Smag003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20090722

Título: En la vida de Santa Maria Magdalena brilla y se conoce el poder del amor de Dios

Original en audio: 7 min. 21 seg.


En algunos países del mundo la situación social es tan crítica, que el robo es muy frecuente. Hay lugares donde la inseguridad es bastante fuerte: pasa siempre donde hay pobreza, donde hay poco empleo y donde hay gente con mucha necesidad.

Alguien me contaba, por ejemplo, que existen sectores enteros en Río de Janeiro, o en Caracas y también en mi país, en Bogotá, donde simplemente es un riesgo caminar de día o de noche, porque el robo sucede constantemente.

Cuando una persona ha crecido en ese ambiente, donde robar es casi una forma de vivir, pues, lo que se imagina es lo que dice el refrán: "El ladrón juzga por su condición".

Si una persona de éstas, que lamentablemente ha vivido en esa situación, llega donde vosotros y ve que compartís unos mismos espacios, -por ejemplo, ahí veo que dejáis vuestros útiles y ninguno de vosotros parece estar muy preocupado de que lo vayan a robar; no lo esperamos-, si una persona que ha vivido con esa lógica en la cabeza llega aquí, seguramente lo que va a pensar es: "Entre éstos que están sentados debe haber algunos ladrones".

O sea: "¿Cuáles son los ladrones aquí?" Hay gente que trae esa mentalidad. Como ése ha sido su mundo, entonces cuando viene acá, lo que piensa es: "Alguno de éstos tiene que ser un ladrón". Porque, éso es lo que ha visto, éso es lo que ha vivido todo el tiempo.

No se puede imaginar, le parecería extraño que un grupo de personas comparta un mes en unos mismos espacios y nadie robe a nadie: "¿Cómo así? ¡Eso no puede suceder!"

Es lo mismo que ocurre en muchas cárceles. La ley en algunas cárceles es: "¡A robar a cualquiera que llegue!" Entonces, si la familia le trajo, -qué sé yo-, una cobija especialmente buena o calientita, pues, hay que robársela, porque ésa es la ley que impera ahí.

¿A qué viene esta historia? Viene a que cuando uno tiene los ojos sucios, uno todo lo ve sucio. La persona que está acostumbrada a robar, sólo piensa en éso y cree que ése es el único modo de vivir. Con esos ojos sucios el mundo ha visto a María Magdalena, y con esos ojos sucios el mundo ha visto a Jesús.

Entonces, con esos ojos sucios la gente dice: "Pues, Jesús, un hombre, María Magdalena, una mujer, algo, algo tenían que tener"; por éso; porque no imaginan otra cosa, porque no imaginan que un hombre pueda hacerle un bien a una mujer si no está pretendiendo en algún momento sacar algo de ella, acostarse con ella o lo que sea. ¡No pueden imaginarlo!

Luego, esta santa que estamos celebrando hoy, yo diría que es una de las santas más calumniadas de toda la historia, más calumniadas especialmente en tiempos recientes. Esta obra que se llama, "El Código de Da Vinci", hizo millones y millones de dólares o de euros, -como lo quieras poner-, calumniando a María Magdalena, diciendo tonterías.

Bueno, alguien me podrá decir: "¿Y tú cómo sabes que son tonterías?" Sencillo; porque existe algo que se llama historia, y la historia tiene sus recursos para investigar las cosas. Entonces, tú puedes investigar cómo era una persona y tú puedes decir sobre la base de tu investigación: "Esta persona era así o no era así".

Por ejemplo, nosotros sabemos que el emperador Nerón tenía tendencias bisexuales. Él tenía un problema sexual complicadísimo: éso consta en la historia, éso consta en los documentos y éso se puede afirmar.

Pero, por ejemplo, no hay ninguna evidencia de que Julio César tuviera esa clase de tendencia. Aquí no se trata de si éso es bueno o es malo. Lo que estoy diciendo es: no hay ninguna evidencia.

Pues bien, si se miran los documentos, no hay evidencia seria de lo que propone cosas como "El Código de Da Vinci". No hay ninguna evidencia seria de que María Magdalena fuera esa clase de mujer que se nos quiere presentar ahora.

Yo creo que desde ese punto de vista uno dice: ¿A quién le interesa calumniar tanto a esta pobre mujer? Digo pobre por lo que fue su vida, porque evidentemente sufrió demasiado.

¿A quién le interesa tanto calumniar tanto a esta mujer? Y mi respuesta es: pues, a alguien que está interesado en que nosotros no conozcamos el poder del amor de Dios.

Porque, si hay algo que brilla en la vida de María Magdalena, es el poder del amor de Dios, el poder del amor para limpiar un corazón, el poder del amor para liberar un corazón, el poder del amor para darle paz a un corazón.

Porque, todo eso es lo que vivía y lo que sufría esta mujer, esta mujer poseída por el demonio, pecadora pública. Su vida es éso: ella era un juguete de pasiones, ella era un juguete del pecado.

Mas, se encuentra con Jesús y la Palabra de Jesús la limpia. Hay un versículo muy bello en el Evangelio de San Juan, en el capítulo quince, donde Jesús dice: "Vosotros estáis limpios por la Palabra que habéis escuchado" San Juan 15,3.

La Palabra de Jesús lo lava a uno por dentro, lo limpia a uno, y éso fue lo que sucedió con María Magdalena.

Entonces, hay alguien, entre comillas, -ponle el nombre que quieras-, hay "alguien" que está interesado en que nosotros no conozcamos esa calidad de amor. Hay "alguien" que está interesado en que no sepamos que Jesús es suficientemente poderoso para hacerle esas maravillas a la vida humana.

Sigamos esta celebración. Ya nosotros no nos vamos a dejar engañar; ya entendemos que el que tiene ojos sucios siempre dirá: "Pues, espérate unos años y verás que nos dirán que María Magdalena era ladrona, o que era secuestradora, o que era terrorista", según la mirada sucia, puerca, que tenga cada uno.

Pero, lo que muestra la historia es algo muy diferente. Lo que muestra el Evangelio y lo que consta en los documentos desde el siglo primero, es muy diferente y por supuesto, es muchísimo más bello.

Continuemos entonces nuestra celebración, dándole gracias a Dios. Yo, personalmente, cuando leo esto, pienso en todo lo que Dios tiene que limpiar en mi vida. Yo no me considero una persona limpia, inmaculada.

Creo que Dios tiene bastante tarea conmigo, pero creo en ese amor y espero que tú también creas en ese amor que limpia y que salva.

Amén.