Sjos007a

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Fecha: 20100319

Título: La grandeza de San Jose radica en la escucha de la palabra de Dios, en la etrega y en la obediencia

Original en audio: 25 min. 40 seg.


Queridos hermanos:


Esta es la solemnidad de San José, el esposo de la Virgen, un hombre grande y humilde a la vez, tan importante en la historia de nuestra salvación y sin embargo en la Biblia no aparece una sola palabra pronunciada por él, desde su silencio, desde su fe, desde su obediencia a Dios, José es sin embargo todo un mensaje para nosotros, y con la ayuda del Espíritu Santo, les invito a que me acompañen a reflexionar en todo lo que podemos aprender de este hombre.

José es el varón santo, es el custodio de los tesoros más grandes de Dios en esta tierra, por eso solo debería ya despertar nuestra admiración, a este hombre, a José, Dios Padre le encomendó el cuidado, la compañía, el afecto para la Santísima Virgen, verdadera esposa de él, y para nuestro Señor Jesucristo. Démonos cuenta hermanos, que cuanto mayor es la confianza más alta es la misión y en ese sentido la misión que recibió san José fue altísima, así como el cuidó de la infancia de nuestro Señor Jesucristo, así como el respondió a su propia misión, así también estamos seguros, él es clarísimo protector de la Iglesia entera.

Porque si la Iglesia es el cuerpo de Cristo, entonces ahí donde se está formando Cristo, es decir, en cada uno de nosotros, ahí también san José, como solicito amigo, como padre bondadoso, tiene algo que hacer y tiene algo que decir, con razón se ha nombrado a san José como patrón y protector de la Iglesia entera, porque en él está al mismo tiempo ese valor, esa fortaleza y esa sencillez y esa humildad que caracterizan al verdadero servidor de Dios.

José estaba desposado con María, para entender rectamente lo que nos enseñan los evangelios sobre el comienzo de la vida de Cristo y el papel que tuvo la Virgen y el papel que tuvo José, creo que necesitamos un poco de contexto. ¿Cómo celebraban su matrimonio los judíos en aquella época? lo que era común es que el matrimonio tenía, por decirlo asi, dos fases, en una primera fase que se llamaban “los desposorios”, hombre y mujer adquirían delante de la comunidad el solemne compromiso de unir sus vidas.

Era muy frecuente, era lo más frecuente de hecho en aquella época, que cuando se unían las vidas de estos jóvenes eran las familias las que habían hecho los necesarios arreglos y acuerdos, cosa que puede parecernos un poco extraña para nosotros, en nuestra época se celebra quizá demasiado, la libertad del individuo y nos resulta impensable eso de que las familias se pongan de acuerdo y sean ellas las que determinen los matrimonios de los jóvenes; pero así funcionaban las cosas en esa época.

Entonces, lo primero que había eran los desposorios, en una ceremonia pública muy sencilla pero llena de fe, esta pareja quedaba ya declarada como marido y mujer; pero no convivían inmediatamente, esa era la segunda fase.

Primero estaban los desposorios donde ya eran marido y esposa; pero no convivían, un tiempo después, que podía ser de algunos días, de algunas semanas, incluso de algunos meses, entonces hechas las necesarias preparaciones el esposo iba a la casa de la novia y la llevaba, por decirlo así, en una procesión la llevaba a su hogar y entonces empezaban a convivir.

Nos queda claro entonces, que José y María pasaron por ese proceso, ellos habían celebrado su desposorios y todavía no vivían juntos, porque esa era la costumbre en aquella época, primero los desposorios y después de un tiempo, según estuvieran las circunstancias de dinero, de trabajo o que se yo que otras circunstancias, entonces ya empezaban a convivir.

Pero hubo algo novedoso, hubo algo insólito en este caso, sucede que después que habían celebrado los desposorios, un ángel, el ángel Gabriel anuncia a la Santísima Virgen que ella iba a ser la madre del Mesías, la madre del ungido de Dios y en esa escena, que nos cuenta el evangelista Lucas, María hace una pregunta que tiene mucho que ver con la teología de San José, el ángel le dice: “tu vas a ser la madre del mesías, la madre del Dios altísimo” (San Lucas 1, 31-32)

Eso por supuesto era lo que cualquier muchacha hebrea deseaba, pero lo insólito está ya no solo en la aparición del ángel sino en la pregunta que hace María, sabemos de memoria que fue lo que ella preguntó “¿Cómo será esto puesto que no conozco varón? (San Lucas 1, 34) La expresión “conocer varón” es una expresión delicada para decir no he tenido relación con nadie, soy virgen, lo que está preguntando María es cómo voy a ser la mamá del mesías si soy virgen.

