, entonces, tenía esa relación con el estado, relación que por lo menos, en lo que a mí me atañe, me fastidia y me parece que en cuanto más sea libre la Iglesia de dependencias estatales, económicas o laborales, mejor, mucho mejor.

La Inquisición, que tiene mala fama, es sobre todo la Inquisición de la época de la Colonia, es una que se llama la Inquisición española, una página muy triste y muy vergonzosa de la Iglesia en muchas cosas, aunque las novelas y la propaganda negra intenta inflar las cifras en contra de la Iglesia.

Pero hay cosas que no se pueden defender y yo no estoy aquí para defender los abusos que se hayan causado con la Inquisición, sino para proclamar y defender que el tesoro de la fe es algo demasiado grande y que nosotros no podemos convenir con revolver nuestra fe con cualquier cosa.

Esta fue la labor que tuvo Pedro de Verona, la ardua y difícil labor que él tuvo. En casos difíciles tenía que dar su palabra y con la autoridad recibida del Papa, tenia que decir si eso es o no es la fe en la que nosotros somos salvos.

¿Y por qué hay que defender así la fe? ¿Por qué hay que cuidar tanto la fe? ¿Por qué se necesita proteger tanto ese tesoro de la fe? Porque la fe tiene muchos enemigos, porque la fe tiene mucho precio y porque la fe está destinada a durar en esta tierra hasta el fin de los siglos.

La fe tiene muchos enemigos, la fe tiene mucho precio y está destinada a muchísimas personas, por eso la fe no puede ser adulterada.

Es lo mismo que sucede, hago una comparación muy elemental, cuando una persona hace el mercado de la quincena y sabe que ese mercado le tiene que durar toda la quincena, no puede dejar que se le acabe; la fe tiene que durar hasta el fin de los tiempos.

Jesucristo una vez formuló esta inquietud a modo de pregunta dijo: “Cuando vuelva el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?” San Lucas 18,8. La fe tiene que durar hasta el final, pero por otra parte la fe tiene un precio inmenso, el precio para que nosotros lográramos creer es el precio de la muerte misma de Cristo.

Si alguien, por ejemplo, dice: “Bueno, es que Cristo fue un gran hombre, fue un maestro muy inspirado, fue un líder espiritual, fue como un poeta y un maravilloso predicador”, y tú le preguntas a esa persona: "-¿Usted diría que Cristo es Dios?"

“-Bueno, yo no llegaría hasta allá, a mí me parece que es un hombre muy valioso, el más valioso de todos, es la criatura más maravillosa y más sabia de todas”, y tú le preguntas: "-¿O sea que Cristo no es Dios? “-No, yo no me atrevo a decir que Cristo sea Dios”. Esto aparentemente parece algo muy pequeño.

El otro ya siente una gran admiración por Cristo y siente que Cristo es el gran líder y es el gran maestro, a veces uno se queda como tentado de negociar, de contemporizar: “Bueno, entonces no le demos tanta importancia a eso, es decir, yo sigo con lo que creo y tú sigues con lo que crees y así nos entendemos”.

Aparentemente, pero viene un problema: si Cristo no es Dios, ¿qué diferencia real hay entre Cristo y todos los profetas del Antiguo Testamento?

Si Cristo no es Dios, si su sabiduría es la que nos salva, si son sus conocimientos los que nos salvan, ¿para qué la muerte en la cruz? ¿Qué diferencia hay entre la muerte de Cristo en la cruz y la muerte de tantos otros que fueron apedreados, acusados, torturados, desaparecidos en el Antiguo Testamento? ¿Por qué vamos a decir nosotros que somos salvos por Jesucristo si Cristo es solamente un ser humano, así sea el más excelso de los seres humanos?

Si Cristo no es Dios no hay una diferencia entre Cristo y los profetas del Antiguo Testamento, entonces Cristo tampoco es la revelación definitiva de Dios. Bueno, eso ya lo empieza uno a ver un poco grave, pero bueno, estamos en Misa y resulta que en Misa el sacerdote dice: “Esta es la Sangre, este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna”.

“Sangre de la alianza nueva y eterna”, pregunta: si Cristo es un ser humano, así sea el más sabio de los seres humanos, ¿puede Cristo decir que su alianza es eterna? Respuest:, si Cristo fuera solamente humano, Cristo no podría decir que su alianza es eterna, porque ya hubo una alianza sellada por mediación de Moisés y esa alianza no fue eterna.

¿Quiere decir, entonces, que el sacrificio de Cristo en la cruz qué es? Pues sólo es un ejemplo maravilloso de una persona que fue coherente hasta sus últimas consecuencias, una persona que mantuvo sus principios hasta el final.

Pero es todo un ejemplo, ¿cierto? Porque si la alianza no es nueva y eterna, o mejor dicho, si la alianza no es eterna en Jesucristo, no ha sucedido nada completamente definitivo; y si en Jesucristo no ha pasado nada definitivo, pueden venir muchos otros maestros, y pueden venir muchos otros predicadores, y pueden venir muchos otros profetas, entonces la Sangre de Cristo en la cruz no es la Sangre de la alianza nueva y eterna.

Podríamos añadir otros ejemplos o prolongar este ejemplo, una cosa que parece tan pequeña, si tú la pierdes todo se desarma, es como un andamio gigantesco en el que tú quitaras una varillita y entonces se cayó todo.

La fe tiene una conexión íntima entre todas y cada una de las cosas que nosotros creemos, la fe no es para que tú le agregues lo que a ti te parezca o tú le quites lo que no te guste, porque uno no se da cuenta al principio.

