Sjos006a

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Fecha: 20020319

Título: San Jose, un hombre ejemplar.

Original en audio: 7 min. 38 seg.


Hoy volvemos los ojos hacia José, un hombre discreto, sencillo, recto, unido a Dios; es tan grande la santidad de la Virgen y es infinita la santidad de Cristo. Y por eso de alguna manera José queda oculto.

Así como cuando sale el sol no se ven las estrellas, así también el inmenso resplandor de la santidad de Cristo y de María casi no nos deja ver la santidad de José, porque nos deslumbra la santidad. Sin embargo, ¡es muy grande la santidad de San José!

Pero poco a poco la Iglesia va descubriendo los misterios de amor y de gracia que hay en este hombre, es reconfortante. Le trae serenidad al alma, especialmente al alma masculina, mirar el ejemplo de José; en cierto sentido, José es un hombre que contradice los modelos masculinos que quieren adueñarse de nuestra imaginación, de nuestra voluntad, de nuestros proyectos.

El hombre típico es el que impone su voluntad, y resulta que José busca la voluntad de Dios; la mayor parte de los hombres intentan probar su hombría a través de la violencia o del sexo, y en José encontramos mansedumbre y pureza; el hombre gusta de mandar, de imponerse a través de la fuerza, José encuentra su camino a través de la fe.

Pero ese modelo masculino que se impone a través de la fuerza con la agresividad, con una sexualidad desbocada, ¿adónde nos lleva? A una cantidad de familias destruídas, a una cantidad de parejas infelices.

Ese modelo de hombre que tal vez hoy perseguimos llevados por el señuelo de la publicidad, ¿adónde nos conduce? A la destrucción del mismo varón y a la incapacidad para amar a su pareja natural.

Un hombre que se siente ante todo un "macho", desconoce el lenguaje de la ternura y de la escucha, el lenguaje de la palabra firme, serena, amorosa que es indispensable para guiar a los hijos; ningun "macho" es un gran papá, esos "machos" no sirven para papás y díganme, ¿qué va a ser de este mundo sin papás?

Si no recuperamos la palabra autorizada, no autoritaria, sino autorizada en los hombres, no tendremos papás; y un hijo sin padre, ¿en qué se convierte? Mientras le hace caso a la mamá más o menos sirve para algo, pero muy pronto tiene que definir su identidad como hombre.

Y cuando no hay papá y sólo hay mamá, realidad que se vive en muchos hogares, los hijos hombres empiezan a volverse violentos y crueles con la mamá, porque el único lenguaje masculino que conocen es el de humillar a la mujer; ¡ese es el daño que causa ese hombre "macho!"

El hijo que no encuentra un modelo de hombre en su papá porque no está en la casa, quizá buscando otros hogares con otras mujeres; ese hijo que no tiene un modelo en la casa sale a buscarlo en la pandilla, en el grupo guerrillero, en los amigotes, en la parranda y también él se va a convertir en otro hombre infeliz y fuente de infelicidad, no sólo carente de felicidad, sino motor de infelicidad para otros.

José está en la Iglesia, entre otras cosas, para que rompamos ese círculo de maldición; el hombre tiene que aprender a descubir la hermosura, la nobleza, la grandeza de ser hombre sin recurrir a los caminos fáciles de la grosería, de la altanería, del capricho, de la violencia o de una sexualidad desordenada.

Qué hermoso es encontrar a un hombre que no tiene que probarse todos los días que sí es hombre. ¿A usted no le parece que es una gran inseguridad masculina tener que probar todos los días o todas las semanas que se es hombre, sea con el trago, o con el sexo, con la grosería, con la violencia, o con las mujeres? Un hombre que tiene que demostrarse todas los días o todas las semanas que es hombre, es un pobre inseguro, ¡es un gran inseguro!

José, lleno de mansedumbre, de pureza y lealtad con Dios; José, un hombre de su casa, un hombre que hizo bien su obra, está ahí como un desafio para nosotros, pero también como un buen amigo; hay que saber encontrarse con José como un buen amigo.

Gracias a Dios tenemos una considerable asistencia masculina en este día, entonces me dirijo a los caballeros para decirles: acudamos a este buen amigo, vamos donde él, pidámosle su intercesión y su ayuda.

Le propongo, que en vez de buscar a su compañero de tragos, busque a San José; le invito a que en vez de pedir un consejo a su vecino adúltero, mujeriego, pídale un consejo a José. Y en vez de pedirle fortaleza, amistad y energia a otro que está peor que usted, busque a José.

Pidámose a José intercesión, pidámosle consejo. Aprendamos de este hombre, que no tenía que probar que era hombre, porque la bendición de Dios, la fuerza y la gracia de Dios le condujeron por un camino tan humilde pero tan hermoso.