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El 10 de agosto, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Lorenzo; un diácono y mártir del siglo III en Roma. Buena ocasión para recordar lo que significa la diaconía.

Diácono es una palabra que viene de la lengua griega; el diácono es el servidor. Los sucesores de los apóstoles son los obispos, pero, por supuesto, el obispo necesita muchos colaboradores que estando cerca de él, le ayuden en su misión, que es ardua y muy amplia. Los colaboradores por excelencia de los obispos, muy cerca de ellos, en las obras de caridad, cerca de ellos en las celebraciones litúrgicas, y cerca de ellos en otros servicios propios de la Iglesia local, son los diáconos; así es como sucedía en los tiempos antiguos, en los primeros siglos de la Iglesia. Bueno, alguien podrá preguntarse: ¿Y los sacerdotes, quiénes son? La palabra que nosotros utilizamos, “sacerdote”, no es la palabra más frecuente en la antigüedad; en la antigüedad se utilizaba la palabra “presbítero”, que a su vez, viene de la lengua griega, “presbyteros”, que significa, “el que es mayor”, “el que es anciano” (anciano, fundamentalmente en el sentido de la autoridad). Evidentemente los presbíteros colaboran con los obispos; pero, desde antiguo, el servicio de los presbíteros no es cerca del obispo, sino que es presencia del obispo en lugares donde él no puede estar de un modo permanente, sobre todo, para la celebración de la Eucaristía, y posteriormente también para la celebración de la confesión. De manera que el obispo tiene colaboradores en los diáconos, que son colaboradores cercanos para las obras propias del ministerio episcopal, como tal, y tiene colaboradores en los presbíteros, sabiendo que estos presbíteros son presencia del obispo, en distintos lugares, lo que llamamos las distintas parroquias. Esa es la manera como se ven las cosas en estos primeros siglos de la Iglesia. Según ese esquema, Lorenzo era diácono, es decir, servidor en la Iglesia de Roma, por consiguiente, ¿a cuál obispo era a quien él le prestaba ese servicio? Al obispo de Roma; ¿cómo llamamos al obispo de Roma? El Papa. O sea que Lorenzo era diácono del Papa; era servidor y colaborador inmediato del Papa, en muchas cosas. Colaborador, principalmente, en una tarea que fue la que le costó la vida, pues Lorenzo era el encargado de todas las obras de misericordia que realizaba el Papa, y por consiguiente, él tenía que administrar de una manera prudente, y sobre todo caritativa, bienes relativamente considerables. Esto fue lo que despertó la codicia de las autoridades civiles, que con ocasión de alguna de las frecuentes persecuciones en época del Imperio Romano, cayeron contra Lorenzo, preguntándole dónde estaban los tesoros de la Iglesia. Como a esas alturas, aquellos cristianos eran tan solidarios, entonces había dinero, y estas autoridades civiles, pues, por perseguir a la Iglesia, y por hacerse con el dinero, llegaron donde Lorenzo; y, ¿qué respondió Lorenzo? “Los verdaderos tesoros de la Iglesia son sus fieles, sobre todo, sus fieles más pobres”; esos son los verdaderos tesoros, de donde viene, de donde sale toda la caridad es, precisamente, de la realidad de aquellos que son más excluidos.

Fíjate que es un mensaje más cercano a lo que nos ha dicho tantas veces el Papa al hablar de las periferias, al hablar de los marginados, al hablar de los excluidos, al darle nombre propio a algunos de estos, como por ejemplo, “los inmigrantes”. Ellos son tesoros de la Iglesia, porque son el verdadero despertador y fuente de la caridad en muchísimas personas. La respuesta de Lorenzo no gustó para nada, y por eso fue condenado a morir de una manera horrible: fue asado vivo. Este hombre que padeció ese martirio, después de haber administrado tantas ofrendas, él mismo se volvió ofrenda, y así también, ejemplo, testimonio y maestro para todos nosotros.