Examinemos mis hermanos esa pregunta, porque ahí hay una clave del misterio de amor que es el corazón de María y también una clave para conocer y valorar a San José, repito la pregunta de ella, ¿Cómo voy a ser mamá si soy virgen? pues esa pregunta realmente no tendría ningún sentido a menos que ella tuviera el propósito de permanecer virgen.

Porque por supuesto que si se casan hombre y mujer y si la mujer es virgen, eso no impide que ella sea madre, en el orden natural de las cosas lo que se supone sucederá en cualquier matrimonio es que después de unirse pues ella ya no va a ser virgen pero va a ser mamá y sin embargo ella pregunta “y cómo voy a ser mamá si soy virgen”.

La respuesta que tenía que haberle dado el ángel seria algo como esto: "pues ahora eres virgen pero ahora que vivas con José ya no vas a ser virgen y así vas a ser la mamá del mesías" pero el ángel no le dice eso, el ángel habla de una presencia poderosa, santísima, delicada, habla del poder del Altísimo, (San Lucas 1, 35) habla de la sombra del omnipotente y de esa manera velada, discreta pero muy clara, indica que el niño que va a ser concebido en las entrañas de María, no va a ser un niño que interrumpa el propósito virginal que tenia María y repito, sí que sabemos que ella tenía propósito virginal, porque si no lo hubiera tenido, lo que ella hubiera esperado, como cualquier mujer que se casa siendo virgen es, voy a unirme a mi esposo, dejaré de ser virgen y voy a ser mamá; pero ella al formular esa pregunta está indicando no solamente su condición presente sino su propósito de permanecer virgen para Dios.

Bueno y esto tiene una gran repercusión en lo que decimos también sobre san José, porque hagámonos esta pregunta, ¿podría María tener esa resolución de santidad virginal ante Dios, podría ella tener esa propósito ella sola y desposarse así con José sin explicarle nada a el? Imaginémonos que absurdo sería eso, ella con un propósito de permanecer virgen, se casa con José si José no estuviera al tanto de ese deseo de María y si no lo aceptara de alguna manera pues imagínate que clase de matrimonio sería ese, si José estuviera pensando en el orden natural de la unión del hombre y la mujer y María con un propósito virginal pues ya te puedes imaginar qué clase de situación sería esa.

De modo que lo más razonable es suponer lo siguiente, que María inspirada por el espíritu de Dios, movida por la gracia que era tan abundante en ella en su cuerpo y en su alma, hizo propósito ante Dios, quizá un propósito que comentó también con sus padres, hizo propósito en reservarse en cuerpo y alma al Señor, hizo propósito de vivir para Dios en cuerpo y alma de tal manera, que todo su ser, todo su cuerpo fuera únicamente para Dios, todo su pensamiento, toda su alma solamente para el Altísimo, eso es lo que se llama un propósito virginal.

María hizo ese propósito y habló con José, el cual movido por el espíritu o había hecho ya ese propósito o si no entendió que uniéndose como esposo a María respetaría también esa voluntad de ella, lo cual equivale ciertamente hacer el también ese género de propósito.

No en vano mis hermanos, nuestra Iglesia Católica saluda a san José, entre otras cosas, diciéndole "castísimo esposo de María". Sería muy extraño que él hubiera tenido un propósito de vivir su matrimonio como todos los demás matrimonios con las relaciones naturales y santas que puede tener hombre y mujer, que él hubiera tenido esa idea y que así se hubiera casado con la Virgen, lo más lógico es suponer que él cautivado por el amor divino, atraído por la palabra de Dios, enamorado de los misterios del Señor, también sentía que en su cuerpo ese fuego, eso que los psicólogos llaman lívido, ese impulso, ese ardor carnal, desaparecía tanto más, cuanto más enamorado estaba este hombre de la palabra de Dios, del misterio de Dios, de la vida de Dios.

Sé muy bien que este lenguaje suena imposible, suena ridículo a algunos oídos, hay personas que consideran que es totalmente imposible arrancar del corazón humano el ardor del deseo carnal; pero normalmente, las personas que así piensan, están juzgando desde su propia condición.

