Sjya002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19990726

Titulo: San Joaquin y Santa Ana: patrones de la afectividad y la sexualidad humana

Original en audio: 13 min. 18 seg.


En nuestro tiempo miramos la santidad, la bondad y la maldad de una persona, ante todo como el resultado de sus decisiones; pero si volvemos nuestros ojos a los tiempos bíblicos, descubrimos una influencia mucho mayor de la familia, digo esto por la fiesta que estamos celebrando el día de hoy.

Por ejemplo, cuando la reina Ester, en el libro que lleva su nombre, hace oración, ella hace alusión a su casa y a su familia; la fe que tiene la ha recibido de su familia, la confianza en la Palabra de Dios la adquirió en su familia.

Y si vamos al caso de la Santa Virgen María, pues ya sabemos que María estaba desposada con José a muy temprana edad, según la costumbre de la época. Estos matrimonios no eran fruto de un proceso de noviazgo, como los que se dan en nuestros días, sino que eran acuerdos de familias.

Estas reflexiones nos ayudan a descubrir en la familia de María el ámbito de santidad, de instrucción, de luz, y el camino fundamental de las decisiones en que se iba abriendo camino el plan de Dios y la llegada de ese misterio sublime de la Encarnación.

Personalmente, estoy convencido de que las palabras de María cuando responde al Ángel: “¿Cómo será la concepción si no conozco varón?” San Lucas 1,34 esas palabras sólo tienen sentido si María tenía un propósito virginal.

Semejante propósito, viviendo al mismo tiempo un matrimonio que había sido acordado por sus padres, es difícil de entender sin algún diálogo previo, sin algún conocimiento que la familia tuviera de Ella y de la decisión que Ella tomaba, de la vocación a la que Dios la llamaba.

Esto quiere decir que, tanto el matrimonio de María, como su propósito virginal, la escogencia de José y al mismo tiempo el deseo de ser toda de Dios, todo esto fueron temas de conversación, del algún modo, fueron conocimientos de Joaquín y de Ana, fueron objeto de oración y de meditación.

No podemos dejar volar mucho nuestra imaginación y terminar haciendo una especie de apócrifos del siglo XX, del siglo XXI, pero no es imaginación lo que hemos dicho, sino es la realidad de la familia hebrea en el siglo I.

Con este tipo de reflexiones descubrimos a María no como un meteorito perfecto caído del cielo, sino como el fruto madurado de una pareja creyente, de una familia llena de amor de Dios, llena de comprensión y abierta increíblemente a la acción del Espíritu Santo.

¿Qué queda para nosotros de esta fiesta? Queda mucho, por lo menos tres cosas. Primero, saber que aunque la santidad es la respuesta personal, y no puede ser de otro modo, a la acción del Espíritu Santo, la santidad también tiene un ámbito, el ámbito de la pareja, el ámbito de la familia, el ámbito del hogar.

Y en otro sentido, aquellas agrupaciones humanas, que son espacio vital par el cristiano, le dan también esa importancia.

Pensemos, por ejemplo, en una comunidad. Es verdad que Dios puede hacer santos cuando quiera y como quiera, pero es verdad que comunidades sanas, abiertas a la Palabra, abiertas al poder del Espíritu y al mismo tiempo fieles, prudentes, mesuradas, comunidades así, serán el ambiente más adecuado para que florezca la santidad.

La idea no es que nosotros le pongamos todos los obstáculos posibles a Dios y que Él saque a los santos en contra nuestra, más bien hay que procurar que nuestras comunidades, nuestras palabras, nuestra manera de pensar, sea terreno propicio a donde Dios pueda mirar complacido y a donde pueda regar, con abundancia, flores de santidad. Esto como un primer comentario, como una primera aplicación para nosotros.

En segundo lugar, también nos ayuda a descubrir en María un episodio más, episodio glorioso, pero un episodio más de una historia que viene detrás de Ella y que sigue después de Ella.

