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El 24 de Junio nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad del nacimiento de Juan Bautista; nos damos cuenta que hay seis meses de diferencia entre el nacimiento de Juan y el nacimiento de Jesús. litúrgicamente celebramos el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre y seis meses antes celebramos el nacimiento de Juan. Esta cifra de meses corresponde a lo que nos dice el evangelista San Lucas en el capítulo primero; recordemos que entre el anuncio del nacimiento de Juan y el anuncio del nacimiento de Jesús precisamente pasan seis meses. El pasaje tan hermoso y sublime de la anunciación a María santísima, empieza precisamente con estas palabras: "Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado a una virgen desposada con un hombre llamado José" (Lc 1, 26-27). Al sexto mes, por eso hay también estos seis meses de diferencia.

De Juan el Bautista hay tanto por aprender; quiero apoyarme en una reflexión muy bella que Dios le inspiró a Santa Catalina de Siena sobre Juan Bautista, básicamente la lección es que Juan vivió lo que predicó. Nosotros recordamos a Juan sobre todo por ese texto hermosísimo de Isaías que dice que los valles tienen que levantarse, las colinas tienen que abajarse (cf. 40,4), es decir, que hay que quitar todo obstáculo, hay que despejar completamente el camino porque Dios quiere hacerse presente en su pueblo; esa fue la predicación de Juan. Pero lo que Dios le mostró a Santa Catalina de Siena de un modo muy bello por medio de una visión, es que así era también el corazón de Juan, es decir, lo que salía de su boca era exactamente lo que él tenía en el corazón; dicho de otra manera, la voluntad persistente, generosa de Juan, quiso hacer de su propio corazón una calzada llana, un camino despejado, y por eso Juan simplificó extraordinariamente su vida.

La vida de Juan está marcada por una pobreza radical, pobreza en el sentido de radical desprendimiento de todas las cosas de este mundo y radical desprendimiento de los poderes de este mundo, precisamente para mostrar que sólo Dios basta, y en ese desprendimiento, en ese continuo limpiar el corazón, ahí está la espiritualidad profunda de este gran penitente, de este precursor de los monjes del desierto, podríamos decir; Juan el Bautista es la imagen de un corazón que no quiere ponerle traba alguna a Dios, un corazón que no quiere dejarse decaer por la tristeza, por el desánimo, pero que tampoco quiere dejarse envanecer por la soberbia o por la vanidad, y por eso Juan el Bautista es verdadero modelo de vida cristiana.

Al contemplar los comienzos de la vida de Juan Bautista somos también nosotros invitados a darle un nuevo comienzo a nuestra propia vida. Según le mostraba Dios a Santa Catalina de Siena, toda la vida de Juan fue así, como un continuo despejar el camino; así empezó él desde pequeño; nosotros quizá hemos llevado una vida muy diferente, lo que él vivió con tanta virtud seguramente no ha sido nuestro caso, pero podemos aprovechar esta hermosa festividad del Bautista para decirle al Señor: “hoy quiero empezar, y quiero desde hoy eliminar todo obstáculo; aparta, quita de mí lo que no sea para tu servicio, lo que no venga de ti, lo que no te agrade”; esa es la bendita radicalidad, esa es la fuerza, decisión y compromiso a que quiere llevarnos esta hermosa fiesta.