Cuando los señores de la “Nueva Era” predican y dicen que Cristo es el maestro de maestros, el más luminoso de los maestros, es la conciencia viva del universo, es la luz más grande que ha tenido esta tierra, y entonces es ahí donde aparece Pedro de Verona y dice: “Una pregunta, ese señor del que usted está hablando ¿es Dios? "-Bueno, o sea, es decir, cómo te explicara, resulta que en el fondo, en el yo allá que es profundo, hay una luz, tú puedes llamar a esa luz Dios".

O sea que Cristo tiene tanto de Dios como lo puedo tener yo, claro, y como las flores, como las estrellas, como los ríos", "-¡señor váyase a la porra! ¡usted está predicando algo que no es eso, no es eso, no es mi salvación!

Para que yo recibiera la salvación no se necesitaba solamente un poeta que me dijera que los arroyos son hermosos y que las estrellas son gusanos de luz, se necesitaba alguien que me amara hasta el extremo y se necesitaba que ese que me ha amado hasta el extremo, sea verdaderamente Dios como el Padre.

Yo necesitaba a alguien que fuera Dios como Papá Dios y que fuera hombre como lo soy yo, sólo así, siendo Dios como el Padre, me puede perdonar; y siendo hombre como yo, puede declarar su ley que es el Espíritu Santo en mi propia carne.

Por el otro extremo aparecen otras personas y dicen: “Claro, es que esos señores no han entendido nada; Cristo es Dios, claro que es Dios, lo que no es, es hombre. La apariencia de Cristo era humana, Cristo parecía humano, claro, porque Él, como es Dios, Él podía aparecerse como quisiera, entonces Él se quiso aparecer como vestido de esta carne".

Pregunta, esta es como una pregunta de los inquisidores: Si Cristo no es hombre, ¿o por qué dice la Escritura que Cristo dijo: “Sígueme”? San Mateo 5,9, si Él no estaba en las mismas condiciones que yo, ¿cómo puedo yo seguirlo a Él si Él iba impulsado, si Él no tenía los dolores que yo tengo, los problemas que yo tengo y su vida no era humana como la mía?" ¿Cómo puedo seguirlo a El? Y sobre todo, como puedo creer que lo que le sucedió a Él me puede suceder a mí?"

"Que Él murió, ah, pero es que como Él era Dios eso a Él no le dolía, porque tenía anestésicos celestiales para las Llagas”. ¡Aténgase, de que tenía anestésicos celestiales! “-Claro, como Él era Dios entonces las llagas eran una mentira”. Es grave, ¿cierto? Lo de la fe es cosa seria. "Si Él no era hombre como yo, las Llagas eran de mentiras", ¡gravísimo! Y esa sangre entonces ¿qué era, como pintadita en un cuadro?

Así es todo lo que tiene que ver con la fe, mis hermanos. A los inquisidores, a los teólogos, y como a nuestra Comunidad de inquisidores y teólogos, a los Dominicos muy poquita gente nos quiere, muy poquita, porque nosotros somos: “-Permiso, un momentico, muy bonito todo, pero....", "-Ah, ya ahí está el Dominico".

Desde la época de Santo Domingo de Guzmán existe un cargo que se llama “Teólogo de la Casa Pontificia”, el Papa tiene como un teólogo de cabecera, que es como su asesor personal para documentos, para declaraciones y para un poco de cosas.

Desde la época de Santo Domingo de Guzmán, desde hace ocho siglos el Teólogo de la Casa Pontificia ha sido un Dominico, es un oficio dentro de la Iglesia, un oficio de velar por la pureza de la fe.

Pedro de Verona amaba mucho a la Virgen, quería a la Orden, amaba al Papa, era fiel a la Iglesia y le gustaba cantar, entonces yo me siento muy identificado por muchas cosas con Pedro de Verona.

El día que lo mataron estaba cantando, iban unos cuatro o cinco Dominicos, entiendo yo, iban por una región relativamente deshabitada y se pusieron a cantar, querían cantar los cuatro, pero había dos que no afinaban mucho, entonces Pedro, que tenía oído musical, les dijo a los que estaban un poquito desafinados, -eso es propio de los inquisidores-: "Ustedes cantan despuecito".

Es que la fe educa el oído y los que queremos cultivar y cuidar el tesoro de la fe en la Iglesia tenemos oído fino para la fe y a veces también para la música, y Pedro de Verona era de un oído finísimo para la fe y para la música, entonces él les dijo a los otros: “Ustedes cantan despuecito” y estos dos, que iban cantando, fueron los que los herejes identificaron, fueron los que apresaron y fueron los que asesinaron.

Pedro estaba proclamando, estaba celebrando su fe con sus cantos el día que lo mataron, con el primer golpe, de los varios que le dieron, brotó mucha sangre, y cuenta la historia que mojando en su sangre el dedo, empezó a escribir en el piso el Credo: “Credo in unum Deum, Patrem omnipoténtem, factórem caeli et terrae”.

Empezó a escribir el Credo con su propia sangre en el piso, alcanzó a escribir sólo la palabra “Creo”, esto fue lo último que pudo decir cuando ya no podía hablar, unió así su sangre a la de Jesús, mostró cuál es el precio de servir a la Iglesia y dijo su última canción en silencio y en el piso.

Que Dios, en su bondad, nos enseñe a valorar, a agradecer y a proteger el don de la fe; que nos dé un oído sensible, un oído delicado para percibir lo que se aparta del querer de Dios y para que en esa fe, no sólo guardar a nuestra inteligencia, sino en nuestro corazón y en nuestras obras, en esa fe vivir y con esa fe morir.

Pedro de Verona, cantante de la verdad de Dios, Pedro de Verona, predicador de la verdad de Dios, murió por la verdad de Dios; que él haga en nuestros corazones la obra de amar esa verdad, de celebrarla, de proclamarla, y si llega el caso, que puede llegar, de morir también por esa fe.

Amén.