Aislar demasiado a María de su ámbito familiar, de su ámbito social, de su ámbito conyugal, va haciendo de Ella una figura extraña, quizá admirable, pero lejana, inaccesible; pensar en que María conversó alguna vez, digamos por lo menos, con Santa Ana, sobre su deseo de consagrarse a Dios, nos ayuda a mirar a María de otra manera.

Efectivamente, si María tenía un propósito de este género y si fue acordado por sus padres el matrimonio de Ella, pues Ella tenía que saber que un propósito virginal era un propósito de alguna manera estéril, según la fecundidad de la carne, a menos que Dios dispusiera otra cosa, y fue lo que dispuso.

Y tenía que saber que esa esterilidad era mirada como una maldición, pero, en fin, lo que quiero decir es que mirar a María niña, hermana de su pueblo, creciendo en edad y sabiduría, sintiendo temor y al mismo tiempo, aprendiendo a cuidar de sí misma y de su corazón, todo esto hace mucho bien para descubrir en Ella una obra maravillosa de la gracia, pero una gracia que acontece en nuestra tierra, en nuestra historia y con nuestro barro. Esto es muy saludable para el amor a la Santísima Virgen y para descubrir mejor la obra del Espíritu que nos santifica.

Finalmente, estas meditaciones sobre la santidad de Joaquín y de Ana, nos ayudan también a sanar un poco, o mucho, nuestros conceptos sobre el afecto humano y sobre la sexualidad humana.

En algunas ocasiones, predicando sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen, he considerado prudente subrayar que la concepción de la Virgen sucede en el ámbito del afecto de un hombre y de una mujer y en una relación sexual de ellos.

La obra más limpia de Dios, acontece en el ámbito del sexo de un hombre y de una mujer; por eso incluso me he atrevido a postular, claro que nadie me ha hecho caso en esto y en otro poco de cosas, pero no importa, me he atrevido a postular a Joaquín y Ana como Patronos de la sexualidad humana.

La sexualidad es una realidad tan importante, que sin ella, no estaría ninguno de nosotros aquí; somos frutos de sexo, y nuestros hermanos, primos, parientes, amigos tienen una vida sexual. Esa actividad humana no puede ser entregada simplemente al ritmo de la publicidad, de la propaganda, o de la moda.

Decían los medios de comunicación que se conversa en el Vaticano sobre quién podría ser el Patrono del Internet, se está pensando en San Isidoro de Sevilla como el Patrono de Internet.

Pues si el Internet tiene Patrono, hay una actividad humana que tiene muchos siglos de antigüedad sobre el Internet. La sexualidad humana debería tener sus Patronos, y para mí, los mejores Patronos de la sexualidad humana, son Joaquín y Ana.

María fue obra de sexo; sexo humano vivido en la humildad, en la fidelidad, en el cariño; sexo humano santificado por la gracia, en donde Dios realiza su obra más hermosa.

Por eso esta fiesta de Joaquín y Ana nos lleva también a recibir de otra manera nuestro ser sexuado, a dar gracias por la sexualidad, y a pensar de otro modo sobre esta realidad tan profunda que está en nuestros corazones, en nuestros cuerpos y en el de nuestros contemporáneos.

Efectivamente, María Santísima, con la pureza y belleza, con la alegría y la inocencia y la santidad de su cuerpo y de su alma, nos devuelve algo de ese gozo que está en el Génesis, cuando Dios vio todo lo que había hecho, y había hecho sexuados al hombre y a la mujer, “vio todo lo que había hecho, y todo era bueno” Gènesis 1,27-31.

Agradezcamos a Dios la santidad de esta humilde familia de Nazaret, una familia fiel en medio de un pueblo que no era tan fiel, que había perdido la ruta muchas veces.

Agradezcamos la santidad de Joaquín y Ana, bendigámoslos como Patronos de la sexualidad y como antecesores nuestros en el camino de la fe que ellos tuvieron que vivir, si se quiere, con más penumbras que nosotros.

Y recibiendo estas enseñanzas, sigamos nuestra celebración, porque el Dios que a ellos los condujo y los santificó, vive y está ahí para nosotros, para bendición nuestra, para conversión nuestra y para santificación nuestra.