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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20090729

Título: ¿Quien es el que puede venir a mi vida?

Original en audio: 8 min. 55 seg.


Lo que destaca particularmente en este evangelio de hoy, es la profesión de fe que hace esta mujer, Marta, Marta de Betania.

Esa afirmación que ella manifiesta, -nosotros somos invitados a hacer la nuestra, a repetirla desde el corazón-, dice: "Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo" San Juan 11,27.

La palabra "Mesías" es una palabra hebrea que significa "Ungido". O sea que Marta le estaba diciendo a Jesús, a este Profeta de Nazareth que tenía más aspecto de mendigo que de otra cosa: "Yo creo que a Ti te ha ungido Dios, que Tú eres el Ungido de Dios".

En el pueblo de Israel los ungidos eran los reyes, y decirle a alguien: "Tú eres el Ungido", es decir, el Mesías, significa: "A ti te ha puesto Dios para que seas cabeza de este pueblo, para que seas Rey, para que lo conduzcas a la victoria, para que lo purifiques, para que renueves la Alianza".

Es un título que tiene muchas y muy profundas connotaciones. "Tú eres el Mesías" casi es lo más grande que se le podía decir a una persona. Y Marta se lo está diciendo a este Hombre que repito, tenía el aspecto de un mendigo, un Hombre controvertido, del que también sabemos cómo terminará su existencia en esta tierra: torturado y luego clavado en una Cruz.

Es decir, que lo que Marta está afirmando implica profundamente ese salto que solamente la fe puede dar: reconocer en la humildad, en la mansedumbre, en la pureza, reconocer ahí el paso de Dios, reconocer que ése es el estilo de Dios, reconocer que ésa es la manera de Dios.

Muchas veces uno quiere un Dios que se imponga por su majestuosidad, por su potencia. Pero, aquí Marta es capaz de reconocer el estilo y el paso de Dios en la sencillez, en la humildad, en el servicio continuo de Jesús, servicio a sus hermanos.

Le dice también: "Tú eres el Hijo de Dios" San Juan 11,27, que es otro título real. Era una de las maneras de dirigirse al rey en Israel, llamarlo así: "Hijo de Dios".

Y sobre todo añade esta expresión, que pienso nos puede servir a nosotros. Agrega: "Tú eres el que tenía que venir" San Juan 11,27. Éste también era un título mesiánico para los judíos de esa época: "El que tenía que venir" San Juan 11,27.

A mí me parece muy bello apropiarse de ese título, aplicarlo uno a la propia vida: "Jesús es el que tiene que venir a mi vida".

¿Y esto qué significaba para los judíos? Significaba, -a ver; en lenguaje coloquial- : "Tú eres el único que puede solucionar esto, Tú eres el único que puede cambiar las cosas, Tú eres el único que tiene las respuestas. Cualquier otro que venga será un impostor, dejará las cosas igual o las empeorará. Tú eres el que puede realmente tener una palabra, tener una luz".

Y esta es una hermosa confesión de fe que yo personalmente quiero hacerla mía, y os invito a que la hagáis vuestra; decirle éso a Jesús: "Tú eres el que tiene que venir a mi vida, eres el que tiene que venir para que mi vida tenga luz, para que tenga amor, para que tenga paz, para que tenga sentido".

"Tú eres el que le puede traer un sentido a mi existencia. Tú eres la respuesta siempre pendiente en todas mis preguntas. Tú eres lo que estoy buscando aunque yo mismo no lo sepa".

Y esa profesión de fe, pues, tiene una fuerza también de mucha alegría, porque entonces encontrarse con Jesús es como lo dice el Evangelio: "Como encontrar esa perla que estaba escondida" San Mateo 13,45, "encontrar ese tesoro que estaba en el campo" San Mateo 13,44."¡Yo no lo sabía!"

Que la fe y que la alegría de Marta, de Santa Marta de Betania, lleguen a nuestro corazón, y que nosotros podamos irradiar esa alegría, esa certeza a otras personas de que Jesús es el que tiene que venir.

Un último pensamiento que quiero compartiros, es esta frase, la fuerza de esta frase en el tiempo que estamos viviendo.

Si yo examino lo que ha sido este último año, más o menos desde agosto del año pasado, 2008, desde que se empezaron a oír las malas noticias de la crisis financiera en todo el mundo, lo que ha sucedido ha sido una decepción tras otra: escándalos de corrupción en cantidad de gobiernos.

No sabe uno con cuál quedarse. Ya no se sabe si preferir a los laboristas en Gran Bretaña con todo el dinero que se han robado, o preferir a Berlusconi con sus historias con chicas casi adolescentes; o si preferir a Chavez y te vas por el socialismo radical y a insultar a Estados Unidos como si fuera el demonio.

O te vas por Putin, que no termina de encontrar la manera de estar siempre mandando. Entonces, sale de primer ministro para ser presidente, y luego de presidente otra vez para primer ministro. ¡Y ésos son nuestros gobernantes! Estamos decepcionados de ellos.

Y te vas a la Iglesia y hay tantas decepciones. Este país, Irlanda, ha sufrido un montón, un montón a medida que se destapan heridas y heridas, complicidad de obispos, escándalos de sacerdotes.

Luego, miramos a nuestros artistas, a nuestros científicos, a nuestros pensadores, y cada vez les creemos menos.

Una de las realidades que nos encontramos en la juventud, -me imagino que entre vosotros pero también en gente más joven-, es una sensación de no creerle a nadie y de que nada importa realmente.

¿Cuáles son los grandes escritores? ¿Cuáles son los grandes actores? No; la gente alguna atención le pone al deporte, alguna atención le pone al entretenimiento y ya; éso es.

Para muchos adolescentes su única alegría es conseguir el último juego para la Play Station y ya: "Éso me bastó". O: "Conseguí el último CD del artista que me gusta; ya éso me basta". Es un mundo con metas cortas, es un mundo que no se atreve a soñar.

La mayor parte de nuestra juventud, -no sé si estoy dogmatizando demasiado, generalizando demasiado-, pero bueno, algo he podido viajar, conocer, y en todas partes lo que veo es que la juventud poco cree; no digo creer en Dios, sino poco cree en instituciones, en partidos, en cualquier cosa que pretenda presentarse como autoridad.

Y yo creo que en ese ambiente de decepción, en ese ambiente gris, en ese ambiente de penumbra, vuelve a surgir esto: ¿Quién es el que puede venir?

¿Quién es el que puede venir? ¿Quién puede ser un verdadero lider? ¿Quién puede ser una referencia en mi vida?

Yo le pido a Dios que por la intercesión de Santa Marta, nosotros encontremos una respuesta y esa respuesta sea Jesucristo.

Amén.