Efectivamente, cuando una persona no conoce la hermosura o el poder del amor de Dios, cuando no se ha sentido cautivada con todo su corazón por la belleza del Altísimo, nada puede entender de estos misterios virginales, lo único que puede sacar es una sonrisa sucia y un pensamiento impuro, empezar a elucubrar cosas que no tienen que ver con lo que nos cuentan los evangelios.

Porque si vamos a ser fieles a los evangelios, porque lo que aparece en el hermosísimo matrimonio de María y José, es una flor de virginidad, una flor perfumada por el amor de Dios y por eso aquellos que dudan de un propósito así pueda nacer en el corazón humano, mi única discusión, mi único argumento es elevar tu corazón.

El día que tú hayas llorado de amor ante la belleza del Señor, el día en el que tú te hayas cautivado por la grandeza del Altísimo y encuentres en El tú consuelo y tu gozo, ese día entenderás que significa un voto de virginidad, ese día comprenderás que la persona que hace con todo su corazón un voto virginal, no está simplemente sometiéndose a una tortura como una especie de presión, como una presa hidráulica para contener todos sus deseos, esa no es la castidad que creemos los cristianos, ese no es el voto virginal del que nos habla la Iglesia Católica y por supuesto que eso no es lo que vivían María y José.

Cuando falta el amor de Dios, cuando falta ese sublime enamorarse del Señor, no se puede concebir la vida sin encontrar satisfacciones por todas partes, no solo en el sexo sino también en la comida, en el poder, en la fama, quien no conoce estas mieles de Dios necesariamente busca consuelos y dulzuras en las cosas creadas, alguien lo buscará en el dinero, otro lo buscará en el placer sexual, otro lo buscará en otros placeres como los que da el alcohol o la droga, otro lo buscará en embriagarse de fama y de aplausos.

Hermanos, hay que lavarse bien los ojos, hay que lavarse bien la mirada para acercarnos con devoción, con profundo respeto al misterio de María y al misterio de José, yo por lo menos no tengo la menor duda de la vida virginal de José, no tengo duda de que el amor de Dios era poderoso en su vida y no tengo duda de que precisamente esa grandeza de amor era la que hacia tan sensible su oído a las inspiraciones del cielo; porque eso sí que lo cuenta la escritura, que José era un hombre con el oído puesto hacia el cielo, un hombre con una delicadeza del alma capaz de detectar la suave presencia el paso discreto del Altísimo.

Aquí sucede mis hermanos, lo que podemos explicar también con una comparación, aquella persona que tiene un gran conocimiento de la música y que ha oído mucha música, especialmente aquella música que suele llamarse música clásica, esa persona tiene un oído educado, esa persona puede detectar cuando un instrumento se ha desafinado, siendo así que la mayor parte de nosotros no hemos oído nada, no hemos encontrado ninguna diferencia, esta persona, la que tiene el oído educado sí que puede detectar esos suaves matices y se da cuenta en donde está el error y en donde está la belleza, porque su oído está educado.

Pues eso es lo mismo que sucede en el plano espiritual, es lo mismo que sucede con estos misterios virginales que estamos comentando, cuando una persona ha acostumbrado su corazón a un trato intimo, amoroso y cercano con Dios, el oído se le vuelve increíblemente sensible y puede detectar el paso de Dios y puede percibir la voluntad de Dios mejor que nadie y por eso José tenía esa capacidad, porque su corazón estaba en Dios, porque él estaba lleno de amor hacia el Señor, por eso tenía ese oído fino y por eso Dios lo pudo guiar.

Hubo un tiempo en la Iglesia, en que la castidad perpetua de san José pareció demasiado difícil a algunos artistas, incluso algunos teólogos y predicadores y entonces basándose en escritos antiguos que no son bíblicos, aseguraron cosas como que José era un viejito; pero se presentaba a san José como un viejito que más parecía abuelo o bisabuelo del niño Jesús que papá.

¿Y por qué se presentaba a José como el bisabuelito del niño Jesús, un viejito? ¿por qué se le presentaba así? como para infundir la idea, porque siendo tan viejito no se le iba a ocurrir nada con María.

Qué tontería, que falta de conocer a Dios, que falta de confianza en el poder de Dios, muy al contrario lo que nos muestran los evangelios, es un hombre valiente y es un hombre fuerte, un hombre que tiene que salir de noche con tres, cuatro posesiones, tiene que salir con la esposa y con el hijo y tiene que emprender un camino de muchos kilómetros y de varias jornadas hasta llegar a Egipto, probablemente a la ciudad de Alejandría y luego allá tiene que volver otra vez, habían salido de Judea para Egipto (San Mateo 2,13) y luego de Egipto para Nazaret (San Mateo 2, 19-23).

No, yo no creo que haya que imaginar a un viejito que ya no podía nada, además no importa tanto lo de viejito, porque también hay viejitos que conservan antiguas costumbres sucias y hay viejitos de mentes retorcidas, así que a mí no me vengan que con la edad se resuelven los problemas del ardor carnal, esa fue una idea medieval, esa fue una idea que se basó en escritos apócrifos.

Pero lo que tenemos que suponer de José, según el rostro hermoso que nos muestra el evangelio, es un hombre joven lleno de vitalidad, lleno de valor, un hombre emprendedor, un hombre en todo el sentido de la palabra, pero un hombre enamorado de Dios, aquí no se trata de ver cómo le apagamos el fuego de la carne sino como le encendemos el fuego del espíritu.

La grandeza de José no está en que ya parecía que eso no iba a dar más, la grandeza de José en que dio tanto, en que se entregó de tal manera. José murió relativamente joven, eso no es extraño en la época de Jesús, los estudios indican que en el tiempo de Jesús, es decir, en el siglo primero de nuestra era, la edad de vida esperada, es decir, la edad al morir, estaba entre los cuarenta o cincuenta años.

La gente moría pronto, moría pronto porque la alimentación era deficiente, porque la medicina era deficiente, porque las condiciones de vida eran durísimas, la gente moría muy pronto, por eso también los matrimonios eran con gente muy joven. Se puede suponer que María, cuando escuchó el anuncio del ángel, tenía quince o menos años de edad y se puede suponer que José no era mucho mayor.

La costumbre entre los judíos era que el hombre era un poco mayor, vamos suponer que José podía tener entre dieciocho o veinte años de edad, pues eso explica si el promedio de vida era de cuarenta o cincuenta años, mucho antes de que Jesús tuviera sus treinta años de edad, que fue cuando empezó a predicar y a ejercer el ministerio público, José había muerto, en eso no hay que ver nada extraño para los promedios de esa época, en eso no hay que ver nada extraño.

¿Con que nos quedamos de estas reflexiones? nos quedamos con un agradecimiento inmenso, qué grande es el amor de Dios, cuanto puede el amor de Dios en un corazón humano, no solo para llevarlo por los caminos sublimes de la virginidad perfecta, sino sobre todo, para liberarlo de cualquier atadura.

Porque ese no es el único fuego ni esa es la única cadena que puede caerle al corazón humano, sea que nosotros, los aquí presentes, tengamos que batallar mucho o poco con las pasiones de nuestra carne, el mensaje más profundo de san José no está en eso, sino está en descubrir el poder del amor de Dios que nos libera de toda cadena, sea de la carne o no de la carne eso no importa, el amor de Dios que nos hace libres, el amor de Dios que educa nuestro oído, el amor de Dios que nos muestra la grandeza de la obediencia, para este mundo obedecer significa ser débil, para san José en la obediencia estuvo toda su grandeza, toda su fortaleza y toda su victoria.

Que la protección del grandioso patriarca san José nos acompañe y que el inspire en nosotros, particularmente en nosotros los varones, que el inspire ese deseo de servir al Señor, lo que yo más le admiro a José, y lo resumo en una frase, es que José es un hombre que no necesita andar demostrando que es hombre, porque esos hombres que andan gritando en la casa, esos hombres que tienen que demostrar que si les cabe medio petaco de cerveza, esos hombres que tienen que estar embarazando niñas, esos hombres que se tienen que imponerse por la violencia y la agresividad, esos son los hombres inseguros de su virilidad, esos son los hombres que tienen que estarse demostrando "sí soy hombre".

José, en cambio, es un hombre tan lleno de Dios, en un equilibrio tan hermoso de cuerpo y alma, es un hombre tan valiente, tan generoso, tan santo, él no necesita estarse demostrando "sí soy hombre" José es un hombre que no tiene que demostrar que es hombre y ahí, en la obediencia y escucha del querer divino, está su grandeza en el mejor ejemplo que puede darnos.