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Fecha: 19970319

Titulo: Solemnidad de San Jose, esposo de la Virgen

Original en audio: 14 min. 13 seg.


Una celebración que tiene profunda belleza y gran actualidad, como espero quede manifiesto por la Palabra de Dios que hemos escuchado y por estas palabras que Él se digna inspirarme.

De San José, tenemos muy pocos datos, sabemos mucho más de las vidas de otros santos, de algunos de ellos conocemos, por ejemplo, la fecha exacta de su nacimiento, de su bautismo, sus estudios, su formación, los lugares donde anduvieron, la fecha precisa de su muerte; de San José desconocemos estos datos.

El hecho de que se celebre el 19 de marzo, depende de antiguas tradiciones, pero no de que conste la fecha de su nacimiento o de su muerte. Hombre tan humilde como José, vivió una vida oculta, como la vida de Nazareth, una vida casi escondida, una vida anónima.

Y ésta es ya la primera relación que José tiene con la mayoría de nosotros. Permitanme que haga esta pregunta: de aquí a cien años o a doscientos años o quinientos años, si todo eso dura la humanidad y el planeta tierra, ¿habrá quién sepa de nosotros? ¿Le importaremos a alguien?

¿No es verdad que la mayor parte de nosotros somos personas indudablemente muy importantes para el circulo de amigos o de parientes? Pero, ¿no es verdad que la mayoría de nosotros somos gente que quizá nunca tendrá gran relevancia social? ¿Se hablará de nosotros en los grandes manuales de historia y se dirá "Pedro Pérez", un trabajador honrado que tuvo un hogar, que leyó algunos libros, que hizo unas obras"? No!

La historia es avara, la historia es mezquina en sus palabras, y reserva sus escasas páginas para los grandes hombres! Pero resulta que se consideran grandes hombres casi solo a los que han hecho grandes batallas, grandes guerras, grandes fortunas o que han acumulado gran poder.

Y por eso todos nosotros, hombres y mujeres comunes y corrientes, como ustedes y como yo, seguramente no vamos a salir en los manuales de historia, nosotros saldremos de esta vida y en esta tierra no quedará más recuerdo de nosostros que el que tengan nuestros parientes -aunque hay excepciones-.

Quizá haya en esta iglesia algún personaje bien ilustre, alguien que llenará con sus fotos y acontecimientos y realizaciones, paginas de los libros de la historia, pero la mayor parte de nosotros, sin duda, no.

Si se escribiera una detallada historia de todas las vidas, pues en eso tendría que pasársela la humanidad, escribiendo la historia de sus antecesores; nosotros somos gente que pasará desconocida y olvidada para la mayor parte de la humanidad.

Esto puede que suene amargo o feo decirlo pero es una verdad, es una realidad. Y ese es también José, un hombre absolutamente desconocido para los libros de la historia, el único lugar donde se le menciona es en la Palabra de Dios. Pero es que él tampoco necesitaba que se le mencionara en ningun otro sitio.

Basta con que una vida sea conocida y reconocida por Dios, la aprobación que requiere nuestra existencia no es la de los grandes libros de historia, escritos por historiadores a los que seguramente les interesa las grandes guerras, las grandes fortunas y los grandes poderes, la historia que verdaderamente interesa es la historia como Dios la ve y la juzga, y en eso José nos da ya una profunda enseñanza.

Es un hombre de santidad eminente, ¡inmensa, inmensa realmente inmensa! Y, sin embargo, no le dice nada a la mayor parte de la gente.

Esto digo, es una enseñanza para nosotros, porque también nosotros somos gente común y corriente, y por eso hoy podemos volver nuestra mirada a San José y decirle: "¡Tú que eres un hombre tan común y corriente, eres el Patrono de la santidad común y corriente!" Porque si un santo se dejó asar vivo, es un gran santo, pero, ¿será que hay sartenes para asar a los que estamos aquí? Talvez no.

Yo creo que no todos nosotros acabaremos por allá sofritos en alguna sartén. Es posible que se desencadene una terrible persecución y empiecen a fritar cristianos, pero yo no creo que nos vayan a fritar a todos.

Hay otro santo que, por ejemplo, fué decapitado, pero qué, ¿van a rodar todas nuestras cabezas? Talvez no. Ustedes y yo que hemos llevado una vida tan común y corriente, lo más probable es que tengamos una muerte común y corriente, y esto también es un poco extraño de oirlo pero es la realidad.

Y bien, los mártires nos deslumbran con sus ejemplos, las vírgenes nos admiran con su virtud, los doctores nos iluminan con su ciencia, pero ¿cual es el patrono de la gente común y corriente? ¡San José! el esposo de la Virgen! ¡Si usted no tenía patrono hasta el día de hoy, vuelva sus ojos a San José!

San José nació, y no sabemos bien cuándo nació, si usted le preguntara a su vecino, ahí, el que tiene al lado en la banca: ¿Usted cuándo nació?" Pues con seguridad recibiría una noticia que usted no sabía, cada uno de nosotros proviene como de una sombra, como de una penumbra, y nuestra vida en su mayor parte es desconocida para los demás.

