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Fecha: 2000810

Título: San Lorenzo, testigo del Evangelio

Original en audio: 6 min. 38 seg.


Lorenzo es uno de los diáconos más conocidos y más amados de la antigüedad cristiana. Diácono de la iglesia de Roma en tiempos de persecución, fue obligado a presentar los tesoros de la Iglesia, porque se decía que él como diácono y encargado de las limosnas, tenía muchos dineros escondidos que no llegaban a las arcas del imperio.

Y es famosa la anécdota en la cual él dijo a sus perseguidores, a los que le pedían cuentas de parte del Imperio: les voy a mostrar los tesoros de la iglesia, y fue hasta el lugar donde estaba reunido un gran grupo de pobres y dijo: "¡estos son los tesoros de la iglesia!"

Esa respuesta tan profunda, tan bella, tan cierta, desde luego no agradó a sus enemigos, y un tiempo después fue condenado a morir con una muerte atroz que quedó grabada en la memoria de aquellos cristianos.

Como si se tratara de una animal, fue asado vivo sobre una parrilla; el Señor Dios le dio una fortaleza completamente sobrenatural y se recuerda también la frase irónica, podríamos decir, del mismo Lorenzo que le decía al cruel tirano que lo había sometido a ese tormento: "bueno, ya puedes comer, ya está quemando, ya puedes comer."

Esa frase de santa ironía también entraña un sentido profundo para nosotros porque lo que consumimos en la Eucaristía es el Cuerpo sacrificado, ofrendado de Cristo mártir y a Cristo mártir siguió Lorenzo, y en la vida de Lorenzo se cumplió el evangelio de hoy.

Decía Cristo: "El que quiera servirme que me siga y donde este yo allí también estará mi servidor" San Juan 12,26; por eso nosotros sabemos que los que han seguido hasta la cruz, hasta la muerte, hasta el sepulcro a Jesucristo están con Él porque Cristo dijo: "Allí también estará mi servidor" San Juan 12,26. Cristo está en la gloria, San Lorenzo está en la gloria.

Si quisiéramos resumir en pocas palabras la vida y la muerte de San Lorezo, cuatro serían convenientes: misericordia, generosidad, consagración, testimonio.

Lorenzo es un testigo del Evangelio de Cristo, que por decirlo de alguna manera, en su vida y en su muerte representa lo central del Evangelio, y tal vez por esto la Iglesia de Roma se dio cuenta que de que en esa muerte no sólo había un testigo más de Cristo, no sólo otro muerto más por la persecución romana, sino que había sucedido el Evangelio en medio de ellos.

Misericordia para con los pobres, generosidad con los necesitados, consagrado en medio de la Iglesia, testigo de la Palabra, testigo de la caridad, testigo del poder del Espíritu.

Lorenzo interceda, ruegue por nosotros; Lorenzo infunda también esas cuatro preciosas virtudes en la Iglesia de nuestro tiempo.

Una Iglesia misericordiosa; la misericordia cambia el afán de competencia entre carismas o virtudes, por la alegría de ver restaurada la vida que estaba enferma o debilitada; donde hay misericordia cesa la rivalidad, cesa el orgullo; donde hay generosidad llega la alegría; donde hay consagración se levantan los corazones hacia Dios; y donde hay testimonio el alma cristiana está alimentada, está robusta, está fuerte.

Lorenzo ruega por nosotros, Lorenzo regala tiempos de misericordia, especialmente en los sacerdotes, en los diáconos, en los obispos; regálanos generosidad en estos tiempos de intercambio, de comercio donde todo tiene precio, donde no damos si no nos dan, regálanos generosidad. Tu fuiste ejemplo elocuente de la gracia que es regalo.

Danos generosidad, danos consagración, el sentido de la pertenencia a Dios, el ser suyos y danos también testimonio, una palabra que llegue, que toque, que convierta.

Notemos cómo esas palabras que he citado al mencionar la vida de Lorenzo, tan fuertes, atravesaron los siglos, aquello que dijo de los pobres, o aquello que dijo cuando lo estaban matando.

Esas predicaciones, que sólo son dos frases, han atravesado todos estos siglos para llegar hasta nosotros; ésas son las que necesitamos, palabras que atraviesen los siglos, palabras que penetren en los corazones y que nos vuelvan hacia Dios.