Pues San José es tan humilde, y su origen es tan humilde, y es tan sencillo que San José podría estar sentado en una de las bancas de esta iglesia, y estoy seguro de que podría escucharme con respeto, y escucharme con fe y con amor, y saldría silencioso por las puertas de la iglesia, dándole gracias al Señor por la celebración que hemos tenido.

San José es un hombre tan común y corriente que depronto nos lo hemos encontrado,- si es verdad que los santos así se aparecen-, de pronto nos lo hemos encontrado por ahí en cualquier hombrecito, cualquiera de esos hombres que parecen medio simpáticos, medio colaboradores, medio buenas personas.

Dice la Escritura que el oficio de José era ser carpintero, -el Nuevo Testamento fue escrito en esa lengua-, la palabra griega para referirse al carpintero, a mí me gusta traducirla por otra palabra que tenemos en castellano, o si se quiere, en colombiano, José más que un carpintero, un PhD en carpintería, era lo que hoy llamaríamos un "todero".

José vivió la mayor parte de su existencia en una aldeita, una "aldeuela" llamada Nazareth, eso no era pueblo, eso no era ciudad, los estudiosos dicen que ahí deberían vivir, debieron de vivir unas cincuenta a cien familias, cincuenta a cien familias, eso es lo que hoy llamamos una vereda, ahí vivió José.

¿Usted cree que en una vereda se vive sólo del oficio de la carpintería? Es dificil pensarlo. José era un "todero", uno de esos hombrecitos que son serviciales, que prestan ayuda en una casa y otra, uno de esos hombres que saben un poco de plomería, diriamos en el lenguaje con las condiciones de hoy, que saben un poco de plomería, un poco de albañilería, un poco de la madera, un poco de electricidad, y que andaba con un muchachito, que parece que podría ser su ayudante, pero que era su hijo.

la palabra "pai" en griego, de donde viene paidós -pedagogía, pai significa niño, pero también significa criado, y lo mismo sucede en hebreo, niño y criado funcionan de la misma manera. Cristo, durante el tiempo de su vida en Nazareth, era el niño, el hijo del todero del pueblo, era el muchacho que lo acompañaba.

Y la gente seguramente no se planteó muchas veces si era hijo de él o simplemente era su ayudante, esa es la vida de José, una vida llena de humildad llena de sencillez, pero llena de una profunda fé, llena de una increible obediencia, llena de un amor intenso y llena de una pureza deslumbrante.

Ese es José, una fe descomunal y una obediencia profunda; José fue guiado por la voz de Dios, el poema de la vida de José no está escrito con las mayúsculas de los letreros y las inscripciones latinas.

Usted va a Roma y todos los letreros de los emperadores están en un lenguaje maravilloso, retórico y en letras mayúsculas. La vida de José está escrita a mano, y está escrita con minúsculas, es una poesía de poquitas estrofas pero muy bellas, es una letra menudita pero muy hermosa, es una caligrafia sencilla pero llena de pureza, la de un hombre que le hizo caso a Dios.

Un hombre que en la sencillez de su pobreza le hizo caso infinitamente a Dios y que en el fondo era el hombre más rico del universo porque tenía a su lado, no lo que el mundo valora, sino lo que Dios más quiere.

Será tan grande José, este hombre sencillo, este todero de una vereda, será tan grande que a él le encomendó Dios el cuidado, la compañía, el amor y la formación de los dos tesoros más grandes que tiene no solo Dios sino el universo entero: en primer lugar, la infancia de Jesucristo y su juventud, y en segundo lugar la Santísima Vírgen, la Inmaculada Madre de Dios.

Nosotros, los comunes y corrientes, los que quizá nunca saldremos en el periódico, nosotros los que no llenamos primeras paginas, ni tendremos quizá ningún lugar en los libros de la historia del mundo, aprendamos de José a tener un lugar en la historia de Dios.

Y si nuestra vida hay que escribirla con letra pequeña y hay que escribirla con letra menuda, que esa letra diga: "Yo creo en tí, Señor! Yo te amo!" Porque eso fue lo que supo decir José y amó a Dios sobre todas las cosas, y amó a su projimo como a sí mismo, se abrió al plan de Dios, cumplió su mision hasta el último momento y se despidió de esta tierra como pocos hombres han podido salir.

Uno lee las grandes historias de los emperadores de Roma, Julio Cesar, ¡qué victorias en Francia, en las Galias, qué victoria tan grande! ¡Sí! ¿Y cómo muere? Asesinado por un hijo adoptivo suyo, muere desengañado, frustrado y casi maldiciendo a uno de sus hijos; asesinado cuando se acercaba al Senado romano, ese es el fin de Julio Cesar.

Y si se lee historia de grandes hombres, cuando tomamos la palabra grande según el mundo, ¡qué finales tan tristes! Y sobre todo, qué pocos hombres pueden decir lo que José sí podía decir cuando salió de esta tierra: "¡Lo que me mandaste, Señor, lo hice!"

Yo cómo quisera que Dios me concediera morir diciendo eso: "¡Misión cumplida, Señor: lo que querías de mi vida, eso hice. Y la vida que tú me diste, aquí sí te la presento!

Que José, el humilde y grande, José, elocuente en su silencio, José, obediente y fuerte, nos conceda una vida recta, agradable a Dios! y una muerte santa.